18/1/2018, Jueves de la II semana del Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (18, 6-9; 19, 1-7)
En aquellos días, cuando David volvía de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl para cantar danzando con tambores, gritos de alborozo y címbalos. Las mujeres cantaban y repetían al bailar: «Saúl mató a mil, David a diez mil» A Saúl le enojó mucho aquella copla, y le pareció mal, pues pensaba: «Han asignado diez mil a David y mil a mí. No le falta más que la realeza» Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David. Saúl manifestó a su hijo Jonatán y a sus servidores la intención de matar a David. Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David, y le advirtió: «Mi padre busca el modo de matarte. Mañana toma precauciones, quédate en lugar secreto y permanece allí oculto. Yo saldré y me colocaré al lado de mi padre en el campo donde te encuentres. Le hablaré de ti veré lo que hay y te lo comunicaré». Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo: «No hagas daño al rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno y su conducta ha sido muy favorable hacía ti. Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?». Saúl escuchó lo que le decía Jonatán, y juró: «Por vida del Señor, no morirá». Jonatán llamó a David y le contó toda aquella conversación. Le trajo junto a Saúl y siguió a su servicio como antes.
Salmo responsorial (Sal 55, 2-3. 9-10. 11-12. 13)
R. En Dios confío y no temo.
Misericordia, Dios mío, que me hostigan, me atacan y me acosan todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos, me atacan en masa, oh, Altísimo. 
R.
Anota en tu libro mi vida errante, recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío,
mis fatigas en tu libro. Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco. 
R.
Así sabré que eres mi Dios.
En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo. 
R.
En Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre?
Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3, 7-12)

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él, y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

18 enero 2018. Jueves de la II semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

“Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo”. Frase impresionante. Frase el Evangelio de hoy que interpela nuestra fe. “Había curado a muchos”. Estamos acostumbrados a los milagros de Jesús, a sus curaciones, a su solicitud para los que sufren y los que están enfermos. Quizá nos hemos acostumbrado tanto que no le damos importancia. “Jesús era así, que otra cosa iba a hacer”. Nos puede costar contemplar en las escenas evangélicas ese deseo del corazón de Jesús de sanar a ese hombre que tiene enfrente: hoy un leproso, mañana un padre angustiado por su hija, pasado un ciego o un endemoniado. Quizá nos pueda ayudar para la oración de hoy contemplar alguna de esas sanaciones que tan bien conocemos.

Pero el Evangelio de hoy apunta hacia una escena que nos suele pasar desapercibida. Los enfermos echándose encima de Jesús. ¿Cuál sería la desesperación, el sufrimiento de esos hombres? O quizá, ¡qué grande era su fe! Que grande en comparación de la nuestra. Y con qué sencillez, como niños, acuden a Aquel que saben que puede hacer algo por ellos. Sin preocuparse de si son dignos de esa ayuda, sin quizá ser muy conscientes de lo que están pidiendo. Simplemente como siguiendo un instinto que les atrae hacia Jesús. Porque la Gracia no se merece, sino que se recibe como regalo. Así actuaban esos hombres con Jesús. ¿Y nosotros? ¿Y tú? ¿Qué milagros?, ¿qué curaciones conoces que ha hecho Jesús? No solo los descritos en el Evangelio o de tiempos pasados. Piensa en gente de ahora. Piensa en conocidos tuyos. Piensa en ti mismo. ¿Qué curaciones ha operado ya en tu vida el Maestro? ¿Y cómo es tu fe? Reaviva el deseo de arrojarte, como esos hombres, a Jesús, pues Él es el Salvador, el Sanador. ¿Qué heridas tienes que presentarle? Hace poco, en la Navidad, lo contemplábamos como Niño. ¿Cómo no confiar ante un Dios así? ¿Cómo no abrirle nuestra vida para que entre con fuerza?

17/1/2018, Miércoles de la II semana del Tiempo Ordinario – San Antonio, abad

Lectura del primer libro de Samuel (17, 32-33. 37. 40-51)
En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y este le dijo: «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo». Pero Saúl respondió: «No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad». David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo». Entonces Saúl le dijo: «Vete, y que el Señor esté contigo». Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y se avanzó hacía el filisteo con la honda en la mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto. El filisteo le dijo: «¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?». Y maldijo a David por sus dioses. El filisteo siguió diciéndole: «Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo». David le respondió: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos». Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayo de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano. David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.
Salmo responsorial (Sal 143, 1. 2. 9-10)
R. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. 
R.
Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos. 
R.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti, que das la victoria a los reyes y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. 
R.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos (3, 1-6)

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: -«Levántate y ponte ahí en medio.» Y a ellos les preguntó: -«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: -«Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

