10/12/2018. Lunes de la II semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (35, 1-10)
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará». Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque han brotado aguas en el desierto, y corrientes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque, el suelo sediento en manantial. En el lugar donde se echan los chacales habrá hierbas, cañas y juncos. Habrá un camino recto. Lo llamarán «Vía Sacra». Los impuros no pasarán por él. Él mismo abre el camino para que no se extravíen los inexpertos. No hay por allí leones, ni se acercan las bestias feroces. Los liberados caminan por ella y por ella retornan los rescatados del Señor. Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción.
Salmo responsorial (Sal 84, 9ab-10. 11-12.13-14)
R. He aquí nuestro Dios: viene en persona y nos salvará.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está ya cerca de los que le temen, y la gloria habitará en nuestra tierra. 
R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.  
R.
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él, y sus pasos señalarán el camino.  
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (5, 17-26)
Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones. En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados». Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?». Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: - «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir "Tus pecados te son perdonados", o decir “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados - dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”». Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, punto, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».

10 diciembre 2018. Lunes de la II semana de Adviento – Puntos de oración


Podemos empezar nuestra oración recitando el salmo. Hoy corresponde el salmo 84.
“He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará”.
El señor va a entrar en el mundo por la Encarnación, si le dejamos acampará en nuestra alma. El que es el Señor de la tierra y cuanto la llena, quiere morar en el hombre de manos inocentes y puro corazón, aquel que no confía en los ídolos.
“Él nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto”. Solo Él nos salvará y solo a través de Él daremos fruto.
Vamos a traer a nuestra imaginación la escena de un hombre paralítico al que sus amigos le acercan a Jesús.  Abelardo decía que muchas veces veía en el evangelio cómo acercaban a Jesús enfermos a curarles, pero no tanto pecadores para que los perdonase, que era a lo que había venido. Para Jesús esto debía ser doloroso.
En la escena vemos a unos hombres que hacen un esfuerzo por introducir al paralítico en la sala en que Jesús se encontraba. Escribiría Abelardo: “El amor de Jesús salta de la parálisis corporal al alma paralizada por el pecado. Entra en lo profundo del amor humano y, leyendo los deseos de este hombre postrado en una camilla, le dice lleno de ternura: “¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados”. (Aguaviva. Abelardo de Armas, pág. 115).
También en nosotros, Jesús lee nuestros deseos, nuestros pensamientos. Nos pide que llenemos nuestro corazón de confianza. “Si te falta confianza, pídemela. Dime: “Creo, pero ayuda mi incredulidad”. (Abelardo. Op.cit).
Como nos recuerda el salmo, el hombre no se salva por sí mismo. De hecho, quien ha tenido la soberbia de intentarlo, incluso entre los cristianos, ha fracasado.
Este paralítico, esta alma paralizada por la desconfianza representa, nos representa, a todos los hombres y mujeres.  Aquellos que necesitan sentir esa verdad que es: Dios los ama desde la eternidad, necesitan sentir que Dios les ama desde siempre. “Eternamente me amaste aun cuando yo no existía”, escribía Abelardo en una de sus canciones.
Representa también a aquellos que han sentido el amor de Dios en algún momento de su vida, pero piensan que no han correspondido adecuadamente. Estos necesitan creer en la misericordia de Dios, necesitan creer que Dios no se rinde nunca, buscando un alma y si vuelven a la “casa del Padre” de más gracias les colmará, como hizo aquel padre bueno que oteaba el horizonte cada mañana, esperando el regreso de su “hijo pródigo”.   
Terminemos estas reflexiones, de nuevo, con Abelardo. “Si todavía tu miseria te deprime, ahí tienes a tu Madre, madre de la confianza. Acógete a ella, que su mano te atraerá a mí”. (Abelardo. Op.cit). Pidamos a la Madre “sus oídos para escucharle”, escuchar decir al Señor: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete”. “Deja de mirarte a ti mismo, tu alma paralizada está libre”.

