25 abril 2015. San Marcos evangelista – Puntos de oración

Sin duda que hoy sábado nos acompañará la Virgen de una manera muy especial durante todo el día y en particular durante estos minutos de oración. Empecemos pues este tiempo consagrado a Dios con una mirada contemplativa a María, tal como la veían los primeros cristianos, al inicio de la Iglesia: “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,14)
1.-San Pedro piensa en Marcos como modelo de Apóstol:
Sed humildes en vuestras relaciones mutuas, pues Dios resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes” (1Pe 5,5). Al escribir esto San Pedro seguro que estaba pensando en Marcos, pues un poco más adelante le llama “mi hijo”. La tradición de la Iglesia ha considerado que el Evangelio de San Marcos ha recogido la predicación  y las enseñanzas del Apóstol Pedro.
Un auténtico apóstol –todos somos apóstoles por el bautismo- en primer lugar, debe estar revestido de la humildad, consciente de que no posee nada como propio, sino que todo lo ha recibido de Dios.
Además de humildes, los cristianos debemos ser sobrios y estar alerta. Así, recibiremos la promesa: “El Dios que les ha llamado a la vida nueva en Cristo, tras un breve sufrimiento, les confirmará en la gracia y les coronará de gloria” (1Pe 5, 10)
2.- Evangelio según San Marcos 16, 15-20
Hoy la Iglesia nos propone para nuestra meditación la última página del evangelio de Marcos. En primer lugar está el mandato misionero, Jesús envía a sus discípulos a llevar el Evangelio a todas las gentes. Jesús tiene necesidad de otros que divulguen la Buena Noticia.
Los apóstoles, después de la Ascensión de Jesús a los cielos, “y se sentó a la diestra de Dios” (v.19), “salieron a predicar por todas partes” (v. 20). Hoy diríamos que les cambió la vida, que dejando sus seguridades lo arriesgaron todo por anunciar a Jesús.
Pregúntate hoy en la oración, ¿Qué es el Evangelio para ti? ¿Lo es todo como para San Marcos?
Abre, oh Señor, mis oídos para que se llenen del tesoro de tu Evangelio. Abre, mi corazón, a fin de que aprenda a acoger al Verbo de la verdad que está encerrado en tu Evangelio. Abre, oh Señor, mi boca, a fin de que, de la abundancia del corazón, acoja tu mensaje y lo proclame para tu gloria y para el bien de los hermanos. Abre, mi vida al encuentro contigo, que me sales al paso cada día con la Palabra de la verdad que tu Evangelio encierra.
3.- Repetir durante todo el día y acoger como programa de vida:

“Se ha cumplido el plazo y está llegando el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15).

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