29/6/2012, San Pedro y San Pablo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12, 1-11)

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenla intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua, Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: -«Date prisa, levántate.» Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: -«Ponte el cinturón y las sandalias.» Obedeció, y el ángel le dijo: -«Échate el manto y sígueme.» Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: -«Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.»

Salmo responsorial (Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9)
R. El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. R.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4, 6-8. 17-18)

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16, 13-19)

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: -«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: -«Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: -«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: -«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

29 junio 2012. San Pedro y San Pablo – Puntos de oración

Celebrar a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo es motivo para agradecer el gran don que nos han legado: la fe en Jesucristo. Nuestra fe, la fe de la Iglesia es la herencia de los Apóstoles, por la que derramaron su sangre. Por ello, hoy nuestra oración ha de ser para pedir que aumente nuestra fe y para renovar nuestra fidelidad a la Iglesia que nos ha transmitido este tesoro. Consideremos la vida de San Pedro y San Pablo bajo este prisma central.

La biografía del Apóstol Pedro está indisolublemente unida a la fe en Cristo:

  • El Padre celestial le revela quién era Jesús, el Hijo de Dios vivo, de modo que sobre la fe de Pedro se apoya todo el edificio de la Santa Iglesia: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo… Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 16-18).
  • Cuando muchos abandonan a Jesús, después del discurso de Cafarnaúm, es Pedro quien, en nombre del Colegio Apostólico proclama la fe en Cristo: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68-69).
  • Jesucristo mismo ora por él personalmente, haciéndose garante de su indefectibilidad, y encomendándole el oficio de confirmar en la fe a sus hermanos: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32).
  • La Iglesia inicia su camino el día de Pentecostés con el testimonio de la fe de Pedro (cf. Hch 2, 14-41).

El Apóstol Pablo nos ha dejado en sus cartas un magisterio esencial sobre la fe:

  • La Iglesia le debe la doctrina de la fe como principio de nuestra justificación y de nuestra salvación: “Habiendo recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo” (Rom 5,1).
  • San Pablo ha mostrado que la fe viene por el oído, por lo que todo cristiano ha de ser apóstol y transmisor de la fe: “¿Cómo creerán si no han oído hablar de Él?... La fe viene de la predicación y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rom 10, 14-17).
  • También ha enseñado que la unidad de la fe construye la Iglesia: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos” (Ef 4,5).

Como fruto de nuestra oración de este día recemos conscientemente el Credo de los Apóstoles. Que nos ayude también esta oración de Pablo VI en la festividad de estos grandes santos, pilares de la Iglesia del Dios vivo:

“¡Oh! Santos Pedro y Pablo, que habéis llevado por el mundo el nombre de Cristo y le habéis dado el último testimonio del amor y de la sangre, proteged ahora y siempre a esta Iglesia por la cual habéis vivido y sufrido; conservadla en la verdad y en la paz; aumentad en todos sus hijos la fidelidad inconcusa a la palabra de Dios, a la santidad de la vida eucarística y sacramental, la unidad serena en la fe, la concordia en la caridad recíproca, la obediencia constructiva a los pastores; que ella, la santa Iglesia, continúe siendo en el mundo signo vivo, glorioso y operante del plan redentor de Dios y de su alianza con los hombres. Así, ella os ruega con la temblorosa voz del humilde actual Vicario de Cristo, que os ha mirado a vosotros, ¡oh San Pedro y San Pablo!, como modelos e inspiradores; y custodiadla así a esta Iglesia bendita, con vuestra intercesión, ahora y siempre hasta el encuentro definitivo y beatificante con el Señor que viene. Amén, Amén”.

28/6/2012, Jueves de la XII semana del Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Reyes (24,8-17)

Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre. En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios. El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe. Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

Salmo responsorial (Sal 78,1-2.3-5.8.9)
R. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R.

Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera? R.

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21-29)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: 'Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados." El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.» Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

28 junio 2012. Jueves de la XII semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

La oración de hoy conviene hacerla muy humildemente. Empecemos por ahí. Pidamos en nuestras oraciones iniciales que el Señor nos conceda un corazón humilde, y al Espíritu Santo que nos dé su luz para entusiasmarnos con ese Jesucristo del que se admiraba la gente que le oía hablar.

Necesitamos humildad par reconocer nuestra nada y nuestro pecado. Si no fuera por la gracia de Dios seríamos igual de pecadores que Jeconías. Quizá lo seamos de verdad. Quizá hemos renegado de Dios en muchas ocasiones. Jeconías no conoció directamente a Jesucristo, no se pudo admirar de él. Nosotros, sí le hemos conocido, y aunque no tengamos la trascendencia de este rey para la historia de Israel, también hemos hecho lo que el Señor reprueba.

El Dios pedagógico de Israel, tiene que explicar al pueblo lo mal que está haciendo las cosas, que se ha corrompido y que está adorando a otros dioses. Y lo explica para que lo entiendan, son deportados, alejados de la Tierra prometida que le fue concedida a sus padres. Supongo que lo entenderían bien. Para que no nos pase a nosotros lo mismo solo nos queda rezar, para humildemente reconocer nuestro pecado y pedir: “Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre”, no por nuestras fuerzas humanas, soberbias, sino por el puro honor de tu nombre.

Recemos despacio el salmo de hoy. Somos pecadores, a pequeña o a gran escala, necesitamos el perdón de Dios.

Y desde nuestra humildad podremos admirarnos de este Jesucristo, Nuestro Señor, que decía cosas maravillosas. La lectura del evangelio de hoy tiene que ser con la mentalidad del judío humilde de aquella época que escucha hablar a este hombre que además de hacer milagros, les habla con autoridad y de una forma que entienden y que supera aquella forma de hablar de los escribas, tan atados a la ley. No basta con decir Señor, Señor, para entrar en el reino de los cielos, lo que hay que hacer es cumplir la voluntad de Dios. Hay que escuchar la palabra de Jesús para así ser como un edificio cimentado en roca.

Nos imaginamos el edificio de nuestra vida cimentado en una de esas rocas de Gredos donde tenemos nuestros campamentos, al ladito de nuestra Virgen de Gredos. ¡Imagínate, qué sitio! Cimentados en Cristo y al lado de la Virgen.

