19/1/2019. Sábado de la I semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la carta a los Hebreos (4, 12-16)
Hermanos: La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas. Así pues, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.
Salmo responsorial (Sal 18. 8. 9. 10. 15)
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. 
R.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. 
R.
El temor del Señor es puro y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. 
R.
Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2, 13-17)
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él, y les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían. Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

19 enero 2019. Sábado de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


La oración es Luz en la búsqueda del hombre. Levadura que fermenta la masa de nuestro ser y de nuestra vida.
Me pongo en presencia de Dios en este sábado que dedicamos a María la madre de Jesús.
Cómo recuerdo esas misas de Santa María en la Iglesia de San José. Caminaba andando desde la calle Écija a la seis treinta de la mañana por las calles del centro de Madrid. Allí nos dábamos cita muchos jóvenes. Qué distinto cuando unos íbamos a Misa y otros venían de sus diversiones nocturnas.
Qué alegría sentíamos cuando, con ese frío, en pleno mes de enero, bajando la Gran Vía a cero grados, íbamos camino de nuestro Hogar para desayunar en compañía de amigos y seguir compartiendo una reunión llena de vida.
Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna.
Al leer la lectura sentía la alegría interior.  El evangelio nos dice que Jesús comía con los pecadores.
Jesús siempre estaba enseñando. Dios se acerca a la historia de los hombres para decirnos por donde tenemos que caminar y qué hemos de hacer para crecer en la vida y dejar crecer a los demás. “Al pasar”, yendo de camino, Jesús le ofrece su amistad a Leví, un hombre mal visto, considerado enemigo del pueblo judío, que recogía impuestos para el Imperio Romano. A ese (y a ti y a mí) Jesús le dice: “sígueme”. ¡Qué vería Leví en Jesús, que al instante lo dejó todo y lo siguió! Y es que Él ha venido a salvar, a curar, no a condenar. Y para ello ha de estar cerca de todos, sentarse a su mesa, compartir su vida. No ha venido a “llamar a los justos, sino a los pecadores”. ¿Te sientes llamado por el Señor?
Qué bien podemos pasarlo en este rato de oración. ¿Por qué voy yo al médico cuando estoy mal?
El domingo visitaba con un grupo de amigos el Santuario del Cerro de los Ángeles para ganar el Jubileo en este año dedicado al Corazón de Jesús. Luego visitamos el convento donde está enterrada Santa Maravillas. La guía que nos enseñó el museo consiguió contagiarnos su amor por Santa Maravillas. Y una de los visitantes le dijo a la guía: ¿Por qué hablas con tanto entusiasmo y alegría? Nos dijo que ella le debe la fe a Santa Maravillas, y que ahora ofrece su servicio por el bien recibido.
Jesús, ¿qué siento yo cuando me siento a comer con gente más humilde que yo? No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Entre ellos me encuentro yo.
¿Cómo me he sentido en este rato de oración? ¿Todavía brilla en mí la luz de Jesús que vino al mundo el 24 de diciembre?

18/1/2019, Viernes de la I semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la carta a los Hebreos (4, 1-5. 11)
Hermanos: Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea que ha perdido la oportunidad. También nosotros hemos recibido la buena noticia, igual que ellos; pero el mensaje que oyeron no les sirvió de nada a quienes no se adhirieron por la fe a los que lo habían escuchado. Así pues, los creyentes entramos en el descanso, de acuerdo con lo dicho: «He jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso», y eso que sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo. Acerca del día séptimo se dijo: «Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que habla hecho». En nuestro pasaje añade: «No entrarán en mi descanso». Empeñémonos, por tanto, en entrar en aquel descanso, para que nadie caiga, siguiendo aquel ejemplo de rebeldía.
Salmo responsorial (Sal 77, 3 y 4bc. 6c-7. 8)
R. ¡No olvidéis las acciones de Dios!
Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder. 
R.
Que surjan y lo cuenten a sus hijos, para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de Dios, sino que guarden sus mandamientos. 
R.
Para que no imiten a sus padres, generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón inconstante, de espíritu infiel a Dios. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2, 1-12)
Cuando a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra. Y vinieron trayéndole un paralítico entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?». Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decir al paralítico "tus pecados te son perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados - dice al paralítico -: «Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa». Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».

