31/3/2020. Martes de la V semana de Cuaresma


Lectura del libro de los Números (21, 4-9)
En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin sustancia». El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
Salmo responsorial (Sal 101,2-3. 16-18. 19-21)
R. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti.
Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame en seguida. R.
Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sion y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones. R.
Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (8, 21-30)
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros». Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?». Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados». Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él». Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

31 marzo 2020. Martes de la V semana de Cuaresma – Puntos de oración


En medio de esta terrible pandemia que nos azota, nos encontramos más unidos al Señor, estamos mejor preparados para vivir en sintonía con Él estos días previos a la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Los textos de la liturgia se van haciendo más y más dramáticos… y ahora, mejor tal vez que años pasados, los podemos entender porque la crisis y sus zarpazos de muerte nos van tocando de cerca y casi como rodeando. De algún modo participamos de la experiencia de Cristo que está asediado por los fariseos y escribas y, más allá de lo visible, por la fuerza invisible y demoníaca del pecado y la muerte.
Tiene sentido que, haciendo causa común con el Señor, gritemos con la oración del salmo 101, que hoy propone la liturgia: “Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti… cuando te invoco, escúchame enseguida”.
Si Dios nos concede consolación y certidumbre de su presencia providente en las actuales circunstancias, hacemos nuestra la atmósfera del salmo 22, que hemos rezado el lunes: “El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas, me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. A nuestros difuntos queridos, cercanos y lejanos, les encomendamos, en tiempo de consolación, con las palabras de este salmo, que evocan la acogida del Padre misericordioso al hijo que llega de lejos: “Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa”.
Si nos cerca la tentación del miedo y la desconfianza, y nos vamos a precipitar en la desolación, agarrémonos a la visión de Cristo crucificado, pongámonos a los pies del crucificado, y mirémosle como el mordido por la serpiente, que al mirar al estandarte de bronce “salvaba la vida”. Si con fe reconocemos en el Hijo del hombre levantado “en alto” al “Yo soy” divino, entonces hacemos lo que agrada al Padre y somos salvados del miedo y del pecado.
Con la Virgen María, “triste y llorosa” en estos días de pasión, esperamos confiados y esperanzados el mañana de la resurrección y la Vida en plenitud. Rezamos unos por otros.

30/3/2020. Lunes de la V semana de Cuaresma


Lectura de la profecía de Daniel (13, 41c-62)
En aquellos días, la asamblea condenó a Susana a muerte. Susana dijo gritando: «Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí». Y el Señor escuchó su voz. Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; este dio una gran voz: «Yo soy inocente de la sangre de esta» Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: «¿Qué es lo que estás diciendo?». Él, plantado en medio de ellos, les contestó: «Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella». La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: «Ven, siéntate con nosotros y explícate, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad». Daniel les dijo: «Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar yo». Cundo estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Envejecido en años y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: "No matarás al inocente ni al justo". Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados». Él respondió: «Debajo de una acacia» Respondió Daniel: «Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio». Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: «¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?». Él contestó: «Debajo de una encina». Replicó Daniel: «Tu calumnia también se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros». Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.
Salmo responsorial (Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6)
R. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
 R.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. 
R.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mí copa rebosa. 
R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (8, 1 -11)
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

30 marzo 2020. Lunes de la V semana de Cuaresma – Puntos de oración


San Juan en el evangelio de hoy nos presenta dos actitudes contrapuestas: una la de los letrados y fariseos, que se convierten en jueces condenadores de la adúltera y la otra es la actitud de Cristo que no condena, sino todo lo contrario, que perdona y salva. Muchas veces nuestra actitud es la de los fariseos, con gran facilidad nos convertimos en jueces de los demás, tenemos una habilidad impresionante para torcer las cosas y creernos justos, cuando en realidad no lo somos.
Cristo hoy nos llama a atrevernos a sumergirnos en lo más profundo de nuestro corazón y darnos cuenta de que no estamos exentos de pecado, de que no somos mejores que el que tenemos al lado, que veamos que nuestro corazón también está enfermo y necesita ser curado. Más de una vez hemos juzgado sin misericordia y más de una vez nuestros juicios han sido erróneos.
‘Yo tampoco te condeno’ Ojalá que estas palabras queden grabadas en nuestro corazón para que así experimentemos e imitemos la gran misericordia de Dios. Qué éste sea hoy nuestro propósito para con los demás.
Señor, que esta Cuaresma, que está por terminar, no sea una más en nuestra vida, concédenos la gracia de que sea definitiva en nuestro proceso de conversión y entrega a Ti.

