1 julio 2018. Descanso estival

Como cada verano en el hemisferio septentrional, Oración del Militante descansará los meses de julio y agosto para retomar de nuevo en septiembre la cita diaria.

Pedir disculpas por los fallos en los envíos acaecidos en diferentes días ajenos a nuestra voluntad. Confiamos que no interfieran en el futuro y poder tener un correcto funcionamiento.

¡Hasta la vuelta! Unidos en el Señor, un cordial saludo.

30/6/2018. Sábado de la XII semana del T. Ordinario – Santos protomártires de Roma


Lectura de las Lamentaciones (2, 2. 10-14. 18-19)
Ha destruido el Señor, sin piedad, todas las moradas de Jacob; ha destrozado, lleno de cólera, las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y a sus príncipes. Se sientan silenciosos en el suelo los ancianos de la hija de Sion; cubren de polvo su cabeza y se ciñen con saco; humillan hasta el suelo la cabeza. las doncellas de Jerusalén.  Se consumen en lágrimas mis ojos, se conmueven mis entrañas; muy profundo es mi dolor por la ruina de la hija de mí pueblo; los niños y lactantes desfallecen por las plazas de la ciudad. Preguntan a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras agonizan, como los heridos, por las plazas de la ciudad, exhalando su último aliento en el regazo de sus madres. ¿A quién te compararé, a quién te igualaré, hija de Jerusalén? ¿Con quién te equipararé para consolarte, doncella, hija de Sión?; pues es grande como el mar tu desgracia: ¿quién te podrá curar? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y vanas; y no denunciaron tu culpa para que cambiara tu suerte, sino que te anunciaron oráculos falsos y seductores. Sus corazones claman al Señor. Muralla de la hija de Sión ¡derrama como un torrente tus lágrimas día y noche; no te des tregua,no descansen tus ojos! Levántate, grita en la noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta tus manos hacia él por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre por las esquinas de las calles.
Salmo responsorial (Sal 73, 1-2. 3-4. 5-7. 20-21)
R. No olvides sin remedio la vida de tus pobres.
¿Por qué, oh Dios, nos rechazas para siempre,
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sion donde pusiste tu morada. 
R.
Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes. 
R.
Como quien se abre paso entre la espesa arboleda todos juntos derribaron sus puertas,
las abatieron con hachas y mazas.
Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre. 
R.
Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8, 5-17)
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Vete, que te suceda según has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; la tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

30 junio 2018. Sábado de la XII semana del T. Ordinario – Santos protomártires de Roma – Puntos de oración


Oración preparatoria: Señor, que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de tu divina majestad.
Como composición de lugar te sugiero el cuadro de Paolo Veronés del Museo del Prado: “Jesús y el centurión”. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/jesus-y-el-centurion/b5be4149-9cb8-4f12-91a9-585694f63b6e
Inicio con una reflexión que siempre me asalta cuando leo textos del Antiguo Testamento como el de hoy. La reflexión es que la imagen del Dios que me presenta el texto de las Lamentaciones no se me hace cercana ni reconocible, no me cuadra con la imagen que tengo de Dios, con la imagen que se deduce de la revelación definitiva en Jesucristo.
El hebreo que escribió este pasaje nos describe un Dios duro, terrible, iracundo: “sin piedad, …lleno de cólera…”, que ha castigado al pueblo de Israel sin misericordia…Quizás era el modo de interpretar las desgracias históricas que el autor inspirado tenía. Y por increíble que nos parezca, Dios siempre respeta la libertad humana aun en el modo de colaborar con Él interpretando los sucesos.
Hoy sabemos que es la libertad del hombre, con sus amplias posibilidades de acción en sentido positivo y también en sentido negativo, la que configura la historia. No es el Dios iracundo el que castiga, sino las decisiones equivocadas, las pasiones de los hombres no controladas, el peso del pecado. Dios actúa, sí pero en otro sentido: desde la gracia y la misericordia. Esa es la acción principal de Dios.
La Iglesia, que es maestra, y enseña también con su sabiduría litúrgica, ha colocado el mismo día los dos textos principales que meditamos: el del libro de las Lamentaciones y el pasaje de Jesús y el siervo del centurión del evangelio de Mateo.
¡Qué distinto es el Dios que se revela en Jesús! Es un Dios cercano, que se acerca al hombre caído y afligido (observad cómo lo ha expresado Veronés en su cuadro), es un Dios compasivo y misericordioso.
Si el hebreo que escribió el texto de las Lamentaciones fuera capaz de ver y contemplar la escena de Jesús, y se le revelará que estaba ante el mismo Dios, posiblemente lo primero que haría sería romper todos sus escritos.
Dejémonos de reflexiones y quédate acompañando a Jesús: céntrate en sus miradas y sus acciones. Con el centurión, con la suegra de Pedro, con todos los que le llevaron esa noche. Es el verdadero Enmanuel, el Dios-con-nosotros, el Dios todo-misericordia.
Termino mi oración en un coloquio con la Virgen, agradeciendo y suplicando que me ponga siempre junto a su Hijo.

