23 mayo 2011, lunes de la quinta semana de Pascua – Puntos de oración

Durante toda esta semana seguimos escuchando el discurso de Jesús en su Última Cena. Pidamos a Dios que nos conceda las gracias necesarias para profundizar en todas y cada una de sus palabras, y de este modo poder sacar el mayor provecho para nuestra alma.

  • 21. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»
    • La relación entre amor y obediencia se subraya dos veces en esta sección. Jesús repite esencialmente lo que dijo en Jn. 14,15: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.
    • Hay una relación muy estrecha e inconfundible entre amar a Jesús y obedecer sus mandamientos.
      • El amor conlleva la motivación, y la obediencia es la evidencia que testifica que el amor es auténtico y genuino.
      • Aceptar sus mandamientos significa tenerlos en la mente y en el corazón, y llevarlos a la práctica como un estilo de vida.
      • Los tres verbos, acepta, guarda y ama, describen una acción continua.
      • De poco vale conocer los mandamientos si uno no los obedece. El conocimiento y la obediencia son acciones necesarias para validar nuestro amor.
    • Jesús anuncia tres promesas para el que expresa su amor en la obediencia:
    • Tendrá la seguridad del amor del Padre.: “…lo amará mi Padre.”
      • Tendrá el amor del Hijo: “y yo también lo amaré.”
      • Y tendrá la manifestación personal de Jesús en su vida: “me revelaré a él.”
  • 22. Le dijo judas, no el Iscariote: - «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
    • Como dato curioso diremos que aparecen seis personas con el nombre de Judas en el Nuevo Testamento.
    • Judas no expresa duda en la promesa de Jesús de que se va a manifestar a ellos, pero no entiende cómo o por qué se hará con ellos y no con el resto del mundo…
      • Parece ser que Judas había entendido que Jesús se manifestaría públicamente: “todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis”
      • Y ahora, al enterarse que no, considera las palabras de Jesús como un cambio de planes.
      • Jesús contestará a esta inquietud en el versículo siguiente.
  • 23. Respondió Jesús y le dijo: - «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
    • Jesús se refiere aquí ya no a sus mandamientos, sino a su palabra. Quizás está pensando en el mensaje total del evangelio, y no tanto en los mandamientos que constituyen una parte del mismo.
    • Al responder a Judas, el Señor establecerá la condición del verdadero discípulo, aquel que consolida su amor en la obediencia.
    • Por primera vez en el Nuevo Testamento vemos la realidad del Padre y del Hijo morando en el corazón de los fieles. El término morada, se deriva del verbo griego que se traduce “permanecer”
    • La presencia, o morada, permanente con los discípulos es lo que se desprende y enfatiza en este versículo.
    • También podemos deducir después de esto que quien tiene a Dios en su corazón no tiene porque inquietarse ante la segunda venida de Cristo, ni tiene por qué pedir manifestaciones externas a Dios.
  • 24. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
    • Habiendo dicho tres veces en forma positiva que el que le ama guardará sus mandamientos, ahora en este versículo 24 recalca este principio al expresarlo en forma negativa.
    • Y en vez de referirse a “mis mandamientos”, versículos 15 y 21, aquí se refiere a mis palabras y a la palabra.
    • Jesús vuelve a enfatizar la armonía y la unidad entre él y el Padre, hasta tal punto que lo que uno hace, el otro lo hace igualmente.
  • 25. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado,
    • o Los versículos finales de este capítulo, que van desde el v. 25 al v. 31 serán un resumen de los temas presentados hasta el momento, con una puntualización especial en la venida del Espíritu Santo.
    • “Os he hablado de esto” es como una fórmula que marca el comienzo de un nuevo punto de atención, y que S. Juan solo utilizará en el discurso de despedida. Así podemos observarlo en:
      • Juan 15,11: “Os he hablado de esto, para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.”
      • Juan 16,1: “Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis.
      • Juan 16,25: “Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
      • Juan 16,33: “Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.”
  • 26. pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.»
  • Los exegetas llaman la atención en esa conjunción adversativa “pero” del comienzo del versículo 26, pues establece un contraste entre la situación antes de Pentecostés y después de Pentecostés.
  • Ahora Jesús presenta la descripción comprensiva de la persona del Espíritu Santo.
    • Antes fue llamado “el Espíritu de verdad” (Jn. 14,17).
    • Pero aquí se le llama el Espíritu Santo.
    • El adjetivo Santo está en la posición atributiva, dando énfasis al carácter del Espíritu…
    • Este aspecto de su carácter, indicando su naturaleza divina e igualdad con el Padre y el Hijo, se destaca más que el su poder dinámico…
  • A continuación Jesús explica cuál será el ministerio del Espíritu:
    • “Os lo enseñará todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.”
    • Jesús había sido su Maestro durante tres años y estaba a punto de dejarlos, pero el proveería “otro Maestro” quien supliría su ausencia.
    • La función del Espíritu, cubriría en ellos todas las necesidades para su ministerio en la extensión del Reino de los Cielos… Les recordaría y les aclararía lo que Jesús les había enseñado durante su estancia junto a ellos.
    • Era obvio que a pesar de lo vivido con el Maestro, ellos seguían con dudas y no pocas incertidumbres y perplejidades, referentes a lo escuchado. Pero el Espíritu los guiaría a la verdad completa. Esta función sería de vital importancia, no solo a la hora de la predicación, sino también en la constitución del Nuevo Testamento. También podemos decir que esta función del Espíritu no ha cesado en la Iglesia y se realiza con todos y cada uno de los creyentes.

Mis queridos hermanos, este tiempo pascual, no solo nos inclina a una mayor y más íntima comunión de amor con Cristo, sino también nos invita a estar atentos al Espíritu, ese nuevo Maestro interior, que pronto aparecerá en la escena de la Iglesia de ayer y de hoy. Repasemos ya esos números del Catecismo (1091-112), en que se nos recuerda su papel en nuestra vida de Fe.

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