23 de abril de 2021, viernes de la 3ª semana de Pascua

Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9, 1-20)

En aquellos días, Saúl, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.

Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:

«Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?».

Dijo él:

«¿Quién eres, Señor?».

Respondió:

«Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».

Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:

«Ananías».

Respondió él:

«Aquí estoy, Señor».

El Señor le dijo:

«Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».

Ananías contestó:

«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».

El Señor le dijo:

«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».

Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:

«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».

Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.

Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Salmo Responsorial
Sal 116, 1. 2
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 52-59)

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:

«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

23 abril 2021, viernes de la 3ª semana de Pascua. Puntos de oración

Con la multiplicación de los panes, Jesús, inicia el discurso del Pan de Vida en la sinagoga de Cafarnaúm.  A lo largo de estos días se sigue proclamando en el evangelio de san Juan.

En el aleluya, el versículo que recitamos antes de iniciar la proclamación del Evangelio de hoy es: “El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él” (Jn 6,56).

En estos días de la pascua seguramente nos ayuda contemplar estos textos a la luz Jesús, María y José en Nazaret. ¿Qué nos pueden decir cada uno de ellos?

Jesús es sombra, casa, agua fresca, es pan, camino, verdad y vida… Pero además de todo esto Jesús dice de sí: “He venido para hacer la voluntad de mi Padre”, y hago su voluntad obedeciendo a José y a María descubriendo la voluntad de Dios en todo lo que me sucede cada día.

¿Qué me quiere comunicar María en estos días? Quiero comunicaros paz y serenidad, entrega, olvido y alegría. Que descubras que te quiero y sigo amando al Señor, mi Hijo haciendo su voluntad. “He aquí la esclava del Señor hágase en mí, según tu palabra”

José habla desde el silencio: hoy me dice: te quiero ayudar desapareciendo en el cumplimiento del deber, entregando toda mi vida, en este día, por Jesús y por María.

Si me canso y me duermo, el Espíritu Santo por medio de sus mediaciones me indica el camino y descubro la voluntad de Dios y trato de vivirla. Todavía recuerdo, con toda claridad, aquellas palabras que me dijo el ángel en medio de mi descanso; “José, Hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo”. (Mt 1,20)

Para terminar, Jesús me recuerda: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn 6, 51). Si cada día como de este Pan y vivo en coherencia, estoy siendo voluntad de Dios y así lo vivo en estos días de pascua.

22 abril 2021, jueves de la 3ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8, 26-40)

En aquellos días, el ángel del Señor le hablo a Felipe y le dijo:

«Levántate y marcha hacia el Sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».

Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías.

El Espíritu dijo a Felipe:

«Acércate y pégate a la carroza».

Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:

«¿Entiendes lo que estás leyendo?»

Contestó:

«Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?»

E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste:

«Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».

El eunuco preguntó a Felipe:

«Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?»

Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:

«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.

Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Salmo Responsorial
Sal 65, 8-9. 16-17. 20
R. Aclamad al Señor, tierra entera.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.
R.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
R.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 44-51)

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

22 abril 2021, jueves de la 3ª semana de Pascua. Puntos de oración

La riqueza de las lecturas de este tiempo de Pascua nos desbordan por su contenido, esencia de nuestra fe y motivo de evangelización para todos: Las narraciones de los primeros capítulos de los Hechos sobre la primitiva comunidad de los Apóstoles, la fuerza que tienen, el valor que muestran, la valentía de sufrir por Cristo y salir contentos de haber sufrido, o dar la vida como el martirio de san Esteban del martes, nos empujan a vivir en esa disposición y hacer de nuestra vida misión y martirio. Y el capítulo sexto del Evangelio de san Juan sobre el discurso de la Cena, el Pan de Vida entregado por nosotros, tienen un poder, una fuerza que no es extraño que quien los lea buscando la verdad se convierta, como la noticia reciente de un maestro testigo de Jehová y tantos otros que conocemos.

Pero también nosotros tenemos que ir a estos textos y llevarlos a la contemplación porque suponen una inyección de renovación y conversión constante.

La primera lectura nos pone en marcha como a Felipe: “Levántate y marcha por el camino de Jerusalén a Gaza”; no es muy distinto del nuestro de cada día, con nuestro trabajo bien hecho, encuentro con los que están a nuestro lado. Como Felipe, sentimos que el Espíritu nos dice “acércate”, y surge el diálogo; y del diálogo, la luz y de la luz, el agua de la gracia. La fe que comienza por el bautismo se afianza con la Palabra.

