12/12/2019. Jueves de la II semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (41,13-20)
Yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio». No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-. Tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo nuevo, aguzado, de doble filo: trillarás los montes hasta molerlos; reducirás a paja las colinas; los aventarás, y el viento se los llevará, el vendaval los dispersará. Pero tú te alegrarás en el Señor, te gloriarás en el Santo de Israel. Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la encuentran; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Haré brotar ríos en cumbres desoladas; en medio de los valles, manantiales; transformaré el desierto en marisma y el yermo en fuentes de agua. Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivares; plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y alerces, para que vean y sepan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
Salmo responsorial (Sal 144,1.9.10-11.12-13ab)
R. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. 
R.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. 
R.
Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,11-15)
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista, hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que oiga».

12 diciembre 2019. Jueves de la II semana de Adviento – Puntos de oración


Preparamos nuestra oración con los puntos del militante. A veces nuestra oración va fenomenal y casi no necesitamos de ellos, pero otras como nos dice la primera lectura, nuestra vida necesita del Señor urgentemente, necesitamos de Él como la tierra reseca del agua. 
La oración, como ahora el tiempo del adviento tiene que ser el momento de la escucha. De ahí que intentemos estar muy atentos. El Señor está ahí presente y te dice con la primera lectura: YO, el Señor, tu Dios, te tomo por la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio». No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu libertador es el Santo de Israel.
Con palabras cariñosas, con piropos se acerca a nosotros para que no desconfiemos. Él es nuestro auxilio continuo.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la encuentran; su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas, en medio de los valles, manantiales; transformaré el desierto en marisma y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos, y olivares; plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y alerces, para que vean y sepan, reflexionen y aprendan de una vez,
que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
Que más nos puede decir el Señor.
Nos queda responder, no quedarnos adormecidos. La vida del cristiano, llamado a vivir el Reino aquí y ahora, no es compatible con el aburguesamiento, la comodidad y la tibieza. Por eso nos dice Jesús en el evangelio que los esforzados, los que se hacen violencia, lo conquistan.
Nuestra lucha se concretará muchas veces en las cosas de cada día, en lo pequeño, que no por ello carente de valor: en el combate contra las pasiones, debilidades y pecados; en el modo de vivir la caridad con nuestro prójimo, corrigiendo las formas destempladas del carácter y mostrándonos cordiales, sonriendo al que lo necesita …
La figura de Juan el Bautista, clásica del Adviento, nos recuerda a la vez la Antigua y la Nueva Alianza. En él se cierra el Antiguo Testamento y se abre el Nuevo, se inaugura la era mesiánica, la nueva economía de la salvación: el Reino de los Cielos, que estaba cerca, ya está aquí. De ahí la premura a evangelizar, a transformar el mundo, a llevar el Reino.
Mira, te convierto en trillo nuevo,
aguzado, de doble filo:
trillarás los montes hasta molerlos;
reducirás a paja las colinas;
los aventarás y el viento se los llevará,
el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel

11/12/2019. Miércoles de la II semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (40,25-31)
«¿Con quién podréis compararme, quien es semejante a mí?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿quién creó todo esto? Es él, que despliega su ejército al completo y a cada uno convoca por su nombre. Ante su grandioso poder, y su robusta fuerza, ninguno falta a su llamada. ¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel: «Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto. Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.
Salmo responsorial (Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10)
R. Bendice, alma mía, al Señor.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. 
R.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. 
R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,28-30)
En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

11 diciembre 2019. Miércoles de la II semana de Adviento – Puntos de oración


A estas alturas del año, a estas alturas del curso, a estas alturas del Adviento… puede que estés ya, cansado y agobiado. Y, cómo no, nuestro Buen Padre, viene al rescate.
¡¡Ven a mí!! Ven si estás cansado, ven si estás agobiado, que estoy deseando librarte de esa carga que te impones, de todo aquello que crees tener que hacer con tus propias fuerzas y sin ayuda.
¡Ven! Te estoy esperando con los brazos abiertos. ¡Ven! Te estoy esperando para acompañarte. ¡Ven! Tu carga es mi carga, y la mía, la que debes llevar, la llevo contigo, por eso es ligera.
Yo sólo quiero que estés pendiente de los míos. Y cansado y agobiado no podrás hacerlo. Quiero tu sonrisa para los demás, tu alegría para el que te encuentres, tu atención para el que lo necesita.
Yo llevo tu carga. Aligera tú la mía aliviando a tus hermanos. Sé amable con todos. Cada uno está librando su propia batalla. Y recuerda que yo estoy en tu bando y cargo con lo que te pesa.

