18/2/2018, Domingo I de Cuaresma (Ciclo B)


Lectura del libro del Génesis (9, 8-15)
Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra». Y Dios añadió: «Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza sobre la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes».
Salmo responsorial (Sal 24, 4bc-5ab. 6-7bc. 8-9)
R. Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. 
R.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas.
Acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. 
R.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. 
R.
Lectura de la primera carta de1 apóstol san Pedro (3, 18-22)
Queridos hermanos: Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu; en el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los tiempos de Noé, a que se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua. Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo, el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (1, 12-15)
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el evangelio».

18 enero 2018. Domingo I de Cuaresma (Ciclo B) – Puntos de oración


Con que sencillez nos narra el Evangelio de hoy la “Cuaresma” que vivió Cristo antes de comenzar su vida pública. “El Espíritu empujó”: nosotros también somos empujados a entrar en Cuaresma. Después de la Navidad estábamos embarcados en la tarea de recuperar el ritmo cotidiano de trabajo, escuela (nuestra o de nuestros hijos), obligaciones, etc. y cuando llevábamos unas pocas semanas de normalidad, absorbidos por las miles de preocupaciones diarias, el Señor nos interrumpe para reclamarnos que dejemos todo eso a un lado para poner el centro en Él. ¡Pero si me pilla a contrapié!, podríamos decir nosotros. La Cuaresma siempre llega como por sorpresa, en medio de lo cotidiano reclama su espacio asediado por otras muchas llamadas. Y siempre cuesta oír su voz. Pero el Espíritu empuja, y lo hace a través de la Iglesia, su privilegiado altavoz. En este caso, a través del ritmo del calendario litúrgico, del mensaje del Papa, de la predicación de nuestros pastores. El Espíritu siempre habla a través de la Iglesia. ¿Y a qué nos empuja el Espíritu? Para eso hay que ver el Evangelio de hoy, seleccionado para la ocasión por su sirvienta, la Iglesia. El Espíritu nos empuja en esta Cuaresma a centrar la mirada en Jesús. Jesús, la “segunda” palabra del Evangelio de hoy.
El Espíritu también empuja a Jesús, a la Segunda Persona de la Trinidad hecha hombre. Le conduce al desierto tercera palabra. Lo que nos dice este pasaje es: Jesús, desierto, tentado, entre alimañas, servido por ángeles. Un sencillo esquema. Y una invitación: mírale. Recrea tú la escena. Deja que tu imaginación vuele alentada por el Espíritu para mirarle solo a Él. A Él que se prepara para entregarse por ti, primero mediante la Palabra en su predicación pública y, finalmente, en la Cruz, su Vida. La Cuaresma es preparación para el encuentro con Él en su Pasión y Resurrección. En su máxima tristeza y en su máxima alegría. Por eso, hoy somos invitados a mirarle, a mirarle solo a Él, a pesar de las muchas distracciones. Porque su imagen y su mirada nos purifican. Porque su imagen y su mirada nos hacen iguales a Él.

17/2/2018, Sábado después de Ceniza


Lectura del libro de Isaías (58. 9b-14)
Esto dice el Señor: «Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan. Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país. Si detienes tus pasos el sábado, para no hacer negocios en mi día santo, y llamas al sábado “mi delicia” y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras, evitando viajes, dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos, entonces encontrarás tu delicia en el Señor. Te conduciré sobre las alturas del país y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre. Ha hablado la boca del Señor».
Salmo responsorial (Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6)
R. Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.
Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva, Dios mío a tu siervo, que confía en ti. 
R.
Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor. 
R.
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. 
R.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (5,27-32)
En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: - «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos, de Jesús: - «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les respondió: - «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

