25/1/2017, la conversión de san Pablo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (22, 3-16)
En aquellos días, dijo Pablo al pueblo: -«Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié en esta ciudad; fui alumno de Gamaliel y aprendí hasta el último detalle de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto fervor como vosotros mostráis ahora. Yo perseguí a muerte este nuevo camino, metiendo en la cárcel, encadenados, a hombres y mujeres; y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todos los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y fui allí para traerme presos a Jerusalén a los que encontrase, para que los castigaran. Pero en el viaje, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Yo pregunté: "¿Quién eres, Señor?" Me respondió: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues". Mis compañeros vieron el resplandor, pero no comprendieron lo que decía la voz. Yo pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?" El Señor me respondió: 'Levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer". Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. Un cierto Ananías, devoto de la Ley, recomendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: "Saulo, hermano, recobra la vista". Inmediatamente recobré la vista y lo vi. Él me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados"».
Salmo responsorial (Sal 116, 1. 2)
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R.
Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (16, 15-18)

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: -«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño, impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»

25 enero 2017. La conversión de san Pablo – Puntos de oración

Releyendo estos días la exhortación Evangelii Gaudium, del papa Francisco, me ha iluminado para actualizar a nuestros días el texto de la conversión de san Pablo, y sentirnos y sabernos, cada uno de nosotros, en este camino de conversión y de misión que cambio la vida de Saulo y que debe cambiar nuestras vidas.
Me fijo en tres momentos del relato de la conversión.
1. Pablo perseguidor. La evangelización
Pablo: soy judío, aprendí hasta el último detalle de la ley… y perseguí a muerte a este nuevo camino (cristianos), metiendo en la cárcel, encadenados a hombres y mujeres…para que los castigaran
Francisco: ...la evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro…. Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»” (15)
Nosotros: Pensemos en tantos que, como Pablo, nos parecen alejados y perseguidores, y pidamos para ellos la luz del evangelio. Pidamos que se encuentren con Jesucristo. Que su luz les toque el corazón. Seamos nosotros evangelizadores por atracción
2. La conversión
Pablo: ¿Qué debo hacer Señor?
Francisco: “… Siento una enorme gratitud por la tarea de todos los que trabajan en la Iglesia. No quiero detenerme ahora a exponer las actividades de los diversos agentes pastorales, desde los obispos hasta el más sencillo y desconocido de los servicios eclesiales… el aporte de la Iglesia en el mundo actual es enorme. … cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre. Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más”.
Nosotros: Aquí tienes un gran elenco de posibilidades para hacer… seguro que conoces otras más. plantéate que debo hacer…
3. Testigos de Jesucristo
Pablo: El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad… porque vas a ser testigo… no pierdas tiempo levántate, recibe el bautismo….
Francisco: “…En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar… En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero. Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador... La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros».”

Nosotros: No perdamos tiempo. Como bautizados escuchemos las mismas palabras, ¡levántate! Y activa la llamada del espíritu que tienes desde el día del Bautismo.

24/1/2017, Martes de la tercera semana de T. Ordinario – San Francisco de Sales

Lectura de la carta a los Hebreos (10, 1-10)
Hermanos: La Ley, que presenta sólo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los mismos sacrificios. Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados de una vez para siempre, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia. Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año tras año los pecados. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite las pecados. Por eso, al entrar él en mundo dice: «Tú no quisiste ni sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo - pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mi - para hacer, ¡oh Dios! tu voluntad».  Primero dice: «Tú no quisiste ni sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley. Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación de cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
Salmo responsorial (Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 10. 11)
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. 
R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: Aquí estoy. 
R.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. 
R.
No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3, 31-35)

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera ,lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

24 enero 2017. Martes de la tercera semana de T. O. – San Francisco de Sales – Puntos de oración

Iniciamos la oración pidiendo al Espíritu Santo que vaya poco a poco sosegando nuestro corazón y pacificando nuestro espíritu. Con los ojos cerrados, mirando nuestro interior, empezamos a tomar conciencia de que la divinidad habita en nosotros, de que la Santísima Trinidad ha querido poner su morada en nuestro corazón… en un estado de especial recogimiento nos quedamos sumergidos en esta realidad.
Para empezar a orar con la palabra de Dios, entre varias de las ideas que nos ofrecen las lecturas de hoy, me parece que hay una que es fundamental: El Parentesco. En la primera lectura el autor dice a los hebreos “La Ley… siempre, con los mismos sacrificios, año tras año, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan a ofrecerlos. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados”. En el Antiguo Testamento no podía haber sacrificio sin derramamiento de sangre. La sangre derramada en el altar concretaba el sacrificio por el cual el pueblo recibía el perdón de Dios. Vemos que la sangre del sacrificio, de algún modo, era vínculo y signo de unión en el perdón, para el pueblo de la promesa. Pero no era el perdón eficaz y definitivo.
Al hablar de parentesco la primera idea que se nos viene a la cabeza es la del vínculo de sangre que une a las personas de una familia. En el Antiguo Testamento, Dios trasciende esta idea y hace que la sangre del sacrificio sea vínculo de perdón para la gran familia de Dios. Pero aún quedaba el sacrificio que daría lugar al verdadero parentesco que Dios quiere de nosotros.
Más adelante, el autor pone en boca del Señor: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Es Cristo quien sella la Nueva Alianza con su sangre. Sangre que brotará de su cuerpo, que ha sido preparado por Dios Padre. Esta es la sangre que nos da el verdadero parentesco, con Dios y entre los hermanos. Y alguno preguntará: Y yo, ¿cómo vivo esto?... Jesús nos da la clave: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Haciendo la voluntad de Dios nos hacemos “familia” con Él, en el sacrificio del propio yo, nos unimos al sacrificio de Cristo en la cruz, y así nuestro parentesco va más allá de los lazos de sangre, la humanidad entera se hace familia. Que bien se entienden ahora las palabras de Jesús cuando dice en el evangelio: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”. María tuvo la plenitud del parentesco con Dios, por el vínculo de sangre y por ser fiel cumplidora de la voluntad de Dios. Recurramos a Ella en este rato de oración para que nos enseñe a descubrir la voluntad de Dios en la vida ordinaria, viviendo con sencillez y alegría el pequeño detalle.