17 enero 2017. Miércoles de la II semana del T. Ordinario – San Antonio, abad – Puntos de oración

He tomado estas ideas de otra persona, pero creo que nos pueden venir bien para la oración.
La primera lectura de mañana será sobre el libro de Samuel, el pasaje en que David derrota a Goliat. De este pasaje podemos entresacar algunas ideas o consejos, que llevar a la oración
1) Obediencia
Sin queja David obedeció a su padre cuando Jesé le pidió a David para llevar comida a sus hermanos, y ver si ellos estaban bien (1 Samuel 17: 17-20). Al parecer, David no tenía una gran relación con sus hermanos. Esto lo vemos por la forma en que Eliab (el mayor) habló a David cuando él llegó al campamento israelita, lo cual parece indicar que había una gran tensión entre los hermanos (1 Samuel 17:28, 29).
Cuando el padre de David le pidió que hiciera este trabajo, David obedeció (1 Samuel 17:20). Cuando David fue desafiado por Goliat para luchar por el Señor, él lo hizo sin dudarlo (1 Samuel 17:26, 29). Cuando Saúl le preguntó a David si quería usar su armadura para la batalla, David aparentemente trato de hacerlo, pero tuvo que respetuosamente dejarla de lado (1 Samuel 17:38, 39).
Dios ha puesto autoridades sobre cada uno de nosotros. Debemos estar dispuestos a obedecer en cada situación. Hay momentos en que la obediencia no es posible (Pedro habló de esto en Hechos 05:29). Pero la sumisión es necesaria en estos casos. Por ejemplo, mientras que Daniel no podía obedecer la orden del rey de abstenerse de adorar a Dios, y se sometió a la pena que fue promulgada sobre él. Dios obtuvo una gran victoria ante el pueblo de Babilonia a causa de la obediencia de Daniel, no por causa de su rechazo para adorar al rey.
En esta historia de David y Goliat, vemos a David como un joven obediente. Dios nos llama a ser siervos obedientes, no rebeldes y tiranos.
2) Tomar una posición
Cuando David llegó al campamento se sorprendió al escuchar las palabras de Goliat. De inmediato pensó que había que hacer algo para detener al gigante blasfemo (1 Samuel 17:26). Casi parece que David no se dio cuenta de que todos los demás estaban huyendo de miedo. Su primera reacción fue que había una causa por la que luchar. Cuantas veces se nos presenta durante el día en nuestros lugares de trabajo la posibilidad de tomar posición por el Señor.
3) Confíe en Dios. Dios toma partido por su pueblo.
David creía que Dios iba a ganar la batalla por el (1 Samuel 17:26, 32, 37). David quería ser parte del plan de Dios. Confío en que Dios podía y que lo utilizaría. Qué refrescante es pensar y ver en alguien se ofrece al servicio del Señor.
Hoy escuchamos tantas personas que dicen que no pueden hacer esto o aquello para el Señor, porque el Señor no los ha llamado a un servicio en particular. David no esperó a ser llamado. David se ofreció y puso su vida en juego por el honor de Dios. Creo absolutamente que Dios llama a las personas a su servicio. Pero, también creo que muchas personas se esconden detrás de la frase: “Dios no me ha llamado a hacer eso.”
No estoy seguro de quien lo dijo, pero yo he oído el sentimiento ante la pregunta: ” ¿Dios le llamo a quedarse en casa y no llevar el Evangelio a un mundo moribundo?” Muchas personas deben creer primero que Dios les ha llamado a hacer algo para hacerlo, en lugar de responder al llamado de Cristo para llevar su Palabra al mundo y hacer discípulos.
4) Mirar las victorias pasadas
David fue capaz de confiar en el Señor, porque el Señor lo había ayudado de muchas maneras en el pasado (1 Samuel 17: 34-37). David sabía que podía pelear contra Goliat, aunque nunca se había enfrentado a un gigante en el pasado. David utilizó las últimas victorias para darse confianza de que Dios seguiría trabajando en él y a través de él.
Podemos estar enfrentados a algunos grandes obstáculos en nuestra vida hoy, pero ¿Qué hemos visto a Dios hacer en nuestra vida en el pasado? ¿No creemos que Él es capaz de seguir trabajando en mejores maneras en el futuro? 
4) Entregar nuestros Talentos
Sabemos algunos de los talentos de David por este momento de su vida. Sabemos que él era un músico experto y que él era un pastor capaz. Música no parecía ser la herramienta para salir a enfrentarse con un gigante guerrero. David rindió sus habilidades de pastor para hacer una obra para el Señor.
¿Qué puedo ofrecer hoy al Señor?
Por último, comentar una curiosidad. Algunos creen que David escogió cinco piedras lisas, por si acaso erraba con la primera, y poder entonces usar las otras 4 piedras. Pero David no pensaba fallar. ¿Por qué entonces escogería cinco piedras? La respuesta la encontraremos en el Segundo Libro de Samuel, el capítulo 21, versículo 22 donde leemos: "Estos cuatro eran descendientes de los gigantes en Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus siervos". Es que Goliat tenía cuatro hijos, y David estaba seguro de que saldrían a luchar contra él tan pronto como él diera muerte a su padre. Fue por ese motivo que David escogió las cinco piedras.

