21/11/2018. Miércoles de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario – La Presentación de la Virgen


Lectura del libro del Apocalipsis (4, 1-11)
Yo, Juan, miré y vi una puerta abierta en el cielo; y aquella primera voz, como de trompeta, que oí hablando conmigo decía: «Sube aquí, y te mostraré lo que tiene que suceder después de esto». Enseguida fui arrebatado en espíritu. Vi un trono puesto en el cielo, y sobre el trono uno sentado. El que estaba sentado en el trono era de aspecto semejante a una piedra de diamante y cornalina, y había un arco iris alrededor del trono de aspecto semejante una esmeralda. Y alrededor del trono había otros veinticuatro tronos, y sobre los tronos veinticuatro ancianos sentados, vestidos con vestiduras blancas y con coronas de oro sobre sus cabezas. Y del trono salen relámpagos, voces y truenos; y siete lámparas de fuego están ardiendo delante del trono, que son los siete espíritus de Dios, y delante del trono como un mar transparente, semejante al cristal. Y en medio del trono y a su alrededor, había cuatro vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás: El primer era semejante a un león, el segundo a un toro, el tercero tenía cara como de hombre, y el cuarto viviente era semejante a un águila en vuelo. Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas, estaban llenos de ojos por fuera y por dentro. Día y noche cantan sin pausa: «Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el todopoderoso; el que era y es y ha de venir». Cada vez que los vivientes dan gloria y honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos y arrojan sus coronas ante el trono diciendo: «Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado».
Salmo responsorial (Sal 150, 1-2. 3-4. 5)
R. Santo, Santo, Santo es el Señor, el todopoderoso.
Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza. 
R.
Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas. 
R.
Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (19, 11-28)
En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestase enseguida. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: "Negociad mientras vuelvo". Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: "No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros". Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quien había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: "Señor, tu mina ha producido diez". Él le dijo: "Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades". El segundo llegó y dijo: "Tu mina, señor, ha rendido cinco." A ese le dijo también: "Pues toma tú el mando de cinco ciudades". El otro llegó y dijo: "Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente, que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado". Él le dijo: "Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses." Entonces dijo a los presentes: "Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas". Le dijeron: "Señor, si ya tiene diez minas". "Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no me querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia"». Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

21 noviembre 2018. Miércoles de la XXXIII semana del T. O. – La Presentación de la Virgen – Puntos de oración


Celebramos hoy la Presentación de la Virgen en el templo, también llamada la dedicación de la Virgen pues fue el día que María, frente a Dios, decidió entregar toda su vida, incluida su virginidad, a Dios. María es presentada en el Templo de Jerusalén, según la costumbre judía, por sus padres; y María, en ese templo, signo de la gloria de Dios en medio de su pueblo, decide consagrar su vida por entero al Señor… ¡y cuánto le cundió esa entrega!
El Evangelio habla precisamente de esto, como el trabajo del hombre redunda en grandes frutos. Salvando las distancias, y sabiendo que ninguno de nosotros somos la Virgen María, también la entrega de nuestra vida, invertir las pocas monedas que nos ha dado el Señor (nuestra vida), invertidas en el “negocio del Cielo”, dan el doble… el Señor toma nuestra pobre vida y da mil frutos de santidad.
¿Cuál fue el pecado del siervo que no invirtió el dinero del Señor? El de desconfianza. Por tanto, ya nos está marcando una clave para alcanzar esos frutos de santidad: la confianza… ¡Claro! ¡La santidad depende de cuanto confiemos en el Señor! En el seguimiento del Señor NADIE PIERDE. ¡CRISTO NO QUITA NADA Y LO DA TODO! Que María nuestra Madre nos ayude a entregar nuestra vida, a gastarla donde estemos, en cualquier estado de vida que sea el nuestro… y si estamos discerniendo qué quiere Dios de nosotros… Señor, ¿dónde quieres que entregue mi vida? “No tengáis miedo, abrid las puertas de par en par a Cristo,”, total, “¿No está María aquí, que es nuestra madre?”

