25/4/2017, Martes de la II semana de Pascua – San Marcos evangelista

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (5, 5b-14)
Queridos hermanos: Revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros. Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos. Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su gloria eterna en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y para daros testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos firmes en ella. Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo. Saludaos unos a otros con el beso del amor. Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo.
Salmo responsorial (Sal 88, 2-3. 6-7. 16-17)
R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» 
R.
El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los santos.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? 
R.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (16, 15-20)

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

25 abril 2017. Martes de la II semana de Pascua – San Marcos evangelista – Puntos de oración

Oración preparatoria.
“Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Tu nombre es mi gozo cada día”.
Salmo 88, de la eucaristía de hoy. Repítelo con calma hasta que se haga clamor desde tu corazón. Cantaré. Eternamente… tus misericordias…. Y comienza así el día. Ofréceselo al Señor diciéndole al Señor que, en cada acción del día, alabes su nombre.
Orar en familia, en comunidad.
“Os saluda la comunidad de Babilonia, también Marcos, mi hijo. Saludaos vosotros con el beso del amor fraterno” (1ª Pe 5,14).
Te propongo esta frase del apóstol Pedro de la primera lectura de la eucaristía para que refresques algo de vital importancia en la vida del cristiano y que tenemos algo olvidado. Los signos del amor fraterno, son los cuales no hay verdadera oración. Porque no ora quien no ama a su hermano. Los primeros cristianos eran conscientes de ser hijos, hermanos, miembros de una comunidad, y compartían los bienes, lo ponían todo en común. Y oraban los unos por los otros. Comienza hoy la oración con un beso de amor fraterno pensando en todos tus hermanos de fe. Desde los de cerca a los que no conoces.
Orar desde el Evangelio
En estos días de Pascua vamos a escuchar muchas veces la expresión “vosotros sois testigos de esto” en referencia a los apóstoles y la misión que se les encomendaba, que no era transmitir una doctrina, sino una forma de vida. Y la vida solo la transmiten los testigos, los que la viven de primera mano. “nosotros somos testigos”, debemos repetir estos días, y pedirle al Señor la frescura en el seguimiento del Señor, la capacidad de ser transmisores de vida y de vida nueva, alegre, esperanzada.
Marcos fue uno de estos, y transmitió con su Evangelio el mensaje que hoy sigue resonando.  “id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”. Fue fiel a la misión, porque vio a Cristo resucitado y creyó en él.
Pidamos en nuestra oración de hoy la gracia del encuentro con Cristo en estos días de Pascua para poder ser testigos. Como hemos dicho este domingo en la misa, que el tiempo de pascua sea para nosotros un reanimar la fe, los dones de su gracia, y comprender mejor la riqueza del bautismo recibido….
A continuación, actualiza la lectura y pide al señor para ti y para la Iglesia, los dones que crees hoy deben acompañar la misión que se nos ha encomendado. El evangelio nos dice que nos acompañarán signos, signos con los que se reconocerá la acción de Dios, su poder y su gracia-
·         ¿Qué signos crees que la iglesia de hoy necesita para anunciar el evangelio?
Para echar a los demonios de hoy: la violencia, la corrupción, el egoísmo que reseca al mundo… el placer, la venganza, la falta de amor. Pide al señor que tu conducta sea reflejo de amor, templanza, mansedumbre, entrega.
·         ¿Qué lenguas necesitas hablar? Solo una la del amor y el perdón
·         ¿Qué enemigos debes vencer sin miedo como serpientes a las que se inocula el veneno? Quizás el miedo a ser testigo en medio del mundo… inocula este veneno.
·         ¿A quién debes dirigirte para imponerle las manos y que recupere la salud?

Que hermoso es actualizar el evangelio en la vida de cada día, en tu visa hoy. Hazlo y verás como el Señor confirma tu vida con su presencia. ¡Feliz día, testigo del evangelio!