18 enero 2019. Viernes de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Hoy Jesús nos explica su nombre. Jesús hoy nos dice qué significa “Jesús”. “Jesús” significa “Dios salva”. Y eso es lo que Jesús quiere decirnos hoy: que es Dios y que ha venido a salvar.
Jesús, en el Evangelio de hoy, se enfrenta a un problema: cómo explicarles a los judíos, al pueblo de Israel que Él es Dios. Quizá nosotros tendamos a ver a Jesús más como a Dios que a como hombre, pero el pueblo de Israel tenía el problema contrario: veían solo al hombre y les resultaba inconcebible que pudiera ser Dios. La Encarnación era algo demasiado grande para su cabeza. Dios estaba demasiado lejos. Por eso dice públicamente que los pecados del paralítico están perdonados: porque eso solo lo puede hacer Dios. Y por eso cura al hombre: para demostrar que el perdón de los pecados no es una metáfora o unas palabras bonitas sino una realidad.
Pongámonos hoy en los zapatos de Jesús. Veamos la situación con sus ojos. Ese hombre, tan desgraciado, su drama, traspasado por la mirada del Maestro. Y Jesús pensando, yo soy la salvación que el Padre les envía, ¿cómo hacerles entender?, ¿cómo abrirles los ojos para que vean que en mí lo encuentran todo? Detengámonos en esos pensamientos de Jesús. Jesús que percibe también el recelo de los escribas. Jesús mira a todos con la mirada que dirige al paralítico. No solo a él le quiere salvar. Jesús estaba enseñando para hacerles llegar la Buena Noticia: Él es el brazo del Padre que viene a acariciarnos. Pero a la vez, se ve sometido a las limitaciones de todo hombre la dificultad de comprensión, la posibilidad del rechazo.
Revivamos esta escena desde su corazón, que experimenta la contradicción de los hombres, de nosotros, entre nuestra necesidad de Dios y la dificultad de descubrirle, de confundir sus signos por signos de soberbia, de temor… Terminemos la oración introduciéndonos en ese corazón que, a pesar del parcial fracaso, prepara ya la nueva oportunidad para que nos encontremos con Él, para que esos que le han rechazado puedan reconocerle.

17/1/2019. Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario – San Antonio, abad


Lectura de la carta a los Hebreos (3,7-14)
Hermanos: Dice el Espíritu Santo: «Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como cuando la rebelión, en el día de la prueba en el desierto, cuando me pusieron a prueba vuestros padres y me provocaron, a pesar de haber visto mis obras cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación, y dije: Siempre tienen el corazón extraviado; no reconocieron mis caminos, por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso». ¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo. Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este “hoy”, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado. En efecto, somos partícipes de Cristo, si conservamos firme hasta el final la actitud del principio.
Salmo responsorial (Sal 94,6-7.8-9.10-11)
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. 
R.
Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras». 
R.
Durante cuarenta años aquella generación me asqueó,
y dije: «Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso». 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45)
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que sirva de testimonio». Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

17 enero 2019. Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario – San Antonio, abad – Puntos de oración


