5 abril 2014. Sábado de la cuarta semana de Cuaresma – Puntos de oración

Un breve texto de Isaías, centrado en la palabra de Dios. Una cualidad destacada: su eficacia: «No volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».

Una imagen agrícola sugerente: la lluvia.

La imagen de la lluvia

  1. Sugiere origen y destino: el cielo.
  2. Sugiere su arraigo: la tierra.
  3. Sugiere su proceso: «Empaparla, fecundarla, hacerla germinar».
  4. Sugiere su provechosa finalidad: «Dar semilla al sembrador y pan para el que come».

Todos ellos son rasgos que, de la imagen, pasan a la Palabra: Viene de Dios y a Dios retorna, una vez que ha cumplido su misión.

Unos destinatarios que, «como tierra reseca, agostada y sin agua» están a la espera de ser también empapados por una lluvia abundante.

No es ajena la lluvia de la Palabra a la sequedad del corazón del hombre que ansía «ser llovida». Llegada de la Palabra a la tierra del corazón. Realización de un misterio de germinación y crecimiento.

La Palabra-lluvia, para el corazón-sequía...
Gozoso anuncio de un cabal cumplimiento.
Pues he sido creado por la Palabra, pedir ser recreado por Ella.

¡Transfigurar la realidad humana!
Encontrarse con Dios y, de ese encuentro,
dar sentido a la vida desde dentro,
abrevando en su pródiga fontana.

Nunca dice el Señor palabra vana.
Él dicta las partidas y el recuento.
Si de su voluntad haces tú centro,
al punto brotará tu carne sana.

Creyó Abrahán, y al final de su camino
cuajó en un mar de estrellas su destino,
Pueblo de Dios..., arenas incontables...

Ser en el mundo recia levadura,
acompañar a Pablo en la locura
de transmitir palabras inefables.

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