20/11/2018. Martes de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario


Lectura del libro del Apocalipsis (3, 1-6. 14-22)
Yo, Juan, escuché al Señor que me decía: «Escribe al ángel de la Iglesia de Sardes: "Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete. Si no vigilas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes en Sardes unas cuantas personas que no han manchado sus vestiduras, y pasearán conmigo en bancas vestiduras, porque son dignos. El vencedor será vestido de blancas vestiduras, no borraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias". Escribe al ángel de la Iglesia en Laodicea: "Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca. Porque dices: 'Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada'; y y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lastima, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego el fuego para que te enriquezcas; y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para untarte los ojos a fin de que veas. Yo, a cuantos amo, reprendo y corrijo; ten, pues, celo y conviértete. Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu a las Iglesias"».
Salmo responsorial (Sal 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5)
R. Al vencedor le concederé sentarse en mi trono.
El que procede honradamente y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. 
R.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. 
R.
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (19, 1-10)
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

20 noviembre 2018. Martes de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Espero que te ayuden estas palabras que te pongo a continuación para llevar a cabo con fruto este rato de oración. Sería bueno, si es posible, que realices tu rato de oración delante de Cristo en la Eucaristía. Si no es posible porque no cuentas con esta posibilidad, dedícale este tiempo al Señor en la soledad acompañada por Él.
Empezamos nuestra oración invocando al Espíritu Santo: “Ven Espíritu Divino e infunde en nuestros corazones el fuego de tu amor”.
La lectura del libro del Apocalipsis que la Iglesia nos regala hoy, nos habla del inmenso amor que Dios nos tiene. A través del ángel, Dios nos empuja a convertirnos; nos dice “Conozco tu conducta; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir”. Así que ¡ánimo!, ponte en camino, en el camino de la conversión. La conversión, es un don que hay que pedirle a Dios, y el beneficio que se gana con ello es mucho mayor porque estaremos junto a Él. Nos lo dice el libro del Apocalipsis “El que venza se vestirá todo de blanco, y no borraré su nombre del libro de la vida, pues ante mi Padre y ante sus ángeles reconoceré su nombre”.
Dios nos está llamando, para que volvamos la mirada hacia Él y nos convirtamos a su Amor; y como nos dice en otro lado la lectura: “Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos”.
Hay una canción, Tengo sed (https://iesucommunio.com/tengo-sed/), de las hermanas de Iesu Communio que te puede ayudar a hacer oración sobre esta misma idea. Te la pego debajo:
Mira que estoy a la puerta y llamo,
estoy a la puerta de tu corazón de día y de noche.
Te conozco como la palma de mi mano,
conozco tus heridas, Yo las llevé antes que tú,
y conozco sobre todo tu necesidad de amor.
Ábrete a Mí, ven a Mí,
ten sed de Mí, dame tu vida.
Confía en Mí, pídeme que entre,
que tome tu ser y lo haré.
Te prometo ante mi Padre que haré milagros contigo.
Tengo sed, tengo sed de amarte y de que me ames.
¿Tienes sed?, te amo como nunca imaginaste.
Tengo sed, tengo sed de amarte y de que me ames,
no hay nadie para Mí más importante.
Toda tu vida he deseado tu amor
y tú te olvidas de Mí, te olvidas de Mí.
Busco a cada momento tu corazón,
¿te es difícil creer esto?, entonces mira la cruz,
mira mi corazón traspasado por ti.
Ábrete a Mí…
Ven a Mí, ven con tu deseo de ser amada,
ven a Mí, ábreme tu corazón ahora mismo más que antes.
Mírame que estoy a la puerta y llamo,
ábreme porque tengo sed de ti.
Ábrete a Mí…
El Señor nos ha venido a buscar para llevarnos a su mesa y calmar nuestra sed de amor. Ha venido buscar lo que estaba perdido. Él es el amor más grande.
Le pedimos a la Virgen María que interceda por nosotros, nos lleve de la mano en este camino de conversión y de descubrir el amor de Dios.

19/11/ 2018. Lunes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario


Comienzo del libro del Apocalipsis (1, 1-4; 2, 1-5a)
Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, el cual fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca. Juan, a las siete Iglesias de Asia: «Gracia y paz a vosotros de parte del que es, el que era y ha de venir; de parte de los siete Espíritus que están ante su Trono». Escuché el Señor que me decía: Escribe al ángel de la Iglesia en Éfeso: «Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras».
Salmo responsorial (Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6)
R. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. 
R.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. 
R.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18, 35-43)
Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: «Pasa Jesús Nazareno.» Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha curado». Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