24/4/2017, Lunes de la II semana de Pascua – San Fidel de Sigmaringa

Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles (4, 23-31)
En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oírlo, todos invocaron a uno a Dios en voz alta, diciendo: «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo: "¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías". Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en tus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús». Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.
Salmo responsorial (Sal 2, 1-3. 4-6. 7-9)
R. Dichosos los que se refugian en ti, Señor
¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías: «Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo». 
R.
El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira, los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo.» 
R.
Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho:
«Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza.» 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (3, 1-8)

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? ». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

24 abril 2017. Lunes de la II semana de Pascua – San Fidel de Sigmaringa – Puntos de oración

Iniciamos nuestra oración en este inicio de semana poniéndonos en presencia del Resucitado, ya sea en la capilla, en la habitación o camino del trabajo. Donde estemos y como estemos, Él se hace presente si lo invocamos de corazón.
Qué bien viene meditar, en este tiempo de Pascua, lo que nos propone hoy el evangelio de San Juan. “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios”. Recuerdo con entrañable agrado la lectura del libro: “Cartas de Nicodemo” de Jan Dobraczynski, donde el autor nos pone el marco contextual de cómo se desarrolló este dialogo sencillo, pero de una gran profundidad. Nicodemo era fariseo, pero no uno más de ellos, tenía mucha reputación entre los suyos y era miembro del sanedrín. En el libro, se dice además que le asaltaba constantemente una gran preocupación. Se trataba de su esposa Rut, estaba moribunda y buscaba curarla por todos los medios. Este detalle, aunque solo pertenezca a la imaginación de Dobraczynski, nos puede ayudar a identificarnos mejor con éste personaje del evangelio. En el texto, podemos notar que, a diferencia de muchos fariseos, Nicodemo reconocía a Jesús como maestro por los signos que había hecho. Este podría ser un primer paso en una trayectoria de fe. Y es la situación de muchos cristianos de hoy y quizá también de los que llevamos tiempo en este camino. Vivimos una fe de oídas, quizá razonada, hasta experiencial, pero poco profunda. Por otro lado, a pesar de su amplia trayectoria en el estudio de las leyes judías y en el práctica asidua y fiel de las mismas, Nicodemo no fue capaz de comprender las palabras de Jesús: “Nacer de nuevo”. Es que el conocimiento, aunque ayude en la vida de fe, por quedar en la cabeza, no será suficiente para conocer internamente las cosas de Dios. Asimismo, al igual que la preocupación incesante de Nicodemo por Rut, nosotros nos hayamos muchas veces inmersos en las nuestras, que nos disipan y sutilmente nos hacen ver las cosas muy superficialmente, no siendo capaces de rasgar las apariencias y encontrar a Dios en ellas. Por lo tanto, no seamos tan duros con el pobre Nicodemo cuando pregunta: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?”. La pregunta no es más que un reflejo del estado de inquietud de su corazón que busca, pero no encuentra. Y Jesús le dice: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”.

Nicodemo poco después, con la muerte y resurrección de Jesús, descubrirá el significado profundo de estas palabras y cambiará su vida para siempre. ¿Y nosotros?... Las aguas del bautismo nos hacen nacer a una vida nueva y con el sacramento de la confirmación la fuerza del Espíritu nos impulsa a vivir una fe madura. Nunca es tarde para reavivar estas gracias recibidas y nacer de nuevo. Volver a empezar. No cansarse nunca de estar empezando siempre. La resurrección es signo de un nuevo comienzo, de una nueva creación. Jesús nos llama a una vida nueva. Que seamos capaces de vivir esta realidad no sólo en este día, sino siempre. Pidámosle a la Virgen de Fátima en su centenario que nos dé un corazón siempre nuevo.

23/4/2017, Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia (Ciclo A)

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,42-47)
Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.
Salmo responsorial (Sal 117,2-4.13-15.22-24)
R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. 
R.
Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. 
R.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. 
R.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,3-9)
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos por la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final. Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»  Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»  Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»  A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»  Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»  Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.»  Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

23 abril 2017. Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia (Ciclo A) – Puntos de oración

