7 septiembre 2014. Domingo de la XXIII semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

El evangelio de este domingo nos puede alentar a reconocer que somos pecadores e imitar a nuestro Padre a ser compasivos y misericordiosos.
Ponte en la presencia del Señor y lee con detenimiento este texto tal como lo dejó escrito Abelardo y publicado en “Agua Viva”.

La anécdota que transcribo y da lugar a esta reflexión, se atribuye a Cronin, famoso novelista inglés, convertido al catolicismo.

Viajaba en una ocasión en un tren. En su departamento viajaba también un joven  que parecía estar muy nervioso. Cronin le preguntó si le pasaba algo. 

Vengo de la cárcel –respondió el joven-. Durante nueve años he vivido encerrado entre rejas, lejos de mi familia. Cometí unos delitos que avergonzaron a mis padres… Ahora me han dado la libertad y vuelvo hacia ellos. En todo este tiempo no he sabido nada de mi familia. Si bien ahora al darme la libertad, les he escrito una carta pidiendo perdón. Les decía que, si me perdonan, cuelguen en el manzano que hay en la huerta de casa, una cinta blanca… Va a pasar el tren por delante del jardín. Si veo esa cinta en una rama visible, entenderé que me perdonan. Si no,  pasaré de largo. Ya sólo faltan dos pueblos para que lleguemos al mío, y estoy muy inquieto”.

Hubo una pausa angustiosa mientras el tren se acercaba implacable a su destino. Entonces el joven me hizo esta petición: “por favor, la próxima tapia que viene es la finca de mi padre. No me atrevo a mirar, ¡no puedo! Tenga la bondad de mirar usted…”

El joven recogió la cabeza entre sus manos mientras el tren comenzaba a rebasar la tapia. Cronin miraba tenso por la ventanilla. Dio un salto y cogió al muchacho por los brazos. Le sacudió y dijo: “¡Hijo, mira! ¡Mira el manzano!”
El muchacho levantó la cabeza y miró. No daba crédito a lo que veía. Colgadas de cada una de las ramas del manzano, había una cinta blanca. Eran docenas de cintas. Sus padres le perdonaban  y le perdonaban con generosidad desbordante.

Reflexión que hace Abelardo:

“Dios perdona así. Arrojémonos en sus brazos. Está desando comunicarnos su perdón. Y nos lo dará. Vayamos a Él sin miedo.

Aunque el panorama interior de nuestras vidas te empuje a la desconfianza, ¡mira a la estrella, invoca a María! Mira a Jesús crucificado que te espera con los brazos abiertos. Y sin gracia divina tú no estás en esta situación, a tu alrededor muchos hombres se encuentran alejados de Dios. Anímalos a volver a la casa del Padre. Te lo agradecerán inmensamente y tu gozarás con el gozo de ellos”.

¿Qué te ha dicho este texto? Léelo muy despacio las veces que lo necesites. Así es el corazón de Dios.  Él sepulta todos mis pecados en el profundo abismo de su amor. Sólo espera de nosotros que nos reconozcamos lo que somos, criaturas, pecadores que pedimos perdón.

Así termina el Evangelio de hoy:


Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. “Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

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