10/12/2019. Martes de la II semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (40, 1 -11)
«Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados». Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos - ha hablado la boca del Señor -.» Dice una voz: «Grita». Respondo: «¿Qué debo gritar?». «Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre». Súbete a un monte elevado, heraldo de Sion; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».
Salmo responsorial (Sal 95, 1-2. 3 y l0ac. 11-12. 13-14)
R. Aquí está nuestro Dios, que llega con fuerza.
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria. 
R.
Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente». 
R.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque, 
R.
delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18, 12-14)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

10 diciembre 2019. Martes de la II semana de Adviento – Puntos de oración


Para la oración de hoy, tras serenar el corazón, ponernos en presencia del Omnipotente, e invocar al Espíritu Santo, os brindo un texto del Papa Francisco para que nos ayude a meditar sobre el Evangelio de hoy.
Meditación del Papa Francisco:
Sobre el Evangelio de hoy - Es precisamente éste el mensaje más profundo: la alegría de Dios. Un Dios a quien no le gusta perder. Y por ello, para no perder, sale de sí y va, busca. Es un Dios que busca a todos aquellos que están lejos de Él.
Precisamente como el pastor [...] que va a buscar a la oveja perdida y, aunque esté oscuro, deja a las demás ovejas en un lugar seguro y va a buscar la que falta, va a buscarla.
Nuestro Dios, por lo tanto, es un Dios que busca. Su trabajo es buscar: ir a buscar para volver a invitar.
En esencia, Dios no tolera perder a uno de los suyos. Esta será también la oración de Jesús el Jueves santo:
"Padre, que no se pierda ninguno de los que me has dado".
Es, por tanto, un Dios que camina para buscarte y tiene una cierta debilidad de amor hacia aquellos que se han alejado más, que se han perdido. Va y les busca. Y, ¿cómo busca? Busca hasta el final. Como este pastor que va por la oscuridad buscando hasta que encuentra a la oveja perdida...
Dios busca porque piensa: "A este hijo no lo pierdo, ¡es mío! ¡No quiero perderlo!". Él es nuestro Padre. Nos busca siempre.
Pero el trabajo de Dios no es sólo buscar y encontrar. Porque cuando nos encuentra, cuando encuentra a la oveja, no la deja a un lado ni pregunta: “¿Por qué te has perdido? ¿Por qué te has caído?” Más bien la vuelve a llevar al sitio justo.
Podemos decir forzando la palabra que Dios reacomoda: acomoda otra vez a la persona que ha buscado y encontrado; de forma que, cuando el pastor la vuelve a llevar en medio de las demás, la oveja perdida no tenga que escuchar tú estás perdida, sino: tú eres una de nosotras... 
Homilía en Santa Marta, 7 de noviembre de 2013.

9/12/2019. Lunes de la II semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (35, 1-10)
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará». Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque han brotado aguas en el desierto, y corrientes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque, el suelo sediento en manantial. En el lugar donde se echan los chacales habrá hierbas, cañas y juncos. Habrá un camino recto. Lo llamarán «Vía Sacra». Los impuros no pasarán por él. Él mismo abre el camino para que no se extravíen los inexpertos. No hay por allí leones, ni se acercan las bestias feroces. Los liberados caminan por ella y por ella retornan los rescatados del Señor. Llegarán a Sion con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción.
Salmo responsorial (Sal 84, 9ab-10. 11-12.13-14)
R. He aquí nuestro Dios: viene en persona y nos salvará.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen, y la gloria habitará en nuestra tierra. 
R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.  
R.
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él, y sus pasos señalarán el camino.  
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (5, 17-26)
Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones. En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados». Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir “Tus pecados te son perdonados”, o decir “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados -dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”». Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, punto, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».

