21/3/2019. Jueves de la II semana de Cuaresma

Lectura del libro de Jeremías (17, 5-10)
Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».
Salmo responsorial (Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6)
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. 
R.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. 
R.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (16, 19-31)
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

21 marzo 2019. Jueves de la II semana de Cuaresma – Puntos de oración


Hagamos silencio. Móvil en modo avión. Corazón sereno. Respira despacio, haz una pausa, que el cuerpo se relaje. Rezamos con todo nuestro ser no solo con la cabeza o el corazón. Toma conciencia de que estás ante la presencia -física o espiritual- de Dios, que te estaba esperando. Ahora ponte a la escucha.
Hoy es uno de esos días en que las lecturas son claras, rotundas, no ofrecen dudas en cuanto a su interpretación. “Maldito el que confía en el hombre”. “Bendito el que confía en el Señor”. No hay por donde escaparse de la rotundidad del Antiguo Testamento.
Jesús es más sutil pero igual de claro: el bueno se salva, el malo se condena. El que pone su confianza en sí mismo, en sus riquezas tiene una perspectiva muy oscura.
Nosotros nos declaramos cristianos, pero ¿en quién tenemos puesta nuestra confianza? ¿En nosotros mismos, en nuestras virtudes y cualidades o en el Dios que nos las ha regalado y nos sostiene con vida cada día?
Pidamos hoy que esta Cuaresma nos sirva para volver a depositar la confianza en Dios, soltar nuestras seguridades y mirar más a los demás, que son expresión de cómo Dios nos acompaña. Echemos raíces junto a ellos a la rivera de ese amor que nos nutre.
Y sigamos mirando a san José, en este mes de marzo, para que, junto María nos enseñen a desaparecer amando.

20/3/2019. Miércoles de la II semana de Cuaresma


Lectura del libro de Jeremías (18, 18-20)
Ellos dijeron: «Venga, tramemos un plan contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos». Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa! Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.
Salmo responsorial (Sal 30, 5-6. 14. 15-16)
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu tú, el Dios leal, me librarás, 
R.
Oigo el cuchicheo de la gente, y todo me da miedo;
se conjuran contra mí y traman quitarme la vida. 
R.
Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (20, 17-28)
En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará». Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» Él les dijo: - «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

20 marzo 2019. Miércoles de la II semana de Cuaresma – Puntos de oración

Espero que te ayuden estas palabras que te pongo a continuación para llevar a cabo con fruto este rato de oración. Sería bueno, si es posible, que realices tu rato de oración delante de Cristo en la Eucaristía. Si no es posible porque no cuentas con esta posibilidad, dedícale este tiempo al Señor en la soledad acompañada por Él.
Empezamos nuestra oración invocando al Espíritu Santo: “Ven Espíritu Divino e infunde en nuestros corazones el fuego de tu amor”.
La lectura del Evangelio que nos ofrece hoy la Iglesia nos habla de la entrega, de servir a los demás. La madre de “los hijos del trueno” se acerca a Jesús y le dice que siente en el Cielo a sus hijos junto a Él. Esto hace que el resto de los apóstoles, por envidia, se peleen y discutan entre ellos. Pero Jesús les indica cual es el camino: “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. Jesús nos lo dice también a nosotros. Nos dice que, si queremos tener un tesoro en el Cielo, tenemos que ser justos y entregarnos sin medida a los demás. Entrégate a los demás, sirve, y sirve hasta que te duela. Para ello tenemos que hacernos pequeños y humildes; al estilo de la Virgen María. Ella se entregó en la vida callada de Nazaret, sirviendo a la Sagrada Familia y a los demás. Hazte servidor. Pídele a Jesús que te haga como María.
La puerta de la herida abierta del Corazón de Jesús es pequeña. Sólo los pequeños, los que se empequeñecen, pueden pasar por ella. Hazte servidor, hazte esclavo y así podrás pasar a través de la puerta que lleva directamente al Corazón de Jesús y allí encontrarás descanso y felicidad.
Puedes examinar cómo están tus niveles de servicio y de abandono de ti mismo. Es Cuaresma, es tiempo de conversión, es tiempo de mirar en nuestro interior y revisar nuestra vida.
Le pedimos a la Virgen María nuestra Madre que nos enseñe a mirar nuestro corazón. Ella es maestra en ello. Ella guardaba todas las cosas en su corazón. Le pedimos también que nos enseñe a servir como ella.