27/6/2012, Miércoles de la XII semana de Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Reyes (22, 8-13; 23, 1-3)

En aquellos días, el sumo sacerdote Helcías dijo al cronista Safán: -«He encontrado en el templo el libro de la Ley.» Entregó el libro a Safán, y éste lo leyó. Luego fue a dar cuenta al rey Josías: «Tus siervos han juntado el dinero que habla en el templo y se lo han entregado a los encargados de las obras.» Y le comunicó la noticia: -«El sacerdote Helcías me ha dado un libro.» Safán lo leyó ante el rey; y, cuando el rey oyó el contenido del libro de la Ley, se rasgó las vestiduras y ordenó al sacerdote Helcías, a Ajicán, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, al cronista Safán y a Asalas, funcionario real: -«Id a consultar al Señor por mí y por el pueblo y todo Judá, a propósito de este libro que han encontrado; porque el Señor estará enfurecido contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron los mandatos de este libro cumpliendo lo prescrito en él.» Ellos llevaron la respuesta al rey, y el rey ordenó que se presentasen ante él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego subió al templo, acompañado de todos los judíos y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, chicos y grandes. El rey les leyó el libro de la alianza encontrado en el templo. Después, en pie sobre el estrado, selló ante el Señor la alianza, comprometiéndose a seguirle y cumplir sus preceptos, normas y mandatos, con todo el corazón y con toda el alma, cumpliendo las cláusulas de la alianza escritas en aquel libro. El pueblo entero suscribió la alianza.

Salmo responsorial (Sal 118, 33. 34. 35. 36. 37. 40)
R. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente. R.

Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. R.

Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo. R.

Inclina mi corazón a tus preceptos, y no al interés. R.

Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra. R.

Mira cómo ansío tus decretos: dame vida con tu justicia. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7, 15-20)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.

27 junio 2012. Miércoles de la XII semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Estamos terminando el mes del Corazón de Jesús y quiero destacar en estos puntos la importancia de traer a la imaginación y a la oración la Persona Humana de Jesús. Santa Teresa anima a hacerlo de forma continua. Si quieres conocer y amar a Jesús debes sentirlo muy próximo, como una persona que es como tú. Abelardo nos recordaba a menudo la anécdota de D. Manuel González, el obispo del Sagrario abandonado: Un niño, más pequeño de lo corriente, quería tomar la primera comunión y el obispo le pregunta ¿por qué? El chaval, malagueño, le contesta en un andaluz salado: “Porque pa querelo, hay que rozalo” Para querer a Jesús hay que tocarlo.

Apresurarse, hacer las cosas corriendo, con impaciencia, es síntoma de amor: En el Cantar de los cantares la novia suplica: “Atráeme, corramos…” y el amado llega “saltando sobre los montes, brincando por las colinas”. Abrahán había corrido al encuentro de sus visitantes y entró corriendo a la tienda donde estaba Sara pidiéndole que amasara deprisa una hogaza. Y corrió a la vacada para escoger un ternero hermoso. Esaú corrió a recibir a Jacob, lo abrazó, se le echó al cuello y lo besó, llorando. También María fue a toda prisa al encuentro de Isabel. Los pastores fueron corriendo al pesebre. El padre de la parábola del hijo que se fue de casa corrió a su encuentro para abrazarle y cubrirle de besos. Los apóstoles, las mujeres y María Magdalena corrieron varias veces en la mañana de pascua. Los discípulos de Emaús volvieron corriendo al cenáculo aquella noche: cuando el corazón está en ascuas, el ritmo vital se contagia de ese fuego, hace los pies ágiles e impulsa a correr. Por eso Pablo, olvidando lo que dejaba atrás, emprendió la carrera para alcanzar a Cristo Jesús. El arrepentimiento camina, el perdón corre.

El Cantar de los cantares se abre con una exclamación apasionada y apremiante: “¡Que me bese con los besos de su boca!” La palabra beso aquí evoca el hecho de respirar al unísono, abrazarse, aspirar el mismo olor. Jacob, atraído por Raquel, la besó al encontrarla. Esaú expresará con besos la reconciliación con su hermano. Lo mismo hará José cuando se encuentre con sus hermanos en Egipto. El padre de la parábola corrió al encuentro de su hijo que volvía y “lo cubrió de besos”. La mujer pecadora que ungió a Jesús también besó sus pies.

Te invito a expresar de forma viva tu amor por Jesús. Para terminar te propongo un texto de san Agustín. Este verano es un buen momento para leer alguna obra de este santo: “Las confesiones” estaría muy bien. El texto es el siguiente:

Si la violencia del deseo que se apodera del corazón de un hombre es tan fuerte como su herida interior, acaba por expresarse con una voz más clara, entonces se busca la causa. El salmo 37 dice: “todo mi deseo está en tu presencia” . Que tu deseo esté en su presencia y el Padre, que ve en lo escondido, te atenderá. Tu deseo es tu oración; si el deseo es continuo, continua es también tu oración. Existe una oración interior y continua, que es el deseo. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo. Tu deseo continuo es tu voz, tu oración continua. Callas cuando dejas de amar. La frialdad en el amor es el clamor del corazón. Mientras el amor permanece estás clamando siempre; si clamas siempre, deseas siempre. Si tu deseo está en tu interior, también lo está en el gemido. Y el gemido no siempre llega a los oídos del hombre, pero jamás se aparta de los oídos de Dios”.

26/6/2012, Martes de la XII semana de Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Reyes (19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36)

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: -«Decid a Ezequias, rey de Judá: "Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en ' manos del rey de Asiría. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asíría a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?"» Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.» Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: -«Así dice el Señor, Dios de Israel: "He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiría. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: 'Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiría: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad -oráculo del Señor-. Yo escudaré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo. » Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.

Salmo responsorial (Sal 47, 2-3a. 3b-4. 10-11)
R. Dios ha fundado su ciudad para siempre.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra. R.

El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey;
entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar. R.

Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7, 6. 12-14)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

26 junio 2012. Martes de la XII semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

*Primera lectura y salmo: Después de la caída de Samaria -el reino del Norte-, ahora la amenaza cae sobre Judá -el reino del Sur-. Es el año 701 antes de Cristo y han pasado veinte desde el destierro de Israel.