17 febrero 2018. Sábado después de Ceniza – Puntos de oración

Lo primero que me viene a la cabeza cuando oigo 17 de febrero es Abelardo. Cuántos recuerdos de tantas celebraciones de su cumpleaños. Cuántos recuerdos de vivencias con él. Cuánto le debo. Me viene a la memoria su imagen actual, su mirada que sin palabras dice mucho y me llena de paz. Cuántas veces me animo a la cruzada y cuántas veces le dije que no y sin embargo a pesar de todas mis miserias, cruzado soy. Y esa es mi dicha y mi alegría.
Y desde la alegría de estar al lado del Señor, de sentir su cercanía, de ver su luz desde tantas oscuridades donde muchas veces me hallo; de sentirme discípulo suyo, colaborador suyo, desde aquí quiero enfocar estos puntos. Que delicia poder saborear el amor del Señor, de sentirme huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan, que me sacian y que llevo al mundo.  Pues bien, este debe ser el fruto de ir caminando en la cuaresma, de ir poniendo más los ojos en Él que en las cosas, de hacer silencio sonoro, de dejar más espacio para que Él penetre nuestros corazones. La cuaresma es la gran ayuda que nuestra madre la Iglesia nos pone para poder gozar de la presencia del Señor a tope, para ensanchar nuestra capacidad de poderle gozar. Porque uno se deja de tantas tonterías que nos presenta el mundo y  nos distraen de la verdadera alegría que es Él mismo. Nos conduce a las alturas de la libertad, desde donde podemos contemplar e ir al mundo. Nos capacita para seguir la Verdad.
Y desde esa libertad que nos libera del dinero, como a Leví, de nuestras pasiones, poder tener la soltura, la agilidad de correr rápidamente tras su llamada, sin entretenernos con nada, para poder disfrutar de su banquete.
Pídele al señor si no te encuentras en esta situación y te ves que no estás a la altura, que te ayude, que te dé fuerzas, que te convierta, que te recuerde que es lo que otras veces has experimentado cuando estás junto a Él. Lánzate a hacer algo por el prójimo que es lo que realmente nos mantiene a tono y nos hace felices. El otro es Él mismo.

16/2/2018, Viernes después de Ceniza


Lectura del libro de Isaías (58, 1-9a)
Esto dice el Señor Dios: «Grita a plena pulmón, no te contengas, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad. Como si fuera un pueblo que practica la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios. "¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?" En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo. ¿Es ése el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las corras del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: "Aquí estoy"».
Salmo responsorial (Sal 50, 3-4. 5-6a. 18-19)
R. Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, tú no lo desprecias.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. 
R.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. 
R.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-15)
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: - «Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: - «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunaran».

16 febrero 2018. Viernes después de Ceniza – Puntos de oración


El significado de nuestras formas cristianas es el estar en la presencia de Jesús. No hacemos las cosas porque nos vean, sino por amor. Los discípulos de Juan no entendían, veían sólo lo exterior; nos hace falta mucha vida interior para ver claro; nos dice el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma: “El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos”. Intentemos descubrirlas en este rato de oración; el sosiego en Él nos conseguirá quitar el polvo que las encubre.
Primer viernes de Cuaresma, día de especial amor, para vivirlo con sencillez y entusiasmo; contemplamos a Santa María, ¿cómo lo viviría ella este año en nuestra sociedad?
Hoy recordamos a san Onésimo, entre otros santos; él llegó al camino de Jesucristo después de perderse por largos laberintos; pero, en la esquina menos esperada, Dios le había preparado una salida, en la figura de San Lucas. Hoy le pedimos que nos aliente en esas partes de nuestra vida que siguen en laberinto, para que la poca luz que veamos nos lleve al camino de la Salvación.

15/2/2018, Jueves después de Ceniza


Lectura del libro del Deuteronomio (30, 15-20)
Moisés habló al pueblo, diciendo: - «Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
Salmo responsorial (Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6)
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. 
R.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. 
R.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 22-25)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: -«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