En la presencia de Dios preparamos nuestra oración en esta octava de Pascua. Somos conscientes de nuestra incapacidad para creer, como le pasó a Tomás, si el Maestro no se apiada de nosotros. Vamos a contar con la Madre para alcanzar la gracia que nos sugiere S. Ignacio en éstas meditaciones pascuales; “pedir gracia para me alegrar y gozar intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor”.
Nos dejamos llevar, al compás de la liturgia, para profundizar y vivir este día en que actuó el Señor.
Como primeros frutos de la resurrección de Jesús, la primera lectura de los Hechos hace alusión, hasta en seis ocasiones, a la comunióncon expresiones como “juntos, vida en común, unidos….”. Y lo que esto suponía de testimonio: “estaban impresionados, eran bien vistos…”. Parece por tanto que ésta gracia del resucitado se derrama en familia y puede tener abundante fruto apostólico.
Estos primeros momentos, vividos tras los tremendos acontecimientos de la crucifixión y muerte del Señor, muestran esa limpieza de vida, ir todos a una, ese entusiasmo y desprendimiento “y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”. Estas “credenciales” de la fe encarnada, son atractivo para los corazones que buscan una razón de vivir, una familia donde ser acogidos donde los más pequeños son apoyados por el grupo. Esto, de alguna manera, lo hemos experimentado en ciertos momentos en el Movimiento de Santa María y ¡cómo nos ha enganchado, qué felices hemos sido! Digo mal, podemos seguir siéndolo.
El Salmo, como eco de los duros momentos de la cruz, ensalza la misericordia por la que hay que dar gracias a Dios. Aun recordando “cómo los enemigos empujaban para derribarme”, la resurrección y la victoria de Cristo sobre el pecado, tienen la última palabra. El Hijo de Dios, oculto (por humilde) para los entendidos del pueblo de Israel, antes humillado y triturado, resulta que ahora el Padre lo ha ensalzado y    ¡con cuánto fruto! Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
En la segunda lectura, es llamativo cómo S. Pedro, después de su experiencia de fracaso, nos exhorta a la confianza en Cristo resucitado, pues nos trae esperanza. Nos anima a tener presente la herencia que no se corrompe (el Cielo) ya que, entretanto, la fuerza de Dios nos custodia en la fe. “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación. Llena el corazón de gran alegría escuchar  sus consejos: “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación”.
Por último, vamos a detenernos un momento en el evangelio de este domingo. Y vemos a Jesús intentando consolidar la fe de los suyos, se llenaron de alegría al verlo. Y es bonito observar cómo se presenta: Paz a vosotros. Luego les enseña sus manos y el costado. Esto me hace pensar que  la referencia a la Pasión es un testimonio en adelante de la veracidad de su gloria “ved que soy yo” Aunque tanto bien recibido no es para guardarlo sino que “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Ahora ya sabemos que vamos a necesitar al Espíritu Santo para que nos ayude, primero a creer y vivir la fe en Jesús en familia y, luego, para llevarlo a otros desde esa referencia de vida a la primera comunidad de creyentes; con entusiasmo, desprendimiento y generosidad con los necesitados.
Aunque contrasta en todo el relato la actitud de Tomás. Primero estaba ausente y luego exigiendo tocar las llagas de Cristo para creer. No podemos menos de enamorarnos de este Cristo que se abaja de nuevo ante “este duro de mollera”. «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.».

            No olvidamos a la Madre que también lleva las marcas de la Pasión: ojeras, arrugas profundas y pelo, si cabe, más encanecido. Esto por fuera. Pero su interior trasluce una capacidad de sufrimiento inusitado, una disposición a la acogida sin límites, un silencio con capacidad de escucha y dulzura de trato que cautivan al que se acerca. Quizás no podamos meditar nada de la resurrección si no es apoyando nuestra cabeza (inclinar nuestra razón), ante el corazón de la Madre más amante. De hecho, recibió este mandato junto a la cruz; “he ahí a tu hijo”.

22/4/2017, Sábado de la Octava de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4, 13-21)
En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre». Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo: «¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído». Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.
Salmo responsorial (Sal 117,1 y 14-15.16-18.19-21)
R. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos. 
R.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte. 
R.
Abridme las puertas de la salvación, y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (16, 9-15)

