27/3/2017, Lunes de la IV semana de Cuaresma

Lectura del libro de Isaías (65, 17-21)
Esto dice el Señor: «Mirad: mirad voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra: de las cosas pasadas ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento. Regocijaos, alegraos por siempre por lo que voy a crear: yo creo a Jerusalén “alegría”, y a su pueblo, “júbilo”. Me alegraré por Jerusalén y me regocijaré con mi pueblo, ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido; ya no habrá allí niño que dure pocos días, ni adulto que no colme sus años, pues será joven quien muera a los cien años, y quien no los alcance se tendrá por maldito. Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán los frutos».
Salmo responsorial (Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b)
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. 
R.
Tañed para el Señor, fieles suyos, celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante; su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. 
R.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (4, 43-54)

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: - «Si no veis signos y prodigios, no creéis». El funcionario insiste: - «Señor, baja antes de que se muera mi niño». Jesús le contesta: - «Anda, tu hijo vive» El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: - «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre.» El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

27 marzo 2017. Lunes de la IV semana de Cuaresma – Puntos de oración

Mis queridos hermanos, los milagros de Jesús, y la forma en que los hace, nos conquistan el corazón... Unas veces toca al enfermo.., otras opera en el factor tiempo..., no faltan los que se producen sin que el enfermo lo pida..., y así podíamos seguir haciendo apreciaciones al respecto...
            De todos ellos, los que más me llaman la atención son los que hace a distancia, sin su presencia física, tan solo con el imperio de su palabra, y el deseo de su Corazón... ¡Hoy contemplamos uno de estos…!
            ¿Cuál es el factor fundamental para que el milagro se opere? Siempre es el mismo, la fe, la fe en su palabra... ¡Si creyéramos en Jesucristo con la necesidad de un enfermo, con la carencia de una limitación fundamental, o como la única salida en la vida..., nuestra vida estaría cuajada de milagros...!
            Vamos a meternos en el evangelio de este día como si presentes no halláramos, que diría S. Ignacio de Loyola, para sacar algún provecho...
            1. Asumamos la limitación, la pobreza, la carencia, de algún ser querido, amigo o conocido..., y presentémosla a Jesús, como si fuera nuestra.
            2. Hagamos nuestra la súplica de este padre de familia: "le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose."    
            3. Miremos a Cristo con lágrimas en los ojos, y con el dolor del corazón de este padre de familia: «Señor, baja antes de que se muera mi niño».
            4. Escuchemos la Palabra que consuela y fortalece: «Anda, tu hijo está vivo»
            5. Pongámonos en camino para dar fe del milagro: "El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino…”
            6. Dejémonos invadir por gozo de la gran noticia: "Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía."
            7. Constatemos con alegría, que el milagro se produjo en el momento en que creímos: "Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive»
            8. Y veamos, como otros también creen como nosotros, al ver las maravillas que opera el Amor de Dios: "Y creyó él con toda su familia."

            Quizás te estés preguntando: ¿Y cuál sería el propósito de nuestra oración de hoy...? Muy sencillo, muy profundo, y al mismo tiempo muy alentador... ¡Es necesario creer, no solo para ver milagros..., sino para ser de verdad cristianos, que no es poco milagro…! ¡Creer y ser deben ir de la mano en nuestro caminar diario...! Que así sea...

26/03/2017, Domingo IV de Cuaresma

Lectura del primer libro de Samuel (16, lb. 6-7. 10-13a)
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de vete Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí». Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor». Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón». Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: -«¿No hay más muchachos?». Jesé respondió: -«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga». Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, porque es éste». Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.
Salmo responsorial (Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6)
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. 
R.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. 
R.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 
R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5, 8-14)
Hermanos: Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará».
Lectura del santo evangelio según san Juan (9, 1. 6-9. 13-17. 34-38)

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.  Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