Sin duda el mensaje evangélico que hemos meditado lo vivió plenamente San Francisco de Sales, cuya fiesta celebramos hoy, pidamos también la intercesión de este gran santo, dicen de él que fue testigo de la dulzura del amor de Dios. Para los que le tenéis una devoción especial os dejo una frase suya, extraída de las Semblanzas del padre Morales: “Si una acción tiene cien aspectos distintos, noventa y nueve malos y uno solo bueno, bajo este aspecto hay que juzgarla, sin jamás murmurar o criticar”.

23 enero 2017. Lunes de la tercera semana de Tiempo Ordinario – San Ildefonso – Puntos de oración

SOMOS LO QUE CONTEMPLANOS. Dice S. Ignacio con mucha frecuencia en sus Ejercicios “conocimiento interno del Señor para que conociéndole más le ame y amándole le siga”. Aquí vemos la importancia de pasar primero por el corazón aquello que deseamos imitar.
En estos días del tiempo ordinario, la liturgia nos va a presentar la persona de Jesús. Hemos comenzado en días pasados con el bautismo en el Jordán. Y le vamos a seguir hasta el calvario y su resurrección. Pero no adelantemos acontecimientos. Vamos a contemplarlo todavía en Nazareth.
Caer en la cuenta que es la segunda persona de la Trinidad. Hablamos de la divinidad. Y que se encarna, se abaja, se hace uno de tantos. “Exinanivit” fue la gracia que recibe el P. Morales en aquellos ejercicios de conversión. Sigue todo nuestro proceso natural, excepto en ser engendrado (aquí otra maravilla de la gracia, imposible de comprender a nuestra pequeña mente; María, madre y virgen a un tiempo).
Y va a la escuela rabínica, y juega y ayuda en casa, se cae y se levanta, tiene ilusiones de joven, ora según le han enseñado y también según observa en sus padres. ¿Cómo no va conocer lo que te pasa? Habla con Él, dile cómo estas, qué sientes, qué padeces, qué anhelas, qué miedos tienes… Mírale (y háblale según eres y estás tú). Cuando tienes un amigo de verdad ¿a que no piensas en el primer  y, segundo punto a tratar? Directamente le saludas, le cuentas y escuchas. Jesús conoce esta manera nuestra de ser porque en todo fue como nosotros. Nada de lo que vivas le es ajeno.
Podemos agrupar nuestra vida en varios temas; el trabajo, las tareas del hogar, actividades de tiempo libre, relación con amigos, la familia y cultivo de la vida espiritual. Jesús en su tiempo vive adaptadas estas mismas realidades. En este rato de oración busca algo (mejor pide al E. Santo que te ilumine) en lo que detenerte junto a Él. Dedicar tiempo a orar va confirmando una realidad: JESÚS VIVE. Y no en abstracto (ahí fuera, alejado). Dice el evangelio “aquel día sabréis que yo vivo en vosotros y vosotros en mí”. Jn. 14,20. Y también “«Al que me ama... yo también lo amaré y me revelaré a él» Jn. 14,15-21. ¿Qué otra cosa es la oración “que tratar de amistad con quien sabemos que nos ama”? (Sta. Teresa).
Intima en este rato con Jesús. Nada le es ajeno (tanto porque es Dios y porque pasó por todo como nosotros). ¡Qué suerte tener un Dios tan humano, tan cercano! Este es un ideal para tu vida; ir abriéndote a esta presencia (que está en ti, que está en los necesitados)."Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo" (S. José María). Buscar, encontrar, amar. Tres tiempos donde una vez que descubres lo que te ha amado, ya nada te puede llenar-engañar. Este es el amor de oro, no de hojalata. Abre tu corazón de par en par a su acción: verá las maravillas que hace en ti “ya no soy yo es Cristo que vive en mí”.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él”. Lc 2, 22-40. Aquí hay una clave para nosotros: CRECER-MADURAR-DEJAR ETAPAS ATRÁS. Todo esto se consolida en Nazaret. Tiempo de Milicia, tiempo de crecer junto a Jesús, preparándose a entregar vida en abundancia; en la vida matrimonial, en una consagración especial, en una vida profesional competente y alegre.
¿Es suficiente el amor a Jesús que tengo en mi vida? ¿Hay algo que lo debilita, lo omite, lo olvida, nos estorba Jesús en algún planteamiento que tengamos? Jesús-el Señor se nos manifiesta en su Iglesia (la Palabra oída, la Palabra encarnada en los que nos guían, el alimento de los fuertes…), se nos manifiesta en nuestra conciencia ¿qué formación cuidamos o qué nos va royendo el amor a Él?; también se manifiesta en los que necesitan de nosotros (los hijos, padres, vecinos, compañeros); “si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón” (Salmo 94). Se manifiesta en la debilidad de nuestra carne (limitaciones, pobrezas sicológicas, enfermedades…).

