27/9/2017, Miércoles de la XXV semana del T. Ordinario – San Vicente de Paúl

Lectura del libro de Esdras (9, 5-9)
Yo, Esdras, a la hora de la ofrenda de la tarde salí de mi abatimiento y, con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, y exclamé: «Dios mío, estoy avergonzado y confundido; no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti, porque nos hemos hecho culpables de numerosas faltas y nuestros delitos llegan hasta el cielo. Desde la época de nuestros padres hasta hoy hemos pecado gravemente. Por causa de nuestros delitos, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados a los reyes extranjeros, a la espada, a la esclavitud, al saqueo y a la vergüenza, como sucede todavía hoy. Pero ahora, en un instante, el Señor nuestro Dios nos ha otorgado la gracia de dejarnos un resto y de concedernos un lugar en el templo santo. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud. Porque somos esclavos, pero nuestro Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud, sino que nos ha otorgado el favor de los reyes de Persia, nos ha dado y respiro para reconstruir el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos ha proporcionado un refugio seguro en Judá y Jerusalén».
Salmo responsorial (Tb 13, 2. 3-4. 6)
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente.
Bendito sea Dios, que vive eternamente; y cuyo reino dura por los siglos.
Él azota y se compadece, hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano. 
R.
Dadle gracias, hijos de Israel, ante los gentiles, porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza. 
R.
Ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor, nuestro padre por todos los siglos. 
R.
Él nos azota por nuestros delitos, pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones por donde estáis dispersados. 
R.
Que todos alaben al Señor y le den gracias en Jerusalén. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 1-6)

En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos». Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

27 septiembre 2017. Miércoles de la XXV semana del T. O. – San Vicente de Paúl – Puntos de oración

En este día que  conmemoramos  a San Vicente de Paúl, que nace en un pueblo de Gascuña cerca de Dax por donde regresamos este verano de la Travesía-Peregrinación a Lourdes  los universitarios, gracia extraordinaria para todos los asistentes, con la que la Virgen nos ha marcado de forma especial en esos días cruzando los Pirineos con sus praderas y ganados, sus picachos y glaciares, en familia; con esos ratos de silencio contemplado majestuosas crestas vigilantes sobre glaciares que se iban desplomando dando sus aguas a los lagos y  entre bosques de hayas caminando hacia la Gruta, donde Santa María nos esperaba para entregarle  el corazón y que hiciera con él otro Jesús como en la Cruz:  lo primero que hicimos al llegar, directos a la Gruta. No era para menos, agradecer lo bien que había ido todo. Nos hacía crecer en la entrega como militantes.
Aspiraba a cargos y beneficios este santo, pero la vida le lleva por otros derroteros hasta ser cautivo por piratas de la Berbería que se dedican a la captura y venta de esclavos, empieza su cambio de forma de pensar. Va ser cuando le llamen para confesar a un moribundo, se dé cuenta de la falta de atención de las gentes de los pueblos y pasarán los años con dificultades, hasta que se convierta y fundará la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad, porque el Señor quiere que “los hombres  se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Cosa que descubre con la oración y la entrega incondicional a la voluntad del Señor.
Nos llama a la misión, nuestra oración mañana debe ser misionera, nuestra vida es misión, que Dios nos llama, que no le escuchamos porque no  hacemos silencio. En el silencio, cuando estamos desprendidos de todo, quiere enviarnos, y nos llama.  S. Juan Pablo II en la “Redentor Missio”: “El verdadero misionero es el santo”-decía-para ello tres pilares: la oración, la entrega y la misión.
La oración: miremos a la que hace Esdras ante su situación. Tú también tienes una situación, “Dios mío, estoy avergonzado y confundido; no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti” Y va  describiendo lo que ocurre con el pueblo. También tú y yo tenemos una situación similar en nuestro trabajo, estudio, en este momento en el que nos encontramos que Él bien conoce, sabe cuál es el remedio  quiere concedértelo para que tú recibiéndolo en tu interior en la oración lo transmitas siendo Jesús para ellos, lo esperan de ti. En la oración  Él está a la puerta y llama, quiere que le abras y también le escuches que te quiere hablar. No ocupes todo  el tiempo, haz silencio: “Háblame, dime qué tengo que hacer”, déjale un espacio.
La entrega: Bendito sea Dios que vive eternamente, dice el salmo y dadle gracias y ensalzadle, aunque también en el salmo nos dice  que “El azota y se complace, hunde en el abismo y saca de él y no hay quien escape de su mano” y más abajo  repite “El nos azota por nuestros delitos pero se complacerá de nuevo” Y aunque esto se refiere al pueblo, también ocurre en cada uno, que caminamos entre tribulaciones y consolaciones, pero el que confía  siempre alaba, bendice y da gracias porque sabe de quien se ha fiado, a quien se ha entregado.
La misión: también la oración tiene que acabar con un envío. Lo tenemos en el Evangelio: “Les envió a proclamar el  reino de Dios y a curar los enfermos” Les recomienda que no lleven botiquín, pues no os preocupéis  de lo que tenéis que llevar ni lo que tenéis que hacer o decir,  pues aquello que en la oración   se nos da  por el Espíritu es lo que  tenemos que transmitir,  pues nada tenemos que no hayamos recibido,  porque nadie da lo que no tiene, y ese tesoro escondido,  que hemos encontrado, es lo más valioso que podemos dar a los demás.