Senaquerib de Asiria asedia Jerusalén con su ejército, porque le interesa el territorio de Palestina, como camino hacia Egipto. Pero fracasa. No sabemos por qué motivos tiene que levantar el campamento y retirarse (¿una peste repentina?). El autor sagrado lo interpreta en clave religiosa: el piadoso rey Ezequías ha recurrido a Dios y le ha dirigido una hermosa oración, que hoy leemos, implorando su ayuda.

La respuesta positiva de Dios le viene al pueblo por medio del profeta Isaías. De momento, y durante un siglo, Judá se verá libre de lo peor.

Tenemos que caer en la cuenta que las bravatas y amenazas de los poderosos del mundo -como la carta de Senaquerib- no son, la última palabra, y hemos visto cómo se derrumbaban ideologías e imperios que parecían invencibles. Es una aplicación a escala política y social, pero también en los ámbitos familiar y personal.

Ojalá se pudiera decir de la comunidad cristiana, por el testimonio que da, lo que el salmo dice del monte Sión, de Jerusalén: «Dios ha fundado su ciudad para siempre... su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra... como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra».

Eso sólo se cumple cuando somos fieles a la Alianza con Dios y a la identidad que tenemos en el mundo como «resto» que da testimonio del evangelio de Jesús, como Judá era el único pueblo fiel al monoteísmo en medio de un mundo pagano.

*Evangelio:

“No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros”. Prudencia: No hay que comunicarlo todo a los hombres de mala voluntad. Aunque el discípulo no excluya a nadie de su amor (5,38.43-48), no por eso ha de ser ciego e imprudente a la actitud de los demás. El perro y el cerdo eran animales impuros; podrían representar a los que no son «limpios (puros) de corazón», es decir, a los que por buscar su propio interés cometen la injusticia contra el prójimo. «Lo santo» es lo que pertenece a Dios; «vuestras perlas» designa la misma realidad como patrimonio de los discípulos y destacando su inmenso valor. El mensaje, propuesto a los que por su modo de proceder son enemigos declarados de él, puede provocar reacciones violentas.

“Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas”.

La Ley y los Profetas (= el AT), considerados antes como profecía del reinado de Dios (5,17), son presentados ahora como código de moralidad. Jesús resume toda la enseñanza moral de esos escritos en el amor que busca el interés del prójimo como el propio. El amor al prójimo requiere iniciativa. Este principio no puede considerarse exclusivo de la cultura judía; representa una norma de moralidad universal. Jesús no viene a fundar una nueva doctrina moral, sino a infundir el Espíritu (3,11); éste hará que el hombre llegue a una entrega tan total como la suya.

La Ley y los Profetas eran profecía del reinado de Dios que va a ser realidad por la obra de Jesús y los suyos (5,17s; cf. 11,13). De ellos se deduce también la norma de moralidad que ha de regir en la nueva sociedad humana (el reinado de Dios) y cuya práctica hará posible Jesús comunicando su Espíritu.

Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos”.

Expone Jesús la necesidad de la decisión personal para entrar en el reino (= la vida). No hay que dejarse arrastrar por lo que todos hacen; hay que salirse de la corriente para atinar con la vida. No es difícil entrar por la puerta angosta; sólo que la mayoría de los hombres, deslumbrados por lo más aparente, ni se da cuenta de que existe.

Los teólogos de su tiempo (y también después) se preguntaban si serían muchos o pocos los que se salvarán. Lucas nos recuerda que Jesús no respondió a semejante pregunta (13,23). Si son pocos o muchos, es un secreto de Dios; en todo caso, no es ésta la cuestión. Al decir que la puerta es "estrecha", Jesús quiere recordarnos que el camino de la vida es fatigoso y doloroso. Más adelante se comprenderá que es el camino de la cruz. Y al decir que son pocos los que entran por él, Jesús anuncia que su camino no es el del mundo, sino otro, el de la Cruz que lleva a la Vida, pero Jesús mismo es el Camino, la Verdad y la Vida, y es manso y humilde de Corazón que nos da el verdadero descanso, porque su yugo es llevadero y su carga ligera, porque es carga de Amor.

ORACIÓN FINAL:

Dios todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en oración con María, la Madre de Jesús, concédenos, por intercesión de la Virgen, entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

25/6/2012, Lunes de la XII semana de Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Reyes (17, 5-8. 13-15a. 18)

En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiría, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiría conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiría y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media. Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los habla sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos. El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: -«Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas.» Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

Salmo responsorial (Sal 59, 3. 4-5. 12-13)
R. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.

Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas estabas airado,
pero restáuranos. R.

Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo. R.

Tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil.

Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,1-5)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Déjame que te saque la mota del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»

24/6/2012, Natividad de San Juan Bautista

Lectura del libro de Isaías (49, 1-6)

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenla mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza -:«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo responsorial (Sal 138, 1-3. 13-14. 15)
R. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma. R.

No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13, 22-26)

En aquellos días, dijo Pablo: -«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: "Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos." Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: "Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias." Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 57-66. 80)

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: -«¡No! Se va a llamar Juan.» Le replicaron: -«Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: -«¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

23/6/2012, Sábado de la XI Semana del Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de las Crónicas (24, 17-25)

Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones. Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo: -«Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor, y él os abandona.» Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: -«¡Que el Señor juzgue y sentencie!» Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá, hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme, porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en las tumbas de los reyes.

Salmo responsorial (Sal 88, 4-5. 29-30. 31-32. 33-34)
R. Le mantendré eternamente mi favor.

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» R.

«Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo. » R.

«Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos.» R.

«Castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad.» R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6, 24-34)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. - Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

23 junio 2012. Sábado de la XI Semana del Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Si leemos atentamente el evangelio de hoy, bien podríamos afirmar, que es un evangelio muy en contra de algo común en nuestros días: el agobio. ¡Por cierto, son cinco las veces, en que se nos insiste, en que no debemos sumir nuestra vida en esa fatal apreciación o experiencia..! Pero ¿quién no lo ha sentido? ¿Quién no lo ha apreciado en su entorno? ¿Quién se encuentra ajeno a esa realidad…?

