Puntos oración 10 octubre 2009

Este sábado la liturgia nos ofrece un evangelio mariano. Uno de los más cortos que se leen a lo largo del año, pero al mismo tiempo enormemente rico y lleno de consideraciones prácticas. Vivámoslo desde el Corazón de la Virgen. “Madre: ¿qué pensaste y sentiste cuando te contaron la escena?”

1.- “Una mujer de entre el gentío levantó la voz”. Escribe el P. Morales: “No puede aguantarse más. Le arde el corazón por dentro. Se quema de amor... Una voz salida de lo más profundo de su alma, una voz llena de fe y de amor... de sinceridad y audacia” (IL 124). Con qué agradecimiento escucharía Jesús a la buena mujer: ¡por fin una voz que no le hostiga! Esta voz:

a) No es como las voces de los enemigos de Jesús: llenas de ira, de envidia, de desprecio... Justo antes de este pasaje (Lc 11, 14-16), ante la expulsión de un demonio mudo, algunos dijeron: “por el poder de Beelzebul, expulsa éste los demonios”, y otros “para tentarle le pedían una señal del cielo”.

b) Se levanta entre la indiferencia de tantos que oyen a Jesús pero no lo escuchan... Para ellos la de Jesús es una voz entre otras muchas... Lo mismo que ocurre hoy.

c) Es una provocación para tantos que, aunque escuchan a Jesús, no se atreven a manifestarse en público: por miedo al qué dirán, y para no ser alcanzados por las iras de los enemigos de Jesús.

• Enemigos, indiferentes y cobardes los hubo ayer y los sigue habiendo hoy. ¿No se puede decir que también hay partes en mi corazón que entran en estas categorías? Que todo nuestro corazón exclame también esta bendición a Jesús, nuestro Salvador, llena de agradecimiento, entusiasmo y valentía.

2.- “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Es una oración espontánea, que brota incontenible de la admiración que provocan las palabras de Jesús. Se repite de otra manera la bendición de Isabel a María: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” (Lc 1, 42). Es lo mismo que decir: “Bienventurada por siempre, bendita sea eternamente esa virgen Madre que te dio a luz” (IL 124). Empieza a cumplirse la profecía de la Virgen en el Magníficat: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1, 48).

• La alabanza a Jesús se convierte en gloria para María. Y es que el sí de la Virgen nos ha traído la salvación de Jesús. Y recíprocamente, la alabanza a la Virgen redunda en gloria para Jesús. “A Jesús por María”. Ella nos orienta hacia Jesús. Nos dice siempre: “Haced lo que Él os diga”.

3.- “Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Es una nueva bienaventuranza de Jesús. María es dichosa, inmensamente feliz. Con su vida, con su actitud, es la que mejor escucha la Palabra de Dios y la cumple. Tanto, que ha encarnado la Palabra, Jesucristo. Por dos veces nos dice el Evangelio que “María conservaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón”. Nosotros no podemos imitar propiamente a la Virgen en su maternidad. Pero sí en su acogida de la Palabra. Y de esta manera nos alcanza también a nosotros la bienaventuranza de Jesús. Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen se parecen a la Virgen, entran en la órbita de su poderosa intercesión, se matriculan en la escuela de María. A su manera encarnan la Palabra en su interior, y la dan a luz para los demás. Escribe de ellos el P. Morales: “son felices y hacen felices a cuantos les rodean” (IL 586).

Oración final.

Digamos con el P. Morales: “¡Madre querida: que se levante de mi corazón una voz de agradecimiento a Jesús, que cante en cada momento del día sus misericordias!” (IL 125).

• Y oigamos a la Virgen que nos dice: «Si quieres ser feliz, si quieres que se cumpla sobre ti la bienaventuranza de Jesús, tienes que hacer lo que yo. Mi fe y obediencia, aceptando la embajada dolorosa y gozosa de la anunciación, me hacen bienaventuradamente feliz para siempre. Escucha la palabra de Dios. Guárdala siempre, y serás feliz en tu carrera cruzada [y militante] mientras dura la marcha peregrina hasta que nos veamos en el cielo» (IL 125-6).

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