Acabamos pidiendo al Señor que como en evangelio nos cure la parálisis que nos impide actuar.

16/1/2018, Martes de la II semana del Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (16, 1-13)
En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy el que lo he rechazado como rey sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí». Samuel respondió: «¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata.» El Señor respondió: «Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale». Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor. Una vez llegado a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro. Preguntaron: «¿Es de paz tu venida?». Respondió: «Sí. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio». Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio. Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo: «Seguro, que está ungido ante el Señor». Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en las apariencias ni en lo elevado de su estatura porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón». Jesé llamó a Abinadab y lo presentó Samuel, pero le dijo: «Tampoco a este lo ha elegido el Señor». Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos». Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: -«Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.» Entonces Samuel preguntó a Jesé: -«¿No hay más muchachos?». Y le respondió: -«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: -«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga». Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: -«Levántate y úngelo, de parte del Señor, pues es este.» Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante. Samuel emprendió luego el camino de Ramá.
Salmo responsorial (Sal 88, 20. 21-22. 27-28)
R. Encontré a David, mi siervo.
Un día hablaste en visión a tus santos: «He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado de entre el pueblo». 
R.
«Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso». 
R.
«Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora";
y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra». 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2, 23-28)

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» Él les responde: « ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él». Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

16 enero 2018. Martes de la II semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

“¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por...”, dando vueltas innecesarias a sucesos, ideas, pensamientos, problemas, nostalgias... El Señor nos invita, al igual que a Samuel, a no dejarnos llevar por la fantasía de la imaginación; quiere    que le presentemos de forma objetiva eso que nos ronda a la cabeza, aquello que nos preocupa, y Él nos transmitirá su serenidad, aportándonos luz al tema presentado para, inmediatamente después, ponernos de nuevo en camino con una mirada más amplia y general de nuestra vida. Esto nos lleva también a conseguir dejar de mirarnos a nosotros mismos, convertir nuestro espejo en cristal para ver a los demás.
“El sábado se hizo para el hombre” y no al revés. Primero: el domingo descansemos, estemos con el Señor, pero no huyamos de ayudar a nuestros prójimos; es un día de donación, no de evasión. Segundo: la norma es para cumplirla en el ejemplo, no para adaptarla a mis gustos y así poder criticar a todo aquel cristiano o grupo que las cumpla de forma diferente a mi visión; sepamos ver en la variedad de la Iglesia diferentes estilos de concretar la norma de Jesús y el Evangelio; sepamos no criticar y, aún más, sepamos acoger con cariño cada una de estas formas.

Señor, Tú lo sabes todo, que nada me perturbe el ánimo ni me robe la serenidad. María, Esposa del Espíritu Santo, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad, ruega por nosotros.

15/1/2018. Lunes de la II semana del Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (15, 16-23)
En aquellos días, Samuel dijo a Saúl: -«Voy a comunicar lo que me ha manifestado el Señor esta noche». Saúl contestó: -«Habla». Samuel siguió diciendo: «¿No es cierto que siendo pequeño, a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel? El Señor te ha ungido como rey de Israel. El Señor te envió con esta orden: “Ve y entrega al anatema a esos malvados amalecitas y combátelos hasta aniquilarlos”. ¿Por qué no has escuchado la orden del Señor, lanzándote sobre el botín, y has obrado mal a sus ojos?». Saúl replicó: -«Yo he cumplido la orden del Señor y he hecho la campaña a la que me envió. Traje a Agag, rey de Amalec, y entregué al anatema a Amalec. El pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal.» Samuel exclamó: -«¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz. La obediencia vales más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros. Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim. Por haber rechazado la palabra del Señor, te ha rechazado como rey».
Salmo responsorial (Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23)
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.
 Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. 
R.
¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? 
R.
Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2, 18-22)

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: -«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?» Jesús les contestó: -«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo; y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto - lo nuevo de lo viejo - y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