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

22 abril 2017. Sábado de la Octava de Pascua – Puntos de oración

Hoy termina la semana de Pascua, los siete días en que hemos prolongado el gran domingo de la resurrección del Señor. Volvamos de nuevo a Él nuestro corazón, pongámonos una vez más en sus manos y dejemos que sea Él quien guíe nuestra oración.
Y empecemos esta oración junto al Corazón de María. Ella, silenciosamente, alentaba a los discípulos en los días posteriores a la muerte de Jesús. Poco a poco los iba aglutinando, animando, esperanzando. Veámosla así mientras contemplamos el evangelio de hoy, ya que en él descubrimos como había una unión que no se entiende bien tras la aparente tragedia de la muerte de Jesús si no es por la presencia de la Madre.
Así, María Magdalena acude a “sus compañeros”, y los discípulos de Emaús acuden a “los demás”. Es el primer paso, ponerse junto a María.
Desde ahí contemplemos lo que narra este evangelio de san Marcos, que de alguna manera quiere recopilar los sucesos del domingo de Pascua.
María Magdalena descubre por fin al Maestro, lo reconoce, se llena de alegría y va a anunciárselo a los discípulos, pero no la creen. Quizás porque estaban de duelo y llorando. Cuántas veces no nos pasa a nosotros que no terminamos de creernos las maravillas que Dios hace en nuestras vidas y a nuestro alrededor, porque estamos demasiado atentos a nosotros mismos, demasiado pendientes de cómo nos miran. El Papa Francisco nos invita a estar en salida, lo que implica no mirarnos a nosotros, no encerrarnos en nuestras miserias, sino ponerlas en manos del Señor y salir hacia los demás.
Los dos discípulos que “iban caminando al campo” también reciben la visita misteriosa de Jesús, arde su corazón mientras les explica las escrituras y al final le reconocen en la fracción del pan. Pero cuando vuelven a contárselo a sus compañeros, no les creen.
Podíamos pensar que el Señor, que María, tirarían la toalla. Como quizás lo haríamos nosotros. Pero Dios no es así, y esta vez ya se presenta Él mismo en medio de ellos, en medio de los once, los discípulos más íntimos, y quizás también los más desconfiados.
Les echa en cara su falta de fe, pero también su dureza de corazón, como poniendo ahí la causa principal de su incredulidad.
Yo creo que con eso nos está diciendo a todos los cristianos, a una semana del mes de mayo, que nos pongamos muy cerca de la Virgen, para que ella ablande nuestro corazón para que la luz de Cristo resucitado disipe nuestras tinieblas, no sólo de mente, sino también de corazón.
Tras eso, ya sólo queda una cosa:

“Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”.

21/04/2017, Viernes de la Octava de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4, 1-12)
En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y lo saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?». Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».
Salmo responsorial (Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a)
R. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Digan los que temen al Señor: eterna es su misericordia. 
R.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. 
R.
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (21, 1-14)

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

21 abril 2017. Viernes de la Octava de Pascua – Puntos de oración

Comencemos nuestra oración poniéndonos en presencia de Dios, cayendo en la cuenta de la real y gran fuerza que tiene la oración y con la disposición de abrir el corazón a Dios para dejarle hablar en lo más profundo de nuestro ser.
Hoy os invito a ponernos en el lugar de los apóstoles y descubrir a Dios en el día a día.
Ellos se deciden a ir a pescar, reanudar su trabajo, igual que nosotros vamos a nuestras obligaciones profesionales, o nos ponemos a trabajar apostólicamente o en nuestras responsabilidades vocacionales.
Al igual que nosotros, los apóstoles vienen de estar toda la noche pescando con las manos vacías, aparentemente todo el trabajo ha sido para nada, hubiera sido mejor que se hubieran quedado en casa haciendo algo un poco más rentable, más eficaz, más productivo. Cuántas veces pensamos que hacemos cosas que no han valido para nada simplemente por no ver los frutos... pero llega Jesús a la orilla y les pregunta: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" de igual manera que nos pregunta "muchachos ¿Lo habéis conseguido?"; los apóstoles humildemente responden que no, igual que nosotros, muchas veces, que no conseguimos lo que nos proponemos y aquí llega lo maravilloso de la historia, Jesús les dice «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» y los apóstoles echaron la red. Después de toda una noche pescando, echando y recogiendo vacía la red llega un hombre a lo lejos y nos dice que la echemos una vez más, aunque estés cansado, esté amaneciendo y se supone que los peces se esconden, aunque nada tenga sentido echan la red. Es lo maravilloso de la historia, cuando vencemos nuestro orgullo y sin entender nada echamos la red, cuando nos fiamos de aquellos que Dios pone en nuestro camino y echamos la red entonces es cuando la red se llena a rebosar. Podemos trabajar a destajo y Jesús nos lo pide, pero conscientes de que el fruto no viene por nuestro trabajo sino de Él, necesita que trabajemos toda la noche sin fruto, necesita que echemos la red, pero Él pone los peces cuando quiere y nos espera en la orilla para tomarlos con Él.  Maravillados por la cantidad de peces que tenían en la red reconocen a Jesús en ese hombre de la orilla, busquemos también a Jesús en todos los momentos de nuestra vida, reconozcamos su fuerza en cada pequeño detalle y dejemos la barca, el trabajo, para ir a la orilla y descansar con él.
En el día de hoy nos regala toda una noche para pescar. Estemos atentos para reconocerle en un hombre a la orilla del lago, en un compañero de trabajo o estudios, en mis padres o hijos, en cada persona que pase hoy por mi lado quizás está Jesús que nos dice "Echad la red a la derecha de la barca"

Abracémonos a María y hagamos todo con ella, que nos enseñe a reconocer a su hijo en nuestra vida.

