1 julio 2019, paréntesis veraniego

Hola a todos:
Como otros años, llegadas estas fechas, durante los meses del julio y agosto Oración del Militante no enviará la meditación diaria con motivo del descanso estival en el verano del hemisferio norte. Pedir perdón también por los problemas que ha dado el correo en estos últimos días imposibilitando que se enviaran cada día los puntos a todos los que lo han solicitado. En septiembre retomaremos de nuevo el ritmo diario. Muchas gracias por todo y nos vemos a la vuelta!

30/6/2019., Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Lectura del primer libro de los Reyes (19, 16b. 19-21)

En aquellos días, el Señor dijo a Elías en el monte Horeb: «Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá». Partió Elías de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima. Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: «Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré». Elías le respondió: «Anda y vuélvete, pues; ¿qué te he hecho?». Eliseo dio la vuelta, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.

Salmo responsorial (Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11)
R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.  R.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas (5, 1. 13-18)

Hermanos: Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de la esclavitud. Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se cumple en una sala frase, que es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Pero, cuidado, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente. Frente a ello, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 51-62)

Cuando se completaron los días en que iba de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y les regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

30 junio 2019. Domingo XIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C) – Puntos de oración

Las lecturas de hoy son ricas. Te resumo las dos primeras y me quedo con el Evangelio.

1ª lectura: el Señor llama, cuando quiere y como quiere.

2ª lectura: la libertad en Cristo. Me quedo con la frase: toda la Ley se cumple en una sola frase, que es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Evangelio: Sobre todo te invito a meditar la parte final. Las condiciones del seguimiento de Jesús. No anteponer nada a Cristo.

Tres discípulos se acercan a Cristo con deseo de seguirle. Y Jesús acepta su oferta pero les pone ante la realidad de su seguimiento.

Al primero le dice que no hallará morada permanente ni reposo en este mundo. Que seguir a Cristo es estar siempre en camino, hasta que lleguemos a la morada del Padre.

Al segundo le antepone el seguimiento a la misma familia. No hay que eliminar ni edulcorar esta palabra evangélica. Hay que rezar despacio y con sabiduría y pedir al Señor que nos ilumine su palabra.

Al tercero le confronta con la sinceridad de su decisión libre. ¿De verdad has optado por Cristo? Si es así debes asumir todas las consecuencias.

Esta es la radicalidad del seguimiento.

San Juan Pablo II hablo de esto en una catequesis del 28 de octubre de 1987. Comenta el Papa que la llamada al seguimiento es algo muy serio, pero lo más importante es Quién hace esa llamada. No te quedes solo en la llamada, quédate en Jesús. A eso te invito en este rato de oración, con algunos fragmentos de la catequesis del Papa:

Jesús llama a seguirle personalmente. Podemos decir que esta llamada está en el centro mismo del Evangelio.

Pensemos en todas las llamadas de las que nos han dejado noticia los Evangelistas: “Un discípulo le dijo: Señor, permíteme ir primero a sepultar a mi padre; pero Jesús le respondió: Sígueme y deja a los muertos sepultar a sus muertos” (Mt 8, 21-22): forma drástica de decir: déjalo todo inmediatamente por Mí. Esta es la redacción de Mateo. Lucas añade la connotación apostólica de esta vocación: “Tú vete y anuncia el reino de Dios” (Lc 9, 60). En otra ocasión, al pasar junto a la mesa de los impuestos, dijo y casi impuso a Mateo, quien nos atestigua el hecho: “Sígueme. Y él, levantándose lo siguió” (Mt 9, 9; cf. Mc 2, 13-14).

Seguir a Jesús significa muchas veces no sólo dejar las ocupaciones y romper los lazos que hay en el mundo, sino también distanciarse de la agitación en que se encuentra e incluso dar los propios bienes a los pobres. No todos son capaces de hacer ese desgarrón radical: no lo fue el joven rico, a pesar de que desde niño había observado la ley y quizá había buscado seriamente un camino de perfección, pero “al oír esto (es decir, la invitación de Jesús), se fue triste, porque tenía muchos bienes” (Mt 19, 22; Mc 10, 22).

Dejando a un lado de momento el lenguaje figurado que usa Jesús, nos preguntamos: ¿Quién es ese que pide que lo sigan y que promete a quien lo haga darle muchos premios y hasta “la vida eterna”? ¿Puede un simple Hijo del hombre prometer tanto, y ser creído y seguido, y tener tanto atractivo no sólo para aquellos discípulos felices, sino para millares y millones de hombres en todos los siglos?