29/6/2018. Solemnidad de san Pedro y san Pablo


Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12, 1-11)
En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme». Salió y lo seguía sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo. ante ellos. Salieron, y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».
Salmo responsorial (Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9)
R. El Señor me libró de todas mis ansias.
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. 
R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. 
R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. 
R.
El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. 
R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4, 6-8. 17-18)
Querido hermano: Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación. Mas el Señor me estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mal y me salvará llevándome a su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (16, 13-19)
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

29 junio 2018. Solemnidad de san Pedro y san Pablo – Puntos de oración


Hoy nos ayuda para orar el texto de la HOMILÍA DEL PAPA SAN JUAN PABLO II, el jueves 29 de junio de 2000
1. "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15).  Jesús formula esta pregunta sobre su identidad a los discípulos mientras se encuentra con ellos en la alta Galilea. Muchas veces ellos le habían hecho preguntas a Jesús; ahora es él quien los interpela. Su pregunta es precisa, y espera una respuesta. Simón Pedro toma la palabra en nombre de todos: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16).
Esta respuesta es extraordinariamente lúcida. Refleja de modo perfecto la fe de la Iglesia. En ella nos vemos reflejados también nosotros. De manera particular, en las palabras de Pedro se ve reflejado el Obispo de Roma, que, por voluntad divina, es su indigno sucesor. Y, en torno a él y con él, os veis reflejados en dichas palabras vosotros, queridos arzobispos metropolitanos, que habéis venido aquí de tantas partes del mundo para recibir el palio en la solemnidad de san Pedro y san Pablo. Os dirijo a cada uno mi más cordial saludo y de buen grado lo extiendo a cuantos os han acompañado a Roma y a vuestras comunidades, unidas espiritualmente a nosotros en esta solemne circunstancia.
2. "Tú eres el Mesías". Jesús responde a la confesión de Pedro:  "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo" (Mt 16, 17).   ¡Dichoso tú, Pedro! Dichoso, porque esta verdad, que es central en la fe de la Iglesia, no podía ser fruto de tu conocimiento de hombre, sino obra de Dios. "Nadie -dijo Jesús- conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11, 27).
Reflexionemos en esta página singularmente densa del Evangelio:  el Verbo encarnado había revelado al Padre a sus discípulos; ahora llega el momento en que el mismo Padre les revela a su Hijo unigénito. Pedro acoge la iluminación interior y proclama con valentía:  "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Estas palabras en los labios de Pedro provienen de lo más profundo del misterio de Dios; revelan la verdad íntima, la vida misma de Dios. Y Pedro, bajo la acción del Espíritu divino, se convierte en testigo y confesor de esta verdad sobrehumana. Así, su profesión de fe constituye la base sólida de la fe de la Iglesia:  "Sobre ti edificaré mi Iglesia" (Mt 16, 18). La Iglesia de Cristo está edificada sobre la fe y sobre la fidelidad de Pedro.
La primera comunidad cristiana era muy consciente de ello y, como narran los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro se encontraba en la cárcel, se reunió para elevar a Dios una oración ferviente por él (cf. Hch 12, 5). Fue escuchada, porque la presencia de Pedro era aún necesaria para la comunidad que daba sus primeros pasos:  el Señor envió a su ángel para liberarlo de las manos de sus perseguidores (cf. Hch 12, 7-11). Estaba escrito en los designios de Dios que Pedro, después de confirmar por mucho tiempo en la fe a sus hermanos, sufriría el martirio aquí, en Roma, juntamente con Pablo, el Apóstol de las gentes, quien también había escapado muchas veces de la muerte.