20/4/2017, Jueves de la Octava de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3, 11-26)
En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico de Salomón, donde estaban ellos. Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente: «Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo. Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. Por la de en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a vista de todos vosotros. Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas. Moisés dijo: "El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo." Y, desde Samuel, en delante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: "En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra." Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».
Salmo responsorial (Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9)
R. Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
¡Señor, Dios nuestro, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? 
R.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies. 
R.
Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (24, 35-48)

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.  Y les dijo: - «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí» Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.  Y les dijo: - «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

20 abril 2017. Jueves de la octava de Pascua – Puntos de oración

Oración preparatoria: Señor, que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de tu divina majestad.
Composición de lugar: Os propongo la escena del evangelio de Lucas y de modo gráfico el cuadro de Caravaggio sobre la incredulidad de Tomás, que podéis ver en esta página http://culturageneral.net/pintura/cuadros/jpg/la_incredulidad_de_santo_tomas.jpg
La incredulidad y la duda de Tomás fue una actitud común entre los apóstoles ante las primeras apariciones de Jesús.
Veamos los versículos paso a paso:
Lucas 24,35: De retorno a Jerusalén, los dos discípulos que habían visto a Jesús en Emaús, encontraron a la comunidad reunida y comunicaron la experiencia que habían tenido. Ellos narran lo que aconteció por el camino y cómo reconocieron a Jesús en la fracción del pan. En muchas ocasiones otros nos cuentan su experiencia de Dios, pero nuestro corazón sigue frío y no nos dejamos afectar.
Lucas 24,36-37: En este momento, Jesús se hace presente en medio de ellos y dice: “¡Paz a vosotros!” En el evangelio de Juan ese es el saludo más frecuente de Jesús: “¡La Paz esté con vosotros!” (Jn 14,27; 16,33; 20,19.21.26). Pero los discípulos, viendo a Jesús, se llenaron de miedo. No reconocen a Jesús, se imaginan que están viendo un espíritu, un fantasma. El miedo, el temor, la tristeza… las pasiones humanas son una barrera para la fe y el amor. Por eso, en el primer instante los discípulos no ven a Jesús y no consiguen creer. El miedo no les deja acercarse a la verdad. Y precisamente porque lo sabía Jesús ha comenzado con el saludo y el deseo de la paz. Necesitamos de la paz, del sosiego, del silencio interior para rasgar el velo de las apariencias y descubrir a Jesús presente en nosotros.
Lucas 24,38-43: Jesús nos ayuda a superar las pasiones y la incredulidad. Jesús hace dos cosas para ayudar a los discípulos a superar el miedo y la incredulidad. Primero les muestra las manos y los pies, diciendo: “¡Soy yo!”, y manda palpar el cuerpo, como hizo con Tomás, diciendo: “un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.” Ahora la emoción del miedo va siendo superada por la alegría, pero por si queda algo de incredulidad Jesús insiste en una segunda prueba: come delante de ellos.
Jesús es el gran pedagogo que nos enseña cómo debemos prepararnos para llegar a la fe y al encuentro con él. No podemos saltarnos los preliminares y la preparación. Solamente después de haber pacificado el corazón y serenado las pasiones, solamente después de los preludios en nuestra oración de cada día podemos llegar al coloquio con Jesús. Ahora es el momento de acoger su mensaje de resurrección.
Lucas 24,44-48: Su mensaje es primero una clave de lectura para comprender el sentido nuevo de la Escritura. Ella había anunciado ya que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones. Jesús les mostró que esto ya estaba escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos. Jesús resucitado, vivo en medio de ellos, se vuelve la clave para abrir el sentido total de la Sagrada Escritura. “Vosotros sois testigos de esto”. En esta orden final está nuestra misión: ser testigos de la resurrección, para que quede manifiesto el amor de Dios que nos salva, nos acoge y nos perdona.

Podemos terminar la oración pidiéndole a la Virgen, rezando la oración del “Regina”, que nos ayude a descubrir, amar y seguir a Jesús resucitado.