26 marzo 2017. Domingo IV de Cuaresma – Puntos de oración

Es domingo, día del Señor. Y hoy el asunto va de miradas y cegueras. ¿Algo lejano a nosotros? Dios quiere sanar en nosotros esas dioptrías que ni oftalmólogos ni cardiólogos pueden aliviar: las del alma.
Purifico mi oración antes de comenzar, le pido a Dios que haga Él lo que deseo pero soy incapaz de conseguir por mí mismo: “Señor, que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de vuestra divina majestad”.
La primera lectura relata el descubrimiento de David como futuro rey de Israel. Entre sus hermanos, buscaban el más apuesto y brillante a los ojos humanos, sin embargo el Señor de Israel dijo: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».
Dios cuando mira, ve de manera distinta a nosotros. Nosotros, para aprender a mirar bien, debemos fijar la mirada en Su Corazón, para empaparnos de Su Mirada, de su manera de amar.
Leer a la luz del salmo, aquellos acontecimientos que son centrales aquí y ahora en mi vida: “el Señor es mi pastor, nada me falta”. ¿No es la fe aprender a mirar la vida, a los demás y a uno mismo, como nos ve Dios?
Ya lo decía Benedicto XVI, al concluir los ejercicios espirituales para la curia romana, el 23 de febrero de 2013, antes del final de su pontificado.
Creer no es otra cosa que,en la noche del mundo,tocar la mano de Diosy así, en el silencio,escuchar la Palabra,ver el Amor.
         Hasta aquí la ambientación de la oración, el telón de fondo que contextualiza la escena del Evangelio en la que durante la oración nos adentraremos. El ciego de nacimiento soy yo. ¿Cuáles son mis cegueras? Pedir al Señor que me ayude a descubrir (que no me pase desapercibidas) las situaciones en las que ya está mezclando saliva con tierra y la está frotando en mis ojos.

         En la noche del mundo…, en la oscuridad de mi mirada apagada, Señor estás Tú. Mi ceguera, es la ocasión propicia para dejarme encontrar por Ti, y aprender a mirar todo de una forma renovada: con tu Corazón.

25/3/2017, La Anunciación del Señor

Lectura del libro de Isaías (7, 10-14; 8, 10)
En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: -«No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: -«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Salmo responsorial (Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11)
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» 
R.
«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. 
R.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. 
R.
No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. 
R.
Lectura de la carta a los Hebreos (10, 4-10)
Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: - «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad."» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 26-38)

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. » Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. » Y la dejó el ángel.

25 marzo 2017. La Anunciación del Señor – Puntos de oración

Precioso día en el camino cuaresmal, la encarnación del Señor. Comenzamos con la oración de manos de María:
“Que todo en este día, mis actos, mis pensamientos, mis deseos, sean para gloria y alabanza de Dios. Como tú, María, ayúdame a  decir SI a Dios en cada momento de este día. Que mi boca y mi corazón vayan al unísono diciendo, ¡Hágase en mi según tu palabra!”
En el evangelio de hoy escuchamos palabras dichas a María:
  • Alégrate
  • Llena de gracia
  • El señor está contigo
  • No temas
  • Darás a luz
  • Le pondrás por nombre Jesús
  • El Espíritu vendrá sobre ti

Cada una de ellas nos abre al mundo interior de Dios, de su gracia y amor.
- Alégrate: la palabra de presentación de Dios siempre, con cada hombre y en cada situación. La alegría. María la escucha pronunciada sobre ella. ¿cómo llega hoy a tu vida?
- Llena de gracia: Dios en ella, dentro, rodeándola, y ella acogiendo el regalo. Todo es gracia, dirá San Pablo. ¿te sabes sostenido por la gracia de Dios y lo vives?
- El Señor está contigo: Estaba, está y estará. Te lleva de la mano y sostiene. ¡Siéntelo así hoy!
- No temas: SI Dios va contigo no puedes temer. Revisa tus miedos y pon detrás de cada uno el titulo… no te temo. Dios me ha prometido su amor
- Darás a luz: María y cada uno de nosotros, tenemos la misión de traer a Dios al mundo, a nuestros ambientes, para que lo llene todo. Es nuestra vocación, en medio del mundo. Para que en el mundo cada día se realice la Encarnación
- Le pondrás por nombre Jesús: San Antonio de Padua tiene una hermosa oración al nombre de Jesús. “Jesús nombre dulce y consolador, esperanza de eterna dicha, alegría del corazón, miel en los labios”
- El Espíritu vendrá sobre ti: vino sobre María, y viene sobre cada cristiano desde el día del bautismo para sostenernos. Sólo hay que dejarse llevar
A todo ello María contesta: Aquí está la esclava del Señor, Hágase en mi según tu palabra.
Recordamos la clave de nuestro carisma, que vivimos recordando la Encarnación: HAGASÉ. AQUÍ ESTOY.
Lo renovamos hoy. Unidos todos y pidiendo por todos, sosteniéndonos en la oración, la entrega, y la misión.