Comenzamos nuestros puntos poniéndonos en la presencia de Dios Padre y pidiendo el don del Espíritu Santo que ilumine nuestras inteligencias y fortalezca nuestras voluntades.
Para irnos metiendo en la oración leemos despacito y saboreando el salmo, que nos irá preparando para la primera lectura, muy directa y actual.
Repetiremos:
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón».
Yo voy a reescribirlo, aunque no se debe hacer, teniendo en cuenta también la primera lectura
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Que no se extravíe mi corazón,
Que reconozca tus caminos,
Quiero entrar en tu descanso
Que mi corazón esté siempre contigo
Que no me engañe el pecado.
Entrar postrándonos, con una actitud humilde, estoy ante el Señor, reconocerlo, adorarlo. Que don inmerecido el de la fe, que nos permite reconocerle.
El leproso del evangelio está postrado. Pero qué gran diferencia con la nuestra, aunque nos sintamos pecadores. El sí tiene una gran losa encima, física y moral. Aun así, reconoce al Señor.  Cuántas veces por un poco de cansancio, algún pequeño contratiempo…me rebelo contra todo y dejo de mirar al Señor que se me acerca. Porque no olvidemos que Él es quien se acerca y continuamente nos manda señales de su amor. Por eso yo creo que como siempre el Señor se haría el encontradizo y no es que no se alejara, sino que provocó o le dio las fuerzas a ese enfermo para que se levantara. No olvidemos que su Espíritu está continuamente obrando en nosotros.
Quiero centrarme en un par de actitudes del leproso y de Jesús.
La primera la del leproso. Qué humildad y delicadeza. Parece mentira que le diga a Jesús si quieres. Qué diferente a mi actitud de soberbia, de exigencia, de creerme con derechos. El leproso que si que tiene urgente necesidad y le dice si quieres. Suplica de rodillas. Por eso en la oración postrémonos por tierra.
Qué confianza, raya en el atrevimiento. A los leprosos se les tenía prohibido acercarse a la gente. Pero él se acerca con la confianza de que le limpiará.
Señor auméntame la fe. Elimina la desconfianza que deja en mí el pecado.
Y Jesús, qué estaba viendo en esta escena. Él sabía que el sacerdote sólo declaraba limpio al que había sido leproso una vez que había realizado el sacrificio correspondiente y derramado la sangre. Todo esto nos lleva a la conclusión inevitable de que cuando Jesús pronunció estas palabras estaba asumiendo su propio sacrificio en la Cruz a favor de los pecadores. Cada vez que nos cura del pecado va implícita la cruz.
Y Jesús al enviarle a los doctores está significando que es el Mesías. Esta era una de las credenciales que Jesús refirió a Juan el Bautista como evidencia de que él era el Mesías: (Mt 11:3-5) "...¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados...". Con esta acción estaba manifestando que el Reino de Dios estaba llegando a ellos.

16/1/2019. Miércoles de la I semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la carta a los Hebreos (2. 14-18)
Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.
Salmo responsorial (Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9)
R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas. 
R.
Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. 
R.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. 
R.
Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1, 29-39)
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido». Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

16 enero 2019. Miércoles de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Hoy te propongo un ejercicio para tu oración:
Piensa en la persona que más maravillosa te parece; a lo mejor coincide con la persona que más quieres, o que más admiras... Piensa en esa persona a la que más feliz quieres hacer; con la que deseas cuidar con esmero cada gesto, cada palabra tuya, siempre intentando ser lo más agradable posible.
A esa persona le perdonas todo, deseas que tenga lo mejor; sus defectos te parecen pura anécdota comparado con lo maravilloso que es como criatura. Aunque te fallase profundamente, tratarías de comprenderle, aunque esperas lo mejor de su ser.
Así nos quiere Dios; así nos ama desmedidamente; somos sus hijos, sus amigos, sus amados; somos sus herederos, príncipes del Universo; con la Vida Eterna prometida. Así nos ama a sus escogidos, a sus favoritos. ¿Puedes sentir esto?, o también… ¿Puedes comprenderlo? En definitiva: “¿Crees esto?”
Ahora, esos pensamientos que tienes por esa persona en quien pensabas antes, trasládalos a tus allegados, a todos tus seres queridos; esa persona seguirá siendo tu punto favorito, y ese amor conseguirá irradiarse a todos los demás allegados tuyos. Y, ya puestos, ¿por qué no? A todo tu prójimo. Compañeros, profesores, alumnos, amigos, primos, padres, hijos, abuelos….
¡Tantos favoritos tiene Dios! Y así los ama a todos.
¿Conseguirías imaginarte esos pensamientos para todo el que te encuentras? No significa esto una euforia a cada persona, pero sí que pueda haber algo que, escondidamente, transmita la alegría cristiana del Evangelio, porque amas a tus seres cercanos, porque bebes de la fuente del Amor en la oración, en la Eucaristía y en los Sacramentos.
Así ama Dios a todos.
Tiro esto en la papelera correspondiente, porque, en el fondo, amo también a la sociedad; pienso en la persona que me atiende en una tienda, antes que en mi resultado autosatisfactorio, porque ese es el rostro de Cristo que debo mostrar; es mi forma de amarle. Es Cristo a quien tengo delante en esa persona. Pero, terminemos con una última pregunta. (bueno, 3 en 1)
¿Hay personas que nunca habíamos visto, que cuando nos las encontramos nos causa una sensación de malestar, odio, furia, o desprecio?
¿Hay personas que sí que conocemos, que cuanto más les conocemos, menos les aguantamos?
Volviendo a la persona del comienzo de nuestro ejercicio, esa situación de la persona ideal, de nuestra persona favorita a la que tratamos con exquisitez y le deseamos la mayor felicidad… después de este recorrido, ¿crees que serías capaz de trasladar ese modo de obrar-pensar-sentir tuyo a la otra persona a quien no aguantas?
Para el hombre es imposible, pero para Dios todo es posible.

