26/9/2018, Miércoles de la XXV semana del T. Ordinario – Santos Cosme y Damián


Lectura del libro de los Proverbios (30, 5-9)
Las palabras de Dios son de fiar, él es escudo para los que esperan en él. No añadas nada a sus palabras, te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes de morir: aleja de mi falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que robe por necesidad y ofenda el nombre de mi Dios.
Salmo responsorial (118, 29. 72. 89. 101. 104. 163)
R. Lámpara es tu palabra para mis pasos.
Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu ley. R.
Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R.
Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. R.
Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. R.
Considero tus mandatos, y odio el camino de la mentira. R.
Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu ley. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 1-6)
En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos». Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

26 septiembre 2018. Miércoles de la XXV semana del T. O. – Santos Cosme y Damián – Puntos de oración


“La palabra de Dios es acendrada” “Lámpara es tu palabra para mis pasos”. “Tu palabra es eterna”.
La escucha de la Palabra de Dios nos introduce a cada uno en el coloquio con el Señor. Es la base del alimento espiritual de todo cristiano. ¡Shemá Israel! Pon tu nombre y siente que eres tú el invitado, el privilegiado, el elegido.
Escucha y PalabraEscuchamos a Dios que nos habla para salvarnos, para comunicarnos su vida en abundancia. Su Palabra no solo está escrita para ser leída, sino más bien para ser recibida en nosotros, en la realidad de nuestras vidas. Como el cristianismo no es una “religión del Libro”, sino más bien de la palabra de Dios, del Verbo encarnado y vivo. No es una simple lectura, sino más bien una escucha profunda y asidua.
Así pues, tomemos el tiempo para hacer silencio cada día para escuchar lo que el Señor dice, lo que Él me dice, lo que dice a cada uno de nosotros.
Esta relación con Él es el pilar de toda nuestra vida espiritual, y en consecuencia, de nuestra vida apostólica. La palabra de Dios no es un monólogo, Dios espera de nosotros que le respondamos por amor, poniendo en práctica su palabra.
¿Qué le diré? ¡Más estimo yo las palabras de tu boca!
En un mundo saturado de palabrería que gozo el poder tener para mí una palabra viva y eficaz, una palabra que transforma, que renueva, que impulsa, que envía, que sana.
Señor, me fío de tu palabra, me fio de Ti. Cada minuto del día de hoy que sea un eco de esa palabra que me dices, que me susurras, que me regalas. Que la pueda repetir incansablemente en mi corazón, que el Espíritu Santo la haga vida en mí, que otros puedan oírla porque la ven encarnada en mis obras y en mis palabras, en mis gestos y en mi sonrisa, en mi dolor y en mi alegría.
Es mi manera de hacer visible el Reino desde la pequeñez y la sencillez, desde la confianza y el abandono en tus manos, como Ella, como la Virgen en la que la Palabra se hizo carne.
Vuelvo a leer tu palabra, y, ¿con cuál me quedo?
Puedo ponerla en mi mesa, en mi cartera, en mi pantalla… Esa palabra habita entre nosotros.
«Esta es la Iglesia, que va nadando con los malos peces en la red del Señor, separada de ellos por el corazón y las costumbres, para poder presentarse a su Esposo llena de gloria, sin mancha ni arruga. Ella espera la separación corporal en la playa del mar, es decir, en el fin de los tiempos, corrigiendo a los que puede, tolerando a los que no puede corregir; mas no abandona la unidad de los buenos en razón de los malos que no puede corregir.» (San Agustín, Carta 93,10,34)

25/9/2018, Lunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario


Lectura del libro de los Proverbios (21, 1-6. 10-13)
El corazón del rey es una acequia que el Señor canaliza adonde quiere. El hombre juzga recto su camino, pero el Señor pesa los corazones. Practicar el derecho y la justicia el Señor lo prefiere a los sacrificios. Ojos altivos, corazón ambicioso; faro de los malvados es el pecado. Los planes del diligente traen ganancia; los del hombre atolondrado, indigencia. Tesoros ganados con boca embustera, humo que se disipa y trampa mortal. El malvado se afana en el mal, nunca se apiada del prójimo. Castigas al cínico y aprende el inexperto, pero el sabio aprende oyendo la lección. El honrado observa la casa del malvado y ve cómo se hunde en la desgracia. Quien cierra los oídos al clamor del pobre no será escuchado cuando grite.
Salmo responsorial (Sal 118, 1. 27. 30. 34. 35. 44)
R. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor. R.
Instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R.
Escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R.
Enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón. R.
Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R.
Cumpliré sin cesar tu ley,
por siempre jamás. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, l9-21)
En aquel tiempo, vinieron a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». Él respondió diciéndoles: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