24/3/2017, Viernes de la III semana de Cuaresma

Lectura de la profecía de Oseas (14, 2-10)
Esto dice el Señor: «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta. Tomad vuestras promesas con vosotros y volved al Señor. Decidle: “Tu quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con vuestra confesión; Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’ a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión". “Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano. Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo y su perfume como el del Líbano. Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano. Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto”. ¿Quién será sabio, para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas? Porque los caminos del Señor son rectos: los justos andan los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos».
Salmo responsorial (Sal 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17)
R. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.
Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré. 
R.
Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel! 
R.
No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué de la tierra de Egipto. 
R.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina, los saciaría con miel silvestre». 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (12, 28b-34)

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: - «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: - «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos». El escriba replicó: - «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: - «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

24 marzo 2017. Viernes de la III semana de Cuaresma – Puntos de oración

“Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta. Tomad vuestras promesas con vosotros y volved al Señor” En este viernes de Cuaresma Dios nos invita una y otra vez a ponerle en el centro. Sorprende y conmueve cómo Dios, utilizando un tono casi de súplica, nos exhorta a volver a Él, haciéndonos recordar que Él nos amó primero. En ese sentido, las lecturas nos invitan a volver a lo esencial de nuestra fe, lo fundamental, nos invitan a volver al amor primero. El que ha tenido una experiencia de Dios, en ejercicios espirituales, por ejemplo, ha sentido la fuerza transformadora de su amor, que es lo que finalmente cambia el corazón endurecido del hombre, lo que suscita su conversión. Y en este tiempo de Cuaresma viene muy bien meditar en esa misericordia que Dios tuvo para con nosotros. En la oración piensa, ¿En qué momento de tu vida el Señor tocó tu corazón?, quizá en unos ejercicios, un retiro, unas jornadas… ¿Cuándo pudiste palpar claramente que te ama de manera personal? Recuérdalo y reaviva tu fe. Recuérdalo y renueva tu respuesta. Amor con amor se paga, esa es la respuesta que Él pide: “… Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser", pues Él nos amó primero. Este es el mandamiento primero, el más importante, es como el cimiento en donde se sostienen todos los demás, entonces, habrá que darle la importancia que merece. Y justamente para eso estamos aquí, pues se trata de alimentar nuestro a amor todos los días, y el medio que tenemos más a nuestro alcance es la oración. En la oración, en la lectio divina, podemos percibir en nuestro interior lo que dice el salmo: “Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz”.

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo"… Es consecuencia de vivir lo primero. Es el vaso lleno que se derrama. Qué bien grafica el Papa Francisco este segundo mandamiento más importante cuando dice: “El otro es un don”. Mi prójimo es un regalo, un don, en cuanto me hace salir de mismo haciéndome mejor persona, es lo que hace el amor. Esforcémonos por vivir esto, no sólo en estas semanas, sino siempre, que al final, al darnos a los demás, somos nosotros los beneficiados. Pidámosle a Santa María, en la víspera de la Anunciación, esta gracia.

23/03/2017, Jueves de la III semana de Cuaresma – Santo Toribio de Mogrovejo

Lectura del libro de Jeremías (7,23-28)
Esto dice el Señor: «Ésta fue la orden que di a mi pueblo: "Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien." Pero no escucharon ni prestaron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso: Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás: "Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».
Salmo responsorial (Sal 94,1-2.6-7.8-9)
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. 
R.
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. 
R.
Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras.» 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23)

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: - «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. El, conociendo sus pensamientos, les dijo: - «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

23 marzo 2017. Jueves de la III semana de Cuaresma – Sto. Toribio de Mogrovejo – Puntos de oración