9 diciembre 2019. Lunes de la II semana de Adviento – Puntos de oración


Ayer, día de la Inmaculada, nos dejó muchas impresiones y meditaciones por hacer. Nos hemos comprometido con la Virgen María para ser de su Movimiento, para ser testimonio de su amor al mundo. Aquí tenemos un buen filón para nuestra oración de hoy: “ser ejemplares en el cumplimiento alegre del deber”, imitando a María, como “caballeros” o “damas” de la Señora.
Metidos, además, en este ambiente de adviento tenemos unas lecturas hoy muy bonitas. Podemos hacer, en un segundo momento de oración, una lectura lenta del texto de Isaías que es una preciosidad poética, sobre todo por su contenido. Es una profecía de salvación, y está dicha muy bellamente. Por eso, una buena forma de oración hoy sería irla repitiendo muy despacio, verso a verso, y dejarse inundar por la alegría de esa redención que llega a cada uno de nosotros. Y, por ejemplo, la última estrofa, aprenderla de memoria y estar todo el día con ella, disfrutando y viviendo de su contenido:
Llegarán a Sión con cantos de júbilo:
alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría.
Quedan atrás la pena y la aflicción.
En la misma línea va el salmo, que es otro canto a la alegría y al agradecimiento por el tiempo de redención que se avecina. ¿Qué me decís de la primera estrofa?
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.
Y, todavía, como tercer momento de la oración o como tercera forma a elegir de orar, está la contemplación del texto del evangelio, tan gracioso como inspirado. Desde luego el vídeo de lo que pasó aquel día es para hacerse viral. Una casa (sinagoga) llena de gente, pero llena, llena. Unos hombres que intentan acercar a un paralítico en camilla, pero no pueden. Una idea luminosa de alguno de ellos: “por el tejado”. Y como la película Misión Imposible, descuelgan al paralítico a ponerlo delante de Jesús. ¿Os imagináis la cara de los que allí estaban apretujados viendo bajar la camilla y el paralítico? ¿Se caerá? ¿Caerá encima de Jesús o de los fariseos?... Y luego el buen humor de Jesús: - Te perdono tus pecados. - Hombre, Jesús, ya que estás ¿no podrías hacer algo más con mi parálisis? - Sí, claro, también te la curo.
Es que cuando uno se siente perdonado de sus pecados corre como un gamo por los montes del Señor. Es la enseñanza. A rezarlo.

8/12/2019, La Inmaculada Concepción de la Virgen María


Lectura del libro del Génesis (3, 9-15. 20)
Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo: «¿Dónde estás?». Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí». El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?». La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí». El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; ella te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón». Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
Salmo responsorial (Sal 97, 1. 2-3ab. 3c-4)
R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. 
R.
El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. 
R.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1, 3-6. 11-12)
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado. En él hemos heredado también, los que ya estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en Mesías.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38)
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

8 diciembre 2019. La Inmaculada Concepción de la Virgen María – Puntos de oración


