2 mayo 2015. Sábado de la cuarta semana de Pascua – Puntos de oración

En primer lugar nos ponemos en la presencia del Señor para “tratar de amistad con Aquel que sabemos que nos ama”. En este mes de mayo, tenemos que comenzar nuestro “rato para el Señor” muy agarrados a la Virgen. Nos puede ayudar la oración típica de Ejercicios poniendo, como telón de fondo, a la Virgen María.
En las lecturas de este día se sigue un hilo conductor: el conocimiento de Dios. Y, aunque no sea la costumbre, vamos a rezar con las lecturas a la inversa, empezaremos por el Evangelio para acabar en la primera lectura.
En el Evangelio, los apóstoles, tras su cercanía con el Señor, les arde el corazón debido a su trato con Jesús, y de ahí esa súplica: “Muéstranos al Padre”. Sin embargo, el deseo no siempre va acompañado de la lucidez, y Jesús les amonesta, y les insiste con ese discurso “trinitario” (que nos dice tantísimo sobre la relación del Padre y el Hijo en la Santísima Trinidad) que Él es espejo del Padre, es la mirilla para ver al Padre.
Por lo tanto, primera tarea para la oración de hoy:
ü  Dar gracias porque podemos tener trato con Jesús (la oración de hoy es muestra de ello).
ü  Dar gracias porque, por generosidad de Dios, somos cristianos, y reconocer en nosotros como TODO ES GRACIA. La fe es regalo de Dios, ser cristianos es gracia de Dios, la oración es gracia de Dios, el Amor a Él es gracia suya…
ü  Pedir más conocimiento del Señor, para más amarle, y más seguirle. Porque no se ama aquello que no se conoce, y no nos entregamos en el servicio y en el seguimiento a aquello que no amamos.
En segundo lugar, el Salmo lo podemos utilizar para rezar con estos puntos anteriores, a fin de cuentas nos recuerda la grandeza de la Victoria y la Misericordia de Dios, que nos lleva, irremediablemente a dar gracias y a “Aclamar al Señor; a  gritar, vitorear, tocar”.
Por último, la primera lectura nos recuerda que no podemos quedarnos en “estado de éxtasis”, al ladito del Señor, solos Él y yo, pero sin meterme en líos… gozar del Amor del Señor de manera egoísta. Para evitar este peligro, el libro de los Hechos nos pone en “guardia evangelizadora”: es decir, nosotros que sí hemos conocido al Señor, no podemos más que transmitirlo. Nuestro Amor con el Señor es para hacer que el mundo arda en Él. Aunque no sea cómodo, porque, como vemos, a San Pablo y Bernabé nos les fue cómodo. Y además, nos advierte de un peligro, pensar que no todos están llamados a conocer a Cristo, que hay excepciones al Amor de Dios (los gentiles)… Es decir, si el Señor ha querido que también los gentiles le conozcan (nosotros de hecho somos gentiles, porque no somos judíos), nosotros también tenemos que transmitir, aun sufriendo, el Amor de Dios a ellos (compañeros de estudio/trabajo ateos, alumnos de Reiki, un compañero promiscuo, un compañero rarillo y poco sociable, el tristón y debilucho, y el superficial que no para de reír por tonterías…). Y además, por último, no porque nosotros seamos tan buenos que vamos a evangelizarlos “porque sí”, sino porque, en estos ratos queremos dejarnos llenar de Dios. No podemos acabar la oración si no es una lección de humildad. No evangelizamos por lo santos y buenazos que somos, sino porque amamos. Como nos repiten las Flores a María del mes de Mayo que rezamos en Milicia, con unas palabras parecidas: llevar al Señor, nuestras alas de apóstol, cargadas de almas.

Acabar nuestra oración dando gracias al Señor mediante su Madre en este mes de ensueño. Pidiendo fuerza. Y analizando si nuestra oración ha sido buena con un sencillo “análisis”: ¿cuánto he crecido y cuánto me ha tocado en mi caridad, en mi fe y en mi esperanza? Tanto en cuanto mi oración penetre en esas virtudes (“virtudes teologales”) habré tenido un buen rato de oración (que mal dicho: “he hecho un buen rato”, porque yo no hago, sino que tengo, vivo, experimento –por gracia de Dios- un buen rato de oración).

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