25 septiembre 2018. Lunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


¿Qué nos puede querer decir el Señor en las lecturas de hoy?
– Primera lectura
(Practicar el derecho y la justicia el Señor lo prefiere a los sacrificios)
El señor busca nuestra conversión, no nuestros sacrificios. 
(Los planes del diligente traen ganancias)
La salvación, se alcanza con la perseverancia“No cansarse nunca…” ¿Te suena?
(Tesoros ganados con la boca, humo que se disipa)
El amor solo es posible a través de las obras. “Obras son amores…”
(Castigas al cínico y aprende el inexperto, pero el sabio aprende oyendo la lección)
La propia vida educa, pero la verdadera sabiduría se alcanza escuchando y poniendo en práctica la Palabra del Señor (las escrituras).
(Quien cierra los oídos al clamor del pobre, no será escuchado cuando grite)
Sí nos entregamos a los demás por caridad, Cristo está con nosotros.
– Evangelio
"Con el gentío no lograban llegar hasta él"
La vida presenta momentos de dificultad que nos pueden obstaculizar el tener un encuentro personal con Jesús.
"Quieren verte"
Sin embargo, buscamos a Jesús; pero solo vemos personas que forman parte de la multitud y no mediaciones que Dios va poniendo en nuestra vida.
"Mi madre y mis hermanos son estos"
Jesús nos ayuda a poder tener un encuentro íntimo y personal con él reconociendo al prójimo no como parte del gentío, sino como un miembro de la familia a la que pertenecemos todos (La iglesia).
"Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen"
Esta gran familia es la Iglesia que participa en comunión de la Eucaristía; donde se escucha la palabra de Dios y nacen propósitos sinceros de cumplirla.

24/9/2018 – Lunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario – Nª Sª de la Merced


Lectura del libro de los Proverbios (3, 27-34)
Hijo mío: no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano concedérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré». No trames daños contra tu prójimo, mientras vive confiado a tu lado; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al hombre violento, ni trates de imitar su conducta; porque el Señor detesta al perverso y pone su confianza en los honrados; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del justo; el Señor se burla de los burlones y concede su gracia a los humildes.
Salmo responsorial (Sal 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5)
R. El justo habite en tu monte santo, Señor.
El que procede honradamente y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. 
R.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. 
R.
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 16-18)
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: -«Nadie que ha encendido una lámpara la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama sino que la pone en el candelero para que los que entran vean la luz. Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público. Mirad, pues, como oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

24 septiembre 2018. Lunes de la XXV semana del T. Ordinario – Nª Sª de la Merced – Puntos de oración


Hoy, fiesta de Nuestra Señora de la Merced, quizá nos baste con contemplar a la Madre Liberadora, la que rompe las cadenas, las de fuera, las de dentro. En versión Papa Francisco “María Desatanudos”, tenemos tantos…
En la Edad Media, hace 800 años, ante los miles de cristianos cautivos, el Espíritu Santo inspiró una nueva orden a San Pedro Nolasco, los mercedarios, para redimir cautivos.
En el 2009, los obispos de América, en Aparecida, nos invitan a contemplar a Jesucristo, rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre” pero en “los rostros sufrientes de Cristo”. Son tantos; los cristianos perseguidos en Oriente Medio; los que quieren ser coherentes en el mundo de la vida familiar, social, política…
Hoy te invito a fijarte en los jóvenes, los que como ríos acuden a centros de estudio, van a espectáculos deportivos, culturales, musicales… ¡Cuántos parecen decirnos: ayúdame a ser libre, a no ser esclavo…
Leamos la Palabra de Dios:
1. Proverbios (3,27-34): Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.»
Más claro, el agua. Haz bien y no mires a quién. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy: Hoy estarás conmigo en el Paraíso; danos hoy el pan de cada día
2. Salmo Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5. El justo habitará en tu monte santo, Señor.
El honrado, leal, puro, sencillo, generoso…
3. Evangelio Lucas (8,16-18): «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz”
Aquí está nuestra misión: arder para dar luz y encender para que todos tengan la luz. Si no –como dicen muy vivamente en el Perú- estás por las puras, como si nada. Un millón de velas apagadas son incapaces de prender una vela más; pero una sola vela puede encender un millón.
¡Dios te salve, reina y madre de misericordia!, vida, dulzura, esperanza mía, rompe todas las cadenas que me atan y ponme con tu Hijo, el Redentor.