¿Quién es éste que llama con autoridad a seguirlo, predice odio, insultos y persecuciones de todo género (cf. Lc 6, 22), y promete “recompensa en los cielos”? Sólo un Hijo del hombre que tenía la conciencia de ser Hijo de Dios podía hablar así. En este sentido lo entendieron los Apóstoles y los discípulos, que nos transmitieron su revelación y su mensaje. En este sentido queremos entenderlo nosotros también, diciéndole de nuevo con el Apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío”.

29/6/2019. San Pedro y san Pablo, apóstoles


Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12, 1-11)
En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme». Salió y lo seguía sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo, ante ellos. Salieron, y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».
Salmo responsorial (Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9)
R. El Señor me libró de todas mis ansias.
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. 
R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. 
R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. 
R.
El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. 
R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18
Querido hermano: Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación. Mas el Señor me estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mal y me salvará llevándome a su reino celestial.  A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (16, 13-19)
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

29 junio 2019. San Pedro y san Pablo, apóstoles – Puntos de oración


Hoy traemos como meditación, la homilía de San Juan Pablo II en la SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, de fecha sábado 29 de junio de 2002.
1. "Envuélvete en tu manto y sígueme" (Hch 12, 8).
Así el ángel se dirige a Pedro, detenido en la cárcel de Jerusalén. Y Pedro, según la narración del texto sagrado, "salió en pos de él" (Hch 12, 9).
Con esta intervención extraordinaria, Dios ayudó a su apóstol para que pudiera proseguir su misión. Misión no fácil, que implicaba un itinerario complejo y arduo. Misión que se concluirá con el martirio precisamente aquí, en Roma, donde aún hoy la tumba de Pedro es meta de incesantes peregrinaciones de todas las partes del mundo.
2. "Saulo,  Saulo, ¿por  qué  me  persigues? (...). Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer" (Hch 9, 4-6).
Pablo fue conquistado por la gracia divina en el camino de Damasco y de perseguidor de los cristianos se convirtió en Apóstol de los gentiles. Después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.
También a Pablo se le reservaba como meta lejana Roma, capital del Imperio, donde, juntamente con Pedro, predicaría a Cristo, único Señor y Salvador del mundo. Por la fe, también él derramaría un día su sangre precisamente aquí, uniendo para siempre su nombre al de Pedro en la historia de la Roma cristiana.
3. Con alegría la Iglesia celebra hoy juntamente la memoria de ambos. La "Piedra" y el "Instrumento elegido" se encontraron definitivamente aquí, en Roma. Aquí llevaron a cabo su ministerio apostólico, sellándolo con el derramamiento de su sangre. El misterioso itinerario de fe y de amor, que condujo a Pedro y a Pablo de su tierra natal a Jerusalén, luego a otras partes del mundo, y por último a Roma, constituye en cierto sentido un modelo del recorrido que todo cristiano está llamado a realizar para testimoniar a Cristo en el mundo.
"Yo consulté al Señor, y me respondió, me liberó de todas mis ansias" (Sal 33, 5). ¿Cómo no ver en la experiencia de ambos santos, que hoy conmemoramos, la realización de estas palabras del salmista? La Iglesia es puesta a prueba continuamente. El mensaje que le llega siempre de los apóstoles san Pedro y san Pablo es claro y elocuente:  por la gracia de Dios, en toda circunstancia, el hombre puede convertirse en signo del poder victorioso de Dios. Por eso no debe temer. Quien confía en Dios, libre de todo miedo, experimenta la presencia consoladora del Espíritu también, y especialmente, en los momentos de la prueba y del dolor.
4. Queridos y venerados hermanos en el episcopado, el ejemplo de san Pedro y san Pablo nos interpela ante todo a nosotros, constituidos con la ordenación episcopal en sucesores de los Apóstoles. Como ellos, estamos invitados a recorrer un itinerario de conversión y de amor a Cristo. ¿No es él quien nos ha llamado? ¿No es a él mismo a quien debemos anunciar con coherencia y fidelidad? Me dirijo de modo particular a vosotros, amadísimos metropolitanos, que habéis venido de numerosos países del mundo para recibir el palio de manos del Sucesor de Pedro. Os saludo cordialmente a vosotros, así como a cuantos os han acompañado. El vínculo especial con la Sede apostólica que expresa esta insignia litúrgica es estímulo a un compromiso más intenso en la búsqueda de la comunión espiritual y pastoral en beneficio de los fieles, promoviendo en ellos el sentido de la unidad y de la universalidad de la Iglesia. Custodiad fielmente en vosotros, y en las personas que os han sido encomendadas, la santidad de vida que es don sobrenatural de la gracia del Señor.
Saludo asimismo, con especial afecto, a la delegación enviada por el patriarca de Constantinopla Bartolomé I y guiada aquí por el metropolita Panteleimon. La tradicional visita de los representantes del patriarcado ecuménico para la solemnidad de San Pedro y San Pablo constituye un momento providencial del camino hacia el restablecimiento de la comunión plena entre nosotros. Al inicio del tercer milenio, advertimos con fuerza que debemos recomenzar desde Cristo, fundamento de nuestra fe y misión comunes. "Heri, hodie et in saecula" (Hb 13, 8), Cristo es la roca firme sobre la que está construida la Iglesia.
5. "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). La profesión de fe que Pedro hizo en Cesarea de Filipo cuando el Maestro preguntó a los discípulos:  "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15), cobra un valor y un significado del todo singulares para nosotros que formamos la comunidad eclesial de Roma. El testimonio de san Pedro y de san Pablo, sellado con el sacrificio extremo de su vida, recuerda a esta Iglesia la ardua tarea de "presidir en la caridad" (Ignacio de Antioquía, Ep. ad Rom., 1, 1).
Fieles de esta amada diócesis mía, seamos cada vez más conscientes de nuestra responsabilidad. Perseveremos en la oración juntamente con María, Reina de los Apóstoles.
Siguiendo el ejemplo de nuestros gloriosos patronos y con su constante apoyo, procuremos repetir en cada momento a Cristo:  "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Tú eres nuestro único Redentor", Redentor del mundo.

