2 septiembre 2012. Domingo de la XXII semana de Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Puntos de oración


Al comenzar la oracn de este domingo purifiquemos la intencn con la oración preparatoria que nos aconseja San Ignacio: Señor Jesús, que todas mis acciones, intenciones y operaciones (capacidades) sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de vuestra divina Majestad”. Creo que es una oración de inicio que no deberíamos omitir nunca. Tal vez, para muchos sea mejor hacerla con sus propias palabras: …

A partir de la Palabra de Dios que la Iglesia nos propone para este domingo podemos meditar en tres puntos:
1)  Dios siempre toma la iniciativa de relación con el hombre:
Después del pecado original, Dios elige un pueblo para hacer alianza con Él. Dios
esta cercano al pueblo y siempre dispuesto a escuchar a todo aquel que lo invoque. A cambio el pueblo se compromete a guardar los mandatos y decretos que Dios a través de Moisés les dé.

2)  ¿Cómo debe ser nuestra relación con Dios?
En la segunda lectura el apóstol Santiago (St 1, 17-18.21b-22.27) nos dice que
“todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre”   Por lo que debemos aceptar con total docilidad el don más grande entregado que es su propio Hijo,
Jesucristo. Él es la Palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Y recibir a
Jesús es esforzarse por vivir el mandamiento nuevo que nos de: Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13, 34); esto el apóstol lo concreta en visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y en no mancharse las manos con este mundo.

3)  Cristiano significa seguir a Jesús con corazón puro:
Para muchos cristianos –como para los judíos del tiempo de Jesús- su relacn con
Dios consiste en el mero cumplimiento de determinados preceptos, acude a la Iglesia con regularidad y cumple, en la medida de lo posible con todos los mandamientos. Pero su corazón puede que no esté centrado en Dios.
En el Evangelio (Mc 7, 1-8.14-15.21-23) un grupo de fariseos se acercan a Jesús escandalizados porque sus discípulos no guardan las tradiciones de los mayores como por ejemplo: al volver de la plaza lavarse las manos antes de comer. Jesús que ve en lo profundo de cada hombre descubre su hipocresía y les dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de ”.

Dialoguemos con el Señor desde lo más íntimo. Y revisemos si toda  nuestra vida está centrada del todo en Dios.  Resituar a Dios en el centro de nuestro corazón, no son palabras bonitas, no es un adorno; es una necesidad.
Creo que todos sabemos por experiencia que poco a poco se nos van metiendo ídolos o “amorcejos” en el corazón; porque la vida y más la moderna desgasta. Que la meditacn del Evangelio de hoy nos sirva para resituar a Dios en el centro de nuestra vida.
Qué bien entendió esto Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia. Ella nos escibe: ¡He visto a tantas almas volar como pobres mariposas y quemarse las alas, seducidas por esa luz engañosa, y luego volver a la verdadera, a la dulce luz del amor, que les daba nuevas alas, más brillantes y más ligeras, para poder volar hacia Jesús, ese Fuego divino “que arde sin consumirse”!
Para terminar la meditación miremos al Virgen que tan admirablemente acogió en
su corazón al Verbo de Dios y pidámosla con insistencia: ¡Madre, ponme junto a tu Hijo!

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