Sí. Somos llamados a experimentar el ideal que S. Pablo nos comunica; “vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó a la muerte por mí”. “Ya no vivo yo es Cristo que vive en mí”. Hoy se nos invita a renovar este amor. Llamados a experimentar su amor, a renovarlo y comprometernos con El. ¿Acaso otro amor nos puede llenar? La profesión es algo noble, grande. Cierto. Todo lo que ha ocupado gran parte del interés, esfuerzo y entrega de nuestras vidas es pasajero. ¿Qué queda, entonces, para dar sentido aunque me vea vacío de salud, quizás de trabajo, familia? Aquí está Jesús en Nazaret poniendo un poquito de luz a nuestra vida. ¿Qué métodos empleó el Padre del Cielo para revelarnos la grandeza de lo cotidiano? Si nos lleva el Espíritu por aquí dejémonos conducir a alguna escena que pueda ayudarnos a enamorarnos más y más del verbo hecho carne: Jesús el Señor.

22/1/2017, Domingo de la tercera semana de Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lectura del libro de Isaías (8, 23b-9, 3)
En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y de sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Salmo responsorial (Sal 26, 1. 4. 13-14)
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? 
R.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. 
R.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. 
R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1, 10-13. 17)
Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir. Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y yo os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo». ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo? Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (4, 12-23)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Pasando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

22 enero 2017. Domingo de la tercera semana de Tiempo Ordinario (Ciclo A) – Puntos de oración

Podemos comenzar nuestra oración encomendando de forma especial el Octavario por la unidad de los cristianos en que nos encontramos, una semana, previa a la fiesta de la Conversión de san Pablo, dedicada a orar por la unidad entre todas las iglesias cristianas.
Este tema enlaza directamente con la 2ª lectura, donde el propio san Pablo nos invita a mirar a Cristo, y sólo a Cristo. El escribe a los cristianos de Corinto, divididos entre los discípulos de Cefas (Pedro), Apolo y el propio Pablo. Y parece que les dice, especialmente a los que se enorgullecen de seguirle:
“¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?”
Y les pide:
“Que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”
Para orar nosotros: pidamos eso mismo al Espíritu Santo, por intercesión de san Pablo. Hay que pedirlo, hay que rezarlo, porque, sin darnos cuenta, se mete por ahí el enemigo, siempre, intentando crear divisiones: en la parroquia, en el grupo, en el movimiento, entre los educadores, en los educandos. Y para ello usa todos los resortes más recónditos de nuestros corazones.
Por eso, ¡cuánto ayuda pedir continuamente luz al Espíritu Santo, para que ilumine nuestro camino, para que nos enseñe sendas de unidad, que suelen ir unidas a caminos de perdón y de aceptación del otro!
Pero lo que más nos puede ayudar es la cercanía del Corazón de Cristo. Por eso hoy tenemos que contemplarle predicando en las orillas del mar de Galilea. Ha elegido ese lugar, no Jerusalén o su entorno. Se ha ido a los que más ansiosos estaban de su palabra, no a los que pensaban que ya lo sabían todo, también sobre el Mesías. Se ha acercado a los más necesitados, pero no improvisando. Desde los días del bautismo en el Jordán, donde le conocieron los galileos inquietos que habían acudido a Juan buscando conversión y un nuevo camino, Jesús ya le había cautivado. Ahora toma la iniciativa, cuando quiere, cuando menos lo esperan, y se planta en su lugar de trabajo. Les llama por su nombre y les dice: “Sígueme”.
Dejemos hoy que esta Palabra de Jesús resuene también en nuestro corazón. Pidamos a la Virgen que nos haga generosos en la respuesta a la llamada que Él nos hace, distinta para cada uno. Que escuchemos bien lo que nos pide, que confiemos en que es el mismo Jesús el que nos da la fuerza para levantarnos, dejar nuestra barca, nuestras redes o nuestro padre, y seguirle.

Y no pensemos que nos está pidiendo cosas extraordinarias, sino pequeñas cosas, sencillas, pero radicales, signos para los que nos rodean cada día, que esperan de nosotros una pequeña luz, destello de aquella luz esplendorosa que Jesús derramó por Galilea anunciando el Reino de los Cielos y llamando a la conversión.

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