5 mayo 2103. Domingo de la sexta semana de Pascua (Ciclo C) – Puntos de oración


Introducción: Vamos a meditar el evangelio de este domingo desde el corazón de la Virgen. Esta semana hemos comenzado el mes de mayo, que en la tradición católica, se dedica a honrar a la Madre de Dios. María es madre de la Iglesia y de cada uno de nosotros, es el mejor modelo de discípulo porque supo escuchar a su hijo y poner en práctica su palabra.

Celebramos hoy el día de la madre: Todos tenemos dos madres, una biológica que nos ha dado la vida natural y otra espiritual que es María quien nos da a Jesús, vida del mundo. Como hijos debemos estar siempre muy agradecidos  a nuestras madres, pues a ellas les debemos prácticamente todo. No dejemos pasar este día  sin demostrarles nuestro amor mediante palabras y obras. Ellas saben que las amamos pero necesitan también escucharlo. Qué oportuno sería rezar en familia el rosario, ofrecido por nuestra madre, por su salud e intenciones. Para que la madre buena del cielo interceda por toda la familia y se cumplan las palabras que leeremos hoy del Apocalipsis: “La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero” Estas palabras se refieren a la nueva Jerusalén que es la Iglesia, pero también se pueden aplicar a la familia cristiana, iglesia doméstica, en la que el bien supremo debe ser Dios y Cristo su modelo.

“El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en é1. El que no me ama no guardará mis palabras”. (Jn 14,23)

Este texto está tomado del Testamento de Jesús, de su Oración Sacerdotal. Por lo tanto se trata de palabras de hondo sentido que deben ser acogidas en el corazón y puestas en práctica con mucho esmero. En tiempos de Jesús estas palabras producían escándalo o la burla que se hace a un loco (cf. 1Cor 1,18).

Hoy día el amor es una de las palabras más vacías de contenido. Regresando nuevamente a la celebración del día de la madre, pienso que nos podemos contagiar del ambiente materialista y consumista que cree que el amor consiste en dar muchas cosas, dejando de lado lo importante, que es darse uno mismo.

Amenos como Jesús que sin hacer alarde de su condición divina, antes al contrario, tomando la condición de siervo, en obediencia al Padre se entregó hasta la muerte y una muerte de cruz.  Este amor debe ser nuestro santo y seña, nuestro distintivo, por el que seamos reconocidos como cristianos.

Para terminar nuestra oración, de nuevo nos dirigimos a la Virgen, nos acogemos a Ella durante este día y durante todo el mes. Podemos recitar lentamente alguna oración de consagración a María, por ejemplo, la parte final de la oración de San Luis María Grignion de Montfort: “ ¡Oh Corazón Inmaculado de María, Madre admirable! Presentadme a vuestro Hijo en calidad de eterno esclavo, a fin de que, pues me rescató por Vos, me reciba de vuestras manos. ¡Oh Madre de misericordia!, concededme la gracia de alcanzar la verdadera sabiduría de Dios, y de colocarme, por tanto, entre los que Vos amáis, enseñáis, guiáis, alimentáis y protegéis como a vuestros hijos y esclavos. ¡Oh Virgen fiel! Hacedme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que por vuestra intercesión llegue, a imitación vuestra, a la plenitud de la perfección sobre la tierra y de gloria en los cielos. Amén. 

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