29/3/2020. Domingo V de Cuaresma (Ciclo A)


Lectura de la profecía de Ezequiel (37, 12-14)
Esto dice el Señor: -«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor. Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago –oráculo del Señor–».
Salmo responsorial (Sal 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8)
R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor. R.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8, 8-11)
Hermanos: Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Lectura del santo evangelio según san Juan (11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45)
En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días en donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Si, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?» Le contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?» Jesús, conmovido de nuevo, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

29 marzo 2020. Domingo V de Cuaresma (Ciclo A) – Puntos de oración


Empezamos la oración ofreciendo al Señor nuestras intenciones, acciones y operaciones para que sean puramente ordenadas al servicio y alabanza de Su divina majestad.
Este domingo V de Cuaresma la liturgia es especialmente riquísima en su mensaje. Ya desde la primera lectura donde el profeta nos dice: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel” y luego “Os infundiré mi espíritu, y viviréis” tenemos materia de meditación y son palabras que nos anticipan de algún modo al Evangelio. Entre todas las posibilidades que hay para meditar el texto de San Juan, a mí por lo menos me ayuda mucho meterme en la escena como si presente me hallase y ponerme en el lugar Lázaro, a quien Jesús hizo salir del sepulcro infundiéndole vida. Fuera de los apóstoles, no se ve en los Evangelios que Jesús haya mantenido una relación de amistad tan estrecha como con Lázaro. Jesús lloró por la muerte de su amigo, aun sabiendo que lo iba a resucitar, se conmovió por el dolor de sus hermanas y por sus amigos más cercanos. Jesús lloraría así por ti, por mí? Que no lo dudemos. Sintámonos amigos de Jesús, pues lo somos, y él sabe de nuestra condición“Señor, el que amas está enfermo”. Al igual que Lázaro también hemos muerto por el pecado y nos encontramos en las tinieblas del sepulcro. Incluso podría usar la imaginación y los sentidos para hacerme una idea de cómo sería aquel lugar. De repente Jesús irrumpe en mi existencia, retira la piedra que me mantenía encerrado en mí mismo y me infunde su Espíritu de vida: “Lázaro, sal fuera”. Recordemos ese momento de conversión en nuestra vida y renovemos nuestro amor y fidelidad al Maestro.
Para Abelardo ese momento de conversión se produce al escuchar las palabras que Jesús dice a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”Que vivamos esta última semana de Cuaresma, con redoblado deseo de entrega a Dios manifestado en pequeños actos de caridad para con el prójimo, ahora que estamos en cuarentena es momento propicio para hacerlo, la convivencia se hace más estrecha y debemos de generar con mayor empeño espacios de paz y de concordia entre los que formamos una familia. Mirémosla a Ella, que aprendamos de la Virgen a saber esperar.

28/3/2020. Sábado de la IV semana de Cuaresma


Lectura del libro de Jeremías (11, 18-20)
El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas. Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre». Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo no pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.
Salmo responsorial (Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12)
R. Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio. R.
Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. R.
Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día. R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (7, 40-53)
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Éste es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?». Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos». Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas». Y se volvieron cada uno a su casa.