15 enero 2018. Lunes de la II semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Comenzamos hoy la oración serenando el corazón, poniéndonos en presencia de Dios y siendo conscientes de a qué hemos venido. Venimos a orar, a amar, a “tratar […] con Quien sabemos nos ama”, dejémonos empapar de su Presencia.
Hoy es lunes. Menuda obviedad, dirán algunos, y razón no les falta. Pero obvio o no, es lunes, comenzamos la semana. Iniciamos nuestra andadura todavía con el eco del Evangelio del domingo resonando en el corazón, pues nuestra semana debe comenzar y terminar en el domingo: “Venid y lo veréis”. Y siendo lunes, comenzando nuestra labor santificadora en el mundo, el Señor nos sorprende (porque Dios siempre sorprende) con un evangelio que debería desconcertarnos, aunque estemos acostumbrados a oírlo.
¿Por qué Jesús critica el ayuno de los fariseos? ¿No es acaso una cosa buena y santa que hacemos todavía hoy para mortificarnos? Pues sí, el ayuno es bueno, siempre que sea un medio para alcanzar la santidad. Y eso es justo lo que Jesús critica: que los fariseos hayan convertido el medio (el ayuno) en un fin (la ley por la ley).
¡Cuántas veces no cometemos nosotros el mismo error convirtiendo nuestras rutinas en preceptos! Cuando acudimos a la oración, por ejemplo, a veces podemos caer en la tentación de convertir el medio en fin. Y me explico. El medio es la cercanía con Dios, la consolación que, a veces, Dios nos regala para poder acercar nuestra alma un poco más a su Intimidad. Y el hombre, sentimental e imperfecto, a veces convierte ese medio (que es un regalo, pura gracia, sólo don) en un fin. Y es entonces cuando uno acude a la oración en busca de paz, de gozo, de consolación para sus penas. ¡No es que hacer oración sea algo malo! Lo que es malo es convertir el medio en fin, totalizar las cosas.
La oración es un acto de amor y, por tanto, un ejercicio firme de la voluntad personal que se acerca, de rodillas y suplicando, al que es el Amor con mayúsculas. Es un corazón que, sabiéndose humano, se configura con el corazón de Cristo cada día un poquito más. Y que es un hecho siempre original, nuevo, refrescante para el alma. Por eso cada uno se relaciona con Dios de una forma nueva y única, porque el amor de Dios a cada hombre es único. Y así se entiende que “nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos”.
El corazón del hombre es un odre, nuevo y único, que se acerca, pequeño y humilde, a recibir el vino de la Gracia para poder llevarlo al mundo. Cada odre acoge el vino nuevo, la forma única y especial que tiene Dios de amar a cada ser humano que olla esta tierra, y lo guarda con cariño y de ese vino vive y bebe él y los que le rodean.

Configurémonos con Cristo hoy. Dejemos que su corazón, siempre lleno de Amor, nos empape. Y, guiados por el Evangelio, entreguémonos a compartir este rato de Gracia “con quien sabemos nos ama”.

14 enero 2017. Domingo II del tiempo ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (3, 3b-10. 19)
En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el Arca de Dios. Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: «Aquí estoy.» Corrió adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Respondió: «No te he llamado; vuelve a acostarte». Fue y se acostó. El Señor volvió a llamar a Samuel. Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Respondió: «No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte». Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor. El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: "Habla, Señor, que tu siervo escucha"». Samuel fue a acostarse en su sitio. El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: «¡Samuel, Samuel!». Respondió Samuel: «Habla, que tu siervo escucha». Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.
Salmo responsorial (Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10)
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. 
R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio. Entonces yo digo: «Aquí estoy». 
R.
«-Como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. 
R.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. 
R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (6, 13c-15a. 17-20)
Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios? Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!
Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 35-42)

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y veréis» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».

14 enero 2017. Domingo II del Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Puntos de oración