15/1/2019. Martes de la I semana del Tiempo Ordinario


Lectura de la carta a los Hebreos (2, 5-12)
Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando; de ello dan fe estas palabras: «¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el ser humano, para que mires por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, todo lo sometiste bajo sus pies». En efecto, al someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo. Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gusto la muerte por todos. Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevará muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré».
Salmo responsorial (Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9)
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él? 
R.
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies. 
R.
Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1, 21-28)
En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros, contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen». Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

15 enero 2019. Martes de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Para la oración de hoy, tras serenar el corazón, ponernos en presencia del Omnipotente, e invocar al Espíritu Santo, os brindo un texto del Papa Francisco para que nos ayude a meditar sobre el Evangelio de hoy.
“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje evangélico de este domingo (cf. Mc 1, 21-28) presenta a Jesús que, con su pequeña comunidad de discípulos, entra en Cafarnaún, la ciudad donde vivía Pedro y que en esa época era la más grande de Galilea. Y Jesús entró en esa ciudad.
El evangelista san Marcos relata que Jesús, al ser sábado, fue inmediatamente a la sinagoga y comenzó a enseñar (cf. v. 21). Esto hace pensar en el primado de la Palabra de Dios, Palabra que se debe escuchar, Palabra que se debe acoger, Palabra que se debe anunciar. Al llegar a Cafarnaún, Jesús no posterga el anuncio del Evangelio, no piensa en primer lugar en la ubicación logística, ciertamente necesaria, de su pequeña comunidad, no se demora con la organización. Su preocupación principal es comunicar la Palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Y la gente en la sinagoga queda admirada, porque Jesús «les enseñaba con autoridad y no como los escribas» (v. 22).
¿Qué significa «con autoridad»? Quiere decir que en las palabras humanas de Jesús se percibía toda la fuerza de la Palabra de Dios, se percibía la autoridad misma de Dios, inspirador de las Sagradas Escrituras. Y una de las características de la Palabra de Dios es que realiza lo que dice. Porque la Palabra de Dios corresponde a su voluntad. En cambio, nosotros, a menudo, pronunciamos palabras vacías, sin raíz o palabras superfluas, palabras que no corresponden con la verdad. En cambio, la Palabra de Dios corresponde a la verdad, está unida a su voluntad y realiza lo que dice. En efecto, Jesús, tras predicar, muestra inmediatamente su autoridad liberando a un hombre, presente en la sinagoga, que estaba poseído por el demonio (cf. Mc 1, 23-26). Precisamente la autoridad divina de Cristo había suscitado la reacción de Satanás, oculto en ese hombre; Jesús, a su vez, reconoció inmediatamente la voz del maligno y le «ordenó severamente: “Cállate y sal de él”» (v. 25). Con la sola fuerza de su palabra, Jesús libera a la persona del maligno. Y una vez más los presentes quedan asombrados: «Incluso manda a los espíritus inmundos y le obedecen» (v. 27). La Palabra de Dios crea asombro en nosotros. Tiene el poder de asombrarnos.
El Evangelio es palabra de vida: no oprime a las personas, al contrario, libera a quienes son esclavos de muchos espíritus malignos de este mundo: el espíritu de la vanidad, el apego al dinero, el orgullo, la sensualidad... El Evangelio cambia el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien. El Evangelio es capaz de cambiar a las personas. Por lo tanto, es tarea de los cristianos difundir por doquier la fuerza redentora, convirtiéndose en misioneros y heraldos de la Palabra de Dios. Nos lo sugiere también el pasaje de hoy que concluye con una apertura misionera y dice así: «Su fama —la fama de Jesús— se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea» (v. 28). La nueva doctrina enseñada con autoridad por Jesús es la que la Iglesia lleva al mundo, juntamente con los signos eficaces de su presencia: la enseñanza autorizada y la acción liberadora del Hijo de Dios se convierten en palabras de salvación y gestos de amor de la Iglesia misionera. Recordad siempre que el Evangelio tiene la fuerza de cambiar la vida. No os olvidéis de esto. Se trata de la Buena Noticia, que nos transforma sólo cuando nos dejamos transformar por ella. Por eso os pido siempre tener un contacto cotidiano con el Evangelio, leerlo cada día, un trozo, un pasaje, meditarlo y también llevarlo con vosotros adondequiera que vayáis: en el bolsillo, en la cartera... Es decir, nutrirse cada día en esta fuente inagotable de salvación. ¡No os olvidéis! Leed un pasaje del Evangelio cada día. Es la fuerza que nos cambia, que nos transforma: cambia la vida, cambia el corazón.
Invoquemos la maternal intercesión de la Virgen María, quien acogió la Palabra y la engendró para el mundo, para todos los hombres. Que ella nos enseñe a ser oyentes asiduos y anunciadores autorizados del Evangelio de Jesús.”

