19/6/2019. Miércoles de la XI semana de Tiempo Ordinario


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9, 6-11)
Hermanos: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”. Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas. Como está escrito: «Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente». El que proporciona “semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia. Siempre seréis ricos para toda largueza, la cual, por medio de nosotros, suscitará acción de gracias a Dios.
Salmo responsorial (Sal 111, 1-2. 3-4. 9)
R. Dichoso quien teme al Señor.
Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita. 
R.
En su casa habrá riquezas y abundancia, su caridad dura por siempre.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. 
R.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6, 1-6. 16-18)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los h ombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

19 junio 2019. Miércoles de la XI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Me pongo en la presencia del Señor en este día del mes dedicado al Corazón de Jesús, también en este año. Sagrado corazón de Jesús, de ti yo si me fío.
Leo las lecturas y comprendo aquello de que hay más alegría en dar que en recibir.
Recuerdo aquel dicho que decía: “Si quieres ser feliz un instante véngate de una persona, y si quieres ser feliz siempre, perdona”
El Salmo nos dice: Dichoso quien teme al Señor. El que me ama guardará mi palabra y mi padre lo amará, y vendremos a él.
Tu padre que ve en lo escondido te lo recompensará.
La religión corre el riesgo de no tener alma, de ser pura exterioridad y apariencia. Jesús supera la religión porque quiere que establezcamos una relación personal con el Padre. Por eso nos invita a ser honestos, con nosotros mismos y con Dios, a no hacer nada para aparentar, para suscitar un comentario, porque eso es hipocresía. Se trata de amar a los demás, no de hacer ver a los demás que amamos. Es por Dios por quien lo hacemos, y es de El de quien esperamos la recompensa. Esta honestidad es esencial para que nuestra relación con Dios vaya adelante y ha de ser una guía para vivir nuestra oración como Dios lo quiere.
Yo voy a intentar en este rato de oración dando gracias a Dios por la oportunidad que me está dando de llevar la esperanza a las personas que me rodean. Hoy visitaba el hospital y me encontraba con una mujer que la habían operado de la cadera por segunda vez; se había caído y se había roto un brazo; tenía a una hermana ingresada en otra clínica distinta. Otra señora ayer perdía a su hija de 45 años. Otra madre me decía que atendió a su hijo seis años en coma; con 26 años murió. Hacía dos años que murió su marido. Otra madre anima a su hijo a que se presente a los exámenes pues no quiere seguir estudiando. Animo a mi compañero con las reclamaciones de los alumnos…
En fin, que el final de curso nos obliga a entrar en nuestro interior, a cerrar la puerta; y decir: Sagrado Corazón de Jesús, de ti yo sí me fío, frase que tanto repetía el P. Pozo, fundador de la obra de Circa en Perú. Así experimentaremos que la oración es causa de múltiples y buenos efectos en nuestra vida.
La Resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo (Papa Francisco)

18/6/2019. Martes de la XI semana de Tiempo Ordinario


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8, 1-9)
Os informamos, hermanos, de la gracia que Dios ha concedido a las Iglesias de Macedonia: en las pruebas y tribulaciones ha crecido su alegría, y su pobreza extrema se ha desbordado en tesoros de generosidad. Puesto que, según sus posibilidades, os lo aseguro, e incluso por encima de sus posibilidades, con toda espontaneidad nos pedían insistentemente la gracia de poder participar en la colecta a favor de los santos. Y, superando nuestras expectativas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor y la demás a nosotros, conforme a la voluntad de Dios. En vista de eso, le pedimos a Tito que concluyera esta obra de caridad entre vosotros, ya que había sido él quien la había comenzado. Y lo mismo que sobresalís en todo - en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado - sobresalid también en esta obra de caridad. No os lo digo como un mandato, sino que deseo comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor. Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza.
Salmo responsorial (Sal 145, 2. 5-6. 7. 8-9a)
R. Alaba, alma mía, al Señor.
Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. 
R.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él. 
R.
el Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. 
R.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 43-48)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