“Señor, aquí estoy. Vengo a hacer este rato de oración, pero quiero estar contigo todo el día en comunicación. ¿Seré capaz? Tienes mis contactos y mis redes abiertas para lo que me quieras decir hoy. No sé qué sistema vas a utilizar esta vez. Últimamente me hablas mucho a través del sufrimiento de las personas de mi alrededor y las del mundo entero. Me parece que ya te voy pillando. El dolor es uno de los más potentes altavoces de tu voluntad. Siempre te oímos ahí. Es triste que tenga que ser así, pero es que cuando nos viene una alegría gorda, es fácil que nos olvidemos de que también estás ahí. Me comprometo hoy a intentar oírte en ambos momentos extremos: cuando tenga yo, o alguno de los míos, una alegría y cuando tenga un sufrimiento.
Pero además sé que utilizas otros medios de comunicarte, así que me pongo “al loro”. Puede ser a través de la sensación de plenitud después de un gran esfuerzo o también a través de las palabras de mi director espiritual o de un amigo o amiga que me habla de ti… También me hablas a través del corazón, tanto del mío como del de los demás; me hablas desde el mío porque habitas en él y cuando se acelera o conmueve ante el mal o ante el amor sé que estás ahí; y en el de los demás, también me hablas, cuando obran la misericordia en cualquiera de sus formas y yo lo percibo. ¡Qué bien nos hacemos unos a otros con el ejemplo!
A Samuel, el de la Biblia, lo llamaste varias veces en la noche y él te acabó entendiendo a través de un sacerdote que se lo explicó… ya sé lo que tengo que hacer si oigo algo que no sé interpretar.
El Espíritu Santo también nos habla, como le dijo tu discípulo Pablo a los Corintios, a través de la pureza de nuestro cuerpo… ya sé lo que tengo que hacer para mantener limpios mis oídos.
A Juan y a Andrés los envío Juan Bautista directamente a pasar el día con Jesús. ¡Buen altavoz ese Bautista!... Y luego Andrés se lo dijo a su hermano Pedro y, más tarde, Juan a su hermano Santiago… ya sé lo que tengo que hacer para proponerte al mundo.

Pues eso, Señor, que aquí me tienes para hacer tu voluntad, y que quiero pasar el día contigo, ¿dónde vives?”

13/1/2018, Sábado de la I semana del Tiempo Ordinario – San Hilario de Poitiers

Lectura del primer libro de Samuel (9, 1-4. 17-19; 10)
Había un hombre de Benjamín, de nombre Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afij, hijo de un benjaminita. Era un hombre de buena posición. Tenía un hijo llamado Saúl, fornido y apuesto. No había entre los hijos de Israel nadie mejor que él. De hombros para arriba, sobrepasaba a todo el pueblo. Las borricas de Quis, padre de Saúl, se habían extraviado; por ello ordenó a su hijo: «Toma contigo a uno de los criados, ponte en camino y vete a buscar las borricas». Atravesaron la montaña de Efraín y recorrieron la comarca de Salisá, sin encontrarlas. Atravesaron la comarca de Saalín y el territorio benjaminita, pero no dieron con ellas. En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le advirtió: «Ese es el hombre de quien te hablé. Ese gobernará a mi pueblo». Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo: «Haz el favor de indicarme dónde está la casa del vidente». Samuel le respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano y comeréis hoy conmigo. Mañana te dejaré marchar y te aclararé cuanto te preocupa». Tomó entonces Samuel el frasco del óleo, lo derramó sobre su cabeza y lo besó, diciendo: «El Señor te unge como jefe de su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean».
Salmo responsorial (Sal 20, 2--3. 4-5. 6-7)
R. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.
Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. 
R.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término. 
R.
Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia. 
R.
Lectura del santo evangelio según San Marcos (2, 13-17)

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: -«Sígueme.» Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa, de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que los seguían. Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: -«¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y les dijo: -«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores».

13/1/2018. Sábado de la I semana del T. Ordinario – San Hilario de Poitiers – Puntos de oración

1.    Oración preparatoria: hacemos la señal de la cruz y nos ponemos en la presencia de Dios. Invocamos la ayuda del Espíritu Santo y rezamos mentalmente la oración preparatoria de Ejercicios (EE 46): “Señor, que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de tu divina majestad.”
2.    Petición. Pedimos por nuestros compañeros de trabajo, amigos, vecinos, etc. que no conocen a Dios y para los que no tiene importancia en sus vidas, para que sientan el gozo de la libertad que nos trae el evangelio.
3.    Puntos para orar: La lectura del evangelio nos muestra la vocación del apóstol Mateo. Un publicano, un pecador público es elegido por Jesús para seguirle y ser uno de Los Doce. Y la gente bienpensante de entonces se escandaliza de que Jesús se mezcle con gente de mala fama. Jesús no se deja llevar por el qué dirán sino que va director a hacer la voluntad del Padre, que es salvar a los hombres. Y es que no ha venido para llamar a los justos sino a los pecadores. Y no rehúye las críticas de los fariseos sino que defiende y acoge a los que son excluidos. Y los fariseos intentaron destruir la reputación del Señor llamándolo "amigo de publicanos y pecadores" (Mt 11:19). Pero lo que ellos querían designar como una injuria ha venido a ser una de las razones por las que nos unimos más al Señor: él ha venido como médico para sanar a los enfermos, para buscar lo que estaba perdido. Y esto nos llena de confianza en Jesús que no solo no hace caso a los fariseos sino que defiende de sus críticas a los pecadores. Nadie ante Jesús se puede sentir excluido. Pensar en el rato de oración qué sería lo que atrajo a Leví de Jesús para dejarlo todo cuando le llamó. Seguramente le habría visto en Cafarnaúm hacer milagros de curación y predicar a las multitudes mientras él estaba a la mesa de sus impuestos. No es probable que fuera amigo de Pedro ni de Andrés ni de Juan, pues eran fieles cumplidores de la ley y en el ambiente no estaba bien visto juntarse con esa gentuza de los publicanos. Pensar que le pudo llamar la atención a Leví de la figura, de las obras o de la enseñanza de Jesús Quizá no se hubiera atrevido a seguirle si Jesús no le hubiera llamado aunque ardía su corazón al verle pasar. Y era un buen negociante que no desperdicia las ocasiones. E hizo un buen negocio para toda su vida al levantarse a la primera cuando Jesús le llamó aquel día que estaba al mostrador de los impuestos. Roguemos al dueño de la mies que llame a muchos operarios a su mies, pues él sabe dónde llamarlos y lo que hay y lo que se mueve en el corazón de cada hombre.
4.    Unos minutos antes del final de la oración: Diálogo con la Virgen Inmaculada.  Avemaría o Salve.