3. "El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles" (2 Tm 4, 17). En la segunda lectura hemos escuchado estas palabras, que san Pablo dirigió a su fiel discípulo Timoteo. Testimonian la obra que el Señor realizó en él, a quien había elegido como ministro del Evangelio, "alcanzándolo" en el camino de Damasco (cf. Flp 3, 12).
Envuelto en una luz deslumbrante, el Señor se le apareció diciéndole:  "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (Hch 9, 4), mientras una fuerza misteriosa lo arrojaba al suelo (cf. Hch 9, 5). "¿Quién eres, Señor?", había preguntado Saulo. "Yo soy Jesús, a quien tú persigues" (Hch 9, 5). Esta fue la respuesta de Cristo. Saulo perseguía a los seguidores de Jesús, y Jesús le hacía saber que, en ellos, lo perseguía a él mismo, a Jesús de Nazaret, el Crucificado, de quien los cristianos afirmaban que había resucitado. Si Saulo experimentaba en ese momento su poderosa presencia, era evidente que Dios lo había resucitado realmente de entre los muertos. Era precisamente él el Mesías esperado por Israel, era él el Cristo vivo y presente en la Iglesia y en el mundo.
¿Podía comprender Saulo únicamente con su razón todo lo que implicaba ese acontecimiento? Ciertamente, no. En efecto, formaba parte de los designios misteriosos de Dios.El Padre dará a Pablo la gracia de conocer el misterio de la redención, realizada en Cristo. Dios le permitirá comprender la estupenda realidad de la Iglesia, que vive por Cristo, con Cristo y en Cristo. Y él, partícipe de esta verdad, no dejará de proclamarla incansablemente hasta los últimos confines de la tierra.
Pablo comenzará en Damasco su itinerario apostólico, que lo llevará a difundir el Evangelio en muchas partes del mundo entonces conocido. Así, su impulso misionero contribuirá al cumplimiento del mandato que Cristo dio a los Apóstoles:  "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes..." (Mt 28, 19).
4. Amadísimos hermanos en el episcopado, que habéis venido a recibir el palio, vuestra presencia muestra elocuentemente la dimensión universal de la Iglesia, que nació con el mandato del Señor:  "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes..." (Mt 28, 19).
En efecto, procedéis de quince países de cuatro continentes, y habéis sido llamados por el Señor para ser pastores de Iglesias metropolitanas. La imposición del palio subraya bien el vínculo particular de comunión que os une a la Sede de Pedro y manifiesta la índole católica de la Iglesia.
Cada vez que os revistáis con estos palios, recordad, hermanos queridos, que como pastores estamos llamados a salvaguardar la pureza del Evangelio y la unidad de la Iglesia de Cristo, fundada sobre la "roca" de la fe de Pedro. A esto nos llama el Señor; esta es nuestra misión irrenunciable de guías prudentes de la grey que el Señor nos ha confiado.
5. ¡La unidad plena de la Iglesia! Resuena en mi alma el eco de esta consigna de Cristo. Se trata de una consigna sumamente urgente en el comienzo de este nuevo milenio. Por esta intención oremos y trabajemos sin cansarnos jamás de esperar.
Con estos sentimientos, abrazo y saludo con afecto a la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla, que ha venido para celebrar con nosotros la memoria litúrgica de san Pedro y san Pablo. Gracias, venerados hermanos, por vuestra presencia y vuestra cordial participación en esta solemne celebración litúrgica. Que el Señor nos conceda llegar cuanto antes a la unidad plena de todos los creyentes en Cristo.
Que nos obtengan este don los apóstoles san Pedro y san Pablo, a quienes la Iglesia de Roma recuerda en este día, en el que se hace memoria de su martirio y, por eso, de su nacimiento a la vida en Dios. Por el Evangelio aceptaron sufrir y morir, y llegaron a ser partícipes de la resurrección del Señor. Su fe, confirmada por el martirio, es la misma fe de María, la Madre de los creyentes, de los Apóstoles, de los santos y de las santas de todos los siglos.
Hoy la Iglesia proclama nuevamente su fe. Es nuestra fe, la fe inmutable de la Iglesia en Jesús, único Salvador del mundo; en Cristo, el Hijo del Dios vivo, muerto y resucitado por nosotros y por la humanidad entera.