Tenemos un ejemplo del cual el P. Morales cuántas veces nos hablaba en estos días de Pascua; sacaba lecciones fenomenales de apostolado alma a alma típico de un militante y de todo cristiano. ¡Cuántos han llevado a otros a la pila del Bautismo e incluso han sido sus padrinos!

¿De dónde sacamos la fuerza? El Evangelio de hoy es especial. Contemplando las palabras de Jesús que te habla al corazón y te dice: “Todo el que escucha al padre, y aprende, viene a mí… En verdad, en verdad os digo, el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo para que el hombre coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que como de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Es para volverse loco dando gracias por el amor que nos muestra el Señor. Cuando recibimos al Señor tenemos que sentir unos escalofríos…, estremecernos de tanto bien recibido y no suficientemente agradecido.

¡Cómo no salir a anunciar y hacer partícipes a muchos dispuestos a recibirle, abiertos a la gracia del bien tan inmenso que nos da! Quien entiende esto, sabe la importancia de la Eucaristía y hace lo imposible por recibir ese Pan y esa Carne.

Vamos a leer una cita del Concilio Vaticano II, invitando a todos los cristianos: “La Iglesia con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este ministerio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la Palabra de  Dios, se fortalezcan en la mesa del Señor, den gracias, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no solo por manos del sacerdote, sino juntamente con él; se perfeccionen día a día por Cristo Mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos.”

Que santa María nos conceda el gozo de la Pascua, fe creciente, esperanza cierta, alegría desbordante, paz imperturbable y amor ardiente que en la Santa Misa encontraremos si la vivimos ardientemente.

21 de abril de 2021, miércoles de la 3ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8, lb-8)

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.

Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.

Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia; penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.

Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otra anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Salmo Responsorial
Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7ª
R. Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!»
R.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
R.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con él,
que con su poder gobierna enteramente.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 35-40)

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

21 abril 2021, miércoles de la 3ª semana de Pascua. Puntos de oración

Entremos en oración con el sentimiento profundo de alegría que nos da el estar con el Resucitado, el que vive a tu lado y te da la vida eterna. ¡Es de locos este grandioso regalo! Y el don recibido no nos lo podemos guardar en el bolsillo. ¿Lo comunicas y repartes como aquellos primeros discípulos?

El evangelio no queda encerrado en el lugar de su nacimiento, Jerusalén. Comienza, aún con persecución, la gran «expansión» misionera del evangelio. ¡Soy misión! Señor, una vez más, agranda nuestros corazones a las dimensiones de tu proyecto universal. En el día del juicio, Señor, Tú me pedirás cuenta de ese evangelio que he «guardado» sin haberlo «difundido».

La Palabra de Dios se transmite por palabras de hombres. Yo también he de repetir la Palabra divina a mi manera, con mi temperamento personal, con palabras de mi época y de mi ambiente. ¡Es brutal! Para decir las cosas eternas, hay que encontrar las palabras de hoy.

¡Y hubo una gran alegría en aquella ciudad! Signo evangélico. ¿Comunico yo esa alegría pascual, evangélica? ¿Se me nota en la cara? Que esa alegría de la vida divina en nosotros, en cada uno sea el mejor testimonio de nuestra fe vivida y anunciada.

¡Señor!, te ruego por tu Iglesia, que sea siempre una fuente de alegría, un lugar festivo, de una fiesta interior... el pueblo de los salvados, el pueblo de los salvadores. ¡Que tengamos rostros de salvados! María de la alegría de la resurrección, inunda nuestros corazones de tu mismo gozo. ¡Aleluya!

20 de abril de 2021, martes de la 3ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51-8, 1a (7, 51-8 1a)

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:

-«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado».

Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:

-«Veo los cielo abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

- «Señor Jesús, recibe mi espíritu»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:

- «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»

Y, con estas palabras, murió.

Saulo aprobaba su ejecución.

Salmo Responsorial
Sal 30. 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21 ab
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame.
R.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 30-35)

En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús:

«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

Jesús les replicó:

«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron:

«Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó:

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».

20 abril 2021, martes de la 3ª semana de Pascua. Puntos de oración

Las lecturas que la Iglesia nos propone en este martes de Pascua nos presentan como el Señor se hace presente en el mundo a través de nuestra vida.

El Señor, a través de Esteban, habla a su pueblo con sabiduría transmitiendo su mensaje a aquellos que más alejados están.