19/3/2019. San José, Esposo de la Virgen María

Lectura del segundo libro de Samuel (7, 4-5a. 12-14a. 16)
En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmen ante mí; tu trono durará para siempre”».
Salmo responsorial (Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29)
R. Su linaje será perpetuo.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad». 
R.
Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades». R.
Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora».
Le mantendré eternamente mí favor, y mi alianza con él será estable. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4, 13. 16-18. 22)
Hermanos: No por ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero del mundo.  Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia». Por lo cual le fue contado como justicia.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (1, 16. 18-21. 24a)
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

19 marzo 2019. San José, Esposo de la Virgen María – Puntos de oración


La ORACIÓN es la mejor siembra de las semillas del amor, que produce cosechas de felicidad de salvación, y de gloria de Dios.
Nos ponemos en presencia del Señor y nos acercamos a San José.
Las lecturas nos llenan de esperanza y alegría.
Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza.
«José, hijo de David, no tengas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
El hombre justo es el que cumple la voluntad de Dios. El que está atento a lo que a Él le agrada para conducir sus acciones en esa dirección, porque ha hecho de Dios su forma de vivir. San José es ejemplo de hombre justo porque, habiendo tomado una resolución, dada la situación de María, cambia de criterio con docilidad porque ha entendido que el querer de Dios es otro. Que él forma parte del plan divino que conduce a la salvación de los pueblos. Es una ocasión para reconocer en qué medida entra Dios en nuestras decisiones hasta el punto de cambiar nuestra voluntad por la suya.
Se dicen pocas palabras sobre San José, pero son suficientes para reconocer su valor. Aquí el evangelio afirma que “era un hombre justo”. En la biblia esta palabra expresa mucho, porque significa que la persona vive en su vida la santidad de Dios, es fiel y agradable al Señor. Pero el ejemplo que nos muestra para reconocernos esa justicia de José es su misericordia. El que estaba comprometido con María pensaba que ella había quedado embarazada de otro hombre. Para no denunciarla y exponerla a la muerte, prefería escapar y aparecer como un padre que abandona a su familia. Con este acto de amor y compasión, José arruinaba su vida, perdía todo, se convertía en un vagabundo, solo para proteger a María. Después, toda su vida estuvo dedicada a cuidar a María y a Jesús. Es el patrón de la buena muerte porque dicen muere entre los brazos de Jesús y de María.
El Papa Francisco, tiene una gran devoción por San José y justamente afuera de la habitación 201 de la Casa Santa Marta, en uno de los dos nichos de madera oscura con un pedestal de mármol, hay una estatua del santo a cuyos pies el Papa deja papelitos con peticiones de gracias escritas por él mismo. Cuando los papelitos se vuelven demasiados, porque «el Santo Padre hace trabajar mucho a San José», la estatua se levanta un poquito...
A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad. De este glorioso santo tengo por experiencia que socorre en todas las necesidades y que quiere el Señor darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hace todo cuanto le pido… Paréceme que cada año en su día le pido alguna cosa y siempre la veo cumplida (Santa Teresa, Vida c, 6)
San José, esposo de la Virgen, custodio del Señor, llévanos a María y por María a Dios.
Le pedimos a San José que nos de fe, esperanza y caridad para vivir con Jesús el tiempo que nos queda de Cuaresma, y vivir la Semana Santa y el gozo de la Pascua.

18/3/2019. Lunes de la II semana de Cuaresma


Lectura de la profecía de Daniel (9, 4b-10)
¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que te aman y cumplen sus mandamientos! Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti. Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.
Salmo responsorial (Sal 78, 8. 9. 11 y 13)
R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. 
R.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. 
R.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso,
salva a los condenados a muerte. 
R.
Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (6, 36-38)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida que midiereis se os medirá a vosotros».