Yo creo que merecería la pena, el que le dedicáramos nuestra oración de hoy al agobio.., no para caer en él, sino para salvarnos de él mediante la reflexión y la súplica a nuestro Señor. ¿Qué os parece..?

El Semanario Católico “Alfa y Omega” del 6 de Junio del 2002 en su nº 310, tocó este tema de una manera magníficamente bien, así que me voy a permitir el lujo de trasvasar algunos de sus contenidos para su ponderación.

Perfil del agobiado:

  • “Decimos que una persona se siente agobiada cuando las circunstancias, la situación, están ejerciendo un papel de presión constante en la que el individuo, o ciertos tipos de personas, al interactuar con estos factores pueden sobrellevarlo mejor o peor: Cuando las personas sobrellevan mejor esas circunstancias, podríamos decir que es un agobio positivo, pues todavía se tienen recursos psicológicos suficientes para rendir ante esas situaciones; pero cuando, por el contrario, las personas no tienen esos recursos psicológicos suficientes ante situaciones o circunstancias difíciles, entonces es cuando empiezan a fallar los mecanismo para manejar las situaciones de estrés o de tensión.
  • Síntomas emocionales: ansiedad, miedo, pánico, vulnerabilidad, desánimo, sentimientos de estar atrapado, sentimiento de culpa, rabia, resentimiento, frustración.
  • Síntomas cognitivos (formas de procesar el pensamiento): Pensamientos intrusitos, pensamientos negativos, pensamientos automáticos.., todo esto en el contexto de lo catastrófico y de lo negativo.

¿Es una enfermedad, o es ignorancia de cómo plantearse la vida?

  • En sí mismo, ni es enfermedad ni es ignorancia, pero la persona que no ha aprendido a superar distintos problemas, situaciones o circunstancias de la vida; el agobio puede llegar a formularse como una auténtica enfermedad, desembocando en un trastorno por ansiedad.

¿Más en las mujeres o en los hombres?

  • Posiblemente sean las mujeres las que puedan agobiarse más. Las razones son obvias. Actualmente, en nuestra sociedad, la mujer está recibiendo una mayor carga de presión y de responsabilidades.

¿Cómo ayuda la Fe a la persona agobiada?

  • Si se vive de forma verdadera, adecuada, realista, sin estridencias, sin subjetivismos, la relación trascendental con Dios puede ayudar a objetivar y desdramatizar muchas de las situaciones, y qué duda cabe que, al objetivar y distanciarse un poco más de las situaciones estresantes, puede tener una valoración más realista y tranquila de los hechos. Pero, a veces, si no se vive esta relación personal de forma adecuada, entonces uno puede llegar a utilizar las prácticas religiosas como un medio inmediato, cuando el fin es distinto. En otras palabras, las prácticas religiosas no deben utilizarse como la panacea de la solución de nuestros problemas, sino en la búsqueda sincera y profunda de una relación más íntima y sincera de la verdad, y ser conscientes en todo momento de que, pase lo que pase, somos hijos de un Dios que es, ante todo, un Padre misericordioso. Como consecuencia de una relación equilibrada, de las prácticas religiosas (y sólo como consecuencia, no como búsqueda para solucionar nuestros problemas personales), la persona está más preparada, porque se hace más trascendente y valora los acontecimientos cotidianos desde una perspectiva menos dramatizadota.

Algunos consejos prácticos para disminuir el agobio, además de la oración personal y la confianza en Dios que esta conlleva:

  • Saber decir no con mayor frecuencia, cuando no debemos decir sí.
  • Hacer más ejercicio físico.
  • Establecer un horario realista.
  • Confiar en uno mismo.
  • Saber priorizar los problemas que se presenten, y nunca postergarlos a la trastera de nuestra vida.
  • Vivir con la mayor plenitud posible este hoy, este ahora, este momento presente.

A Viktor Frankl le gustaba citar a Nietzsche: “Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo” Si este principio lo trasladamos a los acontecimientos cotidianos de la vida, lo que se obtiene es una fuerza mayor para acometerlos.

Si Jesucristo nos decía en el evangelio de hoy que “no nos agobiemos”, no me lo dice cualquiera, por mucho que haya estudiado el tema, o haya tenido experiencia del mismo… ¡No, me lo está diciendo Dios en la persona de Cristo.., y esto no solo conlleva la verdad del hecho, sino también la fuerza para vivirlo..!

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22/6/2012, Viernes de la XI semana de Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Reyes (11, 1-4.9-18. 20)

En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía. El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de los caria s y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey. Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: -«¡Viva el rey!» Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, ya los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: -«¡Traición, traición!» El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: -«Sacadla del atrio. Al que la siga lo matáis.» Pues no quería que la matasen en el templo. La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron. Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado en el palacio.

Salmo responsorial (Sal 131, 11. 12. 13-14. 17-18)
R. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.» R.

«Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.» R.

Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo.» R.

«Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema.» R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6, 19-23)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»

22 junio 2012. Viernes de la XI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Hace unos días celebramos la fiesta del Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico, casi en el corazón de España. Todo este mes lo estamos dedicando al Corazón de Cristo. Es para nosotros, los que creemos en Él, verdadero Dios y verdadero hombre el único tesoro y fuente que nos puede saciar. Es una luz que ilumina y contagia a todos los que se acercan. Hagamos la prueba.

Nos ponemos en la presencia del Señor junto al sagrario y leemos con detenimiento este texto que hoy nos propone el evangelio: Esto nos dice el Señor en el evangelio:

“No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma lo roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se lo coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón…”

Hace unos días una madre de familia, alumna de Teología, convertida del islamismo me comentaba totalmente convencida. Le había preguntado hacía unos días un sacerdote, “¿quién es Cristo para ella? Me dijo, le contestó: “Jesús, es un miembro más de mi familia que formamos mi marido y yo, con mis dos hijas, todavía pequeñas. Sí, a Jesús le sentimos presente cada día en nuestra casa. Contamos con Él y hablamos de Él. Yo hablo muchos ratos con Él. Me comunica mucha paz y gozo. Otras veces, también discuto. He comprobado que aunque me enfade por algunas cosas que me suceden y no comprendo me ayuda a tener más confianza con Él. Hasta esa queja me une más a Jesús. No sé cómo explicarlo. Es un regalo de Dios.

