27/5/2018. La Santísima Trinidad (Ciclo B)


Lectura del libro del Deuteronomio (4, 32-34. 39-40)
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: pregunta desde un extremo al otro del cielo ¿sucedió jamás algo tan grande como esto o se oyó cosa semejante? ¿Escuchó algún pueblo, como tú has escuchado, la voz del Dios, hablando desde el fuego, y ha sobrevivido?; ¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre las otras por mediante pruebas, signos, prodigios y guerra y con mano fuerte y brazo poderoso, con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Así pues, reconoce hoy, y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Observa los mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y se prolonguen tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre».
Salmo responsorial (Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22)
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió con heredad.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. 
R.
La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos,
porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y todo fue creado. 
R.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. 
R.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8, 14-17)
Hermanos: Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos «¡Abba!» (Padre). Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (28, 16-20)
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

27 mayo 2018. La Santísima Trinidad (Ciclo B) – Puntos de oración


“Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”
De esto se trata en este domingo en el que celebramos, como el final de la Pascua, a las tres personas divinas y las glorificamos como artífices de la Obra de la Redención. Gloria a los tres en este día. Honor, gloria, alabanza, bendición, adoración, alegría y ensalzarlas debe ser nuestra oración contemplativa recorriendo cada una de ellas, ayudándonos de una de esas pinturas y esculturas extraordinarias en las que los artistas han echado el resto para tratar de trasmitirnos el papel que han desempeñado de forma tan maravillosa y misteriosa; pero, por mucho que se ha intentado explicar, el pensamiento humano es incapaz de abarcar y, ¡mira que se han escrito obras sobre ello!
Sólo los santos, lo místicos, los padres de la Iglesia, los doctores nos han dado noticia de ello.
Podemos empezar nuestra oración como todos los días: “Que todas mis intenciones”. Pero hoy también con la señal de la cruz bien hecha, diciendo: “En el nombre del Padre”; mientras la mano derecha se eleva hacia la frente donde tenemos la cabeza, el cerebro y pensamos las funciones que tiene y lo relacionamos con el Padre, Creador, que lo ha pensado a la perfección y para la perfección del hombre, fuente de Amor, lleno de amor, que nos ha mirado y ya sabemos cómo es su mirada. Lo hacemos con la mano, —“mano blanda” como dice san Juan de la Cruz en una de sus estrofas del Cántico Espiritual—, mano que vemos alarga en las obras de arte para dar comienzo a la Obra de la Creación. Y “por la señal de la santa Cruz” nos hacemos la primera en la frente, en memoria de Él.
“Del Hijo”; y hacemos el primer trazo o brazo en señal de que descendió de los cielos, se hizo hombre para que en Él viéramos al Padre. Si nos signamos hacemos la segunda cruz sobre la boca: “La Palabra del Padre” que es el Hijo, que nos lo ha revelado. Los textos de san Juan de estos días pasados de las lecturas de la misa dan muchas notas de esta relación del Padre y el Hijo. Hay un momento que Jesús nos dice: “El Padre os quiere”. Qué impresionante este mensaje del Hijo para nosotros para ir por todo el mundo diciendo: “El Padre os quiere, lo ha dicho Jesús” o como dice en otros lugares: “Dios es amor”; “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”.
Cuando nos santiguamos, el segundo trazo con el que acabamos es el horizontal que va de hombro a hombro mientras pronunciamos “y del Espíritu Santo” y arrancamos del corazón los diestros. Es el fuego de amor que simboliza a la tercera persona que el pasado domingo celebrábamos en la fiesta de Pentecostés. Uno de los signos del Espíritu es el fuego con sus propiedades. Pero si nos signamos, la tercera cruz la hacemos en el pecho y la aplicamos al Espíritu Santo.
¡Qué símbolo más completo de nuestra fe, qué confesión de fe para todo momento de nuestra vida, la señal de la cruz!
Y podemos decir:
 “El Dios uno y trino / misterio de amor, / habita en los cielos y en mi corazón”.
“Al Padre, al Hijo y al Espíritu / Acorde melodía eterna, / honor y gloria por los siglos / canten los cielos y la tierra”.
Digamos con san Pablo: “¡Abbá Padre! Pues hemos recibidos un espíritu de hijos de adopción y ese mismo Espíritu, da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él”.
Para acabar la oración digamos con la Virgen en este mes de ensueño: “Gracias al Padre, gracias al Hijo, gracias al Espíritu Santo. Gloria a la eterna Trinidad y adoramos a la Unidad en su poder y grandeza, por Jesucristo Nuestro Señor”.

