15 abril 2015. Miércoles de la segunda semana de Pascua – Puntos de oración

Id al templo y explicadle allí al pueblo íntegramente este modo de vida
Al iniciar la oración nos ponemos en presencia de Dios y pedimos luz y fuerza al Espíritu Santo para que abra nuestro entendimiento y mueva nuestro corazón para amar.
En la lectura de los Hechos de los apóstoles vemos por una parte la acción del “mundo”, representada en el sumo sacerdote y en los saduceos que llenos de envidia mandan encarcelar a los apóstoles, pues pese a la prohibición de predicar y hablar en nombre de Jesús que le habían hecho ellos no dejaron de contar lo que habían visto y oído de su encuentro y vida compartida con Jesús.
Por otra parte está la acción del Señor a través de su ángel, que les abrió las puertas de la celda y los sacó fuera, diciéndoles: «ld al templo y explicadle allí al pueblo íntegramente este modo de vida.» Entonces ellos entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar.
El modo de vida que los apóstoles enseñan es el modo de vivir de Jesús, pobre, humilde, atento a las necesidades más profundas de los que tiene a su lado, insertado en el momento presente con plenitud. Es el modo de vida reflejado en las bienaventuranzas que vive con el que sufre, con el que llora, con el limpio y manso de corazón, con el perseguido por buscar la justicia y santidad.
Hoy el Señor nos pide también a nosotros que con nuestra palabra y con nuestra vida en Cristo enseñemos a los que nos rodean a vivir, a tantos que no han encontrado el sentido de la vida y que están extenuados por el cansancio y la sed del camino. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Dichoso el que se acoge a él.
El salmo 33 es muy consolador; como vivió la Virgen, nos invita a:
- Alegrarnos en el Señor.
Mi alma se gloría en el Señor: 
que los humildes lo escuchen y se alegren.

- A alabarlo, a contemplarlo y a acudir a él con confianza.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, 
Contempladlo, y quedaréis radiantes, 
Si el afligido invoca al Señor, 
él lo escucha y lo salva de sus angustias.

- A gozarnos en él.

Gustad y ved qué bueno es el Señor, 
dichoso el que se acoge a él.

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