5.    Examen de la oración: ver cómo me ha ido en el rato de oración. Recordar si he recibido alguna idea o sentimiento que debo conservar y volver sobre él. Ver dónde he sentido más el consuelo del Señor o dónde me ha costado más. Hacer examen de las negligencias al preparar o al hacer la oración, pedir perdón y proponerme algo concreto para enmendarlo.

12/1/2018, Viernes de la I semana del Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (8,4-7.10-22a)
En aquellos días, se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Rama, donde estaba Samuel. Le dijeron: -«Tú eres ya un anciano y tus hijos no siguen tus caminos. Nómbranos, por tanto, un rey, para que nos gobierne, como se hace en todas las naciones». A Samuel le pareció mal que hubieran dicho: -«Danos un rey, para que nos gobierne». Y oró al Señor. El Señor dijo a Samuel: -«Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos.» Samuel transmitió todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido un rey. Samuel explicó: -«Este es el derecho del rey que reinará sobre vosotros: se llevará a vuestros hijos para destinarlos a su carroza y a su caballería, y correrán delante de su carroza. Los destinará a ser jefes de mil o de cincuenta, a arar su labrantío y segar su mies, a fabricar sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. Tomará a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Se apoderará de vuestros mejores campos, viñas y olivares, para dárselos a sus servidores. Cobrará el diezmo de vuestros olivares y viñas, para dárselo a sus eunucos y servidores. Se llevará a vuestros mejores servidores, siervas y jóvenes, así como vuestros asnos, para emplearlos en sus trabajos. Cobrará el diezmo de vuestro ganado menor, y vosotros os convertiréis en esclavos suyos. Aquel día os quejaréis a causa del rey que os habéis escogido. Pero el Señor no os responderá». El pueblo se negó a hacer caso a Samuel y contestó: -«No importa. Queremos que haya un rey sobre nosotros. Así seremos como todos los otros pueblos. Nuestro rey nos gobernará, irá al frente y conducirá nuestras guerras». Samuel oyó todas las palabras del pueblo y las transmitió a oídos del Señor. El Señor dijo a Samuel: -«Escucha su voz y nómbrales un rey».
Salmo responsorial (Sal 88,16-17.18-19)
R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. 
R.
Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel nuestro rey. 
R.
Lectura del santo evangelio según San Marcos (2,1-12)

Cuando a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra. Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: -«Hijo, tus pecados quedan perdonados». Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: -«Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?». Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: -«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados te son perdonados" o decir: "Levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados-dice al paralítico-: “Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”». Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: -«Nunca hemos visto una cosa igual».