26/5/2018. Sábado de la VII semana de Tiempo Ordinario – San Felipe Neri


Lectura de la carta del apóstol Santiago (5, 13-20)
Queridos hermanos: ¿Está sufriendo alguno de vosotros? Rece. ¿Está contento? Cante. ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y, si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado.  Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo.  Elía era semejante a nosotros en el sufrimiento, y rezó insistentemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Volvió a orar, y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto.  Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte, sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.
Salmo responsorial (Sal 140, 1-2. 3 y 8)
R. Suba, Señor, mi oración como incienso en tu presencia.
Señor, te estoy llamando, ven deprisa, escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos
como ofrenda de la tarde. 
R.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios.
Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (10, 13-16)
En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad. que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

26 mayo 2018. Sábado de la VII semana de Tiempo Ordinario – San Felipe Neri – Puntos de oración


Primero nos ponemos en presencia de Dios pidiendo ayuda al Espíritu Santo y haciendo la oración preparatoria, que es pedir gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.
San Felipe Neri es el santo de la alegría de la caridad, y del amor a los niños y jóvenes. Su gran amor no le cabía en el pecho. Gran hombre de oración (solía pasar la noche rezando y contemplando el crucifijo) y de acción. Al conocer a San Ignacio quiso ir a evangelizar la India, pero finalmente se quedó en Roma y por eso fue llamado: “El apóstol de Roma”. Tuvo grandes experiencias místicas que intentaba ocultar con bromas y payasadas y con su carácter alegre y dicharachero. En una de esas experiencias pidiendo los dones del Espíritu Santo, se inflamó del gran amor de Dios y se le agrandó el corazón, teniendo dos costillas arqueadas para que cupiese. También Nuestra Madre se le apareció sanándolo de una afección de vesícula.
Cuando evangelizaba por las calles de Roma y hablaba un rato con las personas solía decir: “amigo ¿y cuándo vamos a empezar a ser mejores? O sed buenos si podéis, no siempre se puede, pero hay que intentarlo”.
Las lecturas de hoy las vivió este santo.
El apóstol Santiago nos hace una exhortación a la fuerza de la oración y de la fe. Nos dice que hay que rezar en el sufrimiento, cantar en la alegría, pedir ayuda en la enfermedad, tanto corporal como espiritual y confiar y tener fe en Dios y en los hermanos. La oración de los hermanos y de los sacerdotes nos sana.  Nos hacemos humildes confesando nuestras debilidades y rezando unos por otros.
El Salmo nos sigue transmitiendo la misma idea- Orar al Padre suplicándole que nos escuche en la persecución y pedirle ayuda para que no nos aliemos con los malvados. Para que sepamos callar y para que sepamos decir, que nuestros labios sirvan para bendecir y alabar o corregir, pero todo con amor.
El evangelio, uno de los más bellos, está enmarcado entre el segundo anuncio de la pasión y el tercero. Jesús, unos versículos atrás, ya les ha dicho a los apóstoles cómo se tienen que comportar con los niños, pero ellos parecen no entenderlo. Siguen con su mentalidad. Tenemos que ver los gestos maternales de Jesús (Que los niños se acerquen, para abrazarlos para bendecirlos para decirles que son amados, deseados por Dios, que a sus ojos son preciosos). Cuanto más pequeños somos más cerca estamos del corazón de nuestros padres, más cerca de su reino porque el reino de una persona siempre es el corazón; ante Dios siempre somos pequeños, igual que ante unos padres siempre sus hijos son pequeños, aunque sólo sea por la diferencia de edad. Cuando nos relacionamos desde nuestra debilidad con Dios entra luz entra paz, nuestras debilidades son como grietas por las que entra la luz y el amor de Dios. En nuestra debilidad experimentamos el amor de Dios ese amor de Padre y ese amor es su reino. Jesús en la cruz le dijo a su padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, era hijo era pequeño y débil se acercaba a su padre se ponía en sus manos amorosas Dios siempre es cercano siempre está esperando a que nos acerquemos a Él.
En Deuteronomio, Capitulo 8 versículo 7, dice Dios: no te he elegido por ser el pueblo más fuerte o más numeroso; eres el más pequeño el más débil porque así puedo manifestarte más mi amor. Pues eso es lo que hace cuando nos hacemos niños y nos acercamos a Él.
Terminamos con un coloquio con La Madre.