23/9/2018. Domingo XXV del Tiempo Ordinario (Ciclo B)


Lectura del libro de la Sabiduría (2, 12. 17-20)
Se decían los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley nos reprende contra la educación recibida. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si es el justo hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará».
Salmo responsorial (Sal 53, 3-4. 5. 6 y 8)
R. El Señor sostiene mi vida.
Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras. 
R.
Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte, sin tener presente a Dios. 
R.
Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre, que es bueno. 
R.
Lectura de la carta del apóstol Santiago (3, 16-4, 3)
Queridos hermanos: Donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable y, además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para los que trabajan por la paz. ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (9, 30-37)
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

23 septiembre 2018. Domingo XXV del Tiempo Ordinario (Ciclo B)


“A Dios que concede el hablar y el escuchar le pido hablar de tal manera que el que escucha llegue a ser mejor y escuchar de tal manera que no caiga en la tristeza el que habla”
¿Cuál es el hilo conductor de todas estas lecturas? ¿Cuál es la invitación de la Palabra de Dios de hoy? La perseverancia del justo frente a las dificultades; dificultades que pueden surgir del mundo y sus tentaciones, de las persecuciones, los sufrimientos por etapas complicadas… El justo que persevera vive en paz, una paz que el mundo no puede dar. El honrado en medio de la corrupción, el casto frente a tanto erotismo y revolución sexual, el sincero frente a un mundo plagado de mentiras y medias verdades, el humilde frente a un mundo que finge estar orgulloso, el que se sabe un pecador perdonado frente a un mundo que rechaza la misericordia…
Pero, ¿qué significa ser justo? Podemos resumirlo como “ser servidor en el amor a imitación del Maestro y contando con su ayuda para ello”. No somos unos machotes repletos de virtudes, somos pobres siervos que quiere ser “servidor de todos” y sabedor de nuestra inutilidad se lo pedimos al Señor.
Ante este programa de vida, lleno de contraste y dificultades, la clave está al final: “No obtenéis porque no pedís (…) porque pedís mal” y el niño como ejemplo de vida. Si quien acoge a un niño acoge a Cristo… ¿no tendremos nosotros que ser como niños para ser otro Cristo? Será entonces que la vida cristiana es hacernos niños… pedir como pide un niño… amar como ama un niño… No infantilizados, aniñados… sino como el que sabe que es poquito y depende del Señor para que “sostenga mi vida”.
Sin duda, la mejor forma de sentirse niño, es al lado de la Madre. Un adolescente, un joven, un adulto y un viejo pueden sentirse como niños si te agarras mucho a la mano de la Virgen.
Ella nos lo alcance. Pídeselo: para ti y para todos. Feliz oración. Feliz encuentro con Cristo.

22/9/2018. Sábado de la XXIV semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15, 35-37. 42-49)
Hermanos: Alguno preguntará: «¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?» Insensato, lo que tú siembras no recibe vida si (antes) no muere. Y al sembrar, no siembras el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de cualquier otra planta. Lo mismo es la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible; se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso; se siembra un cuerpo débil, resucita lleno de fortaleza; se siembra un cuerpo animal, resucita espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual. Efectivamente, así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante. Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual. El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.
Salmo responsorial (Sal 55, 10. 11-12. 13-14)
R. Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios. 
R.
En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? 
R.
Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 4-15)
En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola. Él dijo: «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”. El sentido de la parábola es este: la semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro. Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