Vamos a preparar nuestra oración de mañana en este tiempo de Cuaresma. Y nos corresponden unos textos algo duros. Pidamos pues ayuda al Espíritu Santo, a San José, a la Virgen y al mismo Jesús para hallar gracia en ellos.
Necesitamos ese silencio interior, esa presencia que nos vivifica, también desde lo que en apariencia parece no ayudar.
De hecho, Jeremías, señala una primera invitación a escuchar la voz del Señor, seguir su camino y así todo nos irá bien. Pero detecta el drama del pecado (querer vivir al margen del Señor):pero no escucharon ni prestaron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
Dolorosos hechos denunciados por el profeta, pero a los que podemos darle la vuelta. Es cierto que existen en nuestro corazón situaciones, tendencias y durezas poco o nada evangelizadas.
Como seguidores de Jesús queremos llevarlas a su presencia (dar la cara que dice el profeta), contarle lo que nos cuesta cambiar o bien lo que nos hacen sufrir. En ese diálogo, lo sabemos, todo puede empezar a cambiar “he aquí que yo hago nuevas todas las cosas” Ap. 21,5.Venzamos esa resistencia a descubrir, en el fondo mi pecado, y veremos la reacción de Jesús. Sí, hemos experimentado muchas veces que su gracia es más fuerte, que el calor de su herida sana, suave y progresivamente, las mías.
En el evangelio se nos muestra a una parte del pueblo contrariado e indignado por la acción del Señor con uno que era mudo. Constata su cerrazón, envidia y celos porque perdían seguidores. Están al acecho de sus acciones e incluso se encaran con Jesús: «Por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios», «Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo».
Y vemos cómo reacciona el Señor, cómo intenta hacerlos entrar en razón: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina….». Aquí aprendemos a “tratar a los enemigos de la fe”. Pueden llegar a matarle pero, hasta ese momento, hay todo un recorrido de explicar, razonar, ser benévolo, querer acercarlos, no actuar desabridamente ni con violencia.
Si nos ayuda, intentemos entrar en los sentimientos de Jesús. Aún más, esforzarse por reparar esa dureza que vemos en otros y que pueden ser o haber sido en ocasiones las nuestras. Esto modo de orar nos cuenta Santa Teresa que le ayudaba mucho. También San Ignacio nos indica “entrar en la escena como si presente me hallase”.
Ojala que nos ayudemos a despertar en ese querer acompañar a Jesús, subir con él a Jerusalén para morir y resucitar con él.

Como un contrapunto fuerte y luminoso está la figura de la Virgen. Fuerte, porque ella sí presto oídos a la palabra del Señor y la secundó en su vida. Se fio hasta las últimas consecuencias. Y, luminoso, porque desde su hágase y estar, ha marcado referentes para toda la historia de la humanidad. Siguió a Jesús callada pero activamente. Así la contemplamos en varios pasajes de la vida pública.

22/3/2017, Miércoles de la III semana de Cuaresma

Lectura del libro del Deuteronomio (4, 1.5-9)
Moisés habló al pueblo, diciendo: - «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: "Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación." Porque, ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? Y, ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy? Pero, ten cuidado, guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»
Salmo responsorial (Sal 147,12-13.15-16.19-20)
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. 
R.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza. 
R.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 17-19)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

