23 junio 2012. Sábado de la XI Semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Si leemos atentamente el evangelio de hoy, bien podríamos afirmar, que es un evangelio muy en contra de algo común en nuestros días: el agobio. ¡Por cierto, son cinco las veces, en que se nos insiste, en que no debemos sumir nuestra vida en esa fatal apreciación o experiencia..! Pero ¿quién no lo ha sentido? ¿Quién no lo ha apreciado en su entorno? ¿Quién se encuentra ajeno a esa realidad…?

Yo creo que merecería la pena, el que le dedicáramos nuestra oración de hoy al agobio.., no para caer en él, sino para salvarnos de él mediante la reflexión y la súplica a nuestro Señor. ¿Qué os parece..?

El Semanario Católico “Alfa y Omega” del 6 de Junio del 2002 en su nº 310, tocó este tema de una manera magníficamente bien, así que me voy a permitir el lujo de trasvasar algunos de sus contenidos para su ponderación.

Perfil del agobiado:

  • “Decimos que una persona se siente agobiada cuando las circunstancias, la situación, están ejerciendo un papel de presión constante en la que el individuo, o ciertos tipos de personas, al interactuar con estos factores pueden sobrellevarlo mejor o peor: Cuando las personas sobrellevan mejor esas circunstancias, podríamos decir que es un agobio positivo, pues todavía se tienen recursos psicológicos suficientes para rendir ante esas situaciones; pero cuando, por el contrario, las personas no tienen esos recursos psicológicos suficientes ante situaciones o circunstancias difíciles, entonces es cuando empiezan a fallar los mecanismo para manejar las situaciones de estrés o de tensión.
  • Síntomas emocionales: ansiedad, miedo, pánico, vulnerabilidad, desánimo, sentimientos de estar atrapado, sentimiento de culpa, rabia, resentimiento, frustración.
  • Síntomas cognitivos (formas de procesar el pensamiento): Pensamientos intrusitos, pensamientos negativos, pensamientos automáticos.., todo esto en el contexto de lo catastrófico y de lo negativo.

¿Es una enfermedad, o es ignorancia de cómo plantearse la vida?

  • En sí mismo, ni es enfermedad ni es ignorancia, pero la persona que no ha aprendido a superar distintos problemas, situaciones o circunstancias de la vida; el agobio puede llegar a formularse como una auténtica enfermedad, desembocando en un trastorno por ansiedad.

¿Más en las mujeres o en los hombres?

  • Posiblemente sean las mujeres las que puedan agobiarse más. Las razones son obvias. Actualmente, en nuestra sociedad, la mujer está recibiendo una mayor carga de presión y de responsabilidades.

¿Cómo ayuda la Fe a la persona agobiada?

  • Si se vive de forma verdadera, adecuada, realista, sin estridencias, sin subjetivismos, la relación trascendental con Dios puede ayudar a objetivar y desdramatizar muchas de las situaciones, y qué duda cabe que, al objetivar y distanciarse un poco más de las situaciones estresantes, puede tener una valoración más realista y tranquila de los hechos. Pero, a veces, si no se vive esta relación personal de forma adecuada, entonces uno puede llegar a utilizar las prácticas religiosas como un medio inmediato, cuando el fin es distinto. En otras palabras, las prácticas religiosas no deben utilizarse como la panacea de la solución de nuestros problemas, sino en la búsqueda sincera y profunda de una relación más íntima y sincera de la verdad, y ser conscientes en todo momento de que, pase lo que pase, somos hijos de un Dios que es, ante todo, un Padre misericordioso. Como consecuencia de una relación equilibrada, de las prácticas religiosas (y sólo como consecuencia, no como búsqueda para solucionar nuestros problemas personales), la persona está más preparada, porque se hace más trascendente y valora los acontecimientos cotidianos desde una perspectiva menos dramatizadota.

Algunos consejos prácticos para disminuir el agobio, además de la oración personal y la confianza en Dios que esta conlleva:

  • Saber decir no con mayor frecuencia, cuando no debemos decir sí.
  • Hacer más ejercicio físico.
  • Establecer un horario realista.
  • Confiar en uno mismo.
  • Saber priorizar los problemas que se presenten, y nunca postergarlos a la trastera de nuestra vida.
  • Vivir con la mayor plenitud posible este hoy, este ahora, este momento presente.

A Viktor Frankl le gustaba citar a Nietzsche: “Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo” Si este principio lo trasladamos a los acontecimientos cotidianos de la vida, lo que se obtiene es una fuerza mayor para acometerlos.

Si Jesucristo nos decía en el evangelio de hoy que “no nos agobiemos”, no me lo dice cualquiera, por mucho que haya estudiado el tema, o haya tenido experiencia del mismo… ¡No, me lo está diciendo Dios en la persona de Cristo.., y esto no solo conlleva la verdad del hecho, sino también la fuerza para vivirlo..!

image

image

Archivo del blog