28 septiembre 2015. Lunes de la XXVI semana de Tiempo Ordinario – Puntos de oración

Nos ponemos en la presencia de Dios antes de iniciar este rato de oración. Le hacemos presente y si estamos delante de un sagrario, hacemos un acto de amor hacia este Señor que tanto nos quiere.
Si quieres ver cuánto nos ha amado Jesús, mira la cruz. Si quieres saber cuánto nos ama Jesús, mira a un sagrario. Su presencia es la prueba más clara de su amor por nosotros; por ello, que no pase desapercibida esa presencia de Jesús.
Los textos del Evangelio de hoy son sorprendentes: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir”.
En nuestro celo por la extensión del cristianismo, nos gustaría que los que no son de los nuestros no disfrutaran para nada de Dios y de sus grandezas. Si pudiéramos ni el sol ni la lluvia beneficiaría al resto. Sin embargo Dios no es así; Dios hace llover sobre buenos y malos. Sale el sol para creyentes y para no creyentes porque Dios sabe amar a todos de forma única, personal.
En estos últimos años el ecumenismo está haciéndose presente y algunos lo hemos vivido de forma especial este verano. “El verdadero ecumenismo trata precisamente de hacer crecer la comunión parcial existente entre los cristianos hacia la comunión plena en la verdad y en la caridad” (S. Juan Pablo II)
Pero esa comunión no llegará si no estamos dispuestos a una verdadera conversión interior: “No hay verdadero ecumenismo sin conversión interior” (Concilio Vaticano II)

Por lo tanto cada uno debe convertirse más radicalmente al Evangelio, y sin perder a Dios de la vista debe cambiar su mirada y ver las maravillas que hace Dios con los demás. Percibimos que el Espíritu también actúa en los demás, descubrimos ejemplos de santidad en otras comunidades. Nos enriquecemos con las aportaciones culturales y teológicas de los demás. En definitiva escuchamos de nuevo: “No se lo impidáis, el que no está contra vosotros está a vuestro favor”.

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