25/5/2018. Viernes de la VII semana de Tiempo Ordinario


Lectura de la carta del apóstol Santiago (5, 9-12)
Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a la puerta.  Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor; mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia.  Habéis oído hablar de la paciencia de Job y ya sabéis el final que le concedió el Señor, porque el Señor es compasivo y misericordioso. Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea un sí y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena.
Salmo responsorial (Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 11-12)
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. 
R.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. 
R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. 
R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (10, 1-12)
En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba. Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es licito a un hombre repudiar a su mujer?». Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?». Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

25 mayo 2018. Viernes de la VII semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Estamos en el mes de María y me voy a permitir plantear la oración desde un evangelio mariano en lugar de tomar el del día.
¿Yo soy discípulo de Jesús? Seguro que sí, malo, incoherente… pero lo soy
¿Yo soy amado de Jesús? Sí, muchísimo, dudo que sea posible amarme más.
Entonces puedo volver a leer Jn 19, 26 e interpretarlo pensando en este discípulo y amado que soy yo.
Jn 19,26: Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”
Esto es lo importante, ahora podemos hacer algunas interpretaciones.
En aquellos instantes, Jesús, como Dios, sí que me ve y me lo dice. María era un ser mortal y, salvo gracia de Dios, no me ve. Luego llegaría al cielo y sería otra cosa. Ahora, en el 2018, sí me ve (creo que también por gracia, pero otra distinta).
Hay algunas cosas que uno tiene muy dentro y solo las dice en el “lecho de la muerte” Seguramente las más duras y las que tiene más profundas. Así sale esta frase. Ahora pierde Jesús ser el hijo único de María. Es como el que al morir le pide a su madre que adopte otro para que sea su hijo, o mejor dos, o muchos, o todos. Esta fue la última recomendación que dio Jesús antes de morir.
La salvación va para todos los hombres e incluso los que no le han conocido, pero este regalo y el de la Eucaristía, está dirigido solo a los católicos y a algunos cristianos.
Pensemos ahora en Juan, ¿qué siente? ¿Cómo reacciona?
No sé las costumbres de la época y menos aún cómo pasó en realidad, pero cuando mi madre carnal estaba viva, o ella venía a la cama a darme un beso antes de dormir, o iba yo a la suya (según su salud y ancianidad). La contaba mis cosas… y supongo que Juan…
Y ahora en este discípulo amado. ¿Qué siento? ¿Cómo reacciono? ¿Qué la cuento? ¿Qué sería darla un beso al entrar en casa o al salir o antes de dormir? ¿Tengo más detalles con mi madre de la tierra que con María? A lo mejor no tengo suficientes con alguna de ellas o con las dos.
Pensemos ahora lo que siente y hace la Virgen. Supongo que se da un “susto existencial” Ya quería a los discípulos. Los quería mucho. Pero considerarlos como hijos, pensar y sentir que son sus hijos… He aquí la esclava del Señor. Hágase…
Puedes considerar otros muchos aspectos de cómo los ejerció María, de cómo lo ejerce en la actualidad. Sobre mi forma de vivirlo.
También puede ponerte en el punto de vista de Jesús o del Padre y sobre todo pedir algo, ser conscientes de esta realidad. Agradecer este detalle de Jesús y María…

