10 junio 2012. Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Puntos de oración

Hoy, fiesta del Corpus Christi, es un día para hacer nuestra oración delante de un sagrario, y para preparar en ella de forma más cuidada el encuentro con Jesús en la Misa. Y para prolongarla a lo largo de todo el día agradeciendo al Señor su presencia eucarística, su Cuerpo y su Sangre entregados por nosotros. Pidamos luz al Espíritu Santo para que nos ilumine este misterio. Puede ayudarnos para la oración considerar cómo valoran y viven la Eucaristía los santos. Nos centraremos en algunos consejos y confidencias de la Madre Teresa de Calcuta.

Recordemos la primera vez que recibimos la Sagrada Comunión. “A veces vamos a la Sagrada Comunión sin preparación y con la mente confundida. Recordad la primera vez que recibisteis la Sagrada Comunión, recordad ese anhelo: un gran anhelo, una gran fe, un gran amor. Se nos tienta para comulgar sin prepararnos, y a veces nos resultará difícil percatarnos: necesitamos gran fe, amor y anhelo antes de recibir la Sagrada Comunión”.

Sintamos el vínculo entre la Eucaristía y nosotros. “La parte más importante del día es la misa. Cuando te persignes, traza bien la cruz. Antes de salir, dirígete a la capilla y pídele a Jesús que vaya contigo. El Jesús que agoniza en la Cruz fue real, y ahora la Santa Misa es la realidad. Cada mañana, intenta ser el primero en entrar en la capilla y siente ese vínculo entre la Eucaristía y tú”.

Recibamos a Jesús como lo hizo María. “Dijo Isabel: «¿Cómo es que la Madre de mi Señor ha venido a mí y el niño dentro de mí saltó de alegría?» Nuestra preparación para la llegada de Jesús: recibámosle cada mañana como la esclava del Señor y pidámosle Su fuerza y Su alegría. Recemos. Aferrémonos a Nuestra Señora y roguemos para que nos enseñe cómo llevó a Jesús consigo. Pidámosle a santa Isabel que nos proporcione una fe profunda. Pidámosle a san Juan que saltemos con la alegría de amar a Jesús y compartámoslo todo con aquellos que encontramos, especialmente nuestras hermanas. Que vuestros ojos brillen de alegría. Compartamos la alegría de recibir compartiendo con los demás, y con nuestros pobres”.

Conozcámonos mutuamente al partir el Pan. “¿Cómo podemos amar a Dios y a sus pobres si no amamos a aquellos con quienes vivimos y con quienes compartimos el Pan de Vida a diario? Éste es mi deseo: que os podáis conocer mutuamente al partir el pan, que os améis las unas a las otras al comer ese Pan de Vida y os sirváis las unas a las otras y a Él en sus pobres ofreciendo vuestro servicio de todo corazón. «Y al partir el Pan le reconocieron». ¿Reconozco la belleza de mis hermanas, las esposas de Cristo, al partir el Pan en la misa diaria que vivimos juntas?”

Jesús en la Eucaristía es la fuente de nuestro amor y de nuestra alegría. “En una ocasión alguien me preguntó: «Pero ¿cómo es posible que siga así? ¿Cómo logra sonreír constantemente?» Respondí: «¿Por qué se convirtió Jesús en Pan de Vida? Él ha venido a mí esta mañana por esa razón: para ser mi fortaleza, mi vida, mi amor y mi alegría, y Él es vuestro»”.

Dejemos que Jesús nos ame en la Eucaristía. “Imaginad por un momento lo que serían nuestras vidas sin la Eucaristía. ¿Qué nos haría amar a Jesús? ¿Qué habría que nos hiciera renunciar a todo? ¡Pienso que ninguna de nosotras estaría aquí sin la Eucaristía! Hoy no vamos a leer mucho, ni tampoco a meditar mucho, sino que sencillamente vamos a dejar que Jesús nos ame. Siempre estamos prestas a decir: «Jesús, te amo», pero no permitimos que Él nos ame. Hoy repetid a menudo: «Jesús, estoy aquí, ámame»”.

Oración final. “Jesús, a quien ahora contemplo velado: concédeme lo que tanto anhelo: ser feliz en tu gloria, contemplándote cara a cara, descorridos ya los velos que ahora te ocultan” (Santo Tomás)

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