14/1/2019. Lunes de la I semana del Tiempo Ordinario


Comienzo de la carta a los Hebreos (1, 1-6)
En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo.» Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».
Salmo responsorial (Sal 96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9)
R. Adorad a Dios, todos sus ángeles.
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. 
R.
Los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.
Adoradlo todos sus ángeles. 
R.
Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1, 14-20)
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio». Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación, los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

14 enero 2019. Lunes de la I semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración


Acabamos el tiempo de Navidad con este lunes 14 de enero, y empezamos el Tiempo ordinario. Es el lunes de la primera semana, es el principio de la vida normal. Gracias a Dios, la Iglesia nos presenta de vez en cuando en la liturgia tiempos especiales de celebración, pero la mayor parte del tiempo lo que tenemos es tiempo ordinario. Es un tiempo equivocadamente poco celebrativo por nuestra parte, más que ordinario nos parece monótono. Pero no debería ser así. No debe ser un tiempo de un solo tono (monótono), tanto si se refiere al color como si se refiere al sonido, sino, como la vida misma, un tiempo en colores y polifónico. Un día cualquiera es un día único.
Valga esta introducción para que este lunes primero del año o cualquier jueves de cualquier semana por ahí perdida de cualquier mes sea un día lleno de luz, de color y de sonidos. Dios es una eterna sorpresa, como lo hemos meditado muchas veces, por eso a él no le gana nadie en tonalidades de color y de sonido. ¡Cuántos colores aún por descubrir! ¡cuántos sonidos y canciones aún por escuchar! La oración de hoy puede ser una de esas veces en que todo luce y suena bien.
Podemos dar gracias a Dios por todo esto que hemos ido diciendo hasta ahora, pero para cuando llevemos un rato agradeciendo, nos vendrá bien meditar también por esta otra sorpresa de Dios: para hablar a todos de esta vida tan bella Dios nos ha elegido como colaboradores suyos. Sí, esto dice el Evangelio de hoy, que Jesucristo eligió a unos pescadores, llamémosles ordinarios, para llevar ese Evangelio. No eligió a los oradores, magos, sabios, reyes o ricos de su época, sino que eligió a un tal Simón (al que para darle un poco más de prestancia le cambió el nombre) y a unos jóvenes pescadores de un pueblo no muy importante de un pequeño lago interior de Galilea. O sea, podría ser perfectamente a mí mismo.
Yo he sido elegido para llevar el color y la música de Dios por el mundo. ¡Qué osado eres, Señor!
¡Ale, pues a meditar sobre esto y darle gracias!

13/1/2019. El Bautismo del Señor (Ciclo C)


Lectura del libro de Isaías (42, 1-4. 6-7)
Esto dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».
Salmo responsorial (Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10)
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. 
R.
La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. 
R.
El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno. 
R.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (10, 34-38)
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
Lectura del santo evangelio según san Lucas (3,15-16.21-22)
En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

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