28 marzo 2020. Sábado de la IV semana de Cuaresma – Puntos de oración


Jesús, el más delicado, discreto y respetuoso varón que haya pisado esta tierra, entra en una etapa decisiva para su vida. No sólo va conociendo y sintiendo, sino comprobando las intrigas y deseos homicidas de aquellos que no le aceptan. Estas actitudes de su entorno, “para echarse a temblar”, contrastan con su actitud humilde; “yo, como manso cordero”. Esto es lo que anticipa Jeremías unos 600 años antes de ocurrirle a Jesús.
Asumir ser despreciado, perseguido, echado a un lado y ser el blanco de toda maldad, es algo que nos sobrecoge del Señor Jesús. Sin embargo, ¿Qué diálogo vivía él con su Padre sobre el desarrollo de esos acontecimientos? ¿Qué motivaciones profundas le empujaban a “dejar hacer” a las circunstancias? Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón, nos recuerda el salmo 7. En esa comunión profunda con la voluntad del Padre, a impulsos del Espíritu y un infinito amor, a ti y a mí, encontramos la motivación y determinación a entregarse que vamos observando en Jesús.
Sus coetáneos comentan que su comportamiento era de profeta, pues jamás ha hablado nadie como este hombre e incluso que es el Mesías. Con todo y ello, surgió entre la gente una discordia por su causa…y algunos querían prenderlo. Nicodemo, intentará, en vano, salir al paso y defender a Jesús diciendo: «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
Pidamos a nuestra Madre que, si se nos rechaza a causa de nuestra fe y sus implicaciones, que Dios nos dé la actitud interior y la fortaleza para no tener miedo, sino más bien para ser testigos del Señor y para obrar siempre lo que es justo y bueno.

27/3/2020. Viernes de la IV semana de Cuaresma


Lectura del libro de la Sabiduría (2, 1a. 12-22)
Se decían los impíos, razonando equivocadamente: «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios. Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de todos los demás y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros. Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues según dice, Dios lo salvará». Así discurren, pero se equivocan, pues los ciega su maldad. Desconocen los misterios de Dios, no esperan el premio de la santidad, ni creen en la recompensa de una vida intachable.
Salmo responsorial (Sal 33, 17-18. 19-20, 21 y 23)
R. El Señor está cerca de los atribulados.
El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. 
R.
El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo librará el Señor. 
R.
Él cuida de todos sus huesos, ni uno solo se quebrará.
El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (7, 1-2. 10. 25-30)
En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

27 marzo 2020. Viernes de la IV semana de Cuaresma – Puntos de oración


Puestos en la presencia de Dios, poniendo de nuevo toda la vida en sus manos, nos disponemos a dedicarle un rato especialmente a él, desligándonos de tantos reclamos que tenemos.
Porque el Señor nos está esperando para hablarnos al corazón. Como en toda la cuaresma, las lecturas de hoy llegan muy dentro y son de nuevo una llamada fuerte de Jesús a seguirle de cerca.
Como música de fondo podemos tener el estribillo del salmo, salmo 33:
El Señor está cerca de los atribulados
Hoy que vemos a tanta gente atribulada, hoy leyendo las noticias vemos cúmulos de soledad, enfermedad y muerte, hoy también hemos de repetir, desde el fondo del corazón:
El Señor está cerca de los atribulados
Mirando a nuestro alrededor con ojos profundos también lo vemos. El Señor está cerca de los atribulados a través de ese médico o enfermera que se multiplican para atender a sus pacientes, a través de los que siguen atendiendo al pie del cañón a los ciudadanos en tiendas, oficinas y calles, a través de tantos policías militares que, con horarios saturados, no dejan de velar por los ciudadanos. Y, sobre todo, a través de esos sagrarios desde donde Jesús mira, consuela, atiende desde la distancia los ruegos de tantas personas. Sí,
El Señor está cerca de los atribulados
Profundizando un poco más en las lecturas de hoy, el libro de la Sabiduría nos puede ayudar a hacer examen de conciencia en estos días de “encierro”, conviviendo de cerca con nuestras familias. Convivencia intensa, muchas horas. La sensibilidad se exacerba y podemos caer en lo que critica el texto sagrado. Muchas veces nos ponemos en el papel del justo que es tratado injustamente, pero ¿no seremos nosotros para nuestros “hermanos”, de alguna manera, como esos que acechaban al justo, porque les resultaba fastidios?
Revisemos si no nos pasa que a veces consideramos que el otro puede ser un reproche contra nuestros criterios, y su presencia nos resulta, si no insoportable, al menos incómoda.
Si eso sentimos a veces, examinémonos, veamos si es verdad lo que pensamos, o nos estamos dejando llevar por el maligno, por nuestra comodidad, por nuestras pasiones.
Que buceemos este día en Dios, que le pidamos a María conocer sus misterios, que no perdamos la esperanza en que es posible el premio de la santidad, de una vida según su voluntad.
Pidamos a Jesús, como Felipe, que nos muestre al Padre, que le conozcamos como él le conoce, que le sintamos, una vez más, como padre amoroso, porque,
El Señor está cerca de los atribulados.