Son muchas las personas de nuestro entorno cuya vida y testimonio nos acercan al conocimiento de Dios, pero no siempre estamos dispuestos a escucharlos.

En el caso de Moisés, Dios se sirve de él para alimentar a su pueblo. Aquí, el Señor nos presenta otro gran reto para nuestra vida: descubrir a un Dios que nos cuida a través de sus hijos, aun cuando estos no son conscientes de que Dios actúa a través de ellos.

Dios nos habla y nos cuida a través de otros.  Escuchemos su voz y dejemos que Él actúe a través de nuestra vida. Así veremos que Jesús verdaderamente ha resucitado y está entre nosotros.

19 de abril de 2021, lunes de la 3ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6, 8-15)

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Entonces indujeron a unos que asegurasen:

«Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:

«Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».

Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

Salmo Responsorial
Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30
R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros.
R.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas.
R.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 22-29)

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:

«La obra de Dios es Esta: que creáis en el que él ha enviado».

19 abril 2021, lunes de la 3ª semana de Pascua. Puntos de oración

Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado" (Jn 6, 22).

Señor, creo, pero aumenta mi fe. Tu obra es ayudarme a creer que Cristo es tu enviado, que Él es el Hijo obediente dócil que siempre hizo tu voluntad. Habla, Señor, que tu siervo te escucha, porque creer en Ti es hacer lo que Tú quieres y querer lo que Tú haces. Dar el sí, el “hágase” aceptar generosamente y acoger los contratiempos, las sorpresas, con paciencia, con perseverancia hasta el Estar.  

El santo del día. El modelo que vive las lecturas de hoy es el Beato Carlos de Foucauld (1858-1916)-

El Papa Francisco culmina su encíclica Fratelli tutti hablándonos de él:

“Pero quiero terminar recordando a otra persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos. Se trata del beato Carlos de Foucauld. Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. En ese contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como un hermano, y pedía a un amigo: «Ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos». Quería ser, en definitiva, «el hermano universal». Pero sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén.

Saboreemos las notas del ermitaño y misionero en el SaharaNotas de retiro, noviembre 1897. “El deseo de Dios es que creáis en el que os envió”

Los sentidos son curiosos: la fe no quiere conocer nada, querría pasar toda su vida inmóvil al pie del tabernáculo. A los sentidos les gustan la riqueza y el honor; la fe se horroriza de ellos: "Bienaventurado los pobres" (Mt 5,3). Adora la pobreza y la humillación con la que Jesús se cubrió su toda su vida como un traje que fue inseparable de él … Los sentidos se asustan de lo que ellos llaman peligros, de lo que puede traer el dolor o la muerte; La fe no se asusta nada, sabe que le pasará sólo lo que Dios quiera - "todos los cabellos de su cabeza están contados " (Mt 10,30) - y que lo que Dios querrá será siempre para su bien - "Todo lo que sucede es para bien de los elegidos" (Rm 8,28). Así, ante lo que pueda llegar, pena o alegría, salud o enfermedad, vida o muerte, lo acepta y no tiene miedo de nada… Los sentidos se inquietan por el mañana, se preguntan cómo se vivirá mañana; la fe no tiene ninguna inquietud… La fe lo alumbra todo con una luz nueva, diferente a la luz de los sentidos, más brillante, distinta. Así el que vive de fe tiene el alma llena de pensamientos nuevos, de gustos nuevos, de juicios nuevos; horizontes nuevos que se abren ante él, horizontes maravillosos iluminados por una luz celeste y bellos de la belleza divina. Envuelto con estas verdades nuevas, desconocidas por el mundo, necesariamente comienza una vida nueva, opuesta al mundo al que sus acciones le parecen una locura. El mundo está en las tinieblas, en una noche profunda. El hombre de fe está lleno de luz, el camino luminoso por dónde avanza no aparece ante los ojos de los hombres; estos parecen querer caminar por la vida como locos.

18 de abril de 2021, domingo de la 3ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3, 13-15.17-19)

En aquellos días, Pedro dijo a la gente:

«El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Vosotros renegasteis del Santo y del justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.

Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados»

Salmo Responsorial
Sal 4, 2. 7.9
R. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro.

Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
R.

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
R.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
R.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.
R.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2, 1-5)

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis.

Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.

Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.

Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.

Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (24, 35-48)

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:

«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:

«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo:

«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

18 abril 2021, domingo de la 3ª semana de Pascua. Puntos de oración

“A Dios que concede el hablar y el escuchar le pido hablar de tal manera que el que escucha llegue a ser mejor y escuchar de tal manera que no caiga en la tristeza el que habla”

Las lecturas de hoy son tan jugosas, que decir cualquier cosa sobre ellas me parece un obstáculo más que una ayuda, de tal forma que, siguiendo el dicho que dice “el que mucho abarca poco aprieta” me centraré en una sola idea, presente en la primera lectura y en el Evangelio, de forma que puede pasarnos casi desapercibida. Si leyendo las lecturas algo te llama la atención, te “choca”, no pases adelante, quédate ahí.

Jesús como cumplimiento de la promesa

Al comienzo de la primera lectura se nos presenta que el que glorifica a Jesús es el Dios de Abraham, Isaac, Jacob… y Jesús mismo reconoce que la ley y los profetas hablaban de Él. Jesús es Dios hecho hombre, asumiendo nuestra naturaleza totalmente. Es el hecho más revolucionario, impensable en nuestras cabecitas. Tanto, que Dios fue preparando a la humanidad mediante el Antiguo Testamento para ello. Cristo resucitado es la plenitud a la que el hombre está llamado, pues también nosotros estamos llamados a la gloria. Cristo inmolado es nuestra alegría, nuestra redención, nuestra esperanza. ¿Te imaginas con que deseo esperaba Adán a Cristo resucitado? ¿Y Abraham, Isaac, Jacob, Moisés…? ¿Y todos los hombres que habían fallecido hasta entonces y esperaban que Cristo les abriera las puertas del Paraíso? Pues eso. Cristo es el cumplimiento de la promesa. Y también es cumplimiento de una promesa de salvación para ti y para mí: ¿ansías la salvación? ¿ansías la gloria del Cielo? Cristo es el cumplimiento de tu esperanza, deseo, anhelo… Y efectivamente, Dios ha cumplido esa promesa no a los modos humanos: pasando por la Cruz, por Belén, por el sí de María, “pasando por uno de tantos”. Que, en nuestras dudas, dificultades, sufrimientos, cruces, miserias, pecados, nuestras “ralladas” (como se dice ahora), en nuestras angustias, recelos… elevemos la mirada al Resucitado y una vez consolados por El “seamos testigos de esto”. Ser testigo es ser bandera del Resucitado, poder decir: “Cristo vence, y ha vencido en mí”.

Feliz Pascua. Feliz oración.

17 abril 2021, sábado de la 2ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6, 1-7)

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.

Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:

«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Salmo Responsorial
Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
R.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 16-21)

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.

Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.

Pero él les dijo:

«Soy yo, no temáis».

Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

17 abril 2021, sábado de la 2ª semana de Pascua. Puntos de oración

Iniciábamos ayer la lectura del capítulo sexto del evangelio según san Juan. Así durante el tiempo de pascua vamos teniendo presentes los sacramentos. Primero el bautismo en el diálogo con Nicodemo y ahora la Eucaristía en este capítulo tan singular.

San Francisco de Asís resaltaba la importancia de la Eucaristía diciendo: «De mi Señor Jesucristo, en este mundo, no veo más que una sola cosa, su cuerpo santísimo, su sangre bendita en la Eucaristía. A este Dios mío quiero yo adorar con toda reverencia».

Jesús está presente en la Eucaristía actualmente con su divinidad y humanidad resucitada y gloriosa y nos dice también “soy yo, no tengáis miedo”.

Nuestra oración de este día puede ser reconocer la presencia de Jesucristo resucitado para iluminar nuestros temores y escuchar su palabra alentadora fundada en su presencia misteriosa y cierta.

Esta presencia alentaba los primeros pasos de la Iglesia y llenaba a los primeros cristianos de valentía creadora. La creación de los diáconos pone de manifiesto esta vitalidad. Ellos, llenos de valentía, llevan la Palabra de Dios por todas partes ejerciendo su ministerio de servicio. Los diáconos ponen de manifiesto la unidad de vida entre la evangelización y el “servicio a las mesas” para el que fueron instituidos.

16 abril 2021, viernes de la 2ª semana de Pascua

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (5, 34-42)

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:

«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.

Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron todos sus secuaces.

En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».

Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Salmo Responsorial
Sal 26, 1. 4. 13-14
R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida
¿quién me hará temblar?
R.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.
R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
R.

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 1-15)

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:

«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos?».

Jesús dijo:

«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

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