15 febrero 2018. Jueves después de Ceniza – Puntos de oración


Comenzamos nuestra Cuaresma hoy, con ánimo de profunda oración e intensa purificación de nuestra vida para llegar a imitar a Cristo cuando dijo “he deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros” (Lc 22, 15).
Serenemos el corazón y meditemos las lecturas de hoy, que son de una gran riqueza. Hoy voy a dejar que San Rafael Arnáiz nos ilumine sobre este Evangelio:
“¡Cómo expresar lo que mi alma sintió, cuando de boca de tan santo Prelado, escuchó lo que ya es mi locura, lo que me hace ser absolutamente feliz en mi destierro… el amor a la Cruz! ¡Oh! ¡La Cruz de Cristo! ¿Qué más se puede decir? Yo no sé rezar… No sé lo que es ser bueno… No tengo espíritu religioso, pues estoy lleno de mundo… Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias… Sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría…, mí cruz…, la Cruz de Jesús. Esa Cruz que es mi único descanso…, ¡cómo explicarlo! Quien esto no haya sentido…, ni remotamente podrá sospechar lo que es.
Ojalá los hombres todos amaran la Cruz de Cristo… ¡Oh! ¡Si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la Cruz de Cristo…! Cuánto tiempo perdido en pláticas, devociones y ejercicios que son santos y buenos…, pero no son la Cruz de Jesús, no son lo mejor…
Pobre hombre que para nada vales ni para nada sirves, qué loca pretensión la tuya. Pobre oblato que arrastras tu vida siguiendo como puedes las austeridades de la Regla, conténtate con guardar en silencio tus ardores; ama con locura lo que el mundo desprecia porque no conoce; adora en silencio esa Cruz que es tu tesoro sin que nadie se entere. Medita en silencio a sus pies, las grandezas de Dios, las maravillas de María, las miserias del hombre del que nada debes esperar… Sigue tu vida siempre en silencio, amando, adorando y uniéndote a la Cruz…, ¿qué más quieres?
Saborea la Cruz…, como dijo esta mañana el señor Obispo de Tuy. Saborear la Cruz…” (Escritos espirituales; 03-04-1938)
Y, para completar, os dejo una canción de la Hermana Glenda que repite precisamente el Evangelio de hoy:
Por último, un apunte sobre la primera lectura: escucha la solemnidad de las palabras de Moisés al pueblo “hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal”. Y escúchalas como una llamada fuerte del Señor para vivir la Cuaresma con renovado ímpetu, que sea un aldabonazo. “Elige la vida, para que viváis (…) amando al Señor”.

14/2/2018, Miércoles de Ceniza


Lectura de la profecía de Joel (2, 12-18)
Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo. ¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios! Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: - «Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos». ¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»? Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdone a su pueblo.
Salmo responsorial (Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17)
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. 
R.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti,
contra ti sólo pequé, cometí la maldad en tu presencia. 
R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. 
R.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. 
R.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5, 20-6,2)
Hermanos. Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecad, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él. Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: - «En tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6, 1-6.16-18)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

14 febrero 2018. Miércoles de Ceniza – Puntos de oración


Comenzamos hoy la cuaresma y como cada año somos llamados a la conversión. Una vez más, un año más nos ponemos en camino de conversión. Escuchaba decir a uno de nuestros obispos hace unos días: “Cuando se pierde la esperanza de la conversión no solo se pacta con la decadencia, sino que se termina promoviéndola”. Nuestra esperanza y nuestro esfuerzo por cambiar es un paso para alejarnos de la decadencia y para ayudar al mundo a cambiar su tendencia hacia el abismo. Son pequeños los esfuerzos que nos pide la cuaresma, pero tienen, como vemos, una gran trascendencia.
Hoy, las lecturas, abundan en formas de mejorar nuestra vida y en métodos para alentar dicho cambio (ayunos, penitencias, limosnas…) La oración de hoy, y la de todos los próximos días de cuaresma, podrían encontrar materia en estas lecturas. Cada día un aspecto: poner en práctica una de las llamadas del profeta Joel, o un verso del salmo, o una exhortación de san Pablo, o una indicación de Jesús. Ánimo con ello si el Espíritu te empuja por ahí este año.
Yo, te propongo para hoy, esta indicación de Jesús: “Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido…”
Se me ocurre que estaría bien que esta fuera la cuaresma más alegre de toda nuestra vida, y eso por dos razones: La primera porque hagamos mucho ayuno. La segunda porque cada vez que ayunemos perfumemos nuestra cabeza y lavemos nuestra cara para que estemos bien alegres ante los hombres y sobre todo ante Dios.
Meditemos si cuando hacemos ayuno o limosna o penitencia u oración, nos ponemos tristes o nos arrugamos como si fuera algo obligatorio o un tostón. No debe ser así. Nos debemos llenar de la alegría de la renuncia, de la entrega, de la unión íntima con Dios. Estas cosas nos hacen mejores, hacen mejor el mundo… aunque el mundo nos venda otra cosa. Compremos bien. Estemos alegres.