28/6/2018. Jueves de la XII semana del Tiempo Ordinario


Lectura del segundo libro de los Reyes (24, 8-17)
Dieciocho años tenía Joaquín cuando inició su reinado y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre era Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén. Hizo el mal a los ojos del Señor exactamente lo mismo que había hecho su padre. En aquel tiempo las gentes de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la ciudad fue asediada. Vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a la ciudad, mientras sus servidores la estaban asediando. Entonces Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia, que hizo prisioneros a él, a su madre, a sus servidores, a sus jefes y eunucos. Era el año octavo de su reinado. Luego se llevó de allí todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real y deshizo todos los objetos de oro que había fabricado Salomón, rey de Israel, para santuario del Señor, según la palabra del Señor. Deportó a todo Jerusalén, todos los jefes y notables - diez mil deportados -, a todos los herreros y cerrajeros, no dejando más que a la gente pobre del país. Deportó a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país; lo hizo partir al destierro, de Jerusalén a Babilonia. También llevó deportados a Babilonia a todos los hombres pudientes en número de siete mil; los herreros y cerrajeros, un millar; así como a todos los aptos para la guerra. Y, en lugar de Joaquín, puso por rey a su tío Matanías, cambiando su nombre por el de Sedecías.
Salmo responsorial (Sal 78, 1-2. 3-5. 8. 9)
R. Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. 
R.
Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera? 
R.
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. 
R.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7, 21-29)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?". Entonces yo les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad". El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande». Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

28 junio 2018. Jueves de la XII semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


“Obras son amores y no buenas razones”. ¡Qué menos que dedicar todos los días unos minutos de oración personal al Señor! Si hay ese deseo y disposición la fe, se hace vida. Nos recuerda el apóstol Santiago que “la fe sin obras es una fe muerta”.
Las palabras tienen que estar confirmadas con la vida. Nos lo recuerda el Señor en este evangelio de hoy. Me vuelve a decir Jesús a mí en este día: “No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos… el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca…”
Entrar en el reino de los cielos. Esta es nuestra meta
Que mi alimento coincida con el alimento del Señor. Nos decía que “su alimento era hacer la voluntad del padre”
Para conocer la voluntad del Padre, habrá que escuchar su voz en medio del silencio y en medio de la actividad diaria en la que convivo con mis compañeros de trabajo, estudio… y en medio de todas las criaturas que me rodean. O gozando de un rato de silencio paseando al amanecer o atardecer por nuestros parques o saliendo al campo o la montaña en fin de semana.
Edificar sobre roca. No se puede construir un edificio o una casa sin preparar unos buenos cimientos. Cuanto mayor altura queramos dar al edificio más profundos serán los cimientos. Normalmente no se ven, pero nos viene muy bien cultivar los valores humanos para que se apoye sobre ese cimiento nuestra vida espiritual. Sin esos sólidos cimientos, ante las dificultades…, crecidas y huracanes la casa se derrumba. Trabajemos en fortalecer esos cimientos. Así descubriremos la voluntad de Dios, y seremos fecundos más con las obras que con las palabras.
Aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra…
Y María se puso en marcha para ayudar a su prima Isabel que necesitaba de su ayuda.
¿En qué puedo yo ayudar a otras personas que me necesitan?
¿Qué esperan de mí, palabras o coherencia de vida?
¿Procuro hacer la voluntad de Dios cada día como se me pide en el Padrenuestro?
¿Pongo los medios para conocerla? La oración diaria y el discernimiento, me ayudará.

Archivo del blog