24/5/2018. Jesucristo, sumo y eterno sacerdote


Lectura del libro de Jeremías (31, 31-34)
Ya llegan días - oráculo del Señor - en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor - oráculo del Señor -. Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días - oráculo del Señor -: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor - oráculo del Señor -, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.
Salmo responsorial (Sal 109, 1bcde. 2.3)
R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies». 
R.
Desde Sion extenderá el Señor el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. 
R.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados:
yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la aurora». 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (14, 12a. 22-25)
El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, mientras comían, Jesús tomó pan, y pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:  «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

24 mayo 2018. Jesucristo, sumo y eterno sacerdote – Puntos de oración


Entre la fiesta de Pentecostés y la Trinidad celebramos esta fiesta tan entrañable e íntima de Cristo como Sacerdote.
Gracias, Jesús, por tu sacerdocio y por hacernos partícipes de tu misión por nuestro bautismo, convirtiéndonos en puentes entre el Cielo y la Tierra.
Lo primero que me viene a la mente es la inmensa galería de ejemplares sacerdotes que han reflejado a Cristo Sacerdote, en la parroquia, la escuela, el santuario, el movimiento, en la administración de los sacramentos, en su vida de oración, su predicación, su dirección espiritual, su ser otro Cristo. ¡Cuántos buenos amigos por los que agradecer en este rato de oración! Es un deber también pedir, ofrecernos por ellos.
Hoy es también la fiesta de María Auxiliadora, la virgen de Don Bosco y los salesianos: Tened verdadera devoción a la Virgen y veréis milagros. Entramos en el sprint final de mayo, quizá hemos desaprovechado oportunidades, es el momento de contemplar a la Madre y decirle “de nuevo aquí me tienes, tómame como soy, con mis fallos, pero con los deseos materializados en las flores de mis obsequios –oración, sacrificio, apostolado”. Y así me pongo en salida como Ella en la Visitación.
1.   Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados, Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo (Jer 31, 31-34)
Señor, Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, tú haces nuevo todo. La alianza es de verdad, irrompible, porque Tú eres el polo positivo y yo el negativo, y ninguno de los dejará de ser lo que es, Tú el Todo, yo la nada. Hago memoria de cuanto has hecho en Israel, de lo que has hecho en la Iglesia, en el mundo, en mí y me pongo a cantar. “Danos, Señor, un corazón nuevo; derrama en nosotros un Espíritu nuevo. He aquí que vienen días -Palabra del Señor-en que Yo sellaré, con la Casa de Israel, una Alianza nueva”.
2.   Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. (Sal 109)
Y me quedo anonadado meditando y recitando una y otra vez pues “yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la aurora».
3.   Aleluya, (Heb 5)
Siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.
¡Cuántas lecciones con tu sola obediencia!
4.   Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre, (Mc 14, 12)
“¡No la toques, así es la rosa!!”. Siento que si “manoseo” los textos, las palabras, del Señor en su última cena, se mancha la belleza de escuchar a Cristo su propia voz, inconfundible, personal, única, su única palabra, en aquella comida en la que Él mismo se inmoló, se dio hasta el extremo…
Complemento: Papa Francisco, Ángelus 7-junio-2015
Jesús toma entre sus manos el pan y dice Tomad, esto es mi Cuerpo (Mc 14, 22). Con este gesto y con estas palabras, Él asigna al pan una función que no es más la de simple alimento físico, sino la de hacer presente su Persona en medio de la comunidad de los creyentes. La última Cena representa el punto de llegada de toda la vida de Cristo. No es solamente anticipación de su sacrificio que se realizará en la cruz, sino también síntesis de una existencia entregada por la salvación de toda la humanidad. Por lo tanto, no basta afirmar que en la Eucaristía Jesús está presente, sino que es necesario ver en ella la presencia de una vida donada y participar de ella. Cuando tomamos y comemos ese Pan, somos asociados a la vida de Jesús, entramos en comunión con Él, nos comprometemos a realizar la comunión entre nosotros, a transformar nuestra vida en don, sobre todo a los más pobres.