19 noviembre 2018. Lunes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


La oración es un camino que parte de la fe, avanza por la esperanza y culmina en el amor. Amor itinerante, receptivo siempre al don del Espíritu.
Haz silencio dentro de ti, durante unos minutos. El silencio más total dentro de tus posibilidades. Tu silencio es como una fuerza arrolladora que avanza apartando y disolviendo cualquier pensamiento o sentimiento que aparezca…Va quitando “cortinas hasta descubrir la revelación que trae consigo el silencio”; el silencio es la gran revelación (Lao-Tse)
Estamos llamados a escuchar lo que el Espíritu nos sugiera. El Espíritu Santo es siempre novedad.
Nos dice el Salmo: “Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida.”
Bartimeo gritaba junto al camino. Los demás avanzaban, seguían con sus proyectos. El ciego esperaba a Jesús con fe, con el corazón confiado. Jesús se acercó a él en actitud de diálogo, para enseñarnos que también con un ciego despreciado se puede conversar. A esos que querían que dejara de molestar les mostró que un hermano necesitado no es una molestia. También hoy Jesús pasa por nuestras vidas y nos dirige esa pregunta cargada de amor. “¿Qué quieres que haga por ti?” Y cada uno de nosotros puede derramar en su presencia las preocupaciones más profundas. Aunque a veces el Señor parece lejano e inaccesible, y nos sentimos ciegos, nos invita con confianza, para que Él actúe: “Por tu fe has sido sanado”. La fe del ciego le permitió alcanzar una vida mejor.
Ayer acompañaba a una familia que había perdido a su hijo con 35 años de leucemia; hacía 20 años había fallecido otro hijo. Gritaban al Señor: ¿Por qué a nosotros nos haces esto? Uno de ellos me mostró el rosario que le había traído de Fátima hacía 5 años y me dijo que le había dado fuerza en muchos momentos.
Le pido al Señor que aumente mi fe, consolide mi esperanza y avive el amor.
Si quieres escuchar la voz del Señor, ponte en marcha, vive en búsqueda. El Señor habla a quien está en búsqueda. (Papa Francisco).

18/11/2018. Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo B)


Lectura de la profecía de Daniel (12, 1-3)
Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo: serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.
Salmo responsorial (Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11)
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. 
R.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. 
R.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. 
R.
Lectura de la carta a los Hebreos (10, 11-14. 18)
Todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a lo que van siendo santificados. Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (13,24-32)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación antes que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto el día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

18 noviembre 2018. Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Puntos de oración


Las lecturas de este domingo nos orientan hacia la vida eterna. Estamos al final del año litúrgico y nuestro corazón ha de llenarse de la esperanza cristiana: llegará un día en que el Señor vendrá por nosotros para darnos el mayor regalo, hacernos como Él, purificar nuestro corazón hasta hacerle capaz de amar cómo Él ama. Eso es el Cielo. O, como dice el salmo: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa”, “me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu semblante”, por eso, ya ahora, “se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena”. La esperanza cristiana es alegría. A pesar de las dificultades y tribulaciones que nos anuncian el libro de Daniel y Jesús en el Evangelio, nada han de temer sus elegidos.
Quizá hoy parece que se cumplen muchas de esas señales: gran angustia de los hombres, la luz del sol en tinieblas (cuántas mentes cegadas por los errores contemporáneos: comunismo, ideología de género, capitalismo, consumismo, etc.), el tambalearse de las estrellas y los astros (las grandes certezas de la vida: la familia, el trabajo, el cuestionamiento de la autoridad de la Iglesia, el desprestigio de la política, la incertidumbre ante los cambios que vendrán, etc.). No sabemos si el final está cerca o si queda mucho tiempo, pero todo nos invita a confiar en el Señor, a reorientar toda nuestra vida hacia Él para estar preparados para su venida y para ser testimonio suyo en medio de los retos que nuestro tiempo nos presenta.

17/11/2018. Sábado de la XXXII semana del Tiempo Ordinario – Santa Isabel de Hungría


Lectura de la tercera carta del apóstol san Juan (5-8)
Querido amigo Gayo: Te portas con plena lealtad en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños. Ellos han hablado de tu caridad ante la Iglesia. Por favor, provéelos para el viaje como Dios se merece; ellos se pusieron en camino para trabajar por el Nombre, sin aceptar nada de los paganos. Por eso debemos sostener nosotros a hombres como estos, para hacernos colaboradores de la verdad.
Salmo responsorial (Sal 111, 1-2. 3-4. 5-6)
R. Dichoso quien teme al Señor.
Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita. 
R.
En su casa habrá riquezas y abundancia, su caridad dura por siempre.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. 
R.
Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18, 1-8)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme"». Y el Señor añadió: -«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

17 noviembre 2018. Sábado de la XXXII semana del T. O. – Santa Isabel de Hungría – Puntos de oración