Ha llegado el gran día de celebrar con la Madre “que el poderoso ha hecho obras grandes por ella” (Lc 1,49). La primera de todas, aquella con que se abre el ciclo de la Salvación que nos trae Jesucristo su Hijo: preservarla de todo pecado. En este año en que el Papa ha elegido esta festividad para comenzar el Jubileo de la Misericordia, descubrimos XXX signos de la misericordia de Dios en este hecho portentoso.
El primero, la misericordia hacia la que había de ser la Madre de su Hijo. Dios se apiada de la corrupción en que había caído el género humano tras el pecado de Adán y fija su mirada en una mujer entre tantas para concederle la gracia de librarse de tan pesada herencia. Hoy es un día para meditar en esa mirada del Padre que es capaz de detenerse en uno solo de sus hijos, aunque sea el más pequeño, y concederle las misericordias que no merece y con las que ni siquiera ha sido capaz de soñar. Alegrémonos con la María por este fabuloso regalo del Señor. Contemplemos esa mirada del Padre desde la eternidad que atraviesa el tiempo y se fija en su “humilde sierva”. Cantemos con ella el Magnificat, “proclamando la grandeza del Señor” y entonemos el salmo: “Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas”.
De este modo, prepara a la Madre de su Hijo antes de que Ella pueda decirle: “Sí”. Sin ni siquiera la seguridad de obtener respuesta afirmativa. Dios se arriesga y tiene misericordia de su Hijo-Hombre para concederle la mejor Madre que haya podido haber. Podemos saborear esta misericordia del Padre hacia Jesús en las palabras del ángel a María: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”, la delicadeza con la que ha preparado y pensado todos los detalles, “le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y a la pregunta de María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Nada dejado al azar. Todo querido con el corazón y la afectividad de un Dios Amor que ni siquiera con su Hijo quiere dejarse ganar en generosidad.
Una tercera misericordia, con todos nosotros. Que en María podemos ver que la santidad es posible. Pero no solo una santidad como la de la tierra en la que nunca conseguimos librarnos del todo de la sombra del pecado. Una santidad como Dios la había soñado al principio de los tiempos. Es el momento de entonar el himno de la carta de San Pablo a los Efesios: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo… que nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante Él por el amor”. La derrota del pecado es posible porque está en nuestra mano aquello que está en manos de nuestros amigos. Y Dios ha tenido la misericordia de declararse amigo nuestro. La santidad que soñamos, la de ser enteramente Suyos es posible porque Él quiere realizarla en nosotros. Y para que tengamos fe, se ha adelantado a nuestros sueños y la ha realizado en María.
Y esa misericordia del Padre para con nosotros a través de nuestra Madre, se vierte en una cuarta misericordia. La misericordia de María hacia Isabel, que se anuncia en la intervención del ángel: “Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya está de seis meses la que llamaban estéril”. Y María se lanza a auxiliar al prójimo necesitado de misericordia cumpliendo más plenamente el designio de Amor de Dios que se le acaba de revelar, pero que ya se estaba cumpliendo en Ella desde su concepción. El ángel también nos anima a nosotros a vivir la misericordia para aún más presente la misericordia de Dios sobre nosotros. La santidad que misericordiosamente Dios va a realizar en nosotros es que seamos misericordia. Como creemos en su Palabra, vivimos su misericordia confiando en que Él nos da la gracia para cumplirla ya en esta vida.

7/12/2019, Sábado de la I semana de Adviento – San Ambrosio


Lectura del libro de Isaías (30, 19-21. 23-26)
Esto dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sion, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te diera el pan de la angustia y el agua de la opresión, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a tus espaldas que te dice: “Este es el camino, camina por él”. Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha en el campo será abundante y suculento; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con pala y con rastrillo. En toda alta montaña en toda colina elevada habrá canales y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure las llagas de sus golpes».
Salmo responsorial (Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6)
R. Dichosos los que esperan en el Señor.
Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel. 
R.
Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. 
R.
Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 35-10, 1. 6-8)
En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

7 diciembre 2019. Sábado de la I semana de Adviento – San Ambrosio – Puntos de oración


“Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos”
 Hoy es uno de los sábados más marianos del año 2019 y último día de la Campaña de la Inmaculada. Si hacemos la oración del día nada más comenzarlo nos ayudará a mantener mejor la memoria y el corazón en el espíritu del adviento, tiempo de gozosa esperanza del que está por nacer. Y si al final del día, participamos activamente en una de las muchas Vigilias de la Inmaculada nos uniremos a toda la toda la Iglesia que en vigilante oración se prepara para vivir la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la madre del Señor.
Al comenzar la oración nos podemos encomendar a San José, porque “quien no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino” (Santa Teresa) y al santo del día, hoy San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia al que llama el P. Morales en su semblanza “campeón de la fe”.
La meditación de las lecturas del día puede ser enhebrada por la virtud de la esperanza. El adviento nos invita a la esperanza de una manera especial, aunque como diría el P. Morales, todos los días son adviento porque cada día viene el Señor a nosotros. En la primera lectura, el profeta Isaías habla al pueblo con palabras de consuelo: “Pueblo que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, (el Señor) se apiadará de ti al oír tu gemido. Aunque el Señor te diera el pan de la angustia y el agua de la opresión ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro”. La oración será siempre consoladora, pues junto al Maestro, escuchando su voz y dejándose guiar por su palabra terapéutica, no cabe la desesperanza; y si hay lágrimas y gemidos serán de consuelo y serena alegría.
San Mateo, nos hace un resumen de la vida pública de Jesús para ayudarnos a fijar la memoria en el quehacer de un día de misión de Jesús: recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Jesús se compadece de cada uno de nosotros, de una manera especial durante la oración, conoce mejor que nadie nuestras fatigas, dificultades, nuestros límites y pecados. Y no solo nos escucha y nos comprende, que ya es bastante, sino que nos cura de todo ello; es el mejor médico y terapeuta al que podemos acudir.
Al terminar la oración podemos tener un coloquio con la Virgen. Nadie como Ella nos puede ayudar mejor a permanecer junto a Jesús y a escucharle. Ella es, la Inmaculada Concepción, motivo y modelo de esperanza. Ella es evangelio para toda criatura, prueba del amor de Dios al hombre y ejemplo del amor del hombre a Dios. Ella nos estimula mejor que nadie a aspirar con todas nuestras fuerzas a la santidad. Confía en Ella: la Inmaculada nunca falla. (P. Morales).

