3 de enero 2014, Santísimo nombre de Jesús – Puntos de oración

Primer viernes de Mes y Fiesta del Nombre de Jesús en la octava de Navidad. El Siervo de Dios P. Tomás Morales quería que viviésemos un día de “guardia colectiva”, esto es, un día ordinario pero vivido de modo extraordinario a la hora de multiplicar pequeños detalles espirituales con el Señor y de amor a nuestro prójimo.

Un buen día para pronunciar cientos, miles de veces el NOMBRE DE JESÚS, con dulzura, con cariño como solía hacer San Bernardo. Promotores de esta devoción fueron San Bernardino de Siena y San Juan quienes llevaron consigo en sus misiones en las turbulentas ciudades de Italia una copia del monograma del Santísimo Nombre, rodeado de rayos, pintado en una tabla de madera, con el cual bendecían a los enfermos y obraban grandes milagros. Al finalizar sus sermones mostraban el emblema a los fieles y les pedían que se postraran a adorar al Redentor de la humanidad.

Les recomendaban que tuviesen el monograma de Jesús ubicado sobre las puertas de sus ciudades y sobre las puertas de sus viviendas.  El emblema o monograma que representa el Santísimo Nombre de Jesús consiste de las tres letras: IHS. En la mal llamada Edad Media el Nombre de Jesús se escribía: IHESUS; el monograma contiene la primera y la última letra del Santísimo Nombre.

Se encuentra por primera vez en una moneda de oro del siglo VIII: DN IHS CHS REX REGNANTIUM (El Señor Jesucristo, Rey de Reyes. Los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de su Sociedad, añadiéndole una cruz sobre la H y tres clavos bajo ella. Consecuentemente se inventó una nueva explicación del emblema, pretendiendo explicar que los clavos eran originalmente una "V", y que el monograma significaba "In Hoc Signo Vinces" (En Esta Señal deben Conquistar), palabras que, de acuerdo a un registro muy antiguo, vio Constantino en los cielos bajo el signo de la Cruz antes de la batalla en el puente Milvio (312)-.

1.   PRIMERA LECTURA: ¡Miad cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. (1 Jn 2, 29)

Resulta confortante siempre leer a San Juan, el apóstol del amor. Más allá de los nombres y de las ideas, importa la REALIDAD, y la realidad es que SOY HIJO DE DIOS. Por tanto, por la gracia, soy lo que es Jesús por naturaleza. Te animo a que cantes “¡Dios es mi Padre, qué feliz soy, soy hijo suyo, hijo de Dios!”.

2.   SALMO 98(97) Cantad al Señor un canto nuevo,

Sigo saboreando el bello texto del Papa Francisco para “evangelizar con gozo “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura (n. 286)”. Sí, el Papa Francisco está aportando vino nuevo –CÁNTICO NUEVO- a nuestra Iglesia y el comienzo del año civil es un nuevo estímulo: Año Nuevo, Vida Nueva.

3.   EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1,29-34. Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

El Evangelio nos da como nunca “saber y sabor” de la Sabiduría Encarnada del Cordero. Él que es Inmaculado, sin mancha, carga con todos mis pecados para limpiarme, para salvarme, como recordamos actualizándolo en todas nuestras misas en el “Agnus Dei”. Gracias, Señor, perdóname y ten piedad de mí.

Nadie como un mártir es capaz de entender y vivir esta hermosa realidad. Por ello, te comparto lo que. Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, filosofa, mártir, copatrona de Europa escribió en Las Bodas del Cordero, 14/9/1940

“En el Apocalipsis, el apóstol Juan escribe: “Vi entonces en medio del trono… un Cordero en pie con señales de haber sido degollado” (Ap 5,6). Cuando el vidente de Patmos contempló esta visión, aún estaba vivo en él el recuerdo inolvidable de ese día junto al Jordán, cuando Juan el Bautista le señaló al “Cordero de Dios” que “quita el pecado del mundo”…

Pero, el Señor ¿por qué había elegido el cordero como símbolo privilegiado? ¿Por qué se mostró, incluso, de ese modo en el trono de la eterna gloria? Porque él estaba libre de pecado y era humilde como un cordero; y porque él había venido para “dejarse llevar como cordero al matadero” (Is 53,7). Todo eso también lo presenció Juan cuando el Señor se dejó atar en el Monte de los Olivos. Allí, en el Gólgota, fue llevado a cumplimiento el auténtico sacrificio de reconciliación. A partir de entonces los antiguos sacrificios perdieron su eficacia; y pronto desaparecerían del todo, igual que el antiguo sacerdocio, cuando el templo fue destruido. Todo esto lo vivió Juan de cerca. Por eso no le asombraba ver al Cordero en el Trono.

Igual que el Cordero tuvo que ser matado para ser elevado sobre el trono de la gloria, así el camino hacia la gloria conduce a todos los elegidos para “el banquete de bodas” a través del sufrimiento y de la cruz. El que quiera desposar al Codero tiene que dejarse clavar con él en la cruz. Para esto están llamados todos los que están marcados con la sangre del Cordero (cf Ex 12,7), y éstos son todos los bautizados. Pero no todos entienden esta llamada y la siguen.

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