18 junio 2019. Martes de la XI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Las lecturas del día de hoy nos invitan a vivir desbordando amor según la caridad cristiana. Acabamos de vivir la Pascua, el paso del Señor, un tiempo para llenarnos de la gracia de modo que nuestra vida supure por los cuatro costados el amor de Dios. Y las lecturas del día de hoy nos invitan precisamente a eso, a continuar viviendo el gozo de la Pascua que es fe creciente, esperanza cierta, alegría desbordante, par imperturbable, AMOR ARDIENTE. Esa es la alegría verdadera de la Pascua y la alegría verdadera de la vida humana.
Pero ninguna fuente rezuma sin un manantial que la surta. Y nuestro manantial es la oración. Así que llegamos a este momento a sumergirnos en la vida trinitaria para que su amor esté en nosotros. Cristo hoy nos habla en el Evangelio directamente contándonos como es ese amor de Dios: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos”. Esta es la alegría del Padre, su derroche de amor. Lo mismo que Él vive fuera de sí en un canto eterno de su amor, quiere que nosotros vivamos también en esa despreocupación que llena el mundo de belleza sin medir cómo será acogida. Contemplemos esa alegría del Padre, sumerjámonos en su corazón que hoy Jesús nos abre para nosotros. Descansemos en él sabiendo que él es nuestra fortaleza, nuestra seguridad.
Y pidámosle la gracia que, como nos cuenta san Pablo, concedió a las Iglesias de Macedonia: la generosidad de los hijos de Dios, que no sólo dieron limosna, sino que con ella se dieron a sí mismos. Nuestro pobre corazón encogido muchas veces tiembla ante la perspectiva de tener que vivir así. Nos da miedo, tememos el sacrificio, la renuncia y la pobreza. Hoy el Señor nos recuerda que estamos confundidos. Que cuando la caridad cristiana se vive desde el corazón de Dios solo hay sitio en nuestras vidas para la alegría. La alegría y despreocupación de quién está en manos de Dios, de quien nada puede temer porque no tiene nada más que florecer alegremente por puramente en amor de Dios.

17/6/2019. Lunes de la XI semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (6,1-10)
Hermanos: Como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación. Nunca damos a nadie motivo de escándalo, para no poner en ridículo nuestro ministerio; antes bien, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros; en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero; con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda; a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad, desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; como afligidos pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo.
Salmo responsorial (Sal 97,1.2-3ab.3cd-4)
R. El Señor da a conocer su victoria.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. 
R.
El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. 
R.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

17 junio 2019. Lunes de la XI semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Pedimos lo primero la asistencia del Espíritu Santo. Hace poco que hemos celebrado su festividad. Le pedimos que haga nuestro corazón semejante al de su Hijo. Hoy, todos los días en la oración podemos decir con la primera lectura, es el día de la salvación. Su gracia se derrama continuamente sobre sus hijos. Él sólo nos pide que se lo pidamos, que no es otra cosa que nos sintamos sus hijos, que le tengamos como padre. Qué cosa tan sencilla podemos decir, pero a la hora de la práctica de la vivencia de la fraternidad, de las relaciones íntimas cotidianas, esta realidad se difumina de nuestra memoria. Cuánto nos cuesta perdonar. Lo posponemos, no lo queremos ni recordar. Echamos en saco roto la gracia de Dios. ¿Damos motivo de escándalo?
Este mes del corazón de Jesús tendría que darnos pie a contemplar su corazón herido por nuestros pecados, a darnos cuenta hasta donde se abaja el amor. Porque yo cuando tengo que perdonar, mi corazón es de piedra. Me doy cuenta de que su amor se desborda, no solo pone de nuevo la mejilla, da otra capa más... No. Muere en la cruz, se deja atravesar el corazón. Señor, qué lejos estoy, no podrás hacer el milagro.
Necesitamos pedir el milagro, no sólo por nosotros, sino porque el mundo necesita ver otros Cristos, necesita de testigos. A veces pienso que la mediocridad se va instalando en los cristianos y no atraemos. El cristianismo que proponemos no seduce. Quizás, ¿será este el escándalo que no podemos dar?
El Señor ha dado a conocer su victoria a todos los confines de la Tierra, ¿Y tú?