13/2/2018, Martes de la VI semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la carta del apóstol Santiago (1, 12-18)
Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman. Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie. A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.  No os engañéis, mis queridos hermanos. Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación. Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
Salmo responsorial (Sal 93, 12-13a. 14-15. 18-19)
R. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
Dichoso el hombre a quien tú educas, al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros. 
R.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona su heredad:
el juicio retornará a la justicia, y la seguirán todos los rectos de corazón. 
R.
Cuando pensaba que iba a tropezar, tu misericordia, Señor, me sostenía;
cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia. R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (8, 14-21)
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.  Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?» Ellos contestaron: «Doce» «¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?»

13 febrero 2018. Martes de la VI semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


1.    Oración preparatoria: hacemos la señal de la cruz y nos ponemos en la presencia de Dios. Invocamos la ayuda del Espíritu Santo y rezamos mentalmente la oración preparatoria de Ejercicios (EE 46): “Señor, que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de tu divina majestad.”
2.    Petición. Pedimos al Señor, como el leproso del evangelio del domingo pasado: “si quieres, puedes limpiarme” (Mc 1, 40). Y pedimos por la conversión de nuestro corazón en el camino de la Cuaresma y por la conversión de los que están a nuestro alrededor.
3.    Puntos para orar: mañana, 14 de febrero, Miércoles de Ceniza, empezamos la Cuaresma. El Papa nos ha escrito un esperanzador mensaje para esta Cuaresma 2018. En él, entre otras varias cosas nos dice: “Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo. Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental. En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.”
La preparación de los puntos de hoy puede ser un buen momento para leer completo este mensaje con calma y con él preparar nuestro corazón para vivir lo mejor posible este tiempo de gracia que es la Cuaresma.
5.    Podemos descargar el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2018 en los enlaces siguiente:
6.    Unos minutos antes del final de la oración: Diálogo con la Virgen. Avemaría o Salve.
7.    Examen de la oración: ver cómo me ha ido en el rato de oración. Recordar si he recibido alguna idea o sentimiento que debo conservar y volver sobre él. Ver dónde he sentido más el consuelo del Señor o dónde me ha costado más. Hacer examen de las negligencias al preparar o al hacer la oración, pedir perdón y proponerme algo concreto para enmendarlo.

12/2/2018, Lunes de la VI semana del Tiempo Ordinario


Comienzo de la carta del apóstol Santiago (1, 1 -11)
Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: saludo. Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia. Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia. Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá. Pero que pida con fe, sin titubear nada, pues el que titubea se parece a una ola del mar agitada y sacudida por el viento. No se crea un individuo así que va a recibir algo del Señor; es un hombre inconstante, indeciso en todos sus caminos. Que el hermano de condición humilde se sienta orgulloso de su alta dignidad, y el rico de su pequeñez, porque pasará como flor de hierba. Pues sale el sol con su ardor y seca la hierba, se cae la flor y se pierde la belleza de su aspecto; así también se marchitará el rico en sus empresas.
Salmo responsorial (Sal 118, 67. 68. 71. 72. 75. 76)
R. Cuando me alcance tu compasión, Señor, viviré.
Antes de sufrir, yo andaba extraviado, pero ahora me ajusto a tu promesa. R.
Tú eres bueno y haces el bien; instrúyeme en tus decretos. R.
Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus decretos. R.
Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R.
Reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos, que con razón me hiciste sufrir. R.
Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo. R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (8, 11-13)
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

12 febrero 2018. Lunes de la VI semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


«Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla»
En el Evangelio de hoy Jesús deja a sus interlocutores sin respuesta y se marcha lejos, a la otra orilla del lago, poniendo una barrera física de por medio. Qué triste debió de marcharse Jesús aquel día. Tener que alejarse de los hombres, precisamente Él, que había venido para que las almas tengan vida y la tengan en abundancia. La oración es un encuentro con Jesús quien nos ama incondicionalmente, pero debemos prepararla -buscar un lugar conveniente y apartado del bullicio- y prepararnos, estar atentos a los gestos, a los pequeños detalles, antes y durante la oración. San Juan de Ávila, un gran maestro espiritual recomendaba «desocuparse de todos los negocios y de toda conversación» y suplicar a Dios «que os hable en vuestro corazón con su viva voz, mediante aquellas palabras que de fuera leéis, y os dé el verdadero sentido de ellas».
En primer lugar, podemos meditar los consejos y recomendaciones que nos da el apóstol Santiago. Cuando escribe esta carta ya es un experto conocedor del corazón humano, conoció personalmente al Señor y lo siguió de muy de cerca. Con los demás apóstoles y discípulos ha compartido los gozos y la fatiga de la primera evangelización. Así pues, con la luz del Espíritu Santo y desde su propia experiencia, no desde la teoría leída o escuchada a través de las ondas, nos dice que nos tengamos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna. Y si, como es lo más natural nos sentimos sin fuerzas y desanimados, con constancia y mucha confianza en Jesús pidámosle nos fortalezca en las pruebas y dificultades. Pidamos que Él sea nuestra fortaleza y seguridad, tanto si somos pobres como si somos ricos. Si pobres, pensemos en nuestra alta dignidad y si ricos en nuestra pobre condición. Ante el Señor todos somos iguales, humildes criaturas que como la hierba del campo o la flor silvestre perecen en breve. Recuerdo ahora el ejemplo de un sacerdote peruano, el Padre Juan Serpa que dedicó todo su sacerdocio a los más pobres y en particular a los jóvenes, fundando una obra social y educativa en Lima. Él repetía a su gente: “nadie es tan pobre que no pueda compartir con los demás lo que tiene, ni tan rico que no necesite de los otros”.
Y en el Evangelio, un grupo de fariseos discuten con Jesús y para ponerlo a prueba, le piden un milagro en el cielo. Jesús, al conocer sus intenciones se sintió muy apenado y sin responderles, los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla. Me pregunto, ¿por qué el Evangelista nos narra este pequeño hecho, aparentemente breve y sin importancia? Creo que la respuesta está en la enorme tristeza que mostró Jesús ante estos hombres y que debió impresionar mucho a los discípulos quedando fuertemente grabada en su memoria. Sabemos por experiencia que los acontecimientos que van acompañados de fuertes emociones se quedan grabados en la memoria y que resisten el paso del tiempo. Jesús se marchó muy triste. Posiblemente la conversación con los fariseos fue larga, dice el evangelista que discutían. Seguro que había puntos en los que estaban de acuerdo, quizás más de los que cabría suponer. Pero, debió llegar un momento en que los prejuicios y las actitudes mezquinas se impusieron en los fariseos y para terminar, le dicen a Jesús que solo si hace un signo impresionante en el cielo le creerán. ¿Pero cuánto de poderoso tenía que ser el signo? Y es que para el que no quiere creer, ni aunque resucite un muerto es suficiente, pues siempre encontrará un argumento a su favor.
Reflexionemos sobre el Evangelio en diálogo sereno y confiado con el Señor. Consolemos su divino corazón con una actitud de escucha y de entrega incondicional. Que para nosotros nos basta su presencia y su palabra. Que creemos en Él y que, si alguna vez le fallamos, no nos deje, que nunca se vaya de nuestro lado.
Reflexión final: terminamos con estas ideas de Abelardo que nos pueden ayudar a estar siempre con Jesús, a no apartarnos de su lado:
«Piensa que llevas dentro a tu Dios, y por tanto hagas lo que hagas y estés donde estés, goza de esa gran compañía. Lo sientas o no lo sientas, sea más visible o sensible o no. No pidas nada ni rechaces nada, que ya sabe Él que existes. Él lo sabe todo, lo puede todo y te ama. Abandónate en sus brazos».

11/2/2018, Domingo VI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)


Lectura del libro del Levítico (13,1-2.44-46)
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca una llaga como de lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón, o ante uno de sus hijos sacerdotes; Se trata de un leproso: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: "¡Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá siendo impuro. Es impuro y vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento».
Salmo responsorial (Sal 31, 1-2. 5. 11)
R. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.
Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. 
R.
Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa» y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. 
R.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. 
R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,31-11,1)
Hermanos: ya comáis, ya bebáis o hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo ni a judíos, ni a griegos, ni a la Iglesia de Dios; como yo, que procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propia ventaja, sino la de la mayoría, para que se salven. Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45)
En aquel tiempo se le acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

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