Me siento muy feliz desde que me bautizaron por mi deseo personal, siendo ya adolescente, frente a la oposición de mi familia. Pero esto es otro tema diferente.

Jesús es mi tesoro. No le pierdo de vista. Mejor, Él no me deja de mirar. A veces he leído en el evangelio que habla de tesoros. He descubierto que Jesús es mi tesoro, pero a lo mejor yo soy para Jesús, su tesoro. ¿Será verdad? A veces lo siento así”.

¡Qué maravilla! Esta mujer ya hace años ha encontrado el tesoro, mejor Él se ha hecho presente en su vida. Y sigue comentando esta mujer: “todo adquiere sentido a pesar de que no me faltan sufrimientos y pruebas. Pero la paz, la fortaleza y la alegría es un regalo que recibo todos los días sin yo merecerlo. Este es mi tesoro. No lo quiero perder. A la vez lo quiero comunicar. Tendré que esforzarme para caminar desprendida de muchas cosas que pasan y que me sobran”.

Esto nos lo recuerda el evangelio de hoy. El tiempo, la polilla, los ladrones, la apatía, la cobardía son capaces de arrancarnos a veces sin darnos cuenta, el tesoro verdadero, unas veces con violencia y otras sin enterarnos, como lo hacen los ladrones especializados. Pero nadie nos podrá arrancar ni robar el tesoro del Corazón Cristo, que vive presente en la Eucaristía.

PETICIÓN: Santa María, Madre de Cristo acércame al corazón de Cristo y que me deje contagiar de sus sentimientos.

21/6/2012, Jueves de la XI semana de Tiempo Ordinaria

Lectura del libro del Eclesiástico (48, 1-15)

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinaí amenazas y sentencias vengadoras en Horeb. Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.

Salmo responsorial (Sal 96, 1-2. 3-4. 5-6. 7)
R. Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R.

Delante de él avanza fuego, abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece. R.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6, 7-15)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

21 junio 2012. Jueves de la XI semana de Tiempo Ordinaria – Puntos de oración

Petición: Jesús, enséñanos a orar.

Ideas para la oración: Hoy nuestra oración la realizaremos con las mismas palabras que Jesús empleó para enseñarnos a orar. Una oración que los cristianos hemos acogido con devoción, pues es el modelo de cómo ha de ser nuestra relación con Dios.

En este sentido lo mejor, quizás, para hacer oración este día es simplemente repetir estas palabras. Pero no de una forma repetitiva, como a veces nos ha podido ocurrir, sino consciente y amante.

El modelo de oración que nos puede servir es el que San Ignacio nos enseña de hacerlo al ritmo de nuestra respiración, lentamente, parándonos lo que necesitemos y dejándonos llenar de cada una de esas palabras y de todas sus evocaciones. Aunque nos quedemos tan solo en la primera palabra, ‘Padre’, meditando lo impresionante que es que podamos llamar a Dios, verdaderamente ‘Padre’. Sería la mejor oración si no pasásemos de esta simple palabra.

Y es que cada una de las palabras dichas por Jesús nos llena de vida, nos lleva a tratar a Dios con una confianza infinita, a pedirle por nuestras necesidades, a pedir perdón y aprender a perdonar, a tratarle con la dignidad de Dios y con la cercanía de un Padre, del Padre…

Una oración sencilla y comprometida.

Porque llamar a Dios padre nos pone en un puesto de hijos, que debemos amar, acoger, respetar todo lo que nuestro padre nos dice. Nos pone en un puesto de hermanos con los demás hombres con los que decimos a Dios padre ‘nuestro’. Y si hermanos, corresponsables de lo que les ocurra. Comprometida porque toda nuestra vida debe servir para dar gloria a Dios en la tierra como en el cielo. Porque hemos de hacer su voluntad, como la hizo el propio Jesús. Hasta el final. Hasta dar la vida. Porque hemos de luchar contra el pecado con todas nuestras fuerzas. Porque hemos de amar sin miedos, rencores, barreras…

Oremos así hoy. Desde la cercanía y desde el compromiso.

Coloquio: Nos ponemos en coloquio con Jesús. También, como los apóstoles durante un tiempo le vemos cómo ora. Le contemplamos en su recogimiento, en su intimidad con Dios. Y también nosotros sentimos una sana envidia que nos lleva a preguntarle por cómo debemos orar. Por cómo debo orar yo.

Y me quedo hablando con Jesús por cómo debe ser mi relación con el Padre. Seguro que Cristo que me conoce y conoce el corazón del Padre me indica muchas cosas. Puede ser que debo acercarme con más frecuencia, que el Padre añora el estar a solas conmigo. Quizás que debo de perderle miedo y entrar en su confianza audazmente. Sin duda me dirá que el Padre me ama con locura. Y que él es la mayor prueba del amor del Padre.

20/6/2012, Miércoles de la XI semana de Tiempo Ordinario

Lectura del segundo libro de los Reyes (2. 1. 6-14)

Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Elíseo se marcharon de Guilgal. Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Elíseo: -«Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán.» Eliseo respondió: -«¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.» Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y as! pasaron ambos a pie enjuto. Mientras pasaban el río, dijo Elías a Elíseo: -«Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado.» Eliseo pidió: -«Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu.» Elías comentó: -«¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás.» Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo lo miraba y gritaba: -«¡ Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!» Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: -«¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?» Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.

Salmo responsorial (Sal 30, 20. 21. 24)
R. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. R.

En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas;
los ocultas de tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras. R.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6, 1-6- 16-18)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

20 junio 2012. Miércoles de la XI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

La oración colecta de la misa de hoy es muy hermosa y nos puede servir para nuestro rato de oración. Dice así:

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan,
escucha nuestras suplicas,
y pues el hombre es frágil y sin ti nada puede,
concédenos la ayuda de tu gracia
para guardar tus mandamientos
y agradarte con nuestras acciones y deseos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Que la sabiduría que mana de esta oración acompañe nuestros afanes. Que todos los mensajes que el día de mañana pasaran por nuestros ojos sean tamizados por esta oración. Recordaremos así que no somos tan poderosos como nos creemos, aunque desgraciadamente la crisis económica ya se encarga de hacerlo. Sabremos que a pesar de que todo el mundo camina aprisa, sin tiempo para charlar un rato y ver como nos va la vida, el Señor si que tiene tiempo para escucharnos. Y, como no, nuestro deseo será que Dios al contemplar nuestros afanes se alegre, al ver que algo queda del fuego que prendió en la tierra.