18 marzo 2019. Lunes de la II semana de Cuaresma – Puntos de oración


Un gemido y una promesa. El gemido de Israel avergonzado por sus faltas. Y la promesa del Señor de transformar el corazón de los hombres según su corazón. Eso es lo que nos presentan las lecturas del día de hoy. Eso es lo que es la Cuaresma: la súplica del pueblo de Dios y la promesa de Dios. Promesa que aguardamos y que se cumplirá en la Pascua: la muerte y Resurrección del Señor.
Israel pone hoy voz a toda la humanidad. Una cosa martiriza a Israel -a todos los hombres-: “hemos pecado”. Leamos con atención la primera lectura, dejemos que nos golpee esa angustia de Israel: “pecado Señor, conocíamos lo que te agrada, pero hemos pecado, no hay nada que nos justifique, hemos pecado…”. Ese es también nuestro gemido hoy. Hemos pecado. Somos cristianos desde hace mucho tiempo. Sabemos lo que agrada a Dios. Sabemos lo que nos ama y que solo nos pide que vivamos su voluntad y que amemos a los hermanos. Pero no hemos actuado así. “Hemos pecado”. Convirtamos la voz de Israel en nuestra voz.
Israel está desconcertado porque tenían la ley de Dios y no la han seguido. ¿Cómo invocar al Señor ahora? En la primera lectura y en el salmo notamos ese desconcierto de Israel, que es el nuestro. Y ahora, ¿qué? Pero Israel no se separa del Señor. No sabe lo que puede esperar del Señor, quizá solo mal, solo castigo. Pero no puede separarse de Él. Israel duda entre pedir el castigo, volver constantemente a su culpa, e invocar la misericordia del Señor. Israel sufre porque no entiende qué ha pasado. Lo mismo que nosotros. Somos pecadores, ¿y ahora qué? Hagamos como Israel. Quizá no seamos capaces más que recordarle al Señor nuestros pecados. Quizá no podamos más que pedirle que tenga misericordia de nosotros, aunque no la merezcamos. Quizá… Pero no nos separemos de Él. La Cuaresma es eso, esa invitación a no retirar nuestro gemido de pecadores del Señor
Y la respuesta del Señor llega: “Sed misericordiosos como vuestro Padre…”, “no juzguéis…”, “perdonad…”. Podría parecer unas palabras severas. Un recordatorio de lo que deberíamos haber hecho y no hemos hecho. Pero podemos verlo de otra manera. Podemos ver a Jesús que nos lo repite porque nos quiere dar una nueva oportunidad: “Has pecado, vuelve a empezar, no des vueltas a tu pecado”. Y podemos verlo, ante todo, como una promesa: “Te prometo que algún día esta palabra se realizará en ti. Que dejarás de verte pecador y que amarás con mi Corazón”. Esa es la promesa hacia la que avanzamos, la promesa que esperamos. La Pascua. La Pascua. La muerte y la Resurrección. Y nos preparamos dejando que nuestro corazón gima por nuestros pecados, para sentir esa necesidad de Él.

17/3/2019. Domingo II de Cuaresma (Ciclo C)


Lectura del libro del Génesis (15, 5-12. 17-18)
En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo: «Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia». Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia. Después le dijo: «Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra». Él replicó: «Señor Dios, ¿cómo sabré yo que voy a poseerla?» Respondió el Señor: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón». Él los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados. Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: «A tu descendencia le daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Éufrates».
Salmo responsorial (Sal 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14)
R. El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? 
R.
Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme.
Oigo en mí corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor. 
R.
No me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio. No me deseches. 
R.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3, 17-4, 1)
Hermanos: sed imitadores míos y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 28b-36)
En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