06/12/2019, Viernes de la I semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (29, 17-24)
Esto dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque. Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor, y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel; porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico; y serán aniquilados los que traman para hacer el mal, los que condenan a un hombre con su palabra, ponen trampas al juez en el tribunal y por una nadería violan el derecho del inocente». Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán, dice a la casa de Jacob: “Ya no se avergonzará Jacob, ya no palidecerá su rostro, pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos, santificarán mi nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel”.
Salmo responsorial (Sal 26, 1. 4. 13-14)
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? 
R.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. 
R.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31)
En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David». Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?» Contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.» Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!» Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

6 diciembre 2019. Viernes de la I semana de Adviento – Puntos de oración


Tan cerca de la Solemnidad de la Inmaculada, nuestra oración hoy ha de ser una preparación interior para ese día tan nuestro. La Campaña de la Inmaculada va llegando a su meta y nuestra oración quiere ser intercesión, ofrecimiento y alabanza.
Intercesión: “¡Oh, María, sin pecado concebida: ruega por nosotros que recurrimos a ti!” Que hoy viva en oración continua, pidiendo a la Virgen con ilusión que alcance de su Hijo gracias de conversión en las Vigilias de la Inmaculada. Intensificar la campaña interior recordando el misterio de la comunión de los santos que nos envuelve: "Tremendo misterio este que, de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvación de muchos" (Pio XII). Pidamos aumento de fe confiando en que la misericordia de Dios puede hacer grandes maravillas en los corazones. Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: «¿Creéis que puedo hacerlo?... Que os suceda conforme a vuestra fe».
Junto a la intercesión, el ofrecimiento. Al escuchar el “Hágase en mí según tu Palabra” de la llena de gracia, sus hijos queremos imitarla y disponernos a acoger el plan de Dios sobre nosotros: que seamos santos en su presencia por el amor (cf. Ef 1,4). Nuestro querido Abelardo, con quien ya podemos hablar sin barreras de espacio y de tiempo, nos muestra la senda: “Quien clave los ojos en María, encontrará en Ella el modelo a imitar. Ella nos precede en la marcha peregrina hacia la Patria. Sigámosla y entretejamos nuestra santidad entre el ‘estar’ y el ‘hágase’ … Dejemos que su voluntad ‘se haga’ en nosotros sabiendo ‘estar’ anclados en el ahora del momento presente” (Abelardo de Armas, ¡Mirad a María!, 13-14). Me pregunto, hablando con la Virgen: ¿qué ofrecimiento te puedo hacer este año para no cansarme nunca de estar empezando siempre?
Alabanza: “Cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos, santificarán mi nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel” (Is 29,24). Sí, viendo las acciones de Dios por medio de María en nuestras vidas, no podemos menos que alabar a Dios por su Madre Inmaculada: Por la entrega y el camino de santidad del Venerable P. Morales; por la vida y la muerte de Abelardo, apóstol de los jóvenes y de la Inmaculada; por la vida consagrada de los cruzados en medio de un mundo sin fe; por los militantes, familias y miembros del movimiento que tratan cada día de ser evangelizadores de sus ambientes… ¡Gracias, Señor; proclama mi alma tu grandeza! Te alabo por haberos dado a María como Madre que nos sostiene en la esperanza. Santa Isabel de la Trinidad nos ayuda en nuestra alabanza: “Seamos en el cielo de nuestra alma Alabanzas de gloria de la Santísima Trinidad; alabanzas de amor de nuestra Madre Inmaculada. Llegará un día en que el velo se descorra y seamos introducidos en los atrios eternos. Allí cantaremos en el seno del amor infinito y Dios nos dará en nombre nuevo prometido al vencedor (Ap 2, 17)”.
Que el Señor derrame sus misericordias sobre todos nosotros por medio de María Inmaculada.

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