2 noviembre 2012. Los Fieles Difuntos – Puntos de oración

Tras celebrar, la fiesta de Todos los Santos, la felicidad de los bienaventurados en el cielo, en la fiesta de ayer, hoy nos dirigimos al Señor en favor de los que nos han precedido, ( por un breve tiempo), con el signo de la fe. Hacemos memoria de todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de todo pecado, puedan gozar de la felicidad eterna.

Ya en la presencia de Dios debemos leer muy despacio algún versículo de la carta de san Pablo a los romanos que hoy nos propone la liturgia: “Hermanos: los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva… Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6, 3-9).

La muerte, así a secas, a todos nos asusta. Nos da miedo acercarnos a ella. No se puede disfrazar. Es peligroso olvidarse de ella o darle la espalda. La realidad no son sentimientos o pura imaginación.

Nos quieren hacer olvidar esta realidad con estas fiestas que se celebran por los paganos del s. XXI. ¡Vaya montaje tienen preparado las multinacionales con el Halloween!

Los que no creen en el encuentro con Cristo cara a cara en el momento de la muerte, creen en auténticas sandeces, supersticiones...

Te has preguntado alguna vez, en ¿qué creen los que no creen? No, la muerte no es ciencia ficción. Es una realidad que tocamos todos los días.

Ahora se trata de escuchar las palabras de Jesús que superan nuestra vida mortal y nos hacen penetrar en la vida eterna. Vamos a recordar una frase del evangelio de este día. Ya la conoces, pero se trata de vivirla.

“Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo,

estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino.

Tomás le dice: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?

Jesús le responde: “Yo soy del camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mi.

Estas tres palabras, camino, verdad y vida, son capaces de dar sentido a toda nuestra vida. Nos hacen vivir con alegría y esperanza en medio de las dificultades.

Nadie, solo Cristo ha sido capaz de definirse de esta manera. No se conoce ninguna persona en la historia que haya sido capaz de aplicarse estas palabras.

Este Cristo ha resucitado entre los muertos y quiere que cuando llegue nuestra muerte, al final del camino, nos encontremos con Él. Con él que es la vida. Una vida que nunca acaba.

Me encontraré con la verdad. Las mentiras crecen en medio de la oscuridad. No soportan la luz de Dios. La mentira se opone a la verdad y engendra tristeza y odio, y el odio lleva a la muerte.

Y por último, Jesús es el camino. No es un camino más. Sino como el único camino. A veces me va a costar seguirle. Pero le seguiré pisando sobre sus propias huellas y me encontraré en la vida que nunca acaba. “Venid benditos de mi Padre…”

Pidamos a Santa María que nos aumente la fe en la eternidad. Que la muerte es una puerta que hay que pasar donde me encontraré con la Verdad y con la Vida, con Jesús para siempre.

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