17 marzo 2019. Domingo II de Cuaresma (Ciclo C) – Puntos de oración


Este es mi hijo escuchadle.
La oración de hoy podría ser un escuchar a Jesús, no un escucharnos a nosotros. Pedir al Espíritu la capacidad de escucha, la gracia de desprendernos de tantas cosas que no le dejan cabida. Ahora que estamos en cuaresma, recuperar el ayuno. Un ayuno sobre todo de aquello que nos aleja del Señor, que no tiene por qué ser pecaminoso, sino que nos aleja de la posibilidad de la configuración con Él. Tenemos tantas cosas, tantas ocupaciones, que nos vendría bien seleccionarlas y atender un poco más a lo fundamental. Si mañana vamos a la oración, nos daremos cuenta al hacer silencio, que nos inquietamos rápidamente con preocupaciones, que nos vemos asediados por todas aquellas circunstancias por las que ha pasado nuestra vida, que nos llegan miles de imágenes en cuanto cerramos los ojos. Hoy mientras escribo, muchos harán huelga por el cambio climático, estarán alarmados por el deterioro medioambiental. Pues así me ocurre a mí, pero en el plano espiritual. Existe un deterioro en mi espíritu porque no lo cuido, se llena de basura, no dedico tiempo a conservarlo y se produce en él un cambio climático espiritual, de tal modo que me asfixio. 
Mi huelga que sea a la “japonesa”, dedicar más tiempo al Señor
Ahora podéis leer la lectura de filipenses 3, 17-4,1. ¿Qué nos ayuda a configurarnos con Cristo? ¿Qué me aleja?
Si queréis una vez haber meditado en la segunda lectura, os animo a establecer un diálogo con Abram. Él dudaba de Dios, pero, tras el milagro de tener un hijo con Sara, ¿cómo podría volver a dudar de Dios? Nos podemos preguntar también nosotros: ¿Cómo está nuestra fe?
Nos puede ayudar a recuperar la confianza en el Señor el meditar en la oración tantas y tantas delicadezas con las que Jesús ha colmado mi vida.  Abram creyó en que Dios le colmaría con una gran descendencia, porque su hijo estaba físicamente ante él, fruto de la acción de Dios. Es preciso hacer presente en la oración los frutos de la acción de Dios en nuestras vidas. No podemos salir de la oración sin un gran gozo, sin una gran alegría. Es más, tendríamos que ir alegres a su presencia a darle gracias.
Si alguno se ve muy inflamado, que suba al monte Tabor con el Señor y que contemple el rostro radiante del Señor, que escuche su nombre junto con el del Hijo. Nosotros también somos la alegría del Señor, sus predilectos. ¡Cómo cambiarían nuestras vidas si nos lo creyéramos!

16/3/2019. Sábado de la I semana de Cuaresma


Lectura del libro del Deuteronomio (26,16-19)
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón v con toda tu alma. Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Salmo responsorial (Sal 118, 1-2. 4-5. 7-8)
R. Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. 
R.
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos. 
R.
Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente, tú no me abandones. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 43-48)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

16 marzo 2019. Sábado de la I semana de Cuaresma – Puntos de oración

Contemplamos a Jesús en medio del mundo: tiene un mensaje que decir hoy y lo dice con gran entusiasmo.
Con esa convicción y esa sencillez debemos anunciar también nosotros el Evangelio, sobre todo a través de nuestras obras y ejemplos de vida.
Nos invita a una confianza plena en Él; ¡qué gran alegría es tenerle!
¿Quién puede prometerte más? Búscame y me encontrarás, llámame y te abriré, pídeme y te daré ¿Y por qué está gratuidad? porque te ama; como nadie puede hacerlo. 
Por último, nos insta a pensar en los demás:  ver cómo me gusta que me traten para tener una guía de cómo tratar a los demás. 
Ver con qué infinito cariño nos trata Dios para tratar nosotros así a los demás. 
Santa María, Madre de Dios: muéstranos tu confianza y sabiduría acompañando en esta Cuaresma a Jesús.

15/3/2019. Viernes de la I semana de Cuaresma

Lectura de la profecía de Ezequiel (18,21-28)
Esto dice el Señor Dios: «Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos que cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor Dios-, y no que se convierta de su conducta y que viva? Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrá en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá. Insistís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto? Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Salmo responsorial (Sal 129, 1-2. 3-4. 5-7a. 7bc-8)
R. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. 
R.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor. 
R.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. 
R.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
y el redimirá a Israel de todos sus delitos. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 20-26)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la “gehena” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

15 marzo 2019. Viernes de la I semana de Cuaresma – Puntos de oración


Para la oración de hoy, tras serenar el corazón, ponernos en presencia del Omnipotente, e invocar al Espíritu Santo, os brindo un texto del Papa Francisco para que nos ayude a meditar sobre el Evangelio de hoy.
Meditación del papa Francisco
"A los que están heridos por divisiones históricas, les resulta difícil aceptar que los exhortemos al perdón y la reconciliación, ya que interpretan que ignoramos su dolor, o que pretendemos hacerles perder la memoria y los ideales. Pero si ven el testimonio de comunidades auténticamente fraternas y reconciliadas, eso es siempre una luz que atrae. Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?
Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: “No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien”. Y también: “¡No nos cansemos de hacer el bien!”. Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: “Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella”. Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!"  (S.S. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 100-101).

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