9/12/2018. Domingo II de Adviento (Ciclo C)


Lectura del libro de Baruc (5, 1-9)
Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te concede. Envuélvete ahora en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad». En pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos: el Santo los reúne de oriente a occidente y llegan gozosos invocando a su Dios. A pie tuvieron que partir, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real. Dios ha mandado rebajarse a todos los montes elevados y a todas las colinas encumbradas; ha mandado rellenarse a los barrancos hasta hacer que el suelo se nivele, para que Israel camine seguro, guiado por la gloria de Dios. Ha mandado a los bosques y a los árboles aromáticos que den sombra a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.
Salmo responsorial (125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6)
R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sion, nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. 
R.
Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. 
R.
Recoge, Señor, a nuestros cautivos como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. 
R.
Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1, 4-6. 8-11)
Hermanos: Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (3, 1-6)
En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios».

9 diciembre 2018. Domingo II de Adviento (Ciclo C) – Puntos de oración


Este domingo es un día de acción de gracias para todos los que formamos parte del Movimiento de Santa María. Es el día de la clausura del año jubilar del Padre Morales. Hoy hace exactamente un año que la Iglesia nos ofrecía un año de especial bendición para celebrar y profundizar en la figura y espiritualidad del Padre Tomás Morales. Admirable y también imitable, eso es lo que la Iglesia nos quiere decir cuando nombra a alguien venerable.
Coincide esta fiesta particular de nuestro Movimiento con el segundo domingo de Adviento que celebra toda la Iglesia universal. Como todos los de adviento, un domingo para crecer en esperanza según nos vamos acercando a la noche del nacimiento del Señor.  Según va aumentando la luz de “el sol que nace de lo alto” que es Cristo, y que iluminará a los que vivimos en tinieblas, los que todavía no le vemos cara a cara.
El Padre Morales ya contempla en todo su esplendor lo que nosotros apenas podemos percibir a través de nuestra pobre fe y nuestra débil esperanza. Y esto es a lo que nos anima el evangelio de hoy, cuando leemos a San Juan Bautista proclamar: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”.
Es evidente que tenemos que preparar nuestro corazón para la venida del Señor. Tenemos que serenar nuestro corazón y nuestro espíritu en medio del tráfago de nuestra vida llena de actividad y ruido. En parte en esto consiste el adviento. Pero notemos también que el evangelio a través del libro de los oráculos del profeta Isaías, nos indica que la mayor parte del trabajo la hará el Señor. Nosotros tenemos que allanar y preparar el camino al Señor que quiere entrar en nuestro corazón. Pero también nos dice que: “los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano” Es decir, que la parte más difícil lo más costoso lo hará Él. Rellenar valles, rebajar montes, enderezar lo torcido son, ciertamente, retos demasiado costosos, muy por encima de las capacidades humanas.
 Cuando uno recorre las etapas del camino de Santiago de la provincia de León o las primeras de la zona de Galicia, entiende mejor estos textos. Cuando uno contempla la subida hacia la cruz de ferro o el puerto del Cebreiro entonces entiende el verdadero sentido con el que fueron escritas estas palabras. Ciertamente es una obra de colosos que nos supera. Por eso, quizás lo más importante de las lecturas de hoy es caer en la cuenta de que la salvación es un regalo que nos vendrá dado desde fuera. Que es por “la infinita misericordia de nuestro Dios” que nos visitará “el sol que nace de lo alto”, no porque nosotros lo merezcamos. Nosotros solo tenemos que mantener despejada la entrada de nuestro corazón para que Él pueda entrar. Como reza la oración colecta del día de hoy, que los afanes terrenales no nos impidan el encuentro con ese Dios que se hace niño.

8/12/2018. La Inmaculada Concepción de la Virgen María


Lectura del libro del Génesis (3, 9-15. 20)
Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo: «¿Dónde estás?». Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí». El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?». La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí». El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; ella te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón». Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
Salmo responsorial (Sal 97, 1. 2-3ab. 3c-4)
R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. 
R.
El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. 
R.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. 
R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1, 3-6. 11-12)
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado. En él hemos heredado también, los que ya estábamos destinados por decisión del que lo hace todo según su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria quienes antes esperábamos en Mesías.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38)
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

8 diciembre 2018. La Inmaculada Concepción de la Virgen María – Puntos de oración