26/3/2020. Jueves de la IV semana de Cuaresma


Lectura del libro del Éxodo (32, 7-14)
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: «Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto». Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo». Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”». Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
Salmo responsorial (Sal 105, 19-20. 21-22. 23)
R. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba. 
R.
Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo. 
R.
Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (5, 31-47)
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»

26 marzo 2020. Jueves de la IV semana de Cuaresma – Puntos de oración

Purifico mi oración antes de comenzar, le pido a Dios que haga Él lo que deseo pero soy incapaz de conseguir por mí mismo: “Señor, que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de vuestra divina majestad”.
Una confesión inicial: a veces me resulta difícil acercarme estos días a la oración. Cuando se hace en teoría o por rutina, desde la distancia, es fácil rezar a Dios por las personas que están sufriendo. Pero cuando comienzas a tener familiares, amigos, conocidos que fallecen, enferman, se tiran más de 24h. esperando en la sala de urgencias de un hospital, se comienza a ver que hay selección de pacientes a tratar ante la falta de recursos, sanitarios amigos que enferman por falta de protección… ¡Es tan fácil pedirle cuentas a Dios! ¡Es tan humano! (leer atentamente el grito de Israel en la primera lectura, seguramente retrata el estado de muchos de nuestros corazones en estos días…).      
Por eso, la invitación para la oración de hoy consiste en tener un diálogo sincero y humilde, a corazón abierto, con Dios. Sin caer en echarle en cara nada, pero tratando de ver cómo Él está presente en todas esas situaciones que nos van llegando. La gravedad de los tiempos que vivimos exige abandonar una fe fideísta (fe bobalicona llena de tópicos y alimentada de frases motivadoras). Y también hace evidente lo inservible de una relación desde la distancia con Dios.
O Dios está verdaderamente aquí, entre nosotros, o todo esto es desesperanzador…
Ayer, 25 de marzo, celebrábamos la Encarnación del Hijo por medio del Hágase de María. Ayer, con fuerza, Dios Padre, nos gritaba: Mi Hijo, el Amado, mi predilecto, en quien Yo me complazco, asume vuestra condición humana, para que todo lo que viváis, sea abrazado, redimido y colmado de sentido por la inhabitación trinitaria en cada alma en gracia. ¡Qué consolador supone celebrar la Encarnación de Dios en medio de una pandemia…! Dios no nos abandona, Dios está aún más dentro de nosotros que el temido virus. Por eso, el Amor y la esperanza son más nucleares que el pánico y la pérdida…
El Evangelio de hoy comienza con el Hijo, sabiéndose enviado por el Padre: Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí.
Decía hace poco D. Juan Carlos Elizalde en un artículo titulado “¿dónde está Dios?” (artículo completo al final de los puntos): La respuesta de Dios al mal es su Hijo. Jesús de Nazareth ha asumido el mal. Lo ha cargado sobre Él, ha tocado las raíces del dolor humano y por eso acompaña desde dentro a toda la humanidad. Paul Claudel, el poeta francés, lo dice muy bien: «Jesús no ha venido a quitar o a explicar el dolor humano sino a llenarlo de su dulce presencia».
De nada serviría que se nos haga evidente la pobreza de nuestros becerros de oro, de nuestros ídolos, si este hallazgo nos dejara en la tristeza y culpabilidad de “haber vivido equivocadamente”. Señor, Tú amas, porque eres Amor. Tú no castigas: Tú sufres con el hijo sufriente; Tú te ofreces con humildad y respeto al hijo desengañado; acoges al hijo pródigo y celebras una fiesta, porque estaba muerto, y ha sido reencontrado… En medio de la pandemia, llamas a tus hijos a la Vida (cruzando el umbral de la muerte, o dejándonos vivos después de esta situación, viviendo como hijos, como resucitados) …
Ya lo decía Benedicto XVI, al concluir los ejercicios espirituales para la curia romana, el 23 de febrero de 2013, antes del final de su pontificado. ¡Qué luminosas palabras!
Creer no es otra cosa que, en la noche del mundo, tocar la mano de Dios,
y así, en el silencio, escuchar la Palabra, ver el Amor.
Artículo D. Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria

25/3/2020. La Anunciación del Señor


Lectura del libro de Isaías (7, 10-14; 8, 10)
En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo: «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Ajaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, porque con nosotros está Dios».
Salmo responsorial (Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11)
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy». 
R.
«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. 
R.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. 
R.
No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. 
R.
Lectura de la carta a los Hebreos (10, 4-10)
Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, al entrar Cristo en el mundo dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.  Entonces yo dije: He aquí que vengo - pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí - para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad». Primero dice: «Tú no quisiste ni sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley. Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 26-38)
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra». Y el ángel se retiró.

25 marzo 2020. La Anunciación del Señor – Puntos de oración


Hoy los puntos nos los va a dar Abelardo, que está ya muy cerquita del Señor y de la Virgen. Es una fiesta entrañable para meditar la escena de la Anunciación
“AQUÍ ESTÁ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA” (Lc 1, 38)
“Hágase – Estar”. En esas dos palabras ha quedado rubricada la santidad de la Reina de todos los santos. ¿Queremos ser santos? Es una pregunta que parece extraña en el mundo de hoy. Y sin embargo, para esto fuimos creados. Pues bien, ser santos es conformar nuestras vidas con la voluntad divina. Ser santos es, más que hacer la voluntad de Dios, convertirse en voluntad de Dios. Ésta es la excelsa santidad de la Virgen, quien nos admira al verla siempre actuando por designio divino.
Un “hágase” del Padre hizo la creación del mundo. El “hágase” de María nos trajo la Encarnación del Hijo de Dios. Este “hágase” de la Virgen fue una nota sostenida, constante, siempre colgada de su saber estar. Un “hágase” delicioso unas veces, terrible otras. Pero siempre apoyado en aquel firme “estar” con que la vemos junto a la Cruz: “Estaba en pie junto a la Cruz de Jesús, su madre” (Jn 19, 25). Quien clave los ojos en María, encontrará en Ella el modelo a imitar. Ella nos precede en la marcha peregrina hacia la Patria. Sigámosla y entretejamos nuestra santidad entre el «estar» y el «hágase».
Cuando Abraham fue llamado por Dios para la prueba, respondió: Aquí “estoy”, Señor. Y se dispuso a sacrificar a Isaac en un “hágase” desgarrador. Aquí “estoy”, Padre, para hacer tu voluntad, dice el Verbo a su entrada en el mundo (Hb 10, 9). Y corona en Getsemaní: «Si quieres, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42).
Abraham, María, Jesús. Subamos por estos peldaños hasta el Padre. Dejemos que su voluntad “se haga” en nosotros sabiendo “estar” anclados en el ahora del momento presente. En nuestras deficiencias y en las ajenas, no perder la paz: “Hágase-Estar”. En los estados físicos, cansancios, enfermedades: «Hágase-estar». En los estados de ánimo y en los cambios de lugar: «Hágase-Estar». Ante la profesión, el estudio, las personas que nos mandan o nos rodean, en situaciones agradables o desagradables: «Estar-Hágase». En los éxitos y en los fracasos, cuando fallan las previsiones y Dios sale por donde menos pensamos: «Hágase-Estar». En las cosas que más nos cuestan o más se temen: «Estar-Hágase». En todo, en todos, siempre: «Estar-Hágase». Se precisa una larga paciencia y mucha oración contemplando a la Virgen. En lo pequeño y en lo grande, Ella es la encarnación perfecta del «Estar-Hágase».
A la Virgen nos encomendamos en estos difíciles momentos de enfermedad y confinamiento. Y pedimos al Señor para que nos libre del mal.

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