22 septiembre 2018. Sábado de la XXIV semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


“El que siembra la buena semilla es Jesús” (Mt 13, 37)
Meditar en las parábolas del Reino es tarea constante para los discípulos de Jesucristo. El Reino de Jesús está presente, dentro de nosotros y viene de forma ineludible. Vivimos un tiempo intermedio desde la primera venida del Señor y su segunda venida y definitiva; es tiempo de tensión evangelizadora. Jesús realiza su misión de forma inagotable y lo hace en nosotros y por nosotros.
La misión que realizamos “a la medida del don de Cristo” viene acompañada de la acción constante del Señor; no podemos buscar resultados a nuestros esfuerzos, solo el Señor ve el resultado de nuestras acciones coadyuvadas por la suya.
Lucas centra esta parábola en la Palabra: “la semilla es la Palabra de Dios”. Isaías 55, 11 nos dice que la palabra es como la lluvia que viene del cielo y no vuelve hasta cumplir su misión. La Palabra es para todos en cualquier situación o disposición que nos encontremos. El joven rico recibió la Palabra, pero en ese momento no fructificó, tal vez después y así en otros muchos. Otros muchos fueron tierra buena y dieron fruto, unos mas y otros menos. Jesús no se cansa de sembrar y envía a sus discípulos constantemente a esparcir su semilla de salvación. Jesús es espíritu que da vida y nos quiere a imagen de Él.
Hoy en nuestra oración renovemos nuestra unión con Jesucristo pidiendo conocimiento interno de la vida verdadera que Él nos trae que nos vivifica y colaboramos en su irradiación. Y en este sábado con santa María, estrella de la nueva evangelización.

21/9/2018, san Mateo, apóstol y evangelista


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4, 1-7. 11-13)
Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que está sobre todos, actúa por medio de todos y ésta en todos. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Salmo responsorial (Sal 18, 2-3. 4-5)
R. A toda la tierra alcanza su pregón.
El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. 
R.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 9-13)
En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio": que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».

21 septiembre 2018. San Mateo, apóstol y evangelista – Puntos de oración


Empezamos haciendo silencio, dejando por un momento las preocupaciones del día y pedimos que el Espíritu Santo nos ayude a entrar en oración, para escuchar lo que Dios quiere decirnos hoy a través de su palabra.
Celebramos la fiesta del apóstol y evangelista San Mateo. Celebramos la historia de una conversión… Un día, como otro cualquiera, mientras estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, Jesús pasaba, lo vio, se acercó y le dijo: “Sígueme”. Y él, levantándose, lo siguió.
Jesús lo miró. Qué fuerza de amor tuvo la mirada de Jesús para movilizar a Mateo. Sabemos que lo que hacía Mateo -recaudar impuestos para los romanos- non era muy bien visto por los judíos, que consideraban que esta actividad era un verdadero pecado. Por ello sería marginado despreciado por los demás. Y Jesús lo miró con ojos de misericordia, como nadie antes le había mirado. Y era mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida.
Es nuestra propia historia; cada uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús ha puesto su mirada. Hoy Jesús, presente en el sagrario, nos sigue mirando con amor infinito y nos repite de nuevo: “sígueme”.

20/9/2018. Jueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario – San Andrés Kim y Cos


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15, 1-11)
Os recuerdo, hermanos, el evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano. Porque yo os transmití en primer lugar lo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.
Salmo responsorial (Sal 117, 1-2. 16ab-171. 28)
R. Dad gracias al Señor porque es bueno.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. 
R.
«La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. 
R.
Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7, 36-50)
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer que lo está tocando, pues es una pecadora». Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él contestó: «Dímelo, maestro». Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?» Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Le dijo Jesús: «Has juzgado rectamente». Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco». Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

20 septiembre 2018. Jueves de la XXIV semana del T. O. – San Andrés Kim y Cos – Puntos de oración