16/6/2019. Domingo de la Santísima Trinidad (Ciclo C)


Lectura del libro de los Proverbios (8, 22-31)
Esto dice la Sabiduría de Dios: «El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres».
Salmo responsorial (Sal 8, 4-5. 6-7a. 7b-9.)
R. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? 
R.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos. 
R.
Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5, 1-5)
Hermanos: Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Lectura del santo evangelio según san Juan (16, 12-15)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

16 junio 2019. Domingo de la Santísima Trinidad (Ciclo C) – Puntos de oración


Hoy es la fiesta solemne de la Santísima Trinidad.
Te propongo contemplar a Dios desde diferentes perspectivas:
Dios como Ser en relación: el Creador de la Tierra, Creador de las relaciones humanas y del hilo de mi vida, donde se tejen amistades, amores y diferentes convivencias. Hijo amado del Creador; Hijo que viene a la Tierra para que tengamos un ejemplo de vida. Espíritu Santo que nos guía y nos lleva hacia el Padre y hacia sus deseos para nosotros.
Dios como la fuente del amor: El Amor que fluye en la Santísima Trinidad es anuncio de lo que Él tiene preparado en la vida Eterna para nosotros, y camino de perfeccionamiento en nuestro amor terrestre, siguiendo los pasos que Jesús nos enseñó para amarnos como Él nos amó primero.
Dios como silencio: en el silencio están contenidas todas las palabras, el culmen de la música, los más profundos y verdaderos sentimientos, la fuente de toda comunicación. En la escucha silenciosa y calmada, fuera del ruido del tiempo que nunca cesa, podremos escuchar con nitidez la silenciosa presencia eterna de Dios.
María, ayúdanos a comprender todo esto, como Tú, con sencillez y humildad, y escuchando atentamente Su voz.

15/6/2019. Sábado de la X semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5, 14-21)
Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáremos a ser justicia de Dios en él.
Salmo responsorial (Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 11-12)
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. 
R.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. 
R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. 
R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que le temen;
como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 33-37)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus juramentos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

15 junio 2019. Sábado de la X semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Realmente, en las lecturas de la liturgia de estos días el Señor nos está tratando de una manera exigente a los que decimos ser seguidores suyos. En las del jueves pasado, por ejemplo, Jesús nos dijo: “Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Y también: “Todo el que esté peleado con su hermano será procesado”. Y pensaba yo: ¿quienes son los actuales escribas y fariseos? ¿con quién estoy yo peleado?  Se me ocurría que los escribas actuales son aquellos que nos dicen qué es lo qué se debe o no hacer, qué es lo que está de moda y qué es lo adecuado a estos tiempos. Aquellos que nos dicen que no hay que ser demasiado exagerado en la vivencia cristiana de le fe, aquellos que nos dicen que es mejor relegarla al ámbito privado, para no parecer demasiado radical. Los escribas y fariseos actuales nos hablan de lo políticamente correcto. Son, en definitiva, aquellos que nos proponen ser simplemente buena gente. Es cierto que los que viven así no hacen daño a nadie, pero el Señor nos dice que eso no es suficiente. No, no es suficiente para entrar en el reino de los cielos.
También nos dice el Señor que estar peleado (no especifica si por propia culpa o no) con un hermano es un escándalo para un cristiano y que, por tanto, merece ser procesado. No estar peleado implica algo más que no atacar a alguien, supone una actitud activa de buscar la reconciliación. Implica algo más que no contribuir a la contaminación del ambiente, supone trabajar para purificar y oxigenar ese ambiente, o esa relación.
Ayer nos decía el evangelio: Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Oír esta sentencia en estos días de inicio de verano, es todo un aldabonazo a nuestra concupiscencia. No se trata sólo de ser externamente correcto, se trata de ser íntegro y puro en lo íntimo del corazón.
Por último, en el evangelio de hoy, Jesús dirá a sus discípulos: -«Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso (…) pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra (…) A vosotros os basta decir "sí" o "no"». En un mundo en el que la palabra dada no tiene valor alguno, en el que todo testimonio es dudoso, en el que la verdad es relativa, la palabra de Dios suena completamente anacrónica.
Y es que lo que Jesús nos plantea es una nueva sociedad, frente a la realidad que nos plantea nuestro mundo y que está representado en “lo que se dijo a los antiguos”. Una sociedad basada en una actitud de caridad activa, en la que no basta con no hacer mal a nadie, sino que hay que hacer el bien. No basta con ser bueno, hay que ser santo. Nos basta con no manchar la dignidad de la persona, sea hombre o mujer, sino que hay que trabajar para elevarla a la dignidad que le corresponde. No es suficiente con no jurar. Hay que propagar la verdad bien alto. No se trata de nos destruir, se trata de construir la nueva civilización del amor impulsada por los últimos Papas. Hay que salir a las calles, nos dijo el Papa Francisco.
Este es el reto que tenemos planteado los cristianos. Que la Virgen de la Visitación nos ayude a vivir esto en completo olvido de uno mismo, venciendo la pereza y la comodidad.