19/6/2012, Martes de la XI semana de Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de los Reyes (21, 17-29)

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: -«Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la vifía de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: "Así dice el Señor: '¿Has asesinado, y encima robas?' Por eso, así dice el Señor: 'En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.» Ajab dijo a Elías: -«¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?» Y Elías repuso: -«¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. También ha hablado el Señor contra Jezabel: "Los perros la devorarán en el campo de Yezrael. "A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo. » Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Sefior reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas. En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno. El Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: -«¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mi, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo. »

Salmo responsorial (Sal 50, 3-4. 5-6a. 11 y 16)
R. Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces. R.

Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 43-48)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

19 junio 2012. Martes de la XI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

AMOR AL ENEMIGO

Transcurrido ya un gran tramo del mes de Junio, consagrado al Corazón misericordioso de Jesús, podemos hacer nuestra oración de hoy sobre el texto del Evangelio del día. Después de llevar días meditando en el Corazón de Cristo, tal vez tengamos un poco más de luz para adentrarnos en nuestra oración acompañados de Santa María, que entendió muy bien las palabras de Jesús.

Podemos decir que Jesús nos traza unos nuevos horizontes para el amor. “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos

No nos lo pone fácil el Señor, pero nos da su gracia para que podamos comprender e intentar vivir este mensaje, que es capaz de cambiar el mundo.

Amarás a tu prójimo” es norma que encontramos en el libro del Levítico (19, 18), si bien en este caso, el prójimo significa el pariente y el compatriota. La segunda afirmación, “y aborrecerás a tu enemigo”, no se encuentra literalmente en ningún pasaje de la Biblia; pero así lo deducían los judíos como conclusión de lo primero.

Gracias a Dios, una vez más Jesús rompe con la tradición de los rabinos y va más allá. “Yo en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos. Haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian

El paso que da Cristo es de gigante y para gigantes. Declara inviable y anticuada nuestra división de personas en amigos y enemigos. Para el que ama, como Cristo, no hay más que hermanos, hijos todos del mismo Padre.

¿Un programa realizable?

¿Es un programa que se puede vivir, o es simplemente una utopía para soñadores?

Visto a la luz de la sabiduría del mundo, el programa de Jesús puede parecer para ángeles o para tontos. Y nosotros decimos no ser ninguna de las dos cosas.

Está bien que Cristo nos mande excluir todo sentimiento de odio, rencor, malquerencia, fanatismo o intolerancia; pero ¡practicar el desarme unilateral y amar al enemigo!

Muchas veces oímos y nos pasa también a nosotros que perdonamos, pero nos resulta como imposible olvidar, y menos aún querer.

Llegar a querer afectivamente al enemigo precisa de madera de santo o temple de héroe.

Jesús no nos manda lo que no podemos hacer. Pero sí nos propone su ejemplo. Él murió perdonando a sus enemigos, y otros muchos cristianos a través de la historia han seguido sus pasos.

Lo que nos manda Jesús es el amor efectivo: hacer el bien al enemigo, rezar por él, respetarlo siempre como persona y como hermano, hijo también de Dios.

Acabemos nuestra oración de hoy pidiendo al Corazón de Jesús que nos de un corazón semejante al suyo. Así podremos vivir el amor a todos, a los de cerca y a los de lejos; a los que nos caen bien y a los que nos injurian.

18/6/2012, Lunes de la XI semana de Tiempo Ordinario

Lectura del primer libro de los Reyes (21, 1-16)

Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña pegando al palacio de Ajab, rey de Samaria. Ajab le propuso: -«Dame la viña para hacerme yo una huerta, porque está al lado, pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pago en dinero.» Nabot respondió: -«¡Dios me libre de cederte la heredad de mis padres!» Ajab marchó a casa malhumorado y enfurecido por la respuesta de Nabot, el de Yezrael, aquello de: «No te cederé la heredad de mis padres. » Se tumbó en la cama, volvió la cara y no quiso probar alimento. Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: -«¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar alimento?» Él contestó: -«Es que hablé a Nabot, el de Yezrael, y le propuse: "Véndeme la viña o, si prefieres, te la cambio por otra." Y me dice: "No te doy mi viña."» Entonces Jezabel dijo: -«¿Y eres tú el que manda en Israel? ¡Arriba! A comer, que te sentará bien. ¡Yo te daré la viña de Nabot, el de Yezrael!» Escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y notables de la ciudad, paisanos de Nabot. Las cartas decían: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot en primera fila. Sentad en frente a dos canallas que declaren contra él: "Has maldecido a Dios y al rey." Lo sacáis afuera y lo apedreáis hasta que muera.» Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron tal como les decía Jezabel, según estaba escrito en las cartas que hablan recibido. Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en primera fila; llegaron dos canallas, se le sentaron enfrente y testificaron contra Nabot públicamente: -«Nabot ha maldecido a Dios y al rey.» Lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió. Entonces informaron a Jezabel: -«Nabot ha muerto apedreado.» En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: -«Hala, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto.» En cuanto oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael.

Salmo responsorial (Sal 5, 2-3. 5-6. 7)
R. Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío. R.

Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R.

Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor. R.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 38-42)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.»

18 junio 2012. Lunes de la XI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Ciclo B Mt 5 38-42

Al iniciar nuestra oración tener muy presente que es lo que voy hacer y ante quien estoy, que me ha estado esperando complacido para tener este encuentro y que su espera no es una espera neutra, sino una espera penetrante y amorosa.

En física hay una ley que dice: a toda acción le corresponde una reacción igual y contraria. La sociedad adopta esta ley para defenderse: ajusticiar a los asesinos, confiscar os bienes adquiridos con la corrupción, asesinar a los invasores. Estos son algunos principios de la justicia humana para el mantenimiento del orden. Cristo afirma que esta autodefensa de la sociedad existía desde los tiempos antiguos y también la sociedad judía del Antiguo Testamento estaba organizada según esta ley.

