15 mayo 2015. Viernes de la sexta semana de Pascua – Puntos de oración

Iniciamos nuestro rato de oración poniéndonos en presencia de Dios, reconociendo nuestra pobreza para hacer toda obra buena y pedimos luz y fuerza al Espíritu Santo a través de María para acoger la palabra de Dios.
No temas, sigue hablando y no te calles, que Yo estoy contigo.
Estas palabras del Señor a San Pablo son como un momento de tregua en la batalla, un confirmarle en la misión para que siga anunciando con valentía el Evangelio, pues si Dios está con él ¿quién contra él?
No le dice que no vayan a faltar las pruebas, la persecución de los judíos que intentan quitarlo de en medio acusándolo ante Galión. Pero le ha dicho: «Yo estoy contigo y nadie se atreverá a hacerte daño; muchos de esta ciudad son pueblo mío.»
La misma invitación que hizo a San Pablo nos la hace hoy a nosotros: «muchos de los que te encuentras cada día a tu lado son pueblo mío. Yo estoy contigo».
Probablemente nos veamos muy incapaces, pero el Señor sólo nos pide hacer ese poquito que está en nuestra mano, ese momento a momento vivido con amor, olvidándonos de nosotros mismos para que Jesús se le haga presente al otro. Intentemos no olvidar ese «Yo estoy contigo», volver una y otra vez a la presencia del Señor para que Él actúe en nosotros.
Él nos escogió por heredad suya
Oramos con el salmo 46 aclamando a Dios con gritos de júbilo porque nos escogió por heredad suya, nos escogió para ser sus hijos en el Hijo. ¡Qué don tan inmerecido! ¡Gracias Señor!
El Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra, Dios es el rey del mundo y todo lo hizo por amor, para hacernos partícipes de sus dones.
Tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.
Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría
En el Evangelio el Señor nos habla sin ambages, nos dice que lloraremos y que nos lamentaremos, mientras el mundo estará alegre. Pero enseguida dice que vuestra tristeza se convertirá en alegría.

¿Qué diferencia puede haber entre una persona del mundo y un creyente? Quizás la fundamental es que uno no ha creído en las palabras de Jesús y el otro ha dado fe a sus palabras. Y dar fe a sus palabras es orientar toda la vida en la órbita de Jesús, relativizando tantas cosas que no son realmente importantes y buscando vivir en plenitud sus mandamientos, vivir esperando la segunda venida del Señor, como nos dice: «en que volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

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