28/6/2019. Sagrado Corazón de Jesús (Ciclo C)


Lectura de la profecía de Ezequiel (34, 11-16)
Esto dice el Señor Dios: «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré. Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones. Sacaré a mis ovejas de en medio de los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las llevaré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel, en los valles y en todos los poblados del país. Las apacentaré en pastos escogidos, tendrán sus majadas en los montes más altos de Israel; se recostarán en pródigas dehesas y pacerán pingües pastos en los montes de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar —oráculo del Señor Dios—. Buscaré la oveja perdida, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia».
Salmo responsorial (Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6)
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. 
R.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque caminé por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. 
R.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 
R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5, 5b- 11)
Hermanos: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien; Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 3-7)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

28 junio 2019. Sagrado Corazón de Jesús (Ciclo C) – Puntos de oración


Aquí en Madrid, muy cerca de Getafe estamos recibiendo a lo largo de este mes llamadas apremiantes para intimar con el Corazón de Cristo. Ya desde la Pascua Familiar celebrada en este año en Aravalle tomamos como nuestro el tema en este Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón. “Tus heridas nos han curado” (Ez 34, 11).
Me limito a recordar el inicio de cada lectura que hoy nos propone la liturgia para que nos dejemos empapar del amor que Dios nos tiene a todas y a cada una de las personas, porque todos somos sus hijos.
El Señor es mi pastor nada me puede faltar” (Sal 22)
“¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido” (Lc 15, 3-7)
En estas lecturas hace continuamente referencia a la figura del Pastor, del Buen Pastor. Que por analogía este Pastor es el Padre bueno del Hijo Pródigo, mi Padre, el PADRE QUE SE MANIFIESTA SIEMPRE CON TERNURA Y MISERICORDIA. Porque el Corazón de Cristo sólo sabe amar. Lo único que nos pide es que nos acerquemos a Él con plena confianza y, todo lo demás corre por su cuenta.
No me resisto a transcribir una cita de Abelardo cuando comenta en el folleto preparado para cada día del mes de junio consagrado al Corazón de Cristo. Corresponde al día 26 de junio.
Cuando llegamos a la explanada imponente el Cerro de los Ángeles y miramos hacia la basílica, recorre toda la fachada este texto evangélico: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11, 29).
“No podemos entender lo que Él nos ama porque nosotros no somos capaces de amar. Entonces viendo a Jesús así… en la Cruz con las manos clavadas y llagadas, los pies clavados para no poderse separar de ti, como dice San juan de Ávila, atisbaremos algo de su amor.
“El corazón abierto para recibirte, las manos llagas para bendecirte, la cabeza inclinada para escucharte y darte besos de paz con los que invitas a los culpables…” (San juan de Ávila).
Y, para terminar, sigue Abelardo: “Acércate al Corazón de Jesús y repítele: “Corazón de Jesús en ti confía porque creo en tu amor para conmigo”.
Todavía sonará mejor si lo pones en los labios de Santa María.

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