19/4/2017, Miércoles de la Octava de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3, 1-10)
En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo: «Míranos». Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda». Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.
Salmo responsorial (Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9)
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas. 
R.
Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. 
R.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. 
R.
Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (24, 13-35)

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: - «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: - «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabe lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo: - «¿Qué?». Ellos le contestaron: - «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: - «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrará así en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él hizo simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: - «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: - «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: - «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

19 abril 2017. Miércoles de la Octava de Pascua – Puntos de oración

* Hechos 3,1-10: “Te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar”.
Sobre el Nombre de Jesús dice San Bernardo:
«El nombre de Jesús no es solamente Luz, es también manjar. ¿Acaso no te sientes confortado cuantas veces lo recuerdas? ¿Qué otro alimento como él sacia así la mente del que medita? ¿Qué otro manjar repara así los sentidos fatigados, esfuerza las virtudes, vigoriza la buenas y honestas  costumbres y fomenta las castas afecciones? Todo alimento del alma es árido si con este óleo no está sazonado; es insípido si no está condimentado con esta sal. Si escribes, no me deleitas, a no ser que lea el nombre de Jesús. Si disputas o conversas, no me place, si no oigo el nombre de Jesús. Jesús es miel en la boca, melodía en los oídos, alegría en el corazón. ¿Está triste alguno de vosotros? Venga a su corazón Jesús, y de allí salga a la boca. Y he aquí que apenas aparece el resplandor de este nombre desaparecen todas las nubes y todo queda sereno» (Sermón 15 sobre el Cantar 1.2).
* Salmo 104: Dios es siempre fiel a su Alianza y a su amor hacia nosotros. Él jamás abandonará a su Pueblo a pesar de nuestras infidelidades. ¿Habrá alguien que nos ame como Dios lo ha hecho? Su misericordia es eterna y se prolonga de generación en generación. En su amor por nosotros se hizo uno de nosotros para ofrecernos su perdón, y para hacernos partícipes de su Vida y de su Espíritu. Aun cuando muchas veces nosotros nos alejemos del Señor y traicionamos su amor, Él no se olvidará de nosotros y siempre estará dispuesto a perdonarnos, pues Él es nuestro Dios y Padre misericordioso, y no enemigo a la puerta. Mientras aún es tiempo, volvamos al Señor, dejémonos amar por Él y convirtámonos en fieles testigos suyos, proclamando sus prodigios a todos los pueblos. Que se alegren los que buscan al Señor.
* Evangelio: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?” (Lc 24,32)
Del Beato Cardenal John Henry Newman (1802-1890) presbítero, fundador de un oratorio de San Felipe Neri, teólogo PPS 6, 10
“Hermanos, reflexionemos sobre lo que significaban las apariciones de Jesús a sus discípulos después de su resurrección. Tienen tanto más importancia cuanto que nos muestran que una comunión de este género con Cristo sigue siendo posible. Este contacto con Cristo nos es posible también hoy. En el período de los cuarenta días que siguieron a la resurrección, Jesús inauguró su nueva relación con la Iglesia, su relación actual con nosotros, la forma de presencia que ha querido manifestar y asegurar.
Después de su resurrección ¿cómo se hizo Cristo presente a la Iglesia? Iba y venía libremente, nada se oponía a su venida, ni siquiera las puertas cerradas. Pero una vez presente, los discípulos no eran capaces de reconocer su presencia. Los discípulos de Emaús no tenían conciencia de su presencia hasta después, recordando la influencia que él había ejercido sobre ellos: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?”
Observemos bien en qué momento se les abrieron los ojos: en la fracción del pan. Esto es lo que le evangelio nos dice. Aunque uno reciba la gracia de darse cuenta de la presencia de Cristo, se le reconoce sólo más tarde. Es sólo por la fe que uno puede reconocer su presencia. En lugar de su presencia sensible, nos deja el memorial de su redención. Se hace presente en el sacramento.   ¿Cuándo se ha manifestado? Cuando, para decirlo de alguna manera, hace pasar a los suyos de una visión sin verdadero conocimiento a un auténtico conocimiento en lo invisible de la fe”.
Oración final

Dios todopoderoso, confírmanos en la fe de los misterios que celebramos, y, pues confesamos a tu Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen, Dios y hombre verdadero, te rogamos que por la fuerza salvadora de su resurrección merezcamos llegar a las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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