14/6/2019. Viernes de la X semana de Tiempo Ordinario


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (4, 7-15)
Hermanos: Llevamos el tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.
Salmo responsorial (Sal 115, 10-11. 15-16. 17-18)
R. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.
Tenía fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro: «Los hombres son unos mentirosos». 
R.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. 
R.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 27-32)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pero yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero “gehenna”. Se dijo: "El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio" Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer - no hablo de unión ilegítima - la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio».

14 junio 2019. Viernes de la X semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Para el militante cristiano la carta de san Pablo es una preciosidad que le puede ayudar a hacer un jugoso rato de oración. Una oración que puede presentar en primer lugar los rostros y anhelos de nuestra misión. Nos presentamos ante el Señor y le decimos:
-          “Aquí estoy para recordarte que cuides de la viña que me has encomendado” (y ponemos nuestro grupo de catequesis o de Milicia, o nuestros alumnos o nuestros amigos o compañeros de clase o de trabajo o nuestra propia familia…). Será bueno decir nombres de las personas que llevo en el corazón. Y luego poner las necesidades materiales y espirituales que quiero ayudarles a conseguir.
Luego empezamos a meditar en las palabras de san Pablo. Él que era un experto evangelizador y tocado por el propio Jesucristo que se le apareció camino de Damasco, llega a decir que “llevamos este tesoro de nuestro ministerio en vasijas de barro”. ¡Somos tan frágiles! Solo es explicable soportar esta misión por la fuerza del propio Dios. “Nos aprietan por todos lados, nos acosan, nos derriban…” pero siempre acabamos de pie. Decimos:
-          Aquí estoy para darte las gracias por mantenerme en pie, por poder participar de tus tribulaciones y, de alguna forma, de tu muerte. No me importa morir contigo porque sé que he de resucitar contigo. Dame la palabra oportuna y el gesto adecuado para que sean los más posibles los que crean en ti y te reconozcan como su Salvador y Señor.
Luego nos dejamos inundar de esta sensación del soldado al final de la batalla o, salvando las distancias, del deportista al final de la competición o del trabajador al final de una dura faena… de la paz de la misión cumplida… De haber intentado mil cosas, de haber vuelto a empezar otra vez con algo nuevo, de haber llevado la vasija del tesoro de un lado para otro intentando no romperlo… y decimos:
-          Aquí estoy descansando de la dura faena, mirando al horizonte vespertino que me dice que más allá estará el descanso eterno. Tengo aquí a mi lado tu vasija, con algún que otro agujero, pero todavía con capacidad de llevar tu mensaje. Envíame donde quieras, a decir lo que quieras… Incluso aunque no sea políticamente correcto ahora, como el mensaje de tu evangelio sobre el matrimonio… Y, sin embargo, tan bonito y tan eficaz para dar satisfacción al deseo de plenitud del ser humano. Aquí estoy, envíame.

13/6/2019. Jesucristo, sumo y eterno sacerdote


Lectura del libro de Isaías (6, 1-4.8)
En el año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Junto al él estaban los serafines, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos el cuerpo, con dos volaban, y se gritaban uno a otro diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!». Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Entones escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame».
Salmo responsorial (Sal 22, 2-3. 5. 6)
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. 
R.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.  
R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (17, 1-2.9. 14-26)
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú has dado sobre toda la carne, dé la vida eterna a todos los que le ha dado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo le he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les de dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

