6 marzo 2013. Miércoles de la tercera semana de Cuaresma – Puntos de oración

Si hemos leído el evangelio de este día con atención, nos habrán surgido en nuestro espíritu dos conceptos que se desprenden del mismo:

El primero: Debemos interiorizar la ley de Dios.

El Segundo: Debemos de cuidar lo pequeño a los ojos de Dios.

I. Interiorizar la ley:

            ¿Qué es la ley? ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida? ¿Qué relación tenemos con ella? ¿Qué sentimos cuando leemos o escuchamos esa palabra?

            Los movimientos interiores que nos suscitan estas preguntas, pueden ser tantos como personas, pero lo cierto es que la ley es una realidad objetiva, querida por Dios, y necesaria para nuestro bien y el bien de los demás. "El hombre es el único entre todos los seres animados que puede gloriarse de haber sido digno de recibir de Dios una ley" (Tertuliano). ¡Bendita dignidad querida por Dios! Vamos a agradecer al Señor sus palabra en este día: " no he venido a abolir, sino a dar plenitud..."

            Otro detalle que te brindo para tu consideración, es que "la ley natural expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira..." (1954 CIC) ¡Bendita ley que nos permite ser libres y liberar a los que pueden estar sometido bajo el yugo del pecado...!

            Todas las leyes se han sostenido en el tiempo sobre páginas escritas, pero la ley de Dios "¿dónde está inscrita, se pregunta S. Agustín, sino en el libro de esa luz que se llama la Verdad? Allí está escrita toda ley justa, de allí pasa al corazón del hombre que cumple la justicia; no que ella emigre a él, sino que en él pone su impronta a la manera de un sello que de un anillo pasa a la cera, pero sin dejar el anillo." (S. Agustín, Trin. 14,15,21).

            ¿A qué plenitud se refiere Jesucristo cuando hace mención a la ley y a los profetas? Respondo con el catecismo en la mano: "La Ley antigua es una preparación para el Evangelio. "La ley es profecía y pedagogía de las realidades venideras" (S. Ireneo, haer. 4, 15, 1). Profetiza y presagia la obra de liberación del pecado que se realizará con Cristo; suministra al Nuevo Testamento las imágenes los "tipos", los símbolos para expresar la vida según el Espíritu. La Ley se completa mediante la enseñanza de los libros sapienciales y de los profetas, que la orientan hacia la Nueva Alianza y el Reino de los Cielos. (1964 CIC). La ley nueva o Ley evangélica es la perfección aquí abajo de la ley divina, natural y revelada. Es obra de Cristo y se expresa particularmente en el Sermón de la montaña. Es también obra del Espíritu Santo, y por él viene a ser la ley interior de la caridad." (1965 CIC).

Interiorizar la ley es descubrir a Jesucristo y su plenitud en nosotros...

II. Debemos de cuidar lo pequeño a los ojos de Dios.

            Muchas veces nos perdemos en disquisiciones teológicas sobre lo que es importante y lo que no lo es, sobre lo que es fundamental o accesorio, sobre lo que es transcendente o intrascendente...

            Creo que a los ojos de Dios, todo lo que se hace con amor, es grande, transcendente, santificador, por pequeño que sea...

            ¿Dónde ponemos nuestra santidad personal...? Si lo único importante es ser santo ante los ojos de Dios, y si Dios lo ve todo, todo puede ser motivo de santificación personal..., pero la clave está, a mi parecer, en el amor que ponemos en ello.

            El amor ennoblece todo, el amor eleva la calidad de los actos, el amor transforma todo lo que hacemos en la vida, por pequeño que sea...  Yo te invito a descubrir el valor de lo pequeño, para que lo pequeño de valor a tu vida.

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