Acabamos con a antífona de entrada de la misa: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres y a curar a los contritos de corazón”. No nos lo acabamos de creer que somos elegidos, ungidos y enviados,  pero es por nuestra falta de fe,  si profundizáramos en nuestra oración, “atalaya donde se ven verdades”, saldríamos ardiendo y enamorados. Se lo pidamos a la Virgen en este mes tan mariano, nos conceda esa merced de ser ardientes y enamorados militantes.

26/9/2017, Martes de la XXV semana del T. Ordinario – San Cosme y San Damián

Lectura del libro de Esdras (6, 7-8. 12b. 14-20)
En aquellos días, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina: «Dejad que se reanuden las obras de ese templo de Dios. El gobernador de los judíos y los ancianos judíos reconstruirán este templo de Dios en el lugar que ocupaba. Estas son mis órdenes sobre lo que debéis hacer con los ancianos judíos para la reconstrucción del templo de Dios: de los ingresos reales procedentes de los tributos de Transeufratina, páguese puntualmente a esos hombres los gastos sin ningún tipo de interrupción. Yo, Darío, he promulgado este decreto y quiero que sea ejecutado al pie de la letra». Los ancianos judíos prosiguieron las obras con éxito, confortados por la profecía del profeta Ageo y de Zacarías, hijo de Idó. Edificaron y construyeron la reconstrucción, según el mandato del Dios de Israel y con la orden de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia. Así terminaron este templo el día tercero del mes de adar, el año sexto del reinado del rey Darío. Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás repatriados celebraron con alegría la dedicación de este templo de Dios, ofrecieron cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, según el número de las tribus de Israel. También organizaron los turnos de los sacerdotes y las clases de los levitas para el servicio de Dios en Jerusalén, tal y como está escrito en el libro de Moisés. Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero. Los sacerdotes y los levitas se habían purificado para la ocasión. Todos los purificados ofrecieron el sacrificio de la Pascua por todos los repatriados, por sus hermanos, los sacerdotes, y por ellos mismos.
Salmo responsorial (Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5)
R. Vamos alegres a la casa del Señor
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. 
R.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor. 
R.
Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. 
R.
Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». 
R.
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 19-21)

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». Él respondió diciéndoles: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

26 septiembre 2017. Martes de la XXV semana del T. O. – San Cosme y San Damián – Puntos de oración

El salmo que nos presenta la liturgia de este día es un canto a Jerusalén, que no solo representa la ciudad celeste, sino también la ciudad terrena, en medio de la cual se desarrollan nuestras vidas. Y por ello traemos a nuestra consideración aquellas palabras de Jesús a sus discípulos: “Permaneced en la ciudad, hasta que seáis revestidos con la fuerza que viene de lo alto… Los discípulos volvieron a Jerusalén con gran alegría” (Lc 24, 49). 
Es en la ciudad donde nuestra vocación laical nos ha colocado, y de donde “no nos es lícito desertar” (Carta a Diogneto). Es ahí, en medio de la ciudad, donde recibiremos la luz y la fortaleza de lo Alto. En Jerusalén, la ciudad de las tres culturas, símbolo de cualquiera de las ciudades o pueblos en los que nosotros, los bautizados, habitamos siendo para todos el alma invisible de un cuerpo material y visible. 
Permanecer en la ciudad. Y puedo huir de ella no sólo alojándome en parajes extraños o solitarios, sino renunciando al trato social, renunciando a anudar lazos de amistad con cuantos me rodean, renunciando a aportar a familiares, vecinos y compañeros aquello que llevo en mi interior y da sentido a mi vida. 
Reto, por otra parte, de estar inmersos en la ciudad, pero sin ser conquistado por sus atractivos, por sus reclamos a ser “uno más”, mero juguete de pasiones, marioneta de poderes económicos, políticos o ambientales. 