Parece que el ser humano moderno tiene esa tendencia primitiva del mal por mal, aunque intentemos hacerla más humana aboliendo la pena de muerte sin renunciar al principio base de la justicia. Sólo quien han comprendido de verdad el espíritu del evangelio y ha recibido una gracia mayor, puede adoptar la justicia superior enseñada por Cristo. Pero la ley no hay que aplicarla sólo para el mal, sino también para el bien, y recompensar al prójimo en la medida del bien recibido. Y no es fácil.

“Si alguno te hiere la mejilla derecha, preséntale también la otra” ¿Quiere decir que no debemos resistirnos al mal? No, esto es más bien una forma de paralizarlo y hacerlo inocuo. El mal es violencia: con la dulzura y la humildad es absorbido y desactivado. Es necesario ceder a las ofensas, dejar que el violento se enfade, y no resistirle. Sólo así evitaremos las malas palabras en la boca y no nos dejaremos provocar para cometer malas acciones.

“Al que te pide, dale, y no des la espalda al que te pide un préstamo”. Si no debemos resistirnos a la violencia, ¿cómo podremos negar ayuda a quien nos la pide? La tradición cristiana ha establecido una regla general para la distribución de la limosna. Cada uno debe reservar lo que necesita para vivir; lo que sobra se debe dar a los necesitados. Y ¿qué es lo que nos sobra, y cuanto es lo necesario? Al haber muchos factores variables no se puede prescribir a nadie cuánto debe dar al prójimo. La regla permanece: dar según la posibilidad. Pero estando convencido de una cosa: que dando no se pierde nada, por el contrario, se gana para la eternidad, cuando escuchemos la voz de Cristo: “Siempre que lo hiciste con alguno de estos mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

Al terminar este rato alegrarse de que el Corazón de Jesús que es manso y humilde de corazón el que nos da estas enseñanzas, no sólo con palabras sino con su ejemplo y fuerza para poder cumplirlas.

17/6/2012, Domingo de la XI semana de Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Profeta Ezequiel (17,22-24)

Esto dice el Señor Dios: -Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.

Salmo responsorial (Sal 91,2-3. 13-14. 15-16)
R. Es bueno darte gracias, Señor

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. R.

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios (5, 6-10)

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (4, 26-34)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha". Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra". Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

17 junio 2012. Domingo de la XI semana de Tiempo Ordinario (Ciclo B) – Puntos de oración

Estando En plena Campaña de la Visitación, contemplando a María que presurosa va a la montaña a visitar a su prima Isabel en cuanto se lo anuncia el ángel, nosotros también Cruzados y Militantes de Santa María nos hemos puesto en marcha con Ella viviendo los cuatro puntos de la misma, sobre todo ese olvidarse de si para estar solícito en las necesidades de los demás. Y lo hacemos con estas salidas a la montaña preparatorias para el Campamento donde todos viviremos más este tiempo.

Por eso hoy es un día que no muchos podrán acceder a estos puntos ya que los tendrán durante la marcha. Pero si alguno se queda, por un imposible, tiene las lecturas del día:

En la primera Ezequiel nos habla –te habla, me habla, así hay que leer la Biblia como escrita para cada uno- de la rama del alto cedro que arrancó y plantó de la cual surge un gran árbol donde al abrigo de sus ramas aniden todas las aves y desplaza a los demás árboles. ¿Cuál es esa rama que hace tan fecunda? ¿No podemos interpretar en leguaje figurado que es el Mesías?

En el salmo nos invita a dar gracias, es una forma de orar muy sabrosa pues engendra nuevas gracias. Pruébalo y lo experimentarás. “Es bueno dar gracias a Dios”.

El apóstol san Pablo nos invita a la confianza, aunque desterrados, caminamos guiados por la fe por lo que la dureza del camino se transforma en gozo por el bien de la vida que nos espera.

Y el Evangelio, nos habla del Reino de Dios y Jesús nos deja estas dos parábolas de la semilla y del grano de mostaza que tantas veces hemos meditado y que siempre nos saben a poco porque añoramos más y más ese reino.

Pero no quiero acabar sin poner a continuación la oración que coloca el P. Morales para este día en el mes dedicado al Corazón de Jesús. Si queremos penetrar en el interior del Padre, en cómo era su oración, además de todos los puntos de meditación que nos ha dado durante las tandas de Ejercicios Espirituales, Retiros, homilías, etc. creo que un elenco digno de estudio son los trazos que nos pone para cada día durante este mes. Son de un alma enamorada de ese corazón, que declara con pensamientos suyos y de sus santos preferidos que vienen como anillo al dedo.

CORAZÓN DE JESUS, FORTALEZA DE LOS MÁRTIRES

Nosotros aceptamos la Trinidad y la Eucaristía con amor y sin escándalo. Pero hay un misterio Tuyo, el misterio de la Cruz, ante el que sentimos un estremecimiento de rebeldía.

Tú, varón de dolores, hecho al desierto, al odio, la sed y la intemperie. Tú con las privaciones de Tu vida apostólica y el exceso de Tu Viernes Santo, trazas unos caminos nuevos, desconcertantes. Haznos comprender el sentido del dolor. Eso nuestro, tan nuestro que tiene el insospechado destino de un contemplar tu Pasión, de colmar en nosotros lo que falta a Tus sufrimientos en bien del Cuerpo Místico que es Tu Iglesias.

Ayúdanos, Señor. Queremos palpitar al ritmo de Tu Corazón traspasado, al ritmo de esta hora de dolor y lucha que vive Tu mundo.

Otórganos aceptar gozosos toda la dureza de nuestra vida de apóstoles, indeclinables en nuestras renuncias, austeros nosotros mismos, predicadores de penitencia en sencillez y amor.

Unidos a Ti, Hostia Pura, Santa e Inmaculada, con nuestra mayor y constante mortificación en todas cosas posibles, haremos de nosotros un sacrificio continuo a gloria Tuya y salvación del prójimo.