23/5/2018. Miércoles de la VII semana de Tiempo Ordinario


Lectura de la carta del apóstol Santiago (4,13-17)
Queridos hermanos: Atención, ahora, los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, haremos negocio y ganaremos dinero». ¡Si ni siquiera sabéis qué será del día de mañana! ¿Qué es vuestra vida? Pues sois vapor que aparece un instante y desaparece.  Más bien deberíais decir: «Si el Señor quiere y estamos vivos, haremos esto o lo otro». Sin embargo, ahora presumís con vuestras fanfarronerías, todo alarde de ese estilo es malo.  Por tanto, el que sabe cómo hacer el bien y no lo hace, ese está en pecado.
Salmo responsorial (Sal 48, 6-8. 9-10. 17-18. 19-20)
R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Oíd esto, todas las naciones; escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres. 
R.
¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas
si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? 
R.
Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará
para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa. 
R.
Mirad: los sabios mueren, lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extrañosR.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (9, 38-40)
En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

23 mayo 2018. Miércoles de la VII semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Todavía estamos bajo los efectos de los dones del Espíritu Santo. Acabamos de celebrar la Vigilia de Pentecostés. Ya en este ambiente de sencillez y de soledad podemos constatar que el Señor por medio del Espíritu Consolador nos ha inundado de sus siete sagrados dones. Vamos a recordarlos: don de Temor, de Fortaleza, de Piedad, de Consejo, de Ciencia, don Entendimiento y el don de Sabiduría.
A lo largo de estos días entre la Ascensión del Señor y Pentecostés, hemos cantado o recitado el himno al Espíritu Santo al iniciar la oración de cada día. Y finalizamos con esta oración que me parece muy oportuna para meditarla despacio en este rato de oración y que nos puede servir para otros días.
Así es esta oración, que nos acerca a vivir con mayor intensidad la presencia de María.
“Padre que estás en los cielos: Tú enviaste el Espíritu Santo a los primeros cristianos mientras oraban, unánimes con María, Madre de Jesús, en el cenáculo de Jerusalén. Concédenos soledad, sencillez, silencio de corazón, para recibir Luz, Fuerza y Amor, el mismo Espíritu Santo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”.
Necesitamos buscar la soledad y hay que poner los medios adecuados. Olvidarme, entre otras cosas, del teléfono móvil. Dejarle que descanse, que no suene, que no vibre… Que se quede en la habitación mientras estoy en la capilla, en la comida o cena, mientras leo, o en el parque… Que no lleguemos a depender de él como si me encontrara desorientado, solo, desvalido.
Sencillez. Ponerme en la presencia del Señor tal como estoy y tal como soy. Aceptarme como criatura. Protegido en el abrazo y corazón de Dios. Dios es mi Padre, ¿Te has olvidado?
Así llegaré al silencio. Descubriré la acción de Dios en mí. Reconoceré cada día que mis limitaciones reconocidas y aceptadas me acercan más al Señor. Él conoce todas estas limitaciones, fragilidades e ignorancias propias de la persona humana. Pero este camino de la fragilidad me acerca a la Vida, me encuentro, porque me está buscando. Jesús es el camino, la verdad, la vida.
Miremos a María en estos días del mes de mayo y utilicemos estos medios de la soledad, sencillez y silencio para vivir en su presencia.
María es la lluvia mansa que nos empapa de la misericordia de Dios.
“La Virgen nos manda las cuentas pasar, dice que el Rosario nos ha de salvar. Ave, Ave, Ave María…”