Así descubriremos, como Jacob, que «Verdaderamente Dios estaba en este lugar y yo no me di cuenta. ¡Es nada menos que la Casa de Dios y Puerta del Cielo!»” (Gen 28, 16).

25/9/2017, Lunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario

Comienzo del libro de Esdras (1, 1-6)
El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que proclamara de palabra y por escrito en todo su reino: «Esto dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén de Judá. El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que su Dios sea con él, que suba a Jerusalén de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. Y a todos los que hayan quedado, en el lugar donde vivan, que las personas del lugar en donde estén les ayuden con plata, oro, bienes y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios que está en Jerusalén». Entonces, los cabezas de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos aquellos a quienes Dios había despertado el espíritu, se pusieron en marcha hacía Jerusalén para reconstruir el templo del Señor. Todos los vecinos les ayudaron con toda clase de plata, oro, bienes, ganado y objetos preciosos, además de las ofrendas voluntarias.
Salmo responsorial (Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6)
R. El Señor ha estado grande con nosotros.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. 
R.
Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. 
R.
Recoge, Señor, a nuestros cautivos, como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. 
R.
Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 16-18)

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público. Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

25 septiembre 2017. Lunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

La soberbia de Ciro y la mía.
El principio de la lectura de hoy, del libro de Esdras 1,1-6, es asombroso: "Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra…” Ahora nos leemos un texto de la que realmente es reina del cielo y de la tierra. La que sabe que todas las naciones la llamarán bienaventurada. “Engrandece mi alma al Señor y se regocija mi espíritu en Dios, mi salvador, porque miró la bajeza de su esclava e hizo en mí grandes cosas el que es poderoso”. ¿A que contrasta?
Me detendré en algunas consideraciones al respecto. Cuando Ciro habla así, me le imagino sentado en un trono alto, con corona de oro puro, vestido de colores llamativos y pensando que es el mejor, el que tiene el poder y la razón de la fuerza. Miramos ahora a nuestro entorno laboral ¿son así nuestros jefes? Ahora miramos al penúltimo del escalafón que tiene debajo de él a un par de peones y les dice: El Ingeniero D. José, jefe de esta empresa, ha puesto en mis manos…  Y te ríes. Yo también hago algunas de estas cosas. Fácilmente las hacemos todos y en especial los varones, en nuestro entorno familiar.
En los ejercicios espirituales, en la famosa meditación de dos banderas, San Ignacio nos presenta las instrucciones que da el demonio Jefe a sus subordinados: Primero hay que llevarlos al deseo (aunque sean pobres miserables) de riquezas. Después a vano honor del mundo (ser el mejor que mis vecinos en algo o en todas las cosas) para caer en crecida soberbia, y de este último escalón, llevarlos a todos los otros vicios.
Al final te copio el trocito de esta meditación que algún día escribí, no me acuerdo si para mí mismo o para algún grupo de universitarios.
San Ignacio pone como uno de los recursos, acercarse a la Madre y pedirla socorro.
Seguimos mirando a Ciro: “El Señor, el Dios del cielo, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra…” Pura mentira. Cerquita estaban los egipcios, eternos enemigos de los medos y los persas, con un poderío parecido. Un poco más allá los indios, los griegos, los… Pocos años después se fue a luchar contra la pequeña tribu de los masagetas que al mando de su reina Tomiris, le vencieron y le mataron.
Miremos ahora a la “esclava del Señor”. Eso lo dice tras hacer un largo camino para ir a hacer un favor, que ni siquiera se lo habían pedido de forma expresa. Un favor de prestación personal. Va a ayudar a otra mujer que tiene necesidades. Es pobre, inculta, en medio de un pueblo pobre.
En el evangelio vemos una alabanza que le hacen. Dicen a Jesús: Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron, y Jesús, en vez de certificarlo, da una vuelta a la frase diciendo: Bienaventurados, más bien, los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica. Ya ha fastidiado el honor que la tributaban. (Realmente Ella es la que mejor oye la Palabra de Dios y la pone en práctica, pero lo del honor, ya no aparece). En vida, la prefiere humilde (y humillada) que engrandecida. También esta: “Ahí están tu madre y tus hermanos”… Sí que aparece María cuando desarrolla el humillante papel de madre de un ajusticiado.
Ya va bien por hoy.
Añado las reflexiones que prometí antes.
CODICIA DE RIQUEZAS. Para los buenos cristianos, bajo capa de bien: Lo primero es un móvil bueno, a ser posible con saldo, después es un portátil y un coche “digno”. Siempre que aparece la palabra digno, hay que echarse a temblar. Tener carrera, dos mejor que una. Los mormones están dos años de apostolado, dejando sus estudios, luego vuelven a la vida “normal” y no les pasa nada y al final todos encuentran su trabajo como si no hubiese pasado nada. Aquí, a ningún jefe de un grupo de comprometidos se le ocurre pedir a uno de ellos que deje dos años de estudiar: ¡parte su carrera por la mitad y pierde el tren de la vida!
Ojo que no dice posesión de riquezas, sino codicia, deseo de ellas. El que no aprueba para ingresar en… se considera frustrado.
Codicia de tener un buen material para trabajar y una habitación “digna” con vistas al mar que se trabaja más relajado. Que no me molesten mientras trabajo ni me encargue nada mi madre cuando estoy haciendo algo importante y si tengo que ir a por un kilo de huevos, te molesta muchísimo.
Cuando estás haciendo un trabajo que te parece importante, por ejemplo, escribir un artículo y te falta tiempo (seguramente porque a Dios no le parece tan importante), vas y te acuestas bien tarde y dejas la oración para acabarlo y dejarlo bien bonito.
Codicia de afectos, haces cosas para que te quieran o bien; no regañas y no dices “que no” a otros para no caer mal.
VANO HONOR DEL MUNDO. No solo desear hacer las cosas bien, sino que todo el mundo te mire y te admire. Que tu trabajo no solo te sirva para aprobar, sino que sea el mejor de clase. Que tus lecciones a los alumnos sean las mejores, no solo por el bien de ellos, sino por lo de la competencia profesional y en definitiva para ser el mejor.
Conducir el coche bien deprisa. Dominar bien tu móvil. Que tu casa sea buena. Que tus vestidos sean buenos y nuevos y bien planchados. Y la tele, mejor que la del vecino.
El dar una conferencia es un momento especialmente importante para eso del vano honor del mundo, o presentar un libro o escribirle.