12 enero 2018. Viernes de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

«Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
Nos ponemos en la presencia del Señor con una actitud de escucha: “Habla, Señor que tu siervo te escucha”. Es importante que en los primeros momentos de la oración nos quedemos en silencio, externo y sobre todo interno. Busquemos un lugar tranquilo y dejemos por unos instantes las preocupaciones y actividades del día. Invoquemos la ayuda del Espíritu Santo, y de la forma más consciente posible digamos la oración de San Ignacio: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me disteis, A Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed todo a vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que con ésta me basta”.
El primer libro de Samuel nos ayuda a meditar en un tema siempre actual, ¿cuál es la mejor forma de gobierno? El pueblo de Israel es un buen ejemplo para pensar sobre esto. Cuando los israelitas entraron en la Tierra prometida pudieron seguir por un tiempo con la organización política de tipo tribal que tenían; pero poco a poco los tiempos fueron cambiando y esa estructura ya no les servía para hacer frente a las amenazas de los pueblos vecinos. Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a ver al profeta Samuel. Le piden que les nombre un rey que centralice el poder y les gobierne como hacen los reyes de los demás pueblos. A Samuel no le gusta la propuesta, le parece una falta de confianza en Dios, hoy diríamos que le pareció una “mundanización”. Pero Samuel hizo oración del tema y escuchó a Dios quien le dijo: “Hazles caso y nómbrales un rey”. La demanda del pueblo era legítima. Dios nos ha dado la inteligencia y una naturaleza social. Es una tentación constante el no querer pensar, el seguir con las cosas pasadas por mero hecho de que funcionaron en otro tiempo, el acomodarse a lo trillado y conocido. Y esta tentación es personal y colectiva. Nos puede afectar a cada uno, a la Iglesia y a toda la sociedad. Pregúntate: ¿Cuál es mi grado de participación en la familia, en el grupo, en la vida de la Iglesia y en la sociedad? ¿Estoy acomodado? Siempre es necesario discernir y para ello escuchar al Señor. “Habla, Señor que tu siervo escucha”. “Señor, que vea”.
En el Evangelio, San Marcos nos muestra el Corazón misericordioso de Cristo que perdona nuestros pecados, sin mérito propio y por pura iniciativa suya. A diferencia de otras curaciones, en ésta, parece que no se pide la fe del enfermo. A éste le llevan otros, no consta que pidiera nada, le llevan en una camilla y le dejan delante de Jesús. El Señor, reconociendo lo que han hecho sus amigos por él y las dificultades que han superado con inteligencia y audacia, le dice al paralítico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. La gente que se encontraba allí no comprendió por qué Jesús le perdonaba los pecados. Según la mentalidad de la época creían que la parálisis era un castigo por los pecados de él o de sus padres. Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: ¿Por qué pensáis eso? Y entonces curó al paralítico. Así manifestó el poder de perdonar los pecados y el inmenso amor que tiene a la persona pecadora, y pensemos que todos somos pecadores. Pensemos que cuando nos confesamos recibimos junto con el perdón de los pecados una sanación integral de toda la persona. ¡Cuántos problemas de salud y también sociales se curarían si la gente se confesara más! Confiemos en el amor incondicional de Cristo para con nosotros. Él siempre es fiel y cumple su palabra dada a la Iglesia: A quienes perdonéis los pecadoséstos les son perdonados; a quienes retengáis los pecados, éstos les son retenidos.

Terminemos la oración de hoy con una acción de gracias por los bienes recibidos en este rato de meditación o en los últimos días. Y para ello te invito a decir muy despacio, Padre nuestro que estás en el cielo…

11/1/2018, Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (4, 1-11)
En aquellos días, salió Israel a la guerra contra los filisteos y acamparon en Ebenézer, mientras los filisteos acamparon en Afec. Los filisteos formaron frente a Israel, la batalla se extendió e Israel fue derrotado por los filisteos. Abatieron en el campo unos cuatro mil hombres de la formación. Cuando la tropa volvió al campamento, dijeron los ancianos de Israel: -«¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor frente a los filisteos? Traigamos de Siló el Arca de la Alianza del Señor. Que venga entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos.» Mandaron gente a Siló, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofra y Fineés, fueron con el arca de la alianza de Dios. El pueblo envió gente de Siló para que trajeran de allí el Arca de la Alianza del Señor del universo, que se sienta sobre querubines. Allí, junto al Arca de la Alianza de Dios, se encontraban Jofni y Pinjás, los dos hijos de Elí. Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel prorrumpió en un gran alarido y la tierra se estremeció. Los filisteos oyeron la voz del alarido, y se preguntaron: -«¿Qué es ese gran alarido en el campamento de los hebreos?» Y supieron que el Arca del Señor había llegado al campamento Los filisteos se sintieron atemorizados y dijeron: -«Dios ha venido al campamento». Después gritaron: ¡Ay de nosotros! nada parecido nos había ocurrido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos poderosos dioses? Estos son los dioses que golpearon a Egipto con todo tipo de plagas en el desierto. Filisteos, cobrad fuerzas y portaos como hombres, para que no tengáis que servir a los hebreos, como os han servido a vosotros. Portaos como hombres y luchad » Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Cada uno huyó a su tienda. Fue una gran derrota; cayeron treinta mil infantes de Israel. El Arca de Dios fue apresada y murieron Jofni y Pinjás, los dos hijos de Elí. El arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofril y Fineés, murieron.
Salmo responsorial (Sal 43, 10-11. 14-15. 24-25)
R. Redímenos, Señor, por tu misericordia.
Ahora nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea. 
R.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones. 
R.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión? 
R.
Lectura del santo evangelio según San Marcos (1,40-45)

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme.» Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: -«Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: -«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu, purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio ». Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de todas partes.