Espero que te ayuden estas palabras que te pongo a continuación para llevar a cabo con fruto este rato de oración. Sería bueno, si es posible, que realices tu rato de oración delante de Cristo en la Eucaristía. Si no es posible porque no cuentas con esta posibilidad, dedícale este tiempo al Señor en la soledad acompañada por Él.
Empezamos nuestra oración invocando al Espíritu Santo: “Ven Espíritu Divino e infunde en nuestros corazones el fuego de tu amor”.
¡Es tan grande la misericordia que Dios tiene con nosotros! En la primera lectura san Pablo escribe a la comunidad de Corinto recordándoles el Evangelio, la buena noticia de Dios, para que no olviden la gran misericordia que Dios ha tenido con ellos. Él murió por nuestros pecados. Nos los explica san Pablo a nosotros gracias a su propia experiencia, de vivir la gran misericordia que Dios ha tenido con él. Él lo ha experimentado, por eso lo puede contar. Seguro que todos, alguna vez, nos hemos percatado de la misericordia de Dios para con nosotros. Lo malo es que no nos damos cuenta la mayoría de las veces.
Dios obra milagros en nosotros todos los días y tenemos experiencia de ello. Y como tenemos experiencia de ello, no puede salir de nosotros una expresión que no sea de agradecimiento a Dios. Como dice el salmo de hoy: “dad gracias al Señor porque es bueno”.
El Evangelio de hoy relata la historia de un milagro maravilloso de Jesús. La prostituta reconoce su pecado y ruega a Dios solicitando verdaderamente su misericordia y perdón. Ama y se le perdona. Se le perdona porque ama y ama porque está arrepentida.
¿Y tú?, ¿buscas la misericordia de Dios?, ¿eres consciente de tu desamor hacia Él?, ¿caes en la cuenta de ello?
Pedimos a nuestra Madre, María Santísima, que interceda por nosotros y que nos ayude a amar de una manera más pura y cada día más a Dios.

19/09/2018, Miércoles de la XXIV semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12, 31-13, 13)
Hermanos: Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente. Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde. Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada. Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría. El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca. Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará. Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios. En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.
Salmo responsorial (Sal 32, 2 3. 4-5. 12 y 22)
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones. R.
Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7, 31-35)
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes? Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: “Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”. Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “tiene un demonio”; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad que hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».

19 septiembre 2018. Miércoles de la XXIV semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

EL AMOR NO PASA NUNCA
Nos ponemos en presencia de Dios. La oración confiada es una reacción del corazón, que se abre a Dios frente a frente, donde se hacen callar todos los rumores para escuchar la suave voz del Señor que resuena en el silencio.
La lectura me recuerda la celebración de las bodas que preparan con tanta ilusión los novios en el día de su enlace. Y termina con ese amor lleno de esperanza que nace de dentro del corazón.
Jesús no aparece como un modelo lejano de perfección o un enamorado del sacrificio. El Evangelio dice que “come y bebe”, y que se lo considera “glotón y bebedor, de gente de mala fama”. Hoy, los católicos más fanáticos dirían que es un mundano superficial. Jesús muestra a Dios que no solo se hace hombre, sino que se introduce completamente en el mundo, se junta con cualquiera, camina por los callejones de los pecadores, trata con las prostitutas ante la mirada acusadora de los moralistas, come y bebe con los rechazados. No es un puritano, sino un enamorado del ser humano, alguien que rechaza el pecado pero que se acerca como nadie al hermano caído. Por eso, sus discípulos no nos aislamos en grupos de “elegidos” sino que entramos en el corazón del mundo, sin asco ni miedo.
La gente criticaba. “En esta vida no conviene desanimarse por las habladurías de la gente, basta obrar con rectitud en todo y que cada uno piense como quiera”. (San Juan Crisóstomo)
Hace unos meses le hacían una entrevista a Pepe Rodríguez, propietario de un restaurante y director del programa de TVE 1 de Máster Chef. Y comentaba: “He comido en los mejores restaurantes del mundo. Nunca me he emocionado al comer, sí al comulgar”.
Decía un director de ejercicios a unos jóvenes al recibir a Jesús en la comunión: “El cielo entra dentro de nuestro corazón”.
A mí me gusta, si puedo, asistir a misa a primera hora de la mañana y recibir a Jesús para poderlo llevarlo conmigo todo el día.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Que Santa María nos ayude a recibir con alegría a Jesús cada día y a tratarlo como amigo en los ratos de reflexión.

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