Tus padres y en general tus responsables, son los que más molestan porque son los que “te impiden conseguir estas cosas”. No te permiten comprar lo que necesitas, te mandan hacer más de lo que puedes y entonces no haces el “trabajo” que te gusta bien acabado. Te dicen que hagas algo de manera que no te agrada y no es compatible con que brilles bien…

24/9/2017, Domingo XXV del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lectura del libro de Isaías (55, 6-9)
Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos - oráculo del Señor -. Como dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.
Salmo responsorial (Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18)
R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. 
R.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. 
R.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1, 20c-24. 27a)
Hermanos: Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mí muerte. Para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (20, 1-16)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido" Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?". Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña". Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?". Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

24 septiembre 2017. Domingo XXV del Tiempo Ordinario (Ciclo A) – Puntos de oración

1. SANTA MARÍA DE LA MERCED. Un buen momento para hacer “repetición” de los hitos marianos de este mes, 8, 12, 15, la magna semana mariana que hasta hoy proyecta esta “sombra alargada”.
Esta tierna advocación mariana nos lleva a la imagen de la Virgen rompiendo cadenas, custodiando y liberando presos y cautivos. Siempre recordaré la de Valladolid, la que presidió en varios momentos las celebraciones de nuestras Jornadas con nuestros siervos de Dios, P. Tomás Morales y Padre Eduardo. Una primera invocación: ¡Madre de la Merced, hazme libre, rompe todo tipo de ataduras por leves y veniales que sean para que ame de veras, sin afección desordenada!
La tradición mercedaria sitúa la fundación de su Orden redentora en la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, donde a través de una intervención especial de la Virgen María movió el corazón de Pedro Nolasco para que llevara a cabo la fundación de una orden religiosa destina a la redención de los cautivos que, en las costas mediterráneas de España, Francia e Italia, caían cautivos en poder de los musulmanes y eran conducidos al territorio africano, donde llevaban una vida de indecibles sufrimientos con gran peligro de perder su fe cristiana. Su confesor, el futuro dominico San Raimundo de Peñafort le animó y asistió en este proyecto, al tiempo que el rey Jaime I le ofrecía su protección.
El Papa Francisco tiene especial devoción a su rompe-cadenas DESATANUDOS. ¡Madre, rompe cadenas, desata nudos, y encadéname, átame a Ti, TOTUS TUUS¡
2. Libro de Isaías 55,6-9. ¡Buscad al Señor mientras se deja encontrar!
El lema del viaje del Papa a Colombia fue 'Demos el primer paso'. El Señor ya lo dio, por pura gratuidad, ya salió a buscarnos y nos encontró. Dejemos de jugar al escondite, no esperemos a que venga, salgamos a buscarle para encontrarle y cuando le encontremos le BUSQUEMOS con más amor si cabe.
3. Salmo 145(144), 2-3.8-9.17-18.  ¡Señor, día tras día te bendeciré!”
Tal actitud –pedir la bendición- por parte del pueblo americano le llegaba al alma de San Juan Pablo II y le ha conmovido a Francisco en Colombia:
“Una de las cosas que me impresionó en todas las ciudades, entre la multitud, fueron los padres y las madres con niños, que levantaban a los niños para que el Papa los bendijera, pero también con orgullo enseñaban a sus hijos como diciendo: «¡Este es nuestro orgullo! Esta es nuestra esperanza». Yo pensé: un pueblo capaz de tener niños y capaz de enseñarlos con orgullo, como esperanza: este pueblo tiene futuro. Y me gustó mucho”. ¡Qué bella es nuestra vida! Ben-decir, decir y hacer bien, en Cristo, por Cristo, con Cristo, “sin cesar”.  Para eso he sido creado, para eso vivo. ¡Gracias, por amarme desde toda la eternidad, -SOY AMADO LUEGO EXISTO porque me amaste, me amas PARA AMARTE- para que yo te alabe y te ame, ahora y por siempre!
4. Carta de San Pablo a los Filipenses 1,20c-24.27a. “Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia”.
Permíteme, Jesús, que muera segundo a segundo a mi pecado, para que resucite siempre a tu gracia. Y así me ejercite y me vaya preparando para la victoria final.
5. Evangelio según San Mateo 20,1-16a. “Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: Id también vosotros a mi viña'”

Gracias, Señor, por darme la oportunidad de contratarme en tu Viña y por eso tengo el derecho y el deber de trabajar en tu empresa, ¡esto sí que es currículum! Y todo porque eres “Un Padre con corazón maternal”. Esto sí que es darle la vuelta al partido, ahora sí que voy a gozar de todos los seguros, también, y primordial, el de la CRUZ el seguro contrato para llegar a la LUZ, a la gracia, al Cielo.

23/9/2017, Sábado de la XXIV semana del T. Ordinario – San Pío de Pietrelcina

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (6,13-16)
Querido hermano: Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.
Salmo responsorial (Sal 99, 2. 3. 4. 5)
R. Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. 
R.
Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. 
R.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. 
R.
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.» R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 4-15)

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad. Otro parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola. Él dijo: «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas,” para que viendo no vean y oyendo no entiendan”. El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes y riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro. Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

23 septiembre 2017. Sábado de la XXIV semana del T. O. – San Pío de Pietrelcina – Puntos de oración

“A Dios que concede el hablar y el escuchar le pido hablar de tal manera que el que escucha llegue a ser mejor, y escuchar de tal manera que no caiga en la tristeza el que habla”
En las lecturas de hoy se nos pide abrirnos al Señor, ser tierra buena donde su semilla pueda echar raíces y fructificar. Para ello, San Pablo nos dice que cumplamos los mandamientos. El “cumplimiento de los mandamientos sin macha ni reproche” será la manera en la que, cuando venga el dueño de la mies pueda encontrar nuestro árbol lleno de fruto, donde buscan cobijo tantas y tantas alamas que como pájaros andan volando de aquí a allá sin saber dónde posarse.
Siempre que hablamos de cumplimiento yo por lo menos me pongo muy nervioso. Es posible que nos asalte la duda, el recuerdo de nuestros pecados pasados y las malas hierbas de nuestra miseria presente. Sin embargo, en el Evangelio vemos que nuestra vida, nuestro campo, se compone de zarzas, de semillas que caen en los agobios de la vida, en la tierra seca y muerta de nuestra miseria… pero el Señor nos pide un cachito de tierra buena. Porque nosotros somos el campo y Él el agricultor. Es Él quien hará el milagro de una fructuosa plantación si le dejamos un cachito de tierra buena. “Él nos hizo y somos suyos”, déjate hacer, déjate moldear, y entrarás en la casa del Señor dando vítores y con alabanzas. No nos lo terminamos de creer, pero la Misericordia del Señor es eterna, Él hace el milagro de nuestra perseverancia. El corazón noble y generoso que se menciona en el Evangelio es el corazón que ama y se deja amar, ¿hay algo más noble y generoso que esto?