11 enero 2018. Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Venimos a la oración a estar con Dios, a dejar pasar el tiempo a su lado, poniéndonos a la escucha de su Palabra, esperando su misericordia. Nos puede ayudar esta oración de Santa Isabel de la Trinidad: “Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme de mí para establecerme en Ti, inmóvil y apacible, como si mi ala estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de Ti, sino que cada instante me sumerja más íntimamente en la profundidad de tu misterio”.
Leemos la Palabra de Dios en este día, esa carta que Dios me dirige cada día para iluminar mi sendero y tratamos de darle vueltas en el corazón a imitación de María, para guardarla y que dé fruto abundante.
Nos sorprende la primera lectura, la vana confianza de los israelitas en ganar la batalla con la presencia del Arca de la Alianza. ¿A qué se debe esa derrota? Si leemos los capítulos precedentes del primer libro de Samuel, veremos que los hijos de Elí, que guardaban el Arca, no eran fieles a la Alianza y contradecían con sus pecados el culto que ofrecían a Dios, viviendo sacrílegamente. Por ello, el pretender ganar la batalla con la sola presencia del Arca se convirtió en un acto de tentar a Dios. Así define el Catecismo este pecado que va contra el primer mandamiento de la ley de Dios: La acción de tentar a Dios consiste en poner a prueba, de palabra o de obra, su bondad y su omnipotencia. Así es como Satán quería conseguir de Jesús que se arrojara del templo y obligase a Dios, mediante este gesto, a actuar (cf Lc 4, 9). Jesús le opone las palabras de Dios: “No tentaréis al Señor, tu Dios” (Dt 6, 16) (CCE 2119).
Así, la Palabra me invita en este día a la coherencia entre mi fe y mis obras como me enseña Jesús en el evangelio. Estamos contemplando los inicios de su vida pública y nos narran los evangelios cómo Jesús oraba, predicaba y curaba a los enfermos y poseídos. En su vida hay una unidad entre palabra y acción: sus hechos confirman su predicación. Anuncia la llegada del Reino y lo hace presente con sus obras de misericordia. El emocionante pasaje de este día, curando al leproso, tocándolo sin temor al contagio, muestra que los pobres son evangelizados y los cautivos liberados.

Pidamos la coherencia de vida y que nuestras obras sean manifestación del evangelio en el que creemos. Nos da ejemplo el Venerable P. Morales: él decía que la Inmaculada nunca falla, pero eso no le excusaba de quedarse de brazos cruzados. Más bien, se ponía al servicio de la Señora para ser sus manos visibles para aquellos jóvenes a los que Iglesia le había enviado. En el Decreto de virtudes heroicas leemos que “durante su larga vida de apostolado, siempre y por todos los medios, buscó con gran celo la gloria de Dios y la salvación de las almas, especialmente jóvenes, que fueron su prójimo predilecto. Un hombre enamorado de Dios, lleno de fe y esperanza, que con su entrega ayudó al prójimo en las necesidades materiales y espirituales”.  Imitémosle, para que podamos comprobar que, efectivamente, la Inmaculada nunca falla.

10/1/2018, Miércoles de la I semana del Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de Samuel (3, 1-10. 19-20)
En aquel tiempo, el joven Samuel servía al Señor al lado de Elí. La palabra del Señor era rara en aquellos días tiempo y no eran frecuentes las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos comenzado a debilitarse y no podía ver. La lámpara de Dios, aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: -«Aquí estoy.» Corrió donde estaba Elí y dijo: -«Aquí estoy, porque me has llamado.» Respondió: -«No te he llamado; vuelve a acostarte.» Fue y se acostó. El Señor volvió a llamar a Samuel. Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y le dijo: -«Aquí estoy; porque me has llamado.» Respondió: -«No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte.» Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había sido manifestado todavía la palabra del Señor. El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue a donde estaba Elí y dijo: -«Aquí estoy; porque me has llamado.» Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: -«Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."» Samuel fue a acostarse en su sitio. El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: -«¡Samuel, Samuel!» Respondió Samuel: -«Habla, que tu siervo escucha.» Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras. Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era un auténtico profeta del Señor.
Salmo responsorial (Sal 39, 2 y 5. 7-8a. 8b-9. 10)
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito.
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños. 
R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy». 
R.
«-Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. 
R.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. 
R.
Lectura del santo evangelio según San Marcos (1, 29-39)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: -«Todo el mundo te busca.» Él les respondió: - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido» Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

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