13 junio 2019. Jesucristo, sumo y eterno sacerdote – Puntos de oración


El jueves posterior a Pentecostés, la Iglesia en España cuenta con una fiesta litúrgica muy vinculada a nuestra tradición e historia. Es la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote.  El Señor ha sido constituido sacerdote en virtud de la unción con el Espíritu Santo recibida en la Encarnación. Y así se ha convertido en mediador de la nueva Alianza, que ha sido sellada con su propia sangre: Por eso, Jesucristo es a la vez sacerdote y víctima, el que hace la ofrenda y el que es ofrecido al Padre. Como vemos, el fundamento bíblico de esta fiesta está más que justificado en el despliegue divino de nuestra salvación. Esta festividad fuero movida especialmente en España por el P. José María García Lahiguera, antiguo obispo auxiliar de Madrid, y por la Congregación de hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.
"Jesucristo en verdad es sacerdote, pero sacerdote para nosotros, no para sí, al ofrecer al Eterno Padre los deseos y sentimientos religiosos en nombre del género humano. Igualmente, Él es víctima, pero para nosotros, al ofrecerse a sí mismo en vez del hombre sujeto a la culpa. Pues bien, aquello del apóstol: tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, exige a todos los cristianos que reproduzcan en sí, en cuanto al hombre es posible, aquel sentimiento que tenía el divino Redentor cuando se ofrecía en sacrificio, es decir, que imiten su humildad y eleven a la Suma Majestad de Dios la adoración, el honor, la alabanza y la acción de gracias. Exige, además, que de alguna manera adopten la condición de víctima, abnegándose a sí mismos según los preceptos del Evangelio, entregándose voluntaria y gustosamente a la penitencia, detestando y confesando cada uno sus propios pecados (...)" (Pío XII. Mediator Dei).
Hoy es un día en el que podemos pedir más especialmente para que los sacerdotes estén siempre abiertos a todos y desprendidos de sí mismos, "pues el sacerdote no se pertenece a sí mismo, como no pertenece a sus parientes y amigos, ni siquiera a una determinada patria: la caridad universal es lo que ha de respirar. Los mismos pensamientos, voluntad, sentimientos, no son suyos, sino de Cristo, su vida" (Pío XII).
El sacerdote es instrumento de unidad. El deseo del Señor es "que todos sean uno" (Juan 17,21). Él mismo señaló que todo reino dividido contra sí será desolado y que no hay ciudad ni hogar que subsista si se pierde la unidad. Los sacerdotes deben ser solícitos en conservar la unidad (ver Efesios); y esta exhortación de San Pablo "se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del Orden sagrado para continuar la misión de Cristo"(Concilio Vaticano II).
Hoy es un día para agradecer a Jesús un don tan grande. ¡Gracias, Señor, por las llamadas al sacerdocio que cada día diriges a los hombres! Y hacemos el propósito de tratarlos con más amor, con más reverencia, viendo en ellos a Cristo que pasa, que nos trae los dones más preciados que un hombre puede desear. Nos trae la vida eterna.
Jesús es Sacerdote porque se ofreció a Sí mismo en la Cruz por la salvación del mundo. Así de grande es la Misericordia de Dios.  En el momento de la consagración escucharemos sus palabras: “Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Esta es mi Sangre que se derrama por vosotros” (Cfr. Marcos 14,22-24). Y eso lo hizo Jesús voluntariamente, con total generosidad. Nadie se lo ha pagado, porque el amor no tiene precio. Lo único que nos pide Jesús es correspondencia. Amor con amor se paga.
María fue la Madre de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote. Ella, al pie de la Cruz de Jesús, ofreció a su Hijo por la salvación del mundo. Y, además, Ella misma se ofreció, juntamente con su Hijo. La Misericordia del Hijo llenó a su Madre, y la convirtió para nosotros en Madre de Misericordia.

12/6/2019. Miércoles de la X semana de Tiempo Ordinario


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3, 4-11)
Hermanos: Esta confianza la tenemos ante Dios por Cristo; no es que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos nada como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una alianza nueva: no de la letra sino de Espíritu; pues la letra mata, mientras que el Espíritu da vida. Pues si el ministerio de la muerte, grabado en letras sobre piedra, se realizó con tanta gloria que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su cara, pese a ser un resplandor pasajero, ¡cuánto más glorioso será el ministerio del Espíritu! Pues si el ministerio de la condena era glorioso ya no o es comparado con esta gloria sobreeminente. Y si lo que era pasajero tuvo su gloria, ¡cuánto más glorioso no será lo que permanece!
Salmo responsorial (Sal 98, 5. 6. 7. 8. 9)
R. Santo eres, Señor, Dios nuestro.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: ¡Él es santo! R.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía. 
R.
Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio. R.
Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades. 
R.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo:
¡Santo es el Señor, nuestro Dios! 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 17-19)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

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