Propongo meditar en este día sobre una advocación mariana apropiada al momento litúrgico: María puerta del cielo (Ianua Coeli). Es la última misa que ofrece el misal de la Virgen María.
Desde la era de los Santos Padre la metáfora de la puerta se aplica a la Santísima Virgen para ilustrar su función de nueva Eva, su maternidad virginal o su intercesión suplicante en favor de los fieles. Eva inocente que con su humildad vence la soberbia y la incredulidad de la primera Mujer, abriendo lo que ella había cerrado.
Madre virginal de Cristo: por su maternidad, María es «puerta lu­minosa de la vida, por la que apareció la salvación del mundo, Jesucristo, nuestro Señor»; «Cristo, luz del mundo». «Virgen Madre de la Palabra», que se ha convertido para nosotros en «puerta del paraíso», ya que, «al devolver a Dios al mundo», nos abre «el acceso al cielo».
Virgen suplicante, ya que la Iglesia no duda de que «por intercesión de la Santísima Virgen, ¡de quien recibimos al Salvador del mundo», descenderán «sobre nosotros los dones de su gracia» y se nos abrirán «las puertas del cielo».
Así se expresa el misal para resaltar la unidad de la Madre con Jesucristo única puerta de salvación. María está integrada en el misterio de Cristo como primicia de la humanidad nueva. Estos días son para crecer en esperanza sabiendo que el Señor vendrá y nos salvará. Esta verdad está al final y al principio del año litúrgico. “Cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará esta fe en la tierra?”
“La Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.” (LG 62)
María, cuyo nombre
es música más suave
que el cántico del ave
y que del agua el son.
Tu nombre sea fuente
do beba el alma mía
y halle la alegría
mi pobre corazón.
María, cuyo nombre
es fuente de pureza
que lava la torpeza
del frágil corazón.
Tu nombre sea el agua
que el mío purifique
de cuanta en él radique
maligna inclinación.

16/11/2018. Viernes de la XXXII semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la segunda carta del apóstol san Juan (4-9)
Señora elegida: Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio. Ahora tengo algo que pedirte, Señora - y no es que os escriba para un mandamiento nuevo, sino el que tenemos desde el principio -: que nos amemos unos a otros. Y en esto consiste el amor: en que caminemos según sus mandamientos. Y este es su mandamiento, según oísteis desde el principio, para que caminéis según él. Pues han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo. Estad en guardia, para que no perdáis vuestro trabajo y recibáis el pleno salario. Todo el que se propasa y no se mantiene en la doctrina de Cristo, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, este posee al Padre y al Hijo.
Salmo responsorial (Sal 118, 1. 2. 10. 11. 17. 18)
R. Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor. R.
Dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R.
Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.
En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti. R.
Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras. R.
Ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu voluntad. R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (17, 26-37)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Asimismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa, no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda, la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán». Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».

16 noviembre 2018. Viernes de la XXXII semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Jesús nos hace una advertencia seria en este pasaje.
Si le observamos, está preocupado por nosotros.
En la vida no podemos estar perdiendo el tiempo. Comemos, bebemos, compramos, vendemos, andamos, hablamos, ¿pero con qué objetivo: agradar a Dios cumpliendo su voluntad o esquivando el fondo y la razón de nuestros compromisos?
Como dice un amigo nuestro: “Hay que hacer lo que hay que hacer, que no es poco, pero hay que hacerlo”.
¡¿A qué estamos esperando?! ¡Demos el paso ya, huyamos de esta mediocridad para buscar la excelencia hacia la santidad!
La hora de la llamada al Reino vendrá “como un ladrón en la noche”; no sabemos cuándo ni dónde.
Más claro no puede ser nuestro Padre.
Hablemos hoy con Él: ¿Qué es lo que no estoy haciendo de tu voluntad? Recuérdamelo, que me he olvidado a causa de mi debilidad.
“¿Cuál de los dos cumplió la voluntad del Padre?”
“La fe es sencilla” titula José María Aveldaño su libro. Y esa fe hay que ponerla en práctica.
Llegará la hora del nuevo “diluvio” y, ¿aprobaremos “el examen del amor”?
“Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos para seguirte”.
“Todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”.
María, Madre dulce; guíame hacia Su voluntad, para darme cuenta a lo que estoy agarrado y no consigo desprenderme.

15/11/2018. Jueves de la XXXII semana del Tiempo ordinario – San Alberto Magno


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (7-20)
Querido hermano: He experimentado gran gozo y consuelo por tu amor ya que, gracias a ti, los corazones de los santos han encontrado alivio. Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer, prefiero apelar a tu caridad, yo, Pablo, anciano y ahora prisionero por Cristo Jesús. Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí. Te lo envío como a hijo. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí. Si en algo te ha perjudicado y te debe algo, ponlo en mi cuenta; yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño y letra, para no hablar de que tú me debes tu propia persona. Sí, hermano, hazme este favor en el Señor; alivia mi ansiedad, por amor a Cristo.
Salmo responsorial (Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10)
R. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. 
R.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. 
R.
Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente, tu Dios, Sion, de edad en edad. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (17, 20-25)
En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús: «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?». Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán:” “Está aquí “o “Está allí”; porque mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros». Dijo a sus discípulos: «Vendrán días en que desearéis ver un solo día con el Hijo del hombre, y no lo veréis. Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y ser reprobado por esta generación».

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