22/5/2018. Martes de la VII semana de Tiempo Ordinario – Santa Joaquina Vedruna


Lectura de la carta del apóstol Santiago (4, 1-10)
Queridos hermanos: ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer a vuestras pasiones.  ¡Adúlteros! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.  ¿O es que pensáis que la Escritura dice en vano: «El espíritu que habita en nosotros inclina a la envidia»? Pero la gracia que concede es todavía mayor; por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes». Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes. Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría en aflicción. Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.
Salmo responsorial (Sal 54, 7- 8. 9 10a. 10b 11. 23)
R. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
Pienso: «¡Quién me diera alas de paloma para volar y posarme!
Emigraría lejos, habitaría en el desierto». 
R.
«Esperaría en el que puede salvarme del huracán y la tormenta».
¡Destrúyelos, Señor, confunde sus lenguas! 
R.
Pues veo en la ciudad violencia y discordia: día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas. 
R.
Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (9, 30-37)
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.  Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

22 mayo 2018. Martes de la VII semana de T. O. – Santa Joaquina Vedruna – Puntos de oración


Propongo para hoy la meditación del libro: “Maestra incomparable y madre amantísima. Textos del padre Tomás Morales sobre la Virgen” para este día 22 que sintoniza plenamente con el evangelio del día y la nueva celebración litúrgica de ayer: María madre de la Iglesia.
22. Hacerse niños en su corazón de Madre
Tomar a María como madre, adentrarse en su corazón virginal, es vivir el Evangelio, hacerse niños. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino. El niño, por instinto, se abandona confiado en los brazos del padre, en el corazón de la madre. El bautizado, para vivir su vocación laical a la santidad, imita al niño. Hace por virtud lo que el niño practica por instinto. Se refugia en el corazón de la Virgen, que le enseña a vivir abandonado en Cristo Jesús bajo la mirada del Padre.
"Ser pequeñuelo es no inquietarse por nada". Esta fue la vida de Santa Teresita de Lisieux y la de todos los santos. Debe ser también la tuya. La Virgen Madre necesita almas insignificantes que se refugien en su corazón para revolucionar el mundo. Lo pide en sus apariciones más recientes. Quiere que te dejes moldear por ella a imagen de su Hijo. Te invita así a hacerte niño desapareciendo en su corazón de madre. Quiere meterte en ese "seno virginal en que todos estamos encerrados en este mundo hasta que ella nos dé a luz en la gloria".
Tomar a María como madre. Vivir en ella con un corazón de niño. Es dejar a la Madre libre para transformarte, para hacerte otro Jesús para ella, otro Cristo para las almas. Agazápate hasta desaparecer entre los pliegues de su manto. Ella guardará tu alma pura, separada del mal. La blanqueará. A pesar de tus caídas, te enseñará a creer en el Amor, abandonarte en El. Dejarse amar por ella, dejarse divinizar, es convertirse en "hostia de alabanza", hacerse familia con la Trinidad.
Hazte tan pequeño que puedas meterte con holgura en el corazón de la Virgen. Ella te hará más diminuto aún -te lo digo por experiencia-, para que quepas en el de Cristo, y seas feliz en El. El día que vengas invocando derechos o con ínfulas de hombre superior, de "personita", te das el morrón. No te quejes de nada ni de nadie.
Santa María, madre, reina y protectora: (T: ruega por nosotros)
Que santa María madre de la Iglesia anime nuestra vida cristiana de tal forma que dóciles al Espíritu Santo seamos evangelios abiertos, sin páginas arrancadas, ella lo hará.

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