Si te ayuda, puedes preguntarte: ¿qué partes de mi vida son tierra buena –mis virtudes, mis dones…-? ¿Doy gracias a Dios por ello? ¿Qué parte de mi campo necesita de la mano del agricultor –malas hierbas, sequedades…-? ¿Confío? ¿En qué quiero yo ser el agricultor y no simplemente la tierra (tierra amada) que se deja hacer por el verdadero agricultor?

22/9/2017, Viernes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (6,2c-12)
Querido hermano: Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias, altercado interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro. La piedad es ciertamente una gran ganancia para quien se contenta con lo suficiente. Pues nada hemos traído al mundo, como tampoco podemos llevarnos nada de él. Teniendo alimentos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto. Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor al dinero la codicia es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos. Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado, y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.
Salmo responsorial (Sal 48, 6-8. 9-10. 17-18. 19-20)
R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? 
R.
Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa. 
R.
No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada, su fasto no bajará con él. 
R.
Aunque en vida se felicitaba: «Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados, que no verán nunca la luz. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8, 1-3)

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

22 septiembre 2017. Viernes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

“Combate el buen combate de la fe
Hoy en nuestra oración recibimos esta exhortación de san Pablo. La fe exige un esfuerzo, una vida de fe, que va evangelizando toda nuestra realidad. Dónde puedo yo iluminar con la luz de la fe para crecer en mi vida cristiana; qué faceta de mi vida necesita el auxilio de lo alto. En este combate de amor vencemos las tendencias perjudiciales de nuestra vida que nos inducen al pecado. Pablo habla de la codicia como raíz de todos los males; cómo está presente la codicia en mi vida: codicia de cosas, de afectos, de prestigio desmesurado; san Ignacio nos habla de afecciones desordenadas. San Pablo constata con dolor que por la codicia muchos han perdido la fe.
“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”
Vivir esta bienaventuranza nos libra de la codicia y nos facilita el camino de la fe; es una tensión constante, una elección de “lo que más conduce” (san Ignacio). Así podemos desenmascarar cualquier tentación que nos sofoque y vivir en la libertad de los hijos de Dios, como Jesús.
“Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres”
Este resumen de la actividad de Jesús que nos presenta san Lucas denota la importancia de la comunidad que Jesús va formando, la Iglesia que ve edificando, referencia a los Doce. La importancia que Jesús da a la mujer y que el helenista Lucas resalta pone de relieve un cambio de mentalidad en el obrar de Jesús respecto al judaísmo de su época. Este cambio ha quedado patente a lo largo de la vida de la Iglesia por la notable e imprescindible contribución de la mujer a la vida de la Iglesia y que hoy ponemos de relieve. Gratitud a Dios por este don y reconocimiento de la originalidad de esta aportación a la vida de la Iglesia. Que el Señor siga suscitando mujeres santas en nuestro tiempo.

Hoy Jesucristo sigue yendo de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo predicando el evangelio del reinado de Dios; abramos nuestra mente y corazón para realizar nuestra vida e edificar la Iglesia.

20/9/2017, Miércoles de la XXIV semana del T. Ordinario – San Andrés Kim y Cos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3, 14-16)
Querido hermano: Aunque espero estar pronto, contigo, te escribo esto estas cosas por si tardo, para que sepas cómo conviene conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria.
Salmo responsorial (Sal 110, 1-2. 3-4. 5-6)
R. Grandes son las obras del Señor.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. 
R.
Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables, el Señor es *piadoso y clemente. 
R.
Él da alimento a los que le temen, recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7, 31-35)

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes? Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de : "Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado" Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».

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