La composición de lugar para hacer hoy la oración es muy sencilla: consiste en meterse en el Corazón de la Virgen y desde ahí, fijarnos en su Hijo Jesucristo. Pídele hoy a la Virgen Inmaculada tener los mismos sentimientos de amor que tuvo Ella hacia Jesús.
Dios, en su omnipotencia suprema, no ha sido capaz de hacer nada mejor que María. Ella es la obra maestra de la creación. El milagro más grande que hace para Ella es librarla, de una forma especial, del pecado original.
El Señor, cuando hace al hombre, lo hace a su imagen y semejanza. Yo siempre me he preguntado en qué cosas somos casi iguales a Dios. No creo que sea en nada material porque Dios es espiritual; más bien pienso que somos semejantes a Dios en la capacidad de amar y ser amado: “Dios es amor”.
Estos grandes deseos de Dios se ven cortados por el pecado que, sin más, aparece en la vida del ser humano. De la noche a la mañana el hombre se subleva y rechaza a Dios, rechaza su amor y de paso también le niega el suyo. En el mismo momento de la aparición del pecado ya tiene Dios en la mente la forma de restituir al ser humano la dignidad perdida; anuncia la Redención del género humano a través de Jesucristo, y anuncia la aparición de otra figura humana, la de una mujer, que va a jugar un papel fundamental en esa redención. Esa mujer es María y Dios no para de pensar en cómo dotarla de grandes valores.
En primer lugar, y por los méritos de Cristo, Dios hace que María nazca sin la mancha del pecado original; no sé si era necesario para la redención de los hombres o sólo fue un capricho de Dios, pero así se hizo. Por ello le estamos agradecidos al Señor para siempre.
Oh, Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen preparaste a tu Hijo una digna morada y, en previsión de la muerte de tu Hijo, la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.

7/12/2018. Viernes de la primera semana de Adviento – San Ambrosio


Lectura del libro de Isaías (29, 17-24)
Esto dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque. Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor, y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel; porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico; y serán aniquilados los que traman para hacer el mal, los que condenan a un hombre con su palabra, ponen trampas al juez en el tribunal y por una nadería violan el derecho del inocente». Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán, dice a la casa de Jacob: “Ya no se avergonzará Jacob, ya no palidecerá su rostro, pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos, santificarán mi nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel”.
Salmo responsorial (Sal 26, 1. 4. 13-14)
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? 
R.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. 
R.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31)
En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: - «Ten compasión de nosotros, hijo de David». Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: - «¿Creéis que puedo hacerlo?» Contestaron: - «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.» Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!» Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

7 diciembre 2018. Viernes de la primera semana de Adviento – San Ambrosio – Puntos de oración


Mis queridos amigos:
¡Gran desgracia es la ceguera física, pero podríamos decir, que mucho mayor es la ceguera espiritual...! ¡Cuántas personas teniendo ojos para ver..., no ven..., o teniendo oídos para oír..., no oyen...!
¿Nos damos cuenta de lo que supone el tener Fe, y que podamos disfrutar de ella en toda su plenitud en nuestra vida personal...?
Hoy puede ser un día para dar gracias a Dios en nuestra oración por el don de la fe, la cual nos permite ver lo que no se ve…, y gozar lo que todavía está por llegar…
Cuidemos nuestros ojos, pues son un regalo de Dios, pero sobre todo cuidemos la visión sobrenatural de la Fe, que nos permite transcender el mundo que nos rodea y en el que nos movemos, y nos introduce misteriosamente en ese otro mundo que es el sobrenatural…
Aquellos dos ciegos del Evangelio de hoy seguían a Jesús gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David». Este gesto de gritar su desgracia nos muestra la profundidad de su limitación y pobreza…
Se va a producir su curación, Jesucristo hará el milagro que vean, pero fijaos bien, el milagro está vinculado directamente a la fe de estos ciegos, pues Jesús les dice: «Que os suceda conforme a vuestra fe».
Si tuviéramos fe mis queridos hermanos, nos sería fácil el conseguir milagros tanto en nosotros, como en los demás… Dios ha querido vincular la acción de la Gracia a nuestra fe en El. Cuanta más fe, más fácil es que se produzca el milagro…y mayores serán los milagros…, si nuestra fe es muy grande…
Creo que el momento actual de la Iglesia y del mundo, están pidiendo estos milagros, operados por la fe de los que nos consideramos creyentes.
¿Por qué no vamos a poder hacer milagros, si Dios lo quiere y el mundo lo necesita…?
Hoy no basta solo el testimonio de vida, es necesario que esa Vida se de en abundancia..., y nosotros somos quienes la tenemos que repartir en el mundo…
¡Que nos conmovamos al ver el nivel de ceguera en que viven no pocas personas en nuestro entorno, en nuestra cercanía...! Que sintamos la necesidad de ver más y mejor, para poder llegar a un mayor número de ellos, y así alcanzarles el don de la visión sobrenatural de las cosas…
Y termina el texto diciendo: “Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca…” ¿Cómo no contar las maravillas que el Señor ha hecho con nosotros, y dar razón de por qué estamos alegres...? Amor con amor se paga, así que agradezcamos la visión de Fe, y pidamos por quienes no la tienen o la han perdido…