22 marzo 2017. Miércoles de la III semana de Cuaresma – Puntos de oración

Los mandatos y decretos de Dios son vida y nos abren las puertas de la vida. Es la enseñanza que las lecturas de hoy nos proponen meditar. Un doble efecto de vida que, a través de Moisés, ya el Señor explicaba al pueblo de Israel.
“Esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia”, insiste el Señor a Israel. Por eso le pide, primero, que escuche sus mandatos y decretos, después, que los observe y los cumpla.
 Se presenta como un Dios cercano y justo, y pide también al pueblo que no olvide lo que él Señor ha hecho, y que se lo cuente a hijos y nietos.
Jesús en el Evangelio insiste: «El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»
¿Nos dejamos llevar por los mandatos del Señor? ¿Los acogemos en nuestros corazones como venidos de las manos de un Dios Padre que nos ama? ¿Nos fiamos realmente de Dios?
Ya lo sabemos, el cristianismo no es una filosofía, no seguimos una gran doctrina, sino que somos discípulos de Cristo, muerto y resucitado para nuestra salvación. Cristo da sentido a nuestra vida, a todo lo que hacemos. Él plenifica nuestras pobres acciones, las multiplica, las llena de vida. Por eso, las lecturas de hoy nos impulsan a confiar ciegamente en Dios, a no tener miedo a seguirle de cerca, a no dejarnos engañar por los cantos de sirena que a nuestro alrededor nos quieren hacer ver que necesitamos más “independencia”, no tener que depender tanto de otros, fiarnos sólo de nosotros mismos.
Vamos a pedir hoy a san José, en este día de la semana dedicado a él, muy cerquita todavía de su fiesta, que nos enseñe a seguir los mandatos y decretos del Señor como él lo hizo, con sencillez y en silencio:
“Levántate, toma al niño y a su madre y…”
Y fuese lo que fuese, José se levantaba, tomaba al niño y a su madre (no se olvidaba de la madre) y hacía lo que el Señor le había ordenado.
Por último, no está de más recordar cuál es el primer mandato del Señor, el primero de todos: “amaos unos a otros como yo os he amado”. Por ahí hemos de empezar. Ya tenemos tarea. Esta semana, a mitad de la cuaresma, puede ser buen momento para empezar de nuevo. La fuerza viene de Él, no de nosotros. Acerquémonos a él a través de la confesión y la eucaristía para revestirnos de su fuerza, para llevar la esperanza de la vida a los que nos rodean.

Y no lo olvidemos, de la mano de su Madre.

21/03/2017, Martes de la III semana de Cuaresma

Lectura de la profecía de Daniel (3, 25. 34-43)
En aquellos días, Azarías puesto en pie, oró de esta forma; alzo la voz en medio del fuego, y dijo: - «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»
Salmo responsorial (Sal 24, 4-5ab. 6 y 7bc. 8-9)
R. Señor, recuerda tu ternura.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. 
R.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. 
R.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35)

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: - «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: - «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: -"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: - "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: -"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

21 marzo 2017. Martes de la III semana de Cuaresma – Puntos de oración

Dios hoy nos habla del perdón. ¿Por qué es tan difícil perdonar? Vivimos en un mundo donde el perdón se traduce por debilidad; para muchos la más alta meta a la que aspiran es a la de "perdono pero no olvido". Otros determinan que la venganza es la respuesta más justa y destinan muchos de sus esfuerzos a ello. No es difícil ver que esto ocurre a diario, llenando el mundo de una espiral de mal. Muchas cabezas llenas de malos pensamientos, muchas conversaciones de lo mal que está esto o lo otro. Divididos en bandos, en equipos, en rivalidades. Más que ser de un equipo muchas veces vas en contra del resto, igual en política, incluso religión o cultura. Jesús viene a desmontar esta espiral. Y lo hace perdonándonos más de lo que jamás tendremos que perdonar a nadie. Perdonar ya no es una invitación sino que es justicia. El perdón no tiene negociación, debemos poner absolutamente todo lo que este en nuestra mano para llevarlo a cabo porque cada uno de nosotros somos perdonados de mucho más. Realmente no es tarea fácil, por eso hoy es un día precioso para pedir la Gracia.
También es un buen día para plantearnos qué espacios existen para el perdón. Espacios para facilitar el perdón entre los que tienes más cercanos. Puede que simplemente dejemos pasar las cosas, pero eso no cura las heridas. Vamos a pedirle a Dios que nos ayude a crear espacios para el perdón.

María, madre nuestra, enséñanos a perdonar como hiciste con los que mataban a tu hijo.

20/3/2017, Lunes de la III semana de Cuaresma – San José, Esposo de la Virgen María

Lectura del segundo libro de Samuel (7, 4-5a. 12-14a. 16)
En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre." »
Salmo responsorial (Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29)
R. Su linaje será perpetuo.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» 
R.
Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» 
R.
Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mí favor, y mi alianza con él será estable. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4, 13. 16-18. 22)
Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (1, 16. 18-21. 24a)

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: - «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

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