23 septiembre 2010, jueves de la XXV Semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración.

“En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.”

I. Es curioso, pero parece que sucede lo mismo en casi todas las épocas de la historia.

  • “Los hombres de la época de Jesús tenían una cierta tendencia a la exageración. Ponen a Juan entre los profetas antiguos, dicen que ha resucitado, no se sabe bien si él es Elías…
  • ¿Qué ocurría hoy? Pensemos en cuántos artículos saldrían.., o en cuanto se vendería la exclusiva a la televisión…
  • Y es que “el exceso de comunicación de las cosas religiosas a través de los medios de comunicación, incluso cuando se trata de revelaciones verdaderas y de milagros auténticos, suele dañar el sentido del mensaje cristiano, que es completamente interior y es la invitación a seguir a Jesús…” (Tomás Spidlik).

II. “Es inconcebible la envidia de los judíos contra Jesús, dice Beda. Creen que Juan, que no obró milagro alguno y que no tenía en su favor ningún testimonio, resucitó; en cambio, no quisieron creer la resurrección de Jesús, varón aprobado por Dios con milagros y prodigios, y cuya resurrección atestiguaron los ángeles, los apóstoles, hombres y mujeres.

  • Los prejuicios personales o de escuela ocasionan grandes y fundamentales errores: La historia del cristianismo y de las herejías está llena de ellos. En la discusión de hechos y doctrinas hemos de atender siempre los criterios de verdad objetiva, deponiendo el nuestro personal, aun cuando entren en juego nuestros intereses o conveniencias.” (Cardenal Gomá).

“Herodes se decía: “A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas? Y tenía ganas de verlo.

III. Esta voz de Herodes es la del remordimiento

  • Cuando hemos faltado a la justicia que debemos al prójimo, el clamor que sube de nuestra conciencia no cesa de atormentar nuestro pensamiento.
  • El remordimiento, ha dicho el poeta, se enrosca como una sierpe sobre nuestro pecho, y nos ahoga, estrechando sus implacables anillos.
  • El abuso de la libertad lleva siempre como contragolpe esta opresión espiritual causada por el mal cometido.

“Y tenía ganas de verlo…”

IV. No se sabe si su curiosidad era mayor que sus temores.., o sus temores mayores que su curiosidad…

  • Lo cierto es que también él tuvo su oportunidad de ver a Jesús, pero lo vio en unos momentos y circunstancias, en que tenía que definir su condena o su libertad, su inocencia o su culpabilidad…
  • No son pocos los que quieren ver a Jesús, pero que esto no les vincule, ni obligue a nada, lo cual es imposible, pues ante Dios siempre hay que tomar partido…

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