6/12/2018. Jueves de la I semana de Adviento – San Nicolás


Lectura del libro de Isaías (26,1-6)
Aquel día, se cantará este canto en la tierra de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua. Doblegó a los habitantes de la altura, a la ciudad elevada; la abatirá, la abatirá hasta el suelo, hasta tocar el polvo. La pisarán los pies, los pies del oprimido, los pasos de los pobres».
Salmo responsorial (Sal 117, 1 y 8-9. 19-21. 25-27a)
R. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes. 
R.
Abridme las puertas de la salvación, y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. 
R.
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21.24-27)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

6 diciembre 2018. Jueves de la I semana de Adviento – San Nicolás – Puntos de oración


Nos ponemos en presencia del Señor. No vengo a pensar en Dios, sino a encontrarme Contigo. 
Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.
Hoy, 6 de diciembre, celebramos en España el día de la Constitución española. Nos alegramos todos por vivir en una sociedad, en un país en el que reina el derecho, la justicia y la equidad. Es uno de los pocos logros comunes compartidos por todos. Es mejor descubrir lo que compartimos, en vez de permanecer en lo que nos divide.
Al mismo tiempo, y aun gozándonos por vivir en un país como el nuestro, nos avergonzamos al descubrir que donde tendría que haber derecho, en ocasiones encontramos corrupción que, en lugar de justicia, encontramos desigualdad… Así es el corazón del hombre: casi angelical, y en ocasiones casi animal. 
Social y personalmente nos descubrimos, como describe la primera lectura, en una ciudad fuerte, amurallada y justa, y al mismo tiempo nos damos cuenta de que cuando esa ciudad está levantada sobre pilares simplemente humanos, se resquebrajan por donde menos lo esperamos. Señor, sólo Tú eres Roca firme sobre la que sustentar la propia vida. 
Es necesario experimentar la ruina de la propia vida, o al menos la propia fragilidad, para poder exclamar: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su Misericordia. ¿Dónde amenaza ruinas, experimento fragilidad en mí mismo, en mis relaciones, en mi proyecto de vida? Hoy es un bonito día, el de la Constitución, para dar gracias por lo humanamente obtenido, pero levantando el corazón y cogiendo perspectiva: sólo Dios puede sostener la propia vida. 
El Evangelio nos invita a clamar a Dios con sinceridad, de corazón. 
Y clamar, rezar de corazón, siempre va de la mano de vivir en coherencia: obras son amores, y no buenas razones. Este Adviento es un momento propicio para hacer espacio interior, y esperar la venida del Salvador. Hoy necesito un Salvador, lo necesita mi hijo, y mi hermana, y mi jefe, y…
La Salvación, se cuela por cualquier rendija de nuestro orgullo y autosuficiencia que se abre por la humildad. Pidamos la gracia de ser alcanzados por el Salvador que viene a los suyos, no a los que dicen Señor, Señor, sino a los que cumplen la Voluntad de Dios.
Termino con un coloquio con nuestra Madre, la discípula humilde y confiada, que sintió palpitar el Corazoncito del Señor en sus entrañas. Madre, que me deje mirar por Él, que conozca su Amor para conmigo.

5/12/2018. Miércoles de la I semana de Adviento


Lectura del libro de Isaías (25,6-10a)
En aquel día, preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos refinados. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo - lo ha dicho el Señor -. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».
Salmo responsorial (Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6)
R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. 
R.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. 
R.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 
R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15, 29-37)
En aquel tiempo, Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Los discípulos le dijeron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?». Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y algunos peces». Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

5 diciembre 2018. Miércoles de la I semana de Adviento – Puntos de oración


Acabamos de estrenar un nuevo año litúrgico en la Iglesia y podemos felicitarnos con un: “¡feliz y santo año nuevo!”. Empecemos pues este adviento nuevo con renovadas ilusiones, llenos de buenos deseos, y “gritemos” a todos, empezando por nosotros mismos: ¡alégrate, el Señor está cerca, está ya a la puerta! Y a Jesús, pidámosle como a un amigo: ¡ven, Señor y quédate conmigo para siempre!
También pidamos al Corazón Inmaculado de María, estamos en los días de su novena, que esta oración y este tiempo de adviento recién estrenado, sea un tiempo fuerte del Espíritu, que rebosemos de esperanza y nos preparemos para recibir a Jesús. “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, Yo entraré y cenaré con él, y él Conmigo” (Ap 3,20). Creo que la mejor manera de prepararnos es orar, orar mucho y de la manera más perfecta que nos sea posible. Hace unos días leí en un libro sobre la oración una definición que quiero compartir con vosotros “orar, es pensar en Jesús amándole”. Es del hermano Carlos de Foucauld, un hombre que hizo de la oración su principal medio de encuentro con Dios y con los hombres.
El primer personaje que presenta la liturgia de adviento es al profeta Isaías, hoy en la primera lectura (Is 25,6-10a) el profeta habla al pueblo de Israel que pasa una tremenda crisis. Han perdido la patria y desterrados en Babilonia lloran su situación. El hombre de Dios ve más lejos y anuncia la gran liberación: “En aquel día preparará el Señor…, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. … Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros…; celebremos y gocemos con su salvación”.  Así también nosotros ensanchemos nuestro corazón y gocémonos con la esperanza de la salvación que nos ha sido dada en Jesucristo.
Para meditar en el Evangelio (Mt 15, 29-37) podemos ayudarnos de la siguiente composición de lugar. Ver una multitud que acude a Jesús para escucharle y ser curados de sus dolencias y en medio de esas gentes –“tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos…” estás tú, echado a sus pies, también con limitaciones físicas y morales y desde ellas, no a pesar de ellas, observas  y reflexionas desde el corazón: ves hablar a los mudos, correr a los lisiados, con vista a los ciegos y entonces, lleno de admiración, comienzas a alabar al Señor dando rienda suelta a los sentimientos que broten en tu corazón. Algunas claves para esta reflexión pueden ser:
· Sano realismo. Muchas veces pensamos que nuestros problemas no tienen solución, que humanamente no hay salida, que somos un verdadero fracaso, etc. etc... Bueno, es verdad, los problemas están ahí y puede que sean muy graves, no hay que negarlos, pero vamos a mirarlos desde la fe, desde la inmensidad de Dios y desde la eternidad. Entonces se empiezan a hacer más pequeños.
· Confianza. Pensemos que Jesús, que tanto nos quiere, puede con su omnipotencia infinita liberarnos. Basta que con humildad le presentemos nuestras virtudes, pocas o muchas, nuestros deseos, aunque sean mezquinos, los logros… ¡y también los pecados!, caídas, fracasos y miserias. En definitiva basta que nos abramos completamente a Jesús y le demos todo sea poco o mucho, y Él se encargará del resto.
· Generosidad del Señor. “Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas”. Jesús no se deja ganar en generosidad, ha prometido el ciento por uno y lo cumple a cabalidad. “Los que comieron fueron cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños”.
Y al terminar un coloquio con Nuestra Señora, Virgen del Adviento, con ella, que acogió con fe y amor al Verbo de Dios. Elijo algunas frases del P. Morales. Los que tuvimos la dicha de conocerle, nos resulta familiares, pues tantas veces se las escuchamos:
¡Santa María del Adviento, contigo quiero vivir con intensidad creciente esta expectativa anhelante!
Corazón Inmaculado de María, prepara en nuestros corazones los caminos del Señor ¡Dios te salve, María… llena de gracia…!

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