CORAZÓN DE JESÚS, FORTALEZA DE LOS MÁRTIRES: EN TI CONFIAMOS

16/6/2012, Inmaculado Corazón de María

Lectura del primer libro de los Reyes (19, 16b. 19-21)

En aquellos días, el Señor dijo a Elías: -«Unge profeta sucesor tuyo a Elíseo, hijo de Safat, de Prado Bailén.» Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: -«Déjame decir adiós a, mis padres; luego vuelvo y te sigo.» Elías le dijo: -«Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?» Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Ellas y se puso a su servicio.

Salmo responsorial (Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11)
R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2, 41-51)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: -«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les contestó: -«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

16 junio 2012. Inmaculado Corazón de María – Puntos de oración

Petición: Madre, alcánzanos un corazón como el tuyo.

Ideas para la oración: No nos tendría que ser difícil hacer oración en una fiesta como la de hoy. Una fiesta de la Virgen. La fiesta que nos habla de su corazón. Como Eliseo marcha tras el profeta Elías y se hace su sucesor, nosotros queremos hoy seguir la estela de nuestra madre y así imitarla.

¿Cómo es el corazón de la Virgen? No es fácil responder a esta pregunta y no quedarse corto. ¿Cómo será el corazón que Dios ha hecho para amar, acoger, proteger, enseñar a su Hijo? Como decía un santo, Dios podía haber creado un universo mayor, una tierra más bella, pero un corazón mejor, una madre mejor, que el de la Virgen, no pudo hacerla.

Hoy nos fijamos en dos características que lo pedimos para nosotros, y que aparecen especialmente resaltadas en esta fiesta.

Por una parte es un corazón inmaculado. Un corazón al que el pecado no ha tocado, que es limpio, que no tiene la menor sombra. Un corazón, por ello, que ha sido siempre de Dios, que jamás le ha negado nada. ¡Cuánto tenemos que pedir nosotros a Dios por que nuestro corazón sea un poco parecido al de la Virgen! Tener un corazón limpio en medio de tanta podredumbre, un corazón alejado del pecado en un mundo que ya no le da importancia o que incluso lo presenta con descaro como algo ‘interesante’, un corazón que no niegue nada a Dios cuando con soberbia el mundo se pone en frente de Dios.

Y por otra parte es un corazón que guarda todo en su interior. María reflexiona, entra dentro de sí misma, ora en su interior. Nosotros vivimos desparramados, hacia el exterior, sin pensar. Y por eso nos es tan difícil encontrarnos con Dios. Un corazón que guarda silencio, un corazón orante, es un corazón que puede amar.

Coloquio: Pensamos en todo esto y acabamos teniendo un coloquio con nuestra Madre. Podemos imaginárnosla en un día cualquiera de Nazaret. Ha acabado la jornada y María se queda esperando a que Jesús vuelva del trabajo. Un buen momento para hablar con ella y pedirle que nos enseñe a amar a Jesús con su corazón. Mejor aún, que nos preste su corazón para amarle.

Seguro que no puede negarnos una petición así.

15 junio 2012. Sagrado Corazón de Jesús – Puntos de oración

“Cuantas veces pensemos en Jesucristo, acordémonos del amor que nos tiene al colmarnos de beneficios, pues el amor pide correspondencia de amor” (Santa Teresa, Vida). Estas palabras de nuestra santa adalid enmarcan a la perfección el sentido de esta Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, pues en ella la Iglesia quiere que celebremos el amor de Dios que se ha derramado en nosotros a través del Corazón, divino y humano, de Jesús. El fruto será que nos sintamos llamados a corresponder a tanto amor con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas.

Para orar hoy elegimos la oración de San Pablo en la Carta a los Efesios y el Prefacio de la misa del Sagrado Corazón de Jesús.

1) El Apóstol dobla sus rodillas ante el Padre para hacer tres peticiones, que espera alcanzar de los tesoros de gloria escondidos en el Corazón de Dios:

  • Ser robustecidos en lo profundo de nuestro ser por medio del Espíritu Santo. Hemos de reconocer que la fuerza no viene de nosotros, sino de Dios en nuestro interior: “Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza” (Salmo 17).
  • Que Cristo habite por la fe en nuestros corazones: porque la fe es abrir el corazón al amor de Dios, es acoger su verdad y confiar en Él. La fe es comunión de vida con Dios, más íntimo a mí que mi propia intimidad.
  • Que el amor sea nuestra raíz y nuestro cimiento. Aquí se habla del “ágape”, es decir, del amor propio de Dios, fiel y pleno, sin sombra de egoísmo, que él mismo pone en nuestros corazones para que le amemos y nos entreguemos a nuestros hermanos, superando la fragilidad de nuestra forma humana de amar.

El fruto de estas peticiones es algo incomparable: llegar a comprender las dimensiones del amor de Dios: lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo de un amor que encontramos en la Cruz de Cristo. “Si comprendieras el don de Dios...”, le dijo Jesús a la samaritana; si comprendiéramos el amor de Cristo que transciende todo conocimiento, encontraríamos la verdadera paz, la fuente de toda esperanza, el manantial de la alegría que vence toda tristeza.

2) El amor de Cristo siempre nos remite a la Cruz, donde se manifiesta su amor hasta el extremo. El Prefacio de la Misa de hoy agradece este amor que se nos entrega en el Corazón traspasado de Cristo, del que brotan la sangre y el agua. Oremos con esta oración litúrgica que nos presenta el Corazón del Señor, herido por nuestro amor y fuente de agua viva:

“En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, con amor admirable se entregó por nosotros,
y elevado sobre la Cruz hizo que de la herida de su costado
brotaran con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia;
para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador,
todos puedan beber con gozo de la fuente de la salvación”.

Para terminar, pidamos que a imitación del Apóstol Pablo se nos conceda anunciar la riqueza del Corazón de Cristo a los que están a nuestro lado en la vida de cada día.

15/6/2012, Sagrado Corazón de Jesús

Lectura de la profecía de Oseas (11, 1b. 3-4. 8c-9)

Así dice el Señor: -”Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñe a andar a Efraín lo alzaba en brazos; y él comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta”

Salmo responsorial (Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6)
R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.

Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.» R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3, 8-